jueves, marzo 22, 2007
Exiled (Fong Juk, Johnnie To, Hong Kong, 2006, 100')
Acá en teoría empiezo a escribir sobre lo mejorcito de la última edición del festival de mar del plata que se puede ver fuera de las salas. No sé si Exiled fue lo que más me gustó (si tengo que hacer un top five a las apuradas, por orden alfabético, lo integra junto a O ceú de Suely, The Pervert's Guide to Cinema, Woman on the Beach y Zidane, un Portrait du 21 Siecle), pero sí la que más me sorprendió. Para mí Johnnie To fue siempre un tipo un tanto desparejo pero al que no hay que descuidarlo jamás porque cada tanto encuentra bajo la manga un Fulltime Killer (todo el tiempo, gracia s a Dios, en I-sat), o te mete un plano como el que abre Breaking News (Bafici 2005). Claro que en esa búsqueda uno se indigesta con bodrios tipo PTU (Bafici ¿2004?). De todas formas uno sigue insistiendo en busca de la balacera con la coreografía perfecta. Había leído acá que Election 2 era muy buena y, aunque me había perdido la primera, me dejé convencer y la vi en su primera proyección en el Ambassador. No hubo decepción alguna al salir de la sala, pero el texto de Quintín me había arengado demasiado y salí pensando que si esa era una de las diez mejores películas que iba a ver en esa semana (pensaba ver no mucho más de 30 contando lo que ya había bajado y lo que me habían pasado en dvd), no tenía un gran festival por delante. De hecho ya estaba convencido que había cumplido con mi cuota anual de To, pero una cuestión de horarios sumada a una entrada gratis de prensa y al preámbulo de una salida acompañado por Cadmo me convencieron de duplicar mi dosis usual de To. Además, tenía una buena referencia porque Enrique la había votado como lo mejor del año pasado y Exiled cosechaba varios votos más en los top ten 2006 de Contrapicado.
Quince minutos después de la placa negra que rezaba “A Johnnie To Film” ya había entrado en éxtasis convencido de que ése iba a ser un festival muchísimo mejor de lo que esperaba. Ese cuarto de hora casi sin diálogos entrega una de esas ansiadas balaceras memorables...sigue acá.
Ah, y sigo sumando hate mail
Quince minutos después de la placa negra que rezaba “A Johnnie To Film” ya había entrado en éxtasis convencido de que ése iba a ser un festival muchísimo mejor de lo que esperaba. Ese cuarto de hora casi sin diálogos entrega una de esas ansiadas balaceras memorables...sigue acá.
Ah, y sigo sumando hate mail
martes, febrero 06, 2007
Les gens de la rizière - La gente del arrozal (Neak Sre, Rithy Panh, Camboya / Francia, 1994, 123')
... "La gente del arrozal es un docu-drama sobre la vida en el campo camboyano. Lo más sorprendente de la película es el choque entre la hostilidad y la belleza paradisíaca del territorio que Panh captura a la perfección con su cámara. Los protagonistas son una familia de campesinos que vive de la cosecha anual del arroz, pero un accidente hace que la familia se desmorone y peligre la cosecha. A la madre la picó una serpiente (el “ajusticiamiento” del ofidio es una de las escenas más impactantes de una película donde abundan escenas de este estilo) y el padre se clavó una espina en el pie al acudir a su rescate (el intento de sacarse la espina es otra escena deslumbrante como la de la serpiente). Ella sobrevive, pero la herida del padre termina siendo fatal. Todo es cuesta abajo de aquí en más para la familia. La madre tiene que lidiar con los quehaceres domésticos además de encargarse del campo. Al poco tiempo, pierde la cabeza por lo que la hija adolescente (la mayor de... ¡siete hermanas!) es quien tiene que ponerse la familia al hombro mientras la madre está encerrada en una jaula hasta que puedan mandarla a la ciudad para que la atiendan. La pequeña es ahora la encargada del campo y, además de cuidar de sus hermanas, tiene que impedir que cuervos (la imagen de los campesinos corriendo para armar rápido espantapájaros y espantar a los cuervos es memorable) y cangrejos se coman la cosecha"...
Pinchá el título (o acá) para la versión completa del post en La casa es negra. Ah, torrentes y muleros, una vez allá no olviden revisar los comments.
Pinchá el título (o acá) para la versión completa del post en La casa es negra. Ah, torrentes y muleros, una vez allá no olviden revisar los comments.
martes, enero 30, 2007
The Pervert's Guide to Cinema (Sophie Fiennes, Gran Bretaña / Austria / Holanda, 2006)
... "Zizek! plantea un recorrido personal por la historia del cine desde un enfoque lacaniano, con Hitchcock y Lynch -de quienes explica casi su obra entera- como dos de sus protagonistas favoritos (grandes menciones también para Tarkovsky, Chaplin, Bergman, Haneke, Coppola y los hermanos Marx, entre muchos otros), a partir de la premisa de que el cine es la forma artística más perversa. “No te da lo que deseás, te dice cómo desearlo”, justifica.
Un momento mágico de la película. Se muestra en pantalla el momento en Matrix cuando Morfeo le ofrece las dos pastillas a un Neo atónito mientras le explica sus significados. A continuación, vemos a Zizek! sentado en ese mismo sillón desde donde en el fragmento Neo miraba atónito (y, obviamente, con la misma escenografía de fondo) encara a Morfeo y le dice:
“pero la elección entre las píldoras azul y roja no es realmente una elección entre ilusión y realidad. Por supuesto que la Matrix es una máquina para ficciones, pero esas son ficciones que ya estructuran nuestra realidad: si vos le quitás a nuestra realidad esas ficciones simbólicas que la regulan, también perdés la realidad misma.
¡Quiero una tercera pastilla!
¿Entonces qué es esa tercera píldora? Definitivamente no es una clase de píldora trascendental la cual permite una 'falsa experiencia religiosa fast food', sino una pastilla que me permita percivir no la realidad detrás de la ilusión sino la realidad dentro de la ilusión misma”
Standing ovation"...
pequeño fragmento del post entero, que incluye lista de films que se ven en la película, algunos links y torrente que apareció en los comments, de La casa es negra
Un momento mágico de la película. Se muestra en pantalla el momento en Matrix cuando Morfeo le ofrece las dos pastillas a un Neo atónito mientras le explica sus significados. A continuación, vemos a Zizek! sentado en ese mismo sillón desde donde en el fragmento Neo miraba atónito (y, obviamente, con la misma escenografía de fondo) encara a Morfeo y le dice:
“pero la elección entre las píldoras azul y roja no es realmente una elección entre ilusión y realidad. Por supuesto que la Matrix es una máquina para ficciones, pero esas son ficciones que ya estructuran nuestra realidad: si vos le quitás a nuestra realidad esas ficciones simbólicas que la regulan, también perdés la realidad misma.
¡Quiero una tercera pastilla!
¿Entonces qué es esa tercera píldora? Definitivamente no es una clase de píldora trascendental la cual permite una 'falsa experiencia religiosa fast food', sino una pastilla que me permita percivir no la realidad detrás de la ilusión sino la realidad dentro de la ilusión misma”
Standing ovation"...
pequeño fragmento del post entero, que incluye lista de films que se ven en la película, algunos links y torrente que apareció en los comments, de La casa es negra
sábado, enero 13, 2007
La casa es negra (Forugh Farrokhzad, Irán, 1962)
Hace tiempo que tenía ganas de empezar un nuevo blog. Quería uno que encuentre útil y me dé alguna satisfacción sin conumirme tanto tiempo. Hace rato que venía pensando uno en el que pueda describir en un par de líneas algunas de esas películas que uno jamás imaginó poder encontrar antes de conocer ese universo de torrents y e-links. Acabo de ver este pequeño documental iraní que da nombre al blog y no pude contenerme. Forugh Farrokhzad fue una poeta iraní que en 1962 filmó este documental de 22 minutos, su única obra fílmica, sobre una colonia de leprosos. La primera referencia que dispara la mente es Freaks, de Tod Browning, por el retrato de las deformidades de la anatomía. Pero La casa es negra es más un poema que un documental. Farrokhzad cambia el ritmo del montaje todo el tiempo y juega con las imágenes mientras narra un poema en el que plantea un diálogo con Dios. De visión incómoda, La casa es negra por momentos me daba ganas de taparme las orejas y gritar, como hace uno de los leprosos en una escena del documental, y también de cerrar los ojos por la impresión que me daban algunas de las imágenes de Farrokhzad. Pero las primeras líneas de la película son "El mundo está lleno de fealdad. Aún habría más si el hombre apartara la mirada. Van a ver en pantalla una imagen de la fealdad, un retrato del sufrimiento, que sería injusto ignorar. Por respeto al hombre, debemos luchar contra esta fealdad, aliviar este sufrimiento. Esa es la esperanza que ha inspirado esta película."
Jonathan Rosenbaum, uno de los críticos más importantes del mundo, dijo esto sobre la película:
"I mainly have to take it on faith that Forugh Farrokhzad (1935-’87) is the greatest Iranian poet of the 20th century. My involvement with her only film goes much deeper: after seeing this 22-minute 1962 documentary about a leper colony a few years ago at the Locarno film festival, I resolved as a member of the New York film festival’s selection committee to get it screened there, and finally succeeded last year after agreeing to subtitle it in collaboration with several Iranians. After premiering in New Y ork, the subtitled print showed at the Film Center twice in early October on its way back to the Swiss Cinematheque.
Thanks to my work on the film, I had plenty of opportunity to experience the overwhelming poetry of Farrokhzad’s sounds and images—including the extraordinary sound of her voice and the no less remarkable configurations of her words in relation to he r sounds and images—even if I could only appreciate the power of her written poetry secondhand. But if the greatness of some films can be measured by how much they change one’s view of the world, few have altered mine as much as this precious work.
Perhaps the most formative film I saw as a child was Tod Browning’s Freaks (1932): its view of deformity, which combines compassion and horror, has been definitive for most of my life. But The House Is Black, whose radical and poetic compass ion for lepers eschews any sense of horror or voyeurism or sentimentality, changed all that. Whether this vision is specifically Iranian is a question I’m not equipped to answer. It’s worth noting that when the film was made, its reception in Iran was far from unanimously positive; given its subject matter, I doubt it could comfortably enter the mainstream anywhere on earth. On the other hand,I suspect that part of my attraction to Iranian and Taiwanese films stems from their resistance to Western values, which implies they have a great deal to teach me. An Iranian friend who loves The House Is Black as much as I do told me that she didn’t much care for Yang’s Taipei Story because it reminded her too much of various Iranian films that inveig hed against westernization—which implies in turn that national characteristics are merely one of the many lenses we look through when we watch movies. With or without its Iranian character, The House Is Black remains the most successful fusion of cinema and poetry that I know. I suspect this is true less for formal reasons than because of Farrokhzad’s irreducible sureness in what she has to say."
Por último, dejó un link con la biografía de Forugh Farrokhzad
Esto es el inicio de La casa es negra. Tal vez siga posteando acá lo que suba allá. Tal vez no.
Jonathan Rosenbaum, uno de los críticos más importantes del mundo, dijo esto sobre la película:
"I mainly have to take it on faith that Forugh Farrokhzad (1935-’87) is the greatest Iranian poet of the 20th century. My involvement with her only film goes much deeper: after seeing this 22-minute 1962 documentary about a leper colony a few years ago at the Locarno film festival, I resolved as a member of the New York film festival’s selection committee to get it screened there, and finally succeeded last year after agreeing to subtitle it in collaboration with several Iranians. After premiering in New Y ork, the subtitled print showed at the Film Center twice in early October on its way back to the Swiss Cinematheque.
Thanks to my work on the film, I had plenty of opportunity to experience the overwhelming poetry of Farrokhzad’s sounds and images—including the extraordinary sound of her voice and the no less remarkable configurations of her words in relation to he r sounds and images—even if I could only appreciate the power of her written poetry secondhand. But if the greatness of some films can be measured by how much they change one’s view of the world, few have altered mine as much as this precious work.
Perhaps the most formative film I saw as a child was Tod Browning’s Freaks (1932): its view of deformity, which combines compassion and horror, has been definitive for most of my life. But The House Is Black, whose radical and poetic compass ion for lepers eschews any sense of horror or voyeurism or sentimentality, changed all that. Whether this vision is specifically Iranian is a question I’m not equipped to answer. It’s worth noting that when the film was made, its reception in Iran was far from unanimously positive; given its subject matter, I doubt it could comfortably enter the mainstream anywhere on earth. On the other hand,I suspect that part of my attraction to Iranian and Taiwanese films stems from their resistance to Western values, which implies they have a great deal to teach me. An Iranian friend who loves The House Is Black as much as I do told me that she didn’t much care for Yang’s Taipei Story because it reminded her too much of various Iranian films that inveig hed against westernization—which implies in turn that national characteristics are merely one of the many lenses we look through when we watch movies. With or without its Iranian character, The House Is Black remains the most successful fusion of cinema and poetry that I know. I suspect this is true less for formal reasons than because of Farrokhzad’s irreducible sureness in what she has to say."
Por último, dejó un link con la biografía de Forugh Farrokhzad
Esto es el inicio de La casa es negra. Tal vez siga posteando acá lo que suba allá. Tal vez no.
miércoles, mayo 31, 2006
Guess who's back...
Interrumpo el prolongado estado comatoso de cineQ para pasar un dato:
este viernes 2 se pasa gratis El amigo (1960), el primer corto de Leonardo Favio, que se filmó con un par de latas de fílmico que Favio le zarpó a Torre Nilsson y que casi todo mundo creía que se había perdido hace treinta años -alguien tenía encanutada una copia en 16mm y nunca había hecho mucho alboroto al respecto.
Los pocos que tuvimos la suerte de haber visto El amigo hace cuatro años en el cineclub La puerta amarilla -funcionaba los martes en la gloriosa sede de La nave de los sueños en la calle Moreno- aseguramos que es un corto más peronista que Perón, sinfonía del sentimiento. La historia es simple: un nenito lustrabotas se cruza con un chico rico en la puerta de un parque de diversiones y la flashea...
Como si todo esto fuera poco, el enorme Pablo Dacal también formará parte de la velada junto a su orquesta de salón. Además, parece que va a interpretar algunos de los clásicos de Favio. ¡Como si no alcanzase ya para ir a verlo con que haga su versión de Amor clasificado!
Bueno, la cita entonces es este viernes 2 de junio a las 19 en la Biblioteca Nacional, Aguero 2502. Las entradas se retiran a partir de las 18. De nada y, como diría el bueno de Paul, enjoy!
este viernes 2 se pasa gratis El amigo (1960), el primer corto de Leonardo Favio, que se filmó con un par de latas de fílmico que Favio le zarpó a Torre Nilsson y que casi todo mundo creía que se había perdido hace treinta años -alguien tenía encanutada una copia en 16mm y nunca había hecho mucho alboroto al respecto.
Los pocos que tuvimos la suerte de haber visto El amigo hace cuatro años en el cineclub La puerta amarilla -funcionaba los martes en la gloriosa sede de La nave de los sueños en la calle Moreno- aseguramos que es un corto más peronista que Perón, sinfonía del sentimiento. La historia es simple: un nenito lustrabotas se cruza con un chico rico en la puerta de un parque de diversiones y la flashea...
Como si todo esto fuera poco, el enorme Pablo Dacal también formará parte de la velada junto a su orquesta de salón. Además, parece que va a interpretar algunos de los clásicos de Favio. ¡Como si no alcanzase ya para ir a verlo con que haga su versión de Amor clasificado!
Bueno, la cita entonces es este viernes 2 de junio a las 19 en la Biblioteca Nacional, Aguero 2502. Las entradas se retiran a partir de las 18. De nada y, como diría el bueno de Paul, enjoy!
jueves, enero 19, 2006
Interiores
Ana y los otros, Celina Murga
“Todas las olas que vienen de pasar, todas las horas que vienen sin llegar”, decía el grupo Entre Ríos en su suavísima canción Litoral. En esa encrucijada se encuentran el cine argentino, Ana y los otros, Ana y los otros.
De atrás para adelante. Los otros, esa fauna paranaense que visita Ana con la excusa del reencuentro del grupo de egresados, no hacen más que sofocarse un sus horas de tedio y ahogarse en sus propias aguas, en un entramado social “bienintencionadamente” delimitado -la peor cara de lo siniestro son la buenas intenciones- donde el fin último y único es casarse al mejor postor.
Ana, por su parte, estuvo aquí, estuvo allá y se quedó varada en un tiempo y un amor. Se mueve con ligereza, distingue esas olas refrescantes pero las barrena porque se quedó fija en una ausencia. En ese punto se aproxima a ellos. Pero Ana, definitivamente, no es los otros.
Ana y los otros no hace más que mostrar un devenir, pintar una aldea sin juzgar y sin la mirada distante del que se fue a la ciudad y ve con aires de superación lo que dejó atrás. Por el contrario, la película indaga con total honestidad, habla naturalmente (dentro de esa naturalidad, por caso, la directora puede meter una canción de Los Twist sin que quede como un gimmick de estudiante de cine pretencioso).
La cinematografía vernácula, en tanto, ve pasar las nuevas olas pero sigue sin encontrar una continuidad. Con destellos, algunos más interesantes que otros, intenta salir a flote desde el interior. Porque el cine argentino, con alguna excepción, se encuentra más cómodo lejos de la ciudad (los personajes de Martín Rejtman quizá pertenezcan a Melmac y los de Ezequiel Acuña, si bien urbanos, están todo el tiempo escapando).
Es saludable que todavía haya películas que tomen distancia del costumbrismo más burdo y del costumbrismo cool igual de pernicioso.
Agustina Larrea
“Todas las olas que vienen de pasar, todas las horas que vienen sin llegar”, decía el grupo Entre Ríos en su suavísima canción Litoral. En esa encrucijada se encuentran el cine argentino, Ana y los otros, Ana y los otros.
De atrás para adelante. Los otros, esa fauna paranaense que visita Ana con la excusa del reencuentro del grupo de egresados, no hacen más que sofocarse un sus horas de tedio y ahogarse en sus propias aguas, en un entramado social “bienintencionadamente” delimitado -la peor cara de lo siniestro son la buenas intenciones- donde el fin último y único es casarse al mejor postor.
Ana, por su parte, estuvo aquí, estuvo allá y se quedó varada en un tiempo y un amor. Se mueve con ligereza, distingue esas olas refrescantes pero las barrena porque se quedó fija en una ausencia. En ese punto se aproxima a ellos. Pero Ana, definitivamente, no es los otros.
Ana y los otros no hace más que mostrar un devenir, pintar una aldea sin juzgar y sin la mirada distante del que se fue a la ciudad y ve con aires de superación lo que dejó atrás. Por el contrario, la película indaga con total honestidad, habla naturalmente (dentro de esa naturalidad, por caso, la directora puede meter una canción de Los Twist sin que quede como un gimmick de estudiante de cine pretencioso).
La cinematografía vernácula, en tanto, ve pasar las nuevas olas pero sigue sin encontrar una continuidad. Con destellos, algunos más interesantes que otros, intenta salir a flote desde el interior. Porque el cine argentino, con alguna excepción, se encuentra más cómodo lejos de la ciudad (los personajes de Martín Rejtman quizá pertenezcan a Melmac y los de Ezequiel Acuña, si bien urbanos, están todo el tiempo escapando).
Es saludable que todavía haya películas que tomen distancia del costumbrismo más burdo y del costumbrismo cool igual de pernicioso.
Agustina Larrea
martes, enero 17, 2006
Listas 2005
JUAN MANUEL DOMINGUEZ
Top 18 películas
1-King Kong (Peter Jackson)
2- El cadáver de la novia (Tim Burton)
3- Whisky (Juan Pablo Rebella y Pablo Stoll)
4- Como un avión estrellado (Ezequiel Acuña)
5- Una historia violenta (David Cronenberg)
6- La ciudad del pecado (Frank Miller y Robert
Rodriguez)
7- Adictos al sexo (John Waters)
8- La vida acuática (Wes Anderson)
9- Bob Esponja, la película (Stephen Hillenburg Sherm
Cohen )
10- Entre copas (Alexander Payne)
11- Tierra de los muertos (George A. Romero)
12- Un Santa no tan santo (Terry Zwigoff)
13- Vuelo Nocturno (Wes Craven)
14- Mar abierto (Chris Kentis)
15- Masacre en la cárcel 13 (Jean François Richet)
16- Buscando a Reynolds (Néstor Frenkel)
17- Wallace y Gromit. La batalla de los vegetales
(Nick Park)
18- Lemony Snicket: una serie de eventos
desafortunados (Brad Silberling)
La peor: Zatoichi (Takeshi Kitano)
Top 23 discos -primer año de banda ancha y la vital
presencia de Mr. Chong y Mr. Panoxx-
1- I am a bird now - Antony and the Johnsons
2- Guero - Beck
3- Estoy bien, bien, bien equivocado - Victoria Mil
4- Arular - M.I.A
5- Give Blood - The brakes
6- LCD Soundsystem - LCD Soundsystem
7- Corpse Bride Original Soundtrack
8- Z - My morning jacket
9- Prairie wind - Neil Young
10- Road to rouen - Supergrass
11- Queens of the stone age, lullabies to paralye
12- Los Alamos - No se menciona la soga en casa del
ahorcado
13- Correr - Florencia Ruiz
14- Chemistry - Girls Aloud
15- Gimme me fiction - Spoon
16- Hey Hey Yo Yo My My - Junior Senior
17- Bang Bang rock and roll - Art Brut
18- Discover a lovelier you - Pernice Brothers
19- Silent alarm - Bloc Party
20- Late Registration - Kayne West
21- Twin Cinema - The New Pornographers
22- Boy in da corner - Dizzie Rascal
23- Separation Sunday - The hold steady
El peor: Who cares?
Top 5 TV
1- Padre de familia - Fox
2- Harvey Birdman, abogado - Cartoon Network
3- La noche del 10 - Canal 13
4- Cheaters - Reality TV
5- Mission Hill - Cartoon Network
Top 5 caprichos
1- Leer Sock Monkey en voz alta.
2- Naza Chong, Tina y The Masaedos (Agus, Pitufina y
una Martínez).
3- Estar bien, bien, bien equivocado.
4- Simplemente Domínguez.
5- Los chinos que vienen a casa.
Lo mejor y lo peor de 2006
por Juan Pablo Martínez
20 estrenos grossos:
1) King Kong
2) Million Dollar Baby
3) Tierra de los muertos
4) Tiempo de valientes
5) La casa de cera
6) Charlie y la fábrica de chocolate
7) Como un avión estrellado
8) Guerra de los mundos
9) El aura
10) Bob Esponja, la película
11) Una historia violenta
12) Whisky Romeo Zulu
13) Vida acuática
14) Alejandro Magno
15) Adictos al sexo
16) Un Santa no tan santo
17) Whisky
18) Los rompebodas
19) Virgen a los 40
20) Mar abierto
5 estrenos feos:
1) Papá se volvió loco!!
2) Cargo de conciencia
3) Melinda y Melinda
4) Closer
5) Espanglish
20 discos grossos:
1) Make Believe – Weezer
2) Confessions on a Dance Floor – Madonna
3) Chemistry – Girls Aloud
4) Primer Corte – Coiffeur
5) Chaos and Creation in the Backyard – Paul McCartney
6) Fijación oral Vol. 1 – Shakira
7) Oral Fixation Vol. 2 – Shakira
8) The Alternative to Love – Brendan Benson
9) Soy una sola vez – Willem
10) Come and Get It – Rachel Stevens
11) 12 Songs – Neil Diamond
12) Devils & Dust – Bruce Springsteen
13) Arular – M.I.A.
14) Hey Hey My My Yo Yo– Junior Senior
15) Anoche – Babasónicos
16) Body of Song – Bob Mould
17) Nightbird – Erasure
18) Illinois – Surfjan Stevens
19) Blinking Lights and Other Revelations – eels
20) Late Registration – Kanye West
20 1/2) El regreso – Andrés Calamaro
El disco más feo del año: X & Y - Coldplay
5 singles grossos cuyos discos no están en la lista de arriba porque a) no son tan buenos o b) el disco se editó en 2004:
1) Hollaback Girl (Gwen Stefani)
2) Do You Want To (Franz Ferdinand)
3) Cool (Gwen Stefani)
4) All About Us (Tatu)
5) Just Want You To Know (Backstreet Boys)
Los singles más feos del año: Axel F. (Crazy Frog) / La camisa negra (Juanes) / Nada de esto fue un error (Coti, Julieta Venegas y Paulina Rubio)
5 videos grossos:
1) Just Want You To Know (Backstreet Boys)
2) Wake Me Up When September Ends (Green Day)
3) All About Us (Tatu)
4) Cool (Gwen Stefani)
5) Hung Up (Madonna)
Los videos más feos del año: El de Britney embarazada, que parece una campaña a favor del aborto / Axel F. de Crazy Frog / Talk de Coldplay / Perfect Situation de Weezer (lo siento Rivers, pero el video es horrible y los cambios que hiciste en la canción, que en el disco era excelente, la arruinan por completo).
10 discos grossos de otros años que escuché por primera vez este año y flashié:
1) Tan simple como el amor – La casa azul (2004)
2) El sonido efervecente de La casa azul – La casa azul (2003) y todo lo que haya hecho Guille Milkyway en su vida.
3) Roger Nichols and the Small Circle of Friends – Idem (1968)
4) 69 Love Songs – The Magnetic Fields (1999)
5) Love Angel Music Baby – Gwen Stefani (2004)
6) Anniemal – Annie (2004)
7) Presents Author Unknown – Jason Falkner (1996)
8) One Mississippi – Brendan Benson (1996)
9) Lapalco – Brendan Benson (2002)
10) Find a Door - Pete Droge and the Sinners (1996)
10 recitales grossos:
1) Dizzee Rascal en el BUE
2) The White Stripes en el Luna Park
3) M.I.A. en el BUE
4) Duran Duran en el Personal Fest
5) Coiffeur en la Alianza Francesa
6) Elvis Costello en el BUE
7) Los Auténticos Decadentes en el Pepsi Music
8) Willem en Gandhi
9) The Strokes en el BUE
10) Placebo en el Luna Park
12 caprichos grossos:
1) Damián, mi novio.
2) Born To Run (30th Anniversary Edition) – Bruce Springsteen (la remasterización es increíble y necesaria tratándose del mejor disco de la historia –la edición anterior en cd dejaba mucho que desear-, pero como no tengo el original todavía no vi los 2 dvd’s que vienen en la edición)
3) Las temporadas de Seinfeld en DVD.
4) Macanudo Vol. 2 de Liniers.
5) Bonjour de Liniers.
6) Los helados Arcor (En especial los Slice de Menta -que sabe a Sugus de menta- y de Frutilla y el palito de Bon o Bon).
7) Los riquísimos y baratísimos ($3,50 el cuarto vs. los $4,50 que sale el vaso chiquito en Freddo y Munchi’s) helados de Faricci, la nueva heladería de Córdoba y Paso.
8) La serie Masters of Horror (irregular pero con picos geniales cortesía de Carpenter, Dante y Stuart Gordon).
9) Bad News Bears, de Richard Linklater.
10) La remera de “This is estar en el horno”.
11) Fever Pitch, de Peter y Bobby Farrelly.
12) Dodgeball, de Rawson Marshall Thurber.
Los caprichos más feos del año: Las remeras con inscripciones en italiano y las de I love AR / The Longest Yard, la primera “película Sandler” mala.
AGUSTINA LARREA:
1) "El cadáver de la novia"
2) "Whisky"
3) "Una historia violenta"
4) "Como un avión estrellado"
5) "Bob Esponja: La película"
Discos de afuera:
1) I'm a Bird Now (Antony and the Johnsons)
2) Twin Cinema (The New Pornographers)
3) Becoz i was too nervous at that time (My Little Airport)
4) Man Made (Teenage Fanclub)
5) Get Behind Me Satan (White Stripes)
Casi, casi, arañando: Hal (Hal), Digital Ash In A Digital Urn (Bright Eyes), Multiply (Jamie Lidell), Ich bin der eine von uns beiden (Andreas Dorau), Love Kraft (Super Furry Animals), A L'Origine (Benjamin Biolay), Plans (Death Cab for Cutie), Cru (Seu Jorge).
Bonus tracks:
2 españoles:
Nieves y rescates (Tachenko), Desaparezca aquí (Nacho Vegas)
2 bandas de sonido:
The Life Acquatic, Charly and the Chocolate Factory (Danny Elfman)
Llego tarde: Anniemal (Annie, 2004)
Discos de acá:
Coiffeur (Coiffeur)
Estoy bien, bien, bien (Victoria Mil)
Simplemente + Primer y último acto de noción (Lucas Martí por 2)
Onda (Entre Ríos)
La futura mirada del ex tenista (Sebastián Kramer)
Casi, casi, arañando: No se menciona la soga en casa del ahorcado (Los álamos), Banda de sonido original para la película El silencio de las cosas (Juan Stewart), Soy una vez (Willem), Cuarto creciente (Leo García), La tranquilidad después de la paliza (Francisco Bochatón).
Dos (buenos) vivos:
Diferentes maneras (Massacre), El regreso (Andrés Calamaro)
Alegrón:
La caja de Suárez
Reedición de Vital, de Leo García
Llego tarde: Hospital (Mi pequeña muerte, 2004)
Top 18 películas
1-King Kong (Peter Jackson)
2- El cadáver de la novia (Tim Burton)
3- Whisky (Juan Pablo Rebella y Pablo Stoll)
4- Como un avión estrellado (Ezequiel Acuña)
5- Una historia violenta (David Cronenberg)
6- La ciudad del pecado (Frank Miller y Robert
Rodriguez)
7- Adictos al sexo (John Waters)
8- La vida acuática (Wes Anderson)
9- Bob Esponja, la película (Stephen Hillenburg Sherm
Cohen )
10- Entre copas (Alexander Payne)
11- Tierra de los muertos (George A. Romero)
12- Un Santa no tan santo (Terry Zwigoff)
13- Vuelo Nocturno (Wes Craven)
14- Mar abierto (Chris Kentis)
15- Masacre en la cárcel 13 (Jean François Richet)
16- Buscando a Reynolds (Néstor Frenkel)
17- Wallace y Gromit. La batalla de los vegetales
(Nick Park)
18- Lemony Snicket: una serie de eventos
desafortunados (Brad Silberling)
La peor: Zatoichi (Takeshi Kitano)
Top 23 discos -primer año de banda ancha y la vital
presencia de Mr. Chong y Mr. Panoxx-
1- I am a bird now - Antony and the Johnsons
2- Guero - Beck
3- Estoy bien, bien, bien equivocado - Victoria Mil
4- Arular - M.I.A
5- Give Blood - The brakes
6- LCD Soundsystem - LCD Soundsystem
7- Corpse Bride Original Soundtrack
8- Z - My morning jacket
9- Prairie wind - Neil Young
10- Road to rouen - Supergrass
11- Queens of the stone age, lullabies to paralye
12- Los Alamos - No se menciona la soga en casa del
ahorcado
13- Correr - Florencia Ruiz
14- Chemistry - Girls Aloud
15- Gimme me fiction - Spoon
16- Hey Hey Yo Yo My My - Junior Senior
17- Bang Bang rock and roll - Art Brut
18- Discover a lovelier you - Pernice Brothers
19- Silent alarm - Bloc Party
20- Late Registration - Kayne West
21- Twin Cinema - The New Pornographers
22- Boy in da corner - Dizzie Rascal
23- Separation Sunday - The hold steady
El peor: Who cares?
Top 5 TV
1- Padre de familia - Fox
2- Harvey Birdman, abogado - Cartoon Network
3- La noche del 10 - Canal 13
4- Cheaters - Reality TV
5- Mission Hill - Cartoon Network
Top 5 caprichos
1- Leer Sock Monkey en voz alta.
2- Naza Chong, Tina y The Masaedos (Agus, Pitufina y
una Martínez).
3- Estar bien, bien, bien equivocado.
4- Simplemente Domínguez.
5- Los chinos que vienen a casa.
Lo mejor y lo peor de 2006
por Juan Pablo Martínez
20 estrenos grossos:
1) King Kong
2) Million Dollar Baby
3) Tierra de los muertos
4) Tiempo de valientes
5) La casa de cera
6) Charlie y la fábrica de chocolate
7) Como un avión estrellado
8) Guerra de los mundos
9) El aura
10) Bob Esponja, la película
11) Una historia violenta
12) Whisky Romeo Zulu
13) Vida acuática
14) Alejandro Magno
15) Adictos al sexo
16) Un Santa no tan santo
17) Whisky
18) Los rompebodas
19) Virgen a los 40
20) Mar abierto
5 estrenos feos:
1) Papá se volvió loco!!
2) Cargo de conciencia
3) Melinda y Melinda
4) Closer
5) Espanglish
20 discos grossos:
1) Make Believe – Weezer
2) Confessions on a Dance Floor – Madonna
3) Chemistry – Girls Aloud
4) Primer Corte – Coiffeur
5) Chaos and Creation in the Backyard – Paul McCartney
6) Fijación oral Vol. 1 – Shakira
7) Oral Fixation Vol. 2 – Shakira
8) The Alternative to Love – Brendan Benson
9) Soy una sola vez – Willem
10) Come and Get It – Rachel Stevens
11) 12 Songs – Neil Diamond
12) Devils & Dust – Bruce Springsteen
13) Arular – M.I.A.
14) Hey Hey My My Yo Yo– Junior Senior
15) Anoche – Babasónicos
16) Body of Song – Bob Mould
17) Nightbird – Erasure
18) Illinois – Surfjan Stevens
19) Blinking Lights and Other Revelations – eels
20) Late Registration – Kanye West
20 1/2) El regreso – Andrés Calamaro
El disco más feo del año: X & Y - Coldplay
5 singles grossos cuyos discos no están en la lista de arriba porque a) no son tan buenos o b) el disco se editó en 2004:
1) Hollaback Girl (Gwen Stefani)
2) Do You Want To (Franz Ferdinand)
3) Cool (Gwen Stefani)
4) All About Us (Tatu)
5) Just Want You To Know (Backstreet Boys)
Los singles más feos del año: Axel F. (Crazy Frog) / La camisa negra (Juanes) / Nada de esto fue un error (Coti, Julieta Venegas y Paulina Rubio)
5 videos grossos:
1) Just Want You To Know (Backstreet Boys)
2) Wake Me Up When September Ends (Green Day)
3) All About Us (Tatu)
4) Cool (Gwen Stefani)
5) Hung Up (Madonna)
Los videos más feos del año: El de Britney embarazada, que parece una campaña a favor del aborto / Axel F. de Crazy Frog / Talk de Coldplay / Perfect Situation de Weezer (lo siento Rivers, pero el video es horrible y los cambios que hiciste en la canción, que en el disco era excelente, la arruinan por completo).
10 discos grossos de otros años que escuché por primera vez este año y flashié:
1) Tan simple como el amor – La casa azul (2004)
2) El sonido efervecente de La casa azul – La casa azul (2003) y todo lo que haya hecho Guille Milkyway en su vida.
3) Roger Nichols and the Small Circle of Friends – Idem (1968)
4) 69 Love Songs – The Magnetic Fields (1999)
5) Love Angel Music Baby – Gwen Stefani (2004)
6) Anniemal – Annie (2004)
7) Presents Author Unknown – Jason Falkner (1996)
8) One Mississippi – Brendan Benson (1996)
9) Lapalco – Brendan Benson (2002)
10) Find a Door - Pete Droge and the Sinners (1996)
10 recitales grossos:
1) Dizzee Rascal en el BUE
2) The White Stripes en el Luna Park
3) M.I.A. en el BUE
4) Duran Duran en el Personal Fest
5) Coiffeur en la Alianza Francesa
6) Elvis Costello en el BUE
7) Los Auténticos Decadentes en el Pepsi Music
8) Willem en Gandhi
9) The Strokes en el BUE
10) Placebo en el Luna Park
12 caprichos grossos:
1) Damián, mi novio.
2) Born To Run (30th Anniversary Edition) – Bruce Springsteen (la remasterización es increíble y necesaria tratándose del mejor disco de la historia –la edición anterior en cd dejaba mucho que desear-, pero como no tengo el original todavía no vi los 2 dvd’s que vienen en la edición)
3) Las temporadas de Seinfeld en DVD.
4) Macanudo Vol. 2 de Liniers.
5) Bonjour de Liniers.
6) Los helados Arcor (En especial los Slice de Menta -que sabe a Sugus de menta- y de Frutilla y el palito de Bon o Bon).
7) Los riquísimos y baratísimos ($3,50 el cuarto vs. los $4,50 que sale el vaso chiquito en Freddo y Munchi’s) helados de Faricci, la nueva heladería de Córdoba y Paso.
8) La serie Masters of Horror (irregular pero con picos geniales cortesía de Carpenter, Dante y Stuart Gordon).
9) Bad News Bears, de Richard Linklater.
10) La remera de “This is estar en el horno”.
11) Fever Pitch, de Peter y Bobby Farrelly.
12) Dodgeball, de Rawson Marshall Thurber.
Los caprichos más feos del año: Las remeras con inscripciones en italiano y las de I love AR / The Longest Yard, la primera “película Sandler” mala.
AGUSTINA LARREA:
1) "El cadáver de la novia"
2) "Whisky"
3) "Una historia violenta"
4) "Como un avión estrellado"
5) "Bob Esponja: La película"
Discos de afuera:
1) I'm a Bird Now (Antony and the Johnsons)
2) Twin Cinema (The New Pornographers)
3) Becoz i was too nervous at that time (My Little Airport)
4) Man Made (Teenage Fanclub)
5) Get Behind Me Satan (White Stripes)
Casi, casi, arañando: Hal (Hal), Digital Ash In A Digital Urn (Bright Eyes), Multiply (Jamie Lidell), Ich bin der eine von uns beiden (Andreas Dorau), Love Kraft (Super Furry Animals), A L'Origine (Benjamin Biolay), Plans (Death Cab for Cutie), Cru (Seu Jorge).
Bonus tracks:
2 españoles:
Nieves y rescates (Tachenko), Desaparezca aquí (Nacho Vegas)
2 bandas de sonido:
The Life Acquatic, Charly and the Chocolate Factory (Danny Elfman)
Llego tarde: Anniemal (Annie, 2004)
Discos de acá:
Coiffeur (Coiffeur)
Estoy bien, bien, bien (Victoria Mil)
Simplemente + Primer y último acto de noción (Lucas Martí por 2)
Onda (Entre Ríos)
La futura mirada del ex tenista (Sebastián Kramer)
Casi, casi, arañando: No se menciona la soga en casa del ahorcado (Los álamos), Banda de sonido original para la película El silencio de las cosas (Juan Stewart), Soy una vez (Willem), Cuarto creciente (Leo García), La tranquilidad después de la paliza (Francisco Bochatón).
Dos (buenos) vivos:
Diferentes maneras (Massacre), El regreso (Andrés Calamaro)
Alegrón:
La caja de Suárez
Reedición de Vital, de Leo García
Llego tarde: Hospital (Mi pequeña muerte, 2004)
domingo, enero 08, 2006
El amor (segunda parte)
La idea era escribir una oración o un poco más sobre las mejores escenas del año. Pero Juan Manuel Domínguez no pudo contenerse, o no quiso hacerlo, y al escribir sobre la escena del King Kong de Peter Jackson terminó contando varias cosas que pueden llegar a no importarles. Están avisados.
Muchas de las cosas que pasan dentro de King Kong, ya sea como película o como ser ficcional que late, se golpea el pecho y se sabe pronta sombra, fueron demasiado para mi diciembre. Fue la película exacta en el momento más triste de mi vida, que sería torpe definir de exacto. Yo era King Kong, yo era torpe, gigante y bruto, yo lleve las cosas a una cima desde donde solo quedaba caer. Al menos así me sentía, en aquel primitivo estado de culpa tan lógico, para mi simiesco trato conmigo mismo, como bestial. Y esa mañana me subí al cine, por que King Kong es una película que envuelve, con patas que aprietan y protegen, y me deje llevar, llorar y llenar. King Kong es la aventura como un todo cinematográfico –un kit anti-males de este mundo- que lleva en su cintura un martillo/pasión hecho con la furia de Peter Jackson, un taladro/mito con la mecha que es la leyenda de la bestia de 10 metros y una sierra/nobleza capaz de subrayar y recortar momentos que en cualquier otro film estarían repletos –como chorreando mermelada- de la visión del mundo del director (Guerra de los mundos se me ocurre como primer ejemplo). Jackson ama a su film, su génesis y se entrega a la historia. Por todo eso y muchas cosas más que escapan a mis caracteres la secuencia del año, de mi año para el resto de mi vida, es la pelea de Kong contra tres Tiranosaurus Rex. La rubia, la gran Naomi Watts, logra escapar de un dino rex para quedar, a pasitos nomás, de otro. Intenta escapar, tropieza y cuando esta a punto de ser devorada, de entre la jungla aparece, como si de Superman se tratara, el Rey Mono. La pelea que a mi dominguero entender es la mejor de que alguna vez haya visto sigue hasta que los pugilistas se reducen a un one on one: T-Rex vrs. Kong. Como si de una videogame se tratara quedan a distancia protocolar, se miran, brama uno y grita el otro, la Rubia a mitad de camino retrocede sin dejar de ver al saurio y se refugia bajo las toneladas que hacen a Kong. Sabe de lo que es capaz. El Rey se golpea el pecho, el Dino torea. Chocan. El simio le abre la boca, y con los dientes le arranca la lengua (movimiento de match pendenciero, exagerado, único, arriesgado y definitivo, un movimiento muy similiar a lo que King Kong es al cine). Dino no puede, Kong sabe que tiene que ponerle fin. Y lo hace. Cae el dinosaurio vencido, el mono se para sobre su rostro y nuevamente se magulla el pecho. Después, se aparta de la rubia, como su cuasi sacrificio no dejara en claro su pasión. Ella se le acerca. Y él la sube a su lomo, demostrándole que sus gestos enfermos, que su violencia no son más que sus únicas formas de cuidar, que solo así podía demostrarle lo que él era y que no podía jamás entenderla, si quererla, pero no comprenderla. Su amor en furia lo mato. Por esa ferocidad tan cruel y noble, que tan mía siento a veces en más de una persona, por sentirme tremendo, y extinto, y por descubrir una isla donde vivir, llamada King Kong, es que esa escena y esta película son, término discapacitado para mostrar su importancia, “mi película del año”.
Juan Manuel Domínguez
Muchas de las cosas que pasan dentro de King Kong, ya sea como película o como ser ficcional que late, se golpea el pecho y se sabe pronta sombra, fueron demasiado para mi diciembre. Fue la película exacta en el momento más triste de mi vida, que sería torpe definir de exacto. Yo era King Kong, yo era torpe, gigante y bruto, yo lleve las cosas a una cima desde donde solo quedaba caer. Al menos así me sentía, en aquel primitivo estado de culpa tan lógico, para mi simiesco trato conmigo mismo, como bestial. Y esa mañana me subí al cine, por que King Kong es una película que envuelve, con patas que aprietan y protegen, y me deje llevar, llorar y llenar. King Kong es la aventura como un todo cinematográfico –un kit anti-males de este mundo- que lleva en su cintura un martillo/pasión hecho con la furia de Peter Jackson, un taladro/mito con la mecha que es la leyenda de la bestia de 10 metros y una sierra/nobleza capaz de subrayar y recortar momentos que en cualquier otro film estarían repletos –como chorreando mermelada- de la visión del mundo del director (Guerra de los mundos se me ocurre como primer ejemplo). Jackson ama a su film, su génesis y se entrega a la historia. Por todo eso y muchas cosas más que escapan a mis caracteres la secuencia del año, de mi año para el resto de mi vida, es la pelea de Kong contra tres Tiranosaurus Rex. La rubia, la gran Naomi Watts, logra escapar de un dino rex para quedar, a pasitos nomás, de otro. Intenta escapar, tropieza y cuando esta a punto de ser devorada, de entre la jungla aparece, como si de Superman se tratara, el Rey Mono. La pelea que a mi dominguero entender es la mejor de que alguna vez haya visto sigue hasta que los pugilistas se reducen a un one on one: T-Rex vrs. Kong. Como si de una videogame se tratara quedan a distancia protocolar, se miran, brama uno y grita el otro, la Rubia a mitad de camino retrocede sin dejar de ver al saurio y se refugia bajo las toneladas que hacen a Kong. Sabe de lo que es capaz. El Rey se golpea el pecho, el Dino torea. Chocan. El simio le abre la boca, y con los dientes le arranca la lengua (movimiento de match pendenciero, exagerado, único, arriesgado y definitivo, un movimiento muy similiar a lo que King Kong es al cine). Dino no puede, Kong sabe que tiene que ponerle fin. Y lo hace. Cae el dinosaurio vencido, el mono se para sobre su rostro y nuevamente se magulla el pecho. Después, se aparta de la rubia, como su cuasi sacrificio no dejara en claro su pasión. Ella se le acerca. Y él la sube a su lomo, demostrándole que sus gestos enfermos, que su violencia no son más que sus únicas formas de cuidar, que solo así podía demostrarle lo que él era y que no podía jamás entenderla, si quererla, pero no comprenderla. Su amor en furia lo mato. Por esa ferocidad tan cruel y noble, que tan mía siento a veces en más de una persona, por sentirme tremendo, y extinto, y por descubrir una isla donde vivir, llamada King Kong, es que esa escena y esta película son, término discapacitado para mostrar su importancia, “mi película del año”.
Juan Manuel Domínguez
domingo, diciembre 18, 2005
2005: topS
1- Un Santa no tan santo (Terry Zwigoff)
2- Una historia violenta (David Cronenberg)
3- Whisky (Juan Pablo Rebella y Pablo Stoll)
4- Bob Esponja, la película (Stephen Hillenburg Sherm Cohen)
5- Clean (Olivier Assayas)
6- El cadaver de la novia (Tim Burton)
7- King Kong (Peter Jackson)
8- Código 46 (Michael Winterbottom)
9- La vida acuática (Wes Anderson)
10- Millones (Danny Boyle)
11- Entre copas (Alexander Payne)
12- Wallace y Gromit. La batalla de los vegetales (Nick Park)
13- La secretaria de Hitler (André Heller y Othmar Schmiderer)
14- La dama de honor (Claude Chabrol)
15- Una mujer infiel (Tod Williams)
16- Como un avión estrellado (Ezequiel Acuña)
17- Luces rojas (Cédric Kahn)
18- La casa de Cera (Jaume Collet-Serra)
19- Grissinopoli (Darío Doria)
20- El secreto de Vera Drake (Mike Leigh)
21- Ocho años después (Raúl Perrone)
22- Adictos al sexo (John Waters)
23- Buscando a Reynolds (Néstor Frenkel)
24- La ciudad del pecado (Frank Miller y Robert Rodriguez)
25- Tierra de los muertos (George A. Romero)
ya que estamos: Vuelo Nocturno (Wes Craven)
5 imperdibles que me perdí:
1- 2046 (Wong Kar-Wai)
2- En sus zapatos (Curtis Hanson)
3- Géminis (Albertina Carri)
4- Million Dollar Baby (Clint Eastwood)
5- Vida en pareja (François Ozon)
ellas:
Traudl Junge
Samantha Morton
Maggie Cheung
Julia Jenstch
Manuela Martelli
ellos:
Viggo
Billy Bob Thornton
Gromit
Thomas Haden Church
Miguel Tomasín
un momento mágico: los besos de leche condensada de Machuca
un cameo: Adrián Cayetano Paoletti en Modelo 73
una sorpresa: Mar abierto de Chris Kentis
un polvo: el final de Código 46
una docena de garchas atómicas:
1- El hombre del bosque (Nicole Kassell)
2- El mercader de Venecia (Michael Radford)
3- Plan de vuelo (Robert Schwentke)
4- Descubriendo el país del nunca jamás (Marc Forster)
5- El jardinero fiel (Fernando Meirelles)
6- Antes que termine el día (Gil Junger)
7- Una suegra de cuidado (Robert Luketic)
8- La intérprete (Sydney Pollack)
9- Días de furia (Niels Mueller)
10- Vanidad (Mira Nair)
11- Más allá de la muerte (Omar Naim)
12- Super Size Me (Morgan Spurlock)
10 chiquitas pero rendidoras de acá que puertearon la lista:
Cautiva (Gastón Birabén)
Como pasan las horas (Inés de Oliveira Cézar)
H.I.J.O.S., el alma en dos (Carmen Guarini y Marcelo Céspedes)
La dignidad de los nadies (Fernando Solanas)
La vida por Perón (Sergio Bellotti)
Modelo 73 (Rodrigo Moscoso)
Otra vuelta (S. Palavecino)
Paco Urondo, la palabra justa (Daniel Desaloms)
Pepe Núñez, luthier. El oficio de vivir (Fermín Rivera)
Tatuado (Eduardo Raspo)
10 de acá para esquivar:
Cargo de conciencia (Emilio Vieyra)
Dar de nuevo (Atilio Perin)
El viento (Eduardo Mignona)
La esperanza (Francisco D'Intino)
Papá se volvió loco!! (Rodolfo Ledo)
Pyme (sitiados) (Alejandro Malowicki)
Rosas rojas... Rojas (Carlos Martínez)
Sólo un ángel (Horacio Maldonado)
Un buda (Diego Rafecas)
Un minuto de silencio (Roberto Maiocco)
2- Una historia violenta (David Cronenberg)
3- Whisky (Juan Pablo Rebella y Pablo Stoll)
4- Bob Esponja, la película (Stephen Hillenburg Sherm Cohen)
5- Clean (Olivier Assayas)
6- El cadaver de la novia (Tim Burton)
7- King Kong (Peter Jackson)
8- Código 46 (Michael Winterbottom)
9- La vida acuática (Wes Anderson)
10- Millones (Danny Boyle)
11- Entre copas (Alexander Payne)
12- Wallace y Gromit. La batalla de los vegetales (Nick Park)
13- La secretaria de Hitler (André Heller y Othmar Schmiderer)
14- La dama de honor (Claude Chabrol)
15- Una mujer infiel (Tod Williams)
16- Como un avión estrellado (Ezequiel Acuña)
17- Luces rojas (Cédric Kahn)
18- La casa de Cera (Jaume Collet-Serra)
19- Grissinopoli (Darío Doria)
20- El secreto de Vera Drake (Mike Leigh)
21- Ocho años después (Raúl Perrone)
22- Adictos al sexo (John Waters)
23- Buscando a Reynolds (Néstor Frenkel)
24- La ciudad del pecado (Frank Miller y Robert Rodriguez)
25- Tierra de los muertos (George A. Romero)
ya que estamos: Vuelo Nocturno (Wes Craven)
5 imperdibles que me perdí:
1- 2046 (Wong Kar-Wai)
2- En sus zapatos (Curtis Hanson)
3- Géminis (Albertina Carri)
4- Million Dollar Baby (Clint Eastwood)
5- Vida en pareja (François Ozon)
ellas:
Traudl Junge
Samantha Morton
Maggie Cheung
Julia Jenstch
Manuela Martelli
ellos:
Viggo
Billy Bob Thornton
Gromit
Thomas Haden Church
Miguel Tomasín
un momento mágico: los besos de leche condensada de Machuca
un cameo: Adrián Cayetano Paoletti en Modelo 73
una sorpresa: Mar abierto de Chris Kentis
un polvo: el final de Código 46
una docena de garchas atómicas:
1- El hombre del bosque (Nicole Kassell)
2- El mercader de Venecia (Michael Radford)
3- Plan de vuelo (Robert Schwentke)
4- Descubriendo el país del nunca jamás (Marc Forster)
5- El jardinero fiel (Fernando Meirelles)
6- Antes que termine el día (Gil Junger)
7- Una suegra de cuidado (Robert Luketic)
8- La intérprete (Sydney Pollack)
9- Días de furia (Niels Mueller)
10- Vanidad (Mira Nair)
11- Más allá de la muerte (Omar Naim)
12- Super Size Me (Morgan Spurlock)
10 chiquitas pero rendidoras de acá que puertearon la lista:
Cautiva (Gastón Birabén)
Como pasan las horas (Inés de Oliveira Cézar)
H.I.J.O.S., el alma en dos (Carmen Guarini y Marcelo Céspedes)
La dignidad de los nadies (Fernando Solanas)
La vida por Perón (Sergio Bellotti)
Modelo 73 (Rodrigo Moscoso)
Otra vuelta (S. Palavecino)
Paco Urondo, la palabra justa (Daniel Desaloms)
Pepe Núñez, luthier. El oficio de vivir (Fermín Rivera)
Tatuado (Eduardo Raspo)
10 de acá para esquivar:
Cargo de conciencia (Emilio Vieyra)
Dar de nuevo (Atilio Perin)
El viento (Eduardo Mignona)
La esperanza (Francisco D'Intino)
Papá se volvió loco!! (Rodolfo Ledo)
Pyme (sitiados) (Alejandro Malowicki)
Rosas rojas... Rojas (Carlos Martínez)
Sólo un ángel (Horacio Maldonado)
Un buda (Diego Rafecas)
Un minuto de silencio (Roberto Maiocco)
domingo, noviembre 27, 2005
Conozco la canción
Siete de las mejores cincuenta canciones del cine, según Juan Manuel Dominguez:
Bohemian Rapsodhy – Queen - Wayne´s world
Siempre, pero siempre que me siento solo en el mundo, decido darme una vuelta por ese estado de la mente que es Aurora, Illinois. Myers y cía. eructan, de forma estridente, imposible de ignorar allá en el 1992 y más adelante también, un carnaval de jevi metal, de setentismo virgen (literalmente en el caso de Garth, el Robin de Wayne Campbell) y de actitudes chabonas mezcladas, morigeradas quizás, con referencias a la cultura pop. Eso no suma puntos per sé pero lo que si consigue ese método, el del link cool, es generar un sistema que sabe leer, explicar, soltar el trapo –y las bandas- y entiende la cultura de los últimos 20 años mejor que cualquier otro film –hasta la llegada de Zoolander-; y encima sólo parece un cúmulo de tontos chiste de rock. Cuando no sepan donde encontrarme, ya saben donde voy a estar: Aurora, Illinois.
Space Oddity - David Bowie - La herencia del Sr. Deeds
Deeds es un hombre que se zarpa en simple. Vive en un pueblo, está soltero con apuro y su mayor anhelo es escribir tarjetas para la compañía Hallmark. De repente hereda billones de dólares. Mientras viaja a “la gran ciudad”, en pleno vuelo, comienza a cantar en sincro con los pilotos y un tenor con pinta de hillbilly Space Oddity de David Bowie. Todo, todo, todo lo que es Sandler –o era-, con respecto a la magia, a la simpleza, a la democracia del pop, a las ganas de y a la felicidad se resumen en la tercera mejor secuencia musical de su filmografía.
My Brain Is Hanging Upside Down (Bonzo Goes to Bitburg) – The Ramones - Escuela de rock
Los niños están bien, más que bien. Un slacker enseña rock n’ roll en una escuela privada. Con eso, con ese puente gigante, Linklater, Jack Black y Mike White despliegan su saber musical, al desconocer logias de todo tipo, de las micro musicales, de las canónicas, de las altas y bajas, de las pop goes the world o de las marmóreas. Para lograr esos, encierran la música que escuchan todos y la otra en la mente del slacker en cuestión, el godzillesco Jack Black. El habla mal de Liza Minnelli, de Christina Aguilera, de Puff Daddy y se impresiona porque los niños no saben quiénes son Led Zeppelín y Black Sabbath. ¿Importa saber qué bandas ama? Si y no. Ahí esta el clip “ de educación”, donde mediante un montaje de imagenes de los niños viendo a gente como Cobain, The Clash, The Who y miles más se nos muestra cómo la música deja de estar en libertad para ellos, y deciden encerrarla par siempre en sus cabezas. La canción que suena junto con ese momento (porque musicalizar es para ascensores) es My brain is hanging upside down (Bonzo goes to bitburg) de The Ramones. Cuatro acordes que pegan, que se hacen adrenalínicos, que dan ganas de aprender a amar la música de nuevo y dejar de tratarla como algo que se encuentra en un catálogo. En Escuela de Rock, la pasión manda.
God Gave Rock & Roll to You - KISS - Bill & Ted Bogus Journey
Bill & Ted son las personas más importantes de la historia de la humanidad. Al menos en este film. ¿Pero como logran dos proto metaleros a punto de brotar en grunges –año 1991- dar vuelta el mundo en 93 minutos? Fácil: después de darse cuenta que el sentido de la vida es un tema de Poison y recitárselo a Dios, viajan en el tiempo, aprenden a tocar, dejan que el bajo quede en manos de La Muerte (sip, esa de Bergman o casi) y trasmiten a todos los televisores del mundo “su” canción, una que dice algo así como que dios nos dio el rock & roll a todos, a vos, a mi, a quien quiera. Mediante un montaje, mientras suena Kiss, vemos tapas de revistas que nos muestran los cambios que lograron Bill & Ted: guitarras que limpian el smog del aire e inventos semejantes. Y todos bailan en todo el mundo. Puff, no logo that, Klein.
Wanna Grow Old With You –Adam Sandler - La mejor de mis bodas
Sandler sale desde la primera clase de un avión para cantarle a quien lo venia escuchando por los parlantes desde la clase turista: Drew Barrymore. Billy Idol empujando al novio de la chica fuera de los sueños sandlerianos con un carrito de comida da una mano al asunto. Sandler se arrodilla y empieza a cantar una de esas melodías que lo caracterizan: tan infantiles que lastiman en su simpleza (“Hasta te dejaré usar el control remoto”). Unos pocos acordes, una voz aguda en clave de noñez motorizada por terror y amor. Una canción que da rienda suelta a esas lágrimas de las que siempre vamos a llorar y que nos duelen tanto, las mismas que nos hace brotar el sentir miedo de algo nuevo o el terror de algo que uno creía viejo. En fin, toda la torpeza de las ganas, de la alegría de coincidir, de los nervios que poseen ambos extremos del amor.
Itis not Unusal - Tom Jones - Mars Attack!
América os necesita. ¿No me creéis? Mirad por las ventanas. Esos sujetos con el cerebro al aire que hablan con monosílabos y que viene del espacio exterior están destruyendo el mundo tal como lo conocemos. Escuchad… Es una vieja melodía cuyo tono agudo los ha eliminado. El mundo debe resurgir, la vida ha triunfado. Entonces, ¿Cómo termina Tim Burton su homenaje a unas figuritas de las 50? Una serie de personas, una serie de tres, logró escapar en busca de un paraíso perdido a bordo de una avioneta comandada por Tom Jones. Una vez que llegan, la paz está con nosotros y Tom Jones lo sabe. Por eso ocupa el plano y se planta a la orilla de una sierra. El plano es puro Jones, el cantante extiende su brazo y un águila calva se posa en él mientras empieza a sonar su más grande éxito It´s not inusual. Con el otro brazo haciendo el tempo de la canción mediante chasquidos, una sonrisa de dios olímpico y con la mirada alegre buscando horizontes, Jones se convierte en ciudadano ilustre del mundo nuevo.
Somebody´s Getting Married/She'll Make Me Happy – Rana René, Miss Piggy y Plaza Sésamo y Los muppets completos - Los Muppets toman Manhattan
Lo he escrito en más de un lugar pero lo vuelvo a hacer: Todo lo que representan los Muppets es lo que creo esta bien con este mundo. Sus excesos, su inocencia cínica, sus alegrías, sus canciones, sus pasiones, su inevitable inercia, sus ganas de destruir al mundo mientras lo dominan de colores y, obviamente, el amor como nexo con otra persona. Ahí entran en juego la rana René y Miss Piggy. Al final de la dominación de Manhattan (Si fuera el TEG diríamos: Muppets atacan Manhattan y nuestros dados tendrían en cada uno de sus lados de seis puntitos) logran estrenar su musical. En un momento de la obra hay una secuencia de casamiento donde vemos a todos los integrantes de los Muppets, incluso de su génesis televisiva, y al cast completo de Plaza Sésamo (Big Bird y compañía) cantando por el amor de una rana ojos de pelota de ping pong y una cerda de astronómicos ojos azules. “Serán felices/ ahora y siempre /Until forever/ their love will grow” cantan cientos, cientos de peluches, marionetas y sujetos. Y, logran que ese amor, tan chiquito como una batracio y una chancha adquiera una proporción y una velocidad y una furia que, uno se lo quiere creer, durará por siempre. Total, ellos nunca morirán.
Bohemian Rapsodhy – Queen - Wayne´s world
Siempre, pero siempre que me siento solo en el mundo, decido darme una vuelta por ese estado de la mente que es Aurora, Illinois. Myers y cía. eructan, de forma estridente, imposible de ignorar allá en el 1992 y más adelante también, un carnaval de jevi metal, de setentismo virgen (literalmente en el caso de Garth, el Robin de Wayne Campbell) y de actitudes chabonas mezcladas, morigeradas quizás, con referencias a la cultura pop. Eso no suma puntos per sé pero lo que si consigue ese método, el del link cool, es generar un sistema que sabe leer, explicar, soltar el trapo –y las bandas- y entiende la cultura de los últimos 20 años mejor que cualquier otro film –hasta la llegada de Zoolander-; y encima sólo parece un cúmulo de tontos chiste de rock. Cuando no sepan donde encontrarme, ya saben donde voy a estar: Aurora, Illinois.
Space Oddity - David Bowie - La herencia del Sr. Deeds
Deeds es un hombre que se zarpa en simple. Vive en un pueblo, está soltero con apuro y su mayor anhelo es escribir tarjetas para la compañía Hallmark. De repente hereda billones de dólares. Mientras viaja a “la gran ciudad”, en pleno vuelo, comienza a cantar en sincro con los pilotos y un tenor con pinta de hillbilly Space Oddity de David Bowie. Todo, todo, todo lo que es Sandler –o era-, con respecto a la magia, a la simpleza, a la democracia del pop, a las ganas de y a la felicidad se resumen en la tercera mejor secuencia musical de su filmografía.
My Brain Is Hanging Upside Down (Bonzo Goes to Bitburg) – The Ramones - Escuela de rock
Los niños están bien, más que bien. Un slacker enseña rock n’ roll en una escuela privada. Con eso, con ese puente gigante, Linklater, Jack Black y Mike White despliegan su saber musical, al desconocer logias de todo tipo, de las micro musicales, de las canónicas, de las altas y bajas, de las pop goes the world o de las marmóreas. Para lograr esos, encierran la música que escuchan todos y la otra en la mente del slacker en cuestión, el godzillesco Jack Black. El habla mal de Liza Minnelli, de Christina Aguilera, de Puff Daddy y se impresiona porque los niños no saben quiénes son Led Zeppelín y Black Sabbath. ¿Importa saber qué bandas ama? Si y no. Ahí esta el clip “ de educación”, donde mediante un montaje de imagenes de los niños viendo a gente como Cobain, The Clash, The Who y miles más se nos muestra cómo la música deja de estar en libertad para ellos, y deciden encerrarla par siempre en sus cabezas. La canción que suena junto con ese momento (porque musicalizar es para ascensores) es My brain is hanging upside down (Bonzo goes to bitburg) de The Ramones. Cuatro acordes que pegan, que se hacen adrenalínicos, que dan ganas de aprender a amar la música de nuevo y dejar de tratarla como algo que se encuentra en un catálogo. En Escuela de Rock, la pasión manda.
God Gave Rock & Roll to You - KISS - Bill & Ted Bogus Journey
Bill & Ted son las personas más importantes de la historia de la humanidad. Al menos en este film. ¿Pero como logran dos proto metaleros a punto de brotar en grunges –año 1991- dar vuelta el mundo en 93 minutos? Fácil: después de darse cuenta que el sentido de la vida es un tema de Poison y recitárselo a Dios, viajan en el tiempo, aprenden a tocar, dejan que el bajo quede en manos de La Muerte (sip, esa de Bergman o casi) y trasmiten a todos los televisores del mundo “su” canción, una que dice algo así como que dios nos dio el rock & roll a todos, a vos, a mi, a quien quiera. Mediante un montaje, mientras suena Kiss, vemos tapas de revistas que nos muestran los cambios que lograron Bill & Ted: guitarras que limpian el smog del aire e inventos semejantes. Y todos bailan en todo el mundo. Puff, no logo that, Klein.
Wanna Grow Old With You –Adam Sandler - La mejor de mis bodas
Sandler sale desde la primera clase de un avión para cantarle a quien lo venia escuchando por los parlantes desde la clase turista: Drew Barrymore. Billy Idol empujando al novio de la chica fuera de los sueños sandlerianos con un carrito de comida da una mano al asunto. Sandler se arrodilla y empieza a cantar una de esas melodías que lo caracterizan: tan infantiles que lastiman en su simpleza (“Hasta te dejaré usar el control remoto”). Unos pocos acordes, una voz aguda en clave de noñez motorizada por terror y amor. Una canción que da rienda suelta a esas lágrimas de las que siempre vamos a llorar y que nos duelen tanto, las mismas que nos hace brotar el sentir miedo de algo nuevo o el terror de algo que uno creía viejo. En fin, toda la torpeza de las ganas, de la alegría de coincidir, de los nervios que poseen ambos extremos del amor.
Itis not Unusal - Tom Jones - Mars Attack!
América os necesita. ¿No me creéis? Mirad por las ventanas. Esos sujetos con el cerebro al aire que hablan con monosílabos y que viene del espacio exterior están destruyendo el mundo tal como lo conocemos. Escuchad… Es una vieja melodía cuyo tono agudo los ha eliminado. El mundo debe resurgir, la vida ha triunfado. Entonces, ¿Cómo termina Tim Burton su homenaje a unas figuritas de las 50? Una serie de personas, una serie de tres, logró escapar en busca de un paraíso perdido a bordo de una avioneta comandada por Tom Jones. Una vez que llegan, la paz está con nosotros y Tom Jones lo sabe. Por eso ocupa el plano y se planta a la orilla de una sierra. El plano es puro Jones, el cantante extiende su brazo y un águila calva se posa en él mientras empieza a sonar su más grande éxito It´s not inusual. Con el otro brazo haciendo el tempo de la canción mediante chasquidos, una sonrisa de dios olímpico y con la mirada alegre buscando horizontes, Jones se convierte en ciudadano ilustre del mundo nuevo.
Somebody´s Getting Married/She'll Make Me Happy – Rana René, Miss Piggy y Plaza Sésamo y Los muppets completos - Los Muppets toman Manhattan
Lo he escrito en más de un lugar pero lo vuelvo a hacer: Todo lo que representan los Muppets es lo que creo esta bien con este mundo. Sus excesos, su inocencia cínica, sus alegrías, sus canciones, sus pasiones, su inevitable inercia, sus ganas de destruir al mundo mientras lo dominan de colores y, obviamente, el amor como nexo con otra persona. Ahí entran en juego la rana René y Miss Piggy. Al final de la dominación de Manhattan (Si fuera el TEG diríamos: Muppets atacan Manhattan y nuestros dados tendrían en cada uno de sus lados de seis puntitos) logran estrenar su musical. En un momento de la obra hay una secuencia de casamiento donde vemos a todos los integrantes de los Muppets, incluso de su génesis televisiva, y al cast completo de Plaza Sésamo (Big Bird y compañía) cantando por el amor de una rana ojos de pelota de ping pong y una cerda de astronómicos ojos azules. “Serán felices/ ahora y siempre /Until forever/ their love will grow” cantan cientos, cientos de peluches, marionetas y sujetos. Y, logran que ese amor, tan chiquito como una batracio y una chancha adquiera una proporción y una velocidad y una furia que, uno se lo quiere creer, durará por siempre. Total, ellos nunca morirán.
sábado, noviembre 26, 2005
Cerrado por duelo
viernes, noviembre 11, 2005
Fuck you... and fuck Frank Sinatra
Power to the people no delay...
Si alguien conoce una película de los últimos veinte años que empiece mejor que Haz lo correcto (Do the Right Thing, Spike Lee, 1989), que me avise...
(Rosie Pérez baila Fight the Power de Public Enemy vestida con un top, short y guantes de box)

Lemme hear you say...
Fight the Power
Elvis was a hero to most
But he never meant shit to me you see
Straight up racist that sucker was
Simple and plain
Motherfuckin him and John Wayne
Cause I'm Black and I'm proud
I'm ready and hyped plus I'm amped
Most of my heroes don't appear on no stamps
Sample a look back you look and find
Nothing but rednecks for 400 years if you check
Don't worry be happy
Was a number one jam
Damn if I say it you can slap me right here
(Get it) lets get this party started right
Right on, c'mon
What we got to say
Power to the people no delay
To make everybody see
In order to fight the powers that be
y como yapa, más adelante:
- Dago, wop, garlic-breath, guinea, pizza-slinging, spaghetti-bending, Vic Damone, Perry Como, Luciano Pavarotti, Sole Mio, nonsinging motherfucker.
- You gold-teeth, gold-chain-wearing, fried-chicken-and-biscuit-eatin', monkey, ape, baboon, big thigh, fast-running, three-hundred-sixty-degree-basketball-dunking spade Moulan Yan.
- You slant-eyed, me-no-speak-American, own every fruit and vegetable stand in New York, Reverend Moon, Summer Olympics '88, Korean kick-boxing bastard.
- Goya bean-eating, fifteen in a car, thirty in an apartment, pointed shoes, red-wearing, Menudo, meda-meda Puerto Rican cocksucker.
- It's cheap, I got a good price for you, Mayor Koch, "How I'm doing," chocolate-egg-cream-drinking, bagel and lox, B'nai B'rith asshole.
- Yo! Hold up! Time out! Time out! Y'all take a chill. Ya need to cool that shit out... and that's the truth, Ruth.
Si alguien conoce una película de los últimos veinte años que empiece mejor que Haz lo correcto (Do the Right Thing, Spike Lee, 1989), que me avise...
(Rosie Pérez baila Fight the Power de Public Enemy vestida con un top, short y guantes de box)

Lemme hear you say...
Fight the Power
Elvis was a hero to most
But he never meant shit to me you see
Straight up racist that sucker was
Simple and plain
Motherfuckin him and John Wayne
Cause I'm Black and I'm proud
I'm ready and hyped plus I'm amped
Most of my heroes don't appear on no stamps
Sample a look back you look and find
Nothing but rednecks for 400 years if you check
Don't worry be happy
Was a number one jam
Damn if I say it you can slap me right here
(Get it) lets get this party started right
Right on, c'mon
What we got to say
Power to the people no delay
To make everybody see
In order to fight the powers that be
y como yapa, más adelante:
- Dago, wop, garlic-breath, guinea, pizza-slinging, spaghetti-bending, Vic Damone, Perry Como, Luciano Pavarotti, Sole Mio, nonsinging motherfucker.
- You gold-teeth, gold-chain-wearing, fried-chicken-and-biscuit-eatin', monkey, ape, baboon, big thigh, fast-running, three-hundred-sixty-degree-basketball-dunking spade Moulan Yan.
- You slant-eyed, me-no-speak-American, own every fruit and vegetable stand in New York, Reverend Moon, Summer Olympics '88, Korean kick-boxing bastard.
- Goya bean-eating, fifteen in a car, thirty in an apartment, pointed shoes, red-wearing, Menudo, meda-meda Puerto Rican cocksucker.
- It's cheap, I got a good price for you, Mayor Koch, "How I'm doing," chocolate-egg-cream-drinking, bagel and lox, B'nai B'rith asshole.
- Yo! Hold up! Time out! Time out! Y'all take a chill. Ya need to cool that shit out... and that's the truth, Ruth.
miércoles, junio 01, 2005
En picada
(estrenos de esta semana a las apuradas, por Naza Chong)
1- LA CAIDA (Der Untergang), de Oliver Hirschbiegel.
Detallista hasta la médula, La caída es uno de esos plomos que anteponen su importancia temática a su calidad narrativa. Si bien no se trata de una película ofensiva y no es reprochable esa supuesta humanización de Hitler, La caída contiene más de una ambigüedad escalofriante (la simbología del pueblo alemán y la forma de encarar los distintos suicidios, por nombrar dos ejemplos). Se trata más bien de una película chata y que se siente estirada. El gimmick de la primera película histórica del mainstream alemán sobre los últimos días de Hitler es tan atractivo como la iconografía nazi. Pero quien busque cine interesante esta semana deberá refugiarse en el ciclo de Anne-Marie Miéville en la Lugones, ¡Locura! en el Malba, la retrospectiva de Rafael Filippelli en el Rojas o La rebelión de las formas en la Alianza Francesa.
2- RAUL SENDIC - TUPAMARO, de Alejandro Figueroa.
Documental que se apoya en la reconstrucción oral de lavida del revolucionario uruguayo líder del MLN - Tupamaros. Esta falta de imágenes de peso hace que pierda ritmo la vertiginosa vida de Sendic. De cualquier forma la sucesión de testimonios son escalofriantes y el fragmento del discurso de Sendic que se puede ver una vez que le reconstruyeron la cara y recuperó el habla es el punto más alto de la película. Raúl Sendic - Tupamaro tiene demasiados puntos de interés, pero lamentablemente casi ninguno de ellos se puede ver en pantalla.
3- DE-LOVELY, de Irwin Winkler.
¡Basta de biopics culposos! De-Lovely se ataja ya desde el principio, en una bochornosa escena en que la vida de Cole Porter se escenifica frente a sus narices. Con un énfasis demasiado grande en su esposa, con esa sensación de arrepentimiento culposo y sin profundizar nunca en la teoría del matrimonio por conveniencia ni en la sexualidad de su esposa, personaje principal del film, a pesar de hacer algunas vagas insinuaciones sobre ambos temas. De-Lovely está llena de cameos de músicos famosos que interpretan las canciones de Porter, la mayoría "filmados con los pies" (nótense los malabares en cada encuadre para poner todo el tiempo a, por ejemplo, Robbie Williams en un punto fuerte de la pantalla). Esos momentos son los únicos en los que se puede encontrar algún tipo de goce, ya que la mayoría de las composiciones de Porter son indestructibles, sus letras divertidas y en varios momentos se utilizan para mostrar como Porter se mofaba de su esposa. Pero llegan las tragedias a la vida de Porter y la desaparición de los números musicales con sus canciones más intensas se siente como una castración audiovisual.
4- LA ESPERANZA, de Francisco D'Intino.
Bodrio de D'Intino, La esperanza es optimista más allá de lo tolerable. Otra historia de pueblerinos buenudos en el sur del país. Dumont está menos peor que siempre, pero esta vez lo exasperante es ese altruismo forzado de las actitudes de todos los personajes. Una historia sobre reconstruir la vida tras las pérdidas de seres queridos con todas las frases grasas y rimbombantes esperables en un film de esta calaña.
5- PAPA SE VOLVIO LOCO, de Rodolfo Ledo.
Ni tan papá ni tan loco. Apenas un pequeño brote sicótico de un marido. Locura y paternalismo son dos pequeños puntos de esta nueva explotación televisiva, ahora a cargo de Ledo. Francella es el peor ejemplo del turista típico argentino según Pinti. Parece que no podría ser peor, pero acá Francella copia mal chistes de otras películas cada vez que se encuentra con una mulatona que baila en casi todo plano en que aparece y lo pone como loco. Lucía Galán está siempre al menos dos puntitos arriba del grotesco, pero no llega al nivel de intolerabilidad de Daniel Aráoz, que tiene siempre un mal chiste a mano, está caliente con todas y sale con Ingrid Grudke, a la que obligan a estar de espaldas y en tanga casi toda la película. Papá se volvió loco es pésima hasta para el Francellómetro.
* SAHARA, de Breck Eisner.
JMDude dice que Sahara es la peor película de aventuras del año. Con ese dato más saber que está dirigida por el hijo del CEO de Disney y protagonizada por Penélope Cruz debería alcanzar para que no haya Matthew McConaughey y Steve Zahn que te obliguen a verla.
1- LA CAIDA (Der Untergang), de Oliver Hirschbiegel.
Detallista hasta la médula, La caída es uno de esos plomos que anteponen su importancia temática a su calidad narrativa. Si bien no se trata de una película ofensiva y no es reprochable esa supuesta humanización de Hitler, La caída contiene más de una ambigüedad escalofriante (la simbología del pueblo alemán y la forma de encarar los distintos suicidios, por nombrar dos ejemplos). Se trata más bien de una película chata y que se siente estirada. El gimmick de la primera película histórica del mainstream alemán sobre los últimos días de Hitler es tan atractivo como la iconografía nazi. Pero quien busque cine interesante esta semana deberá refugiarse en el ciclo de Anne-Marie Miéville en la Lugones, ¡Locura! en el Malba, la retrospectiva de Rafael Filippelli en el Rojas o La rebelión de las formas en la Alianza Francesa.

2- RAUL SENDIC - TUPAMARO, de Alejandro Figueroa.
Documental que se apoya en la reconstrucción oral de lavida del revolucionario uruguayo líder del MLN - Tupamaros. Esta falta de imágenes de peso hace que pierda ritmo la vertiginosa vida de Sendic. De cualquier forma la sucesión de testimonios son escalofriantes y el fragmento del discurso de Sendic que se puede ver una vez que le reconstruyeron la cara y recuperó el habla es el punto más alto de la película. Raúl Sendic - Tupamaro tiene demasiados puntos de interés, pero lamentablemente casi ninguno de ellos se puede ver en pantalla.

3- DE-LOVELY, de Irwin Winkler.
¡Basta de biopics culposos! De-Lovely se ataja ya desde el principio, en una bochornosa escena en que la vida de Cole Porter se escenifica frente a sus narices. Con un énfasis demasiado grande en su esposa, con esa sensación de arrepentimiento culposo y sin profundizar nunca en la teoría del matrimonio por conveniencia ni en la sexualidad de su esposa, personaje principal del film, a pesar de hacer algunas vagas insinuaciones sobre ambos temas. De-Lovely está llena de cameos de músicos famosos que interpretan las canciones de Porter, la mayoría "filmados con los pies" (nótense los malabares en cada encuadre para poner todo el tiempo a, por ejemplo, Robbie Williams en un punto fuerte de la pantalla). Esos momentos son los únicos en los que se puede encontrar algún tipo de goce, ya que la mayoría de las composiciones de Porter son indestructibles, sus letras divertidas y en varios momentos se utilizan para mostrar como Porter se mofaba de su esposa. Pero llegan las tragedias a la vida de Porter y la desaparición de los números musicales con sus canciones más intensas se siente como una castración audiovisual.

4- LA ESPERANZA, de Francisco D'Intino.
Bodrio de D'Intino, La esperanza es optimista más allá de lo tolerable. Otra historia de pueblerinos buenudos en el sur del país. Dumont está menos peor que siempre, pero esta vez lo exasperante es ese altruismo forzado de las actitudes de todos los personajes. Una historia sobre reconstruir la vida tras las pérdidas de seres queridos con todas las frases grasas y rimbombantes esperables en un film de esta calaña.

5- PAPA SE VOLVIO LOCO, de Rodolfo Ledo.
Ni tan papá ni tan loco. Apenas un pequeño brote sicótico de un marido. Locura y paternalismo son dos pequeños puntos de esta nueva explotación televisiva, ahora a cargo de Ledo. Francella es el peor ejemplo del turista típico argentino según Pinti. Parece que no podría ser peor, pero acá Francella copia mal chistes de otras películas cada vez que se encuentra con una mulatona que baila en casi todo plano en que aparece y lo pone como loco. Lucía Galán está siempre al menos dos puntitos arriba del grotesco, pero no llega al nivel de intolerabilidad de Daniel Aráoz, que tiene siempre un mal chiste a mano, está caliente con todas y sale con Ingrid Grudke, a la que obligan a estar de espaldas y en tanga casi toda la película. Papá se volvió loco es pésima hasta para el Francellómetro.

* SAHARA, de Breck Eisner.
JMDude dice que Sahara es la peor película de aventuras del año. Con ese dato más saber que está dirigida por el hijo del CEO de Disney y protagonizada por Penélope Cruz debería alcanzar para que no haya Matthew McConaughey y Steve Zahn que te obliguen a verla.

lunes, mayo 30, 2005
Woody Allen y Woody Allen
1- El punto de partida de Melinda y Melinda es, por lo menos, interesante. Dos historias paralelas y medianamente simétricas - burguesía neoyorquina "progresista", celos, infidelidades, frustraciones y más - con un mismo personaje femenino central, que aparece de la nada y desestructura todo. El personaje en cuestión, Melinda, es interpretada por la misma actriz (Radha Mitchell) y es, en ambas historias, igualmente desgraciada, insegura, y suicida o pseudo suicida. Lo más importante: una de las historias está narrada en clave comedia y la otra en clave tragedia. No está mal.
2- Will Ferrell, Will Ferrell. A ver…¿Cómo decirlo? Así como John Cusack se metía literalmente adentro de John Malkovich en Quieres ser John Malkovich y lo manejaba desde ahí de a quince minutos por vez, Woody Allen debe haber encontrado un portal que conduce al cuerpo de Will Ferrell y ahora maneja al actor a discreción, desde adentro. Si no, no hay nada que explique la tautología: el balbuceo constante, la incomodad ante todo y todos, el animo quejoso, la famosísima ametralladora de chistes que dispara uno bueno cada cuatro malos. Medio me dio miedo.
3- Y más Quieres ser John Malkovich. John Malkovih se mete en el portal que conduce a sí mismo y ve varias versiones trastocadas de sí: niños, mujeres, viejos, todos con su cara y todos repitiendo "Malkovich" una y otra vez, con diferentes voces, ritmos y matices. Malkovich, Malkovich, Malkovich. En Melinda y Melinda, todos los personajes son una versión trastocada de Woody Allen, y atraviesan el film repitiendo lo que dijo el viejo (o, más bien, los personajes que interpretó) en tantas otras películas: que la vida puede ser mala o peor, que en el fondo no sabemos nada, que la gente tiende a lastimarse y mucho, y otras tantas que no vale la pena repetir.
Ahí está: tres cosas simpáticas, neutras o no-malas del último (aunque probablemente no el último último) film de Woody Allen.
Ezequiel Schmoller
sábado, mayo 28, 2005
See Paris Die
1- LA CASA DE CERA (House of Wax), de Jaume Collet-Serra.
La casa de cera es la sorpresita del año. Gran película de terror con producción de Dark Castle, una productora ejemplar en encontrarle la vuelta al género, más allá de resultados finales. El publicitario catalán Collet-Serra se toma su tiempo al narrar y logra acrecentar la tensión con el correr de los minutos. Más que una película que provoca pánico se trata de una que produce un nerviosismo constante en el espectador y que aprovecha la explicitud para shockearlo. Encima cuenta con un sentido del humor bastante negro y varios guiños a quienes conozcan 1 night in Paris, el video casero que terminó de popularizar a Paris Hilton. Realmente vale la pena ver a Paris morir.
2- MELINDA Y MELINDA, de Woody Allen.
Hace años que la carrera de Allen es un papelón. Melinda y Melinda lo encuentra a años luz de los momentos de inspiración que tuvo el neoyorquino, pero al menos se distancia bastante de sus usuales bodrios. Acá mezcla en dos historias, ambas protagonizadas por las Melinda del título, cada uno de los estereotipos del drama y la comedia. Todo convenientemente justificado por el aroma a charla de café que sobrevuela la película. Will Ferrell está curiosamente insoportable al intentar copiar cada tic de Allen.
* MUY PARECIDO AL AMOR (A Lot Like Love), de Nigel Cole.
Mango está muy entusiasmado y recomienda Muy parecido al amor, segundo estreno del jueves con Amanda Peet. JMDude tiene algo más de mesura con respecto a la película pero está lejos de castigarla. Una comedia romántica con encuentros y desencuentros a través de los años siempre suena bien, pero en esta trabaja Ashton Kutcher.
* CAMA ADENTRO, de Jorge Gaggero.
Cama adentro es la esperada ópera prima del director del corto Ojos de fuego, que formó parte de Historias breves. La película fue seleccionada como apertura del VII bafici a pesar de contar con Norma Aleandro en el elenco, razón suficiente para desconfiar y alejarse de ella lo más posible.
con delay...
STAR WARS: EPISODIO III. LA VENGANZA DE LOS SITH, de George Lucas.
La venganza de los Sith no es ni tan "tan", ni muy "muy". Después de los quince minutos iniciales, tranquilamente uno de los mejores momentos de la saga, la acción comienza a diluirse. Cada irrupción de esa mentira llamada Natalie Portman se vuelve intolerable, lo que funcionaba por ribetes melodramáticos en Episodio II acá se vuelve completamente forzado para resolver lo que todos ya sabían que había que resolver. Otras apariciones vergonzosas son las de Palpatine y Chewbacca. Es cierto que podía ser bastante peor y el final, sólo hasta la concreción de lo que todo el mundo esperaba, es brillante. Después se arruina. "Tanto quilombo por una mina, flaco".
La casa de cera es la sorpresita del año. Gran película de terror con producción de Dark Castle, una productora ejemplar en encontrarle la vuelta al género, más allá de resultados finales. El publicitario catalán Collet-Serra se toma su tiempo al narrar y logra acrecentar la tensión con el correr de los minutos. Más que una película que provoca pánico se trata de una que produce un nerviosismo constante en el espectador y que aprovecha la explicitud para shockearlo. Encima cuenta con un sentido del humor bastante negro y varios guiños a quienes conozcan 1 night in Paris, el video casero que terminó de popularizar a Paris Hilton. Realmente vale la pena ver a Paris morir.

2- MELINDA Y MELINDA, de Woody Allen.
Hace años que la carrera de Allen es un papelón. Melinda y Melinda lo encuentra a años luz de los momentos de inspiración que tuvo el neoyorquino, pero al menos se distancia bastante de sus usuales bodrios. Acá mezcla en dos historias, ambas protagonizadas por las Melinda del título, cada uno de los estereotipos del drama y la comedia. Todo convenientemente justificado por el aroma a charla de café que sobrevuela la película. Will Ferrell está curiosamente insoportable al intentar copiar cada tic de Allen.

* MUY PARECIDO AL AMOR (A Lot Like Love), de Nigel Cole.
Mango está muy entusiasmado y recomienda Muy parecido al amor, segundo estreno del jueves con Amanda Peet. JMDude tiene algo más de mesura con respecto a la película pero está lejos de castigarla. Una comedia romántica con encuentros y desencuentros a través de los años siempre suena bien, pero en esta trabaja Ashton Kutcher.

* CAMA ADENTRO, de Jorge Gaggero.
Cama adentro es la esperada ópera prima del director del corto Ojos de fuego, que formó parte de Historias breves. La película fue seleccionada como apertura del VII bafici a pesar de contar con Norma Aleandro en el elenco, razón suficiente para desconfiar y alejarse de ella lo más posible.

con delay...
STAR WARS: EPISODIO III. LA VENGANZA DE LOS SITH, de George Lucas.
La venganza de los Sith no es ni tan "tan", ni muy "muy". Después de los quince minutos iniciales, tranquilamente uno de los mejores momentos de la saga, la acción comienza a diluirse. Cada irrupción de esa mentira llamada Natalie Portman se vuelve intolerable, lo que funcionaba por ribetes melodramáticos en Episodio II acá se vuelve completamente forzado para resolver lo que todos ya sabían que había que resolver. Otras apariciones vergonzosas son las de Palpatine y Chewbacca. Es cierto que podía ser bastante peor y el final, sólo hasta la concreción de lo que todo el mundo esperaba, es brillante. Después se arruina. "Tanto quilombo por una mina, flaco".

miércoles, mayo 18, 2005
Noche alucinante
1 RONDA NOCTURNA, de Edgardo Cozarinsky.
Una suerte de Waking Life del subdesarrollo, sin la animación ni el atractivo visual de la obra maestra de Linklater. La nueva película de Cozarinsky está construida por una sucesión de viñetas en las que lo artificioso en los diálogos produce una sensación de extrañamiento. El amor y la muerte son los dos grandes temas de una película onírica. A no ser perejil y tomarse todo como un reflejo de la situación blah-blah-blah, que después te excusan a la película dentro de su mundo fantástico y no podés decir nada.
2- QUERIDO FRANKIE (Dear Frankie), de Shona Auerbach.
Inesperado no bodrio a partir de evitar recurrir al golpe bajo constante. Es cierto que no hay mucho más en este debut de Shona Auerbach. Pero no es poco al tratarse de una película con una madre soltera, un sordito, un padre ausente y abusón y uno al que llaman El Extraño, que la juega de padre del nene y quiere presentarle a su bambi (® 2005 $harly) a la madre soltera. Para llevar a la nona al cine.
*- STAR WARS: EPISODIO III. LA VENGANZA DE LOS SITH, de George Lucas.
JMDude y Juan P. la aman pasionalmente y la defienden a muerte, pero ya escuché varias voces disidentes que hablan de "película formulario" e incluso llegaron a pedir la cabeza de Lucas. Juan P. le pone algún mínimo reparo a la primera mitad y destaca la actuación del otrora nabo Anakin. Los dos resaltan que Lucas está en plena forma, a pesar de no ser un gran director. Que la fuerza esté con los dos cinequanones y no sea ésta una decepción.
con delay...
CLEAN, de Olivier Assayas.
Otro acierto del francés. Es difícil encontrar encuadres más agradables a los ojos que los de Assayas. En Clean, el director sigue a Cheung a todas partes en una lucha contra los prejuicios frente a las drogas y el machismo en el rock. La escena clave está cerca del final, cuando Cheung da una explicación infantil sobre el uso de las drogas. Clean es una película didáctica sobre el proceso de rehabilitación. Por eso no molestan jamás algunas escenas aisladas que se utilizan para justificar reacciones posteriores. Sobre todo cuando son funcionales a la mirada despojada de sensiblería de Assayas. Además, la Emily Wang compuesta por Maggie Cheung con aires Courtney Lovescos es la fotogenia hecha personaje. James Johnston la descose y, para felicidad de la platea, tampoco faltan otras apariciones rockeras.
Una suerte de Waking Life del subdesarrollo, sin la animación ni el atractivo visual de la obra maestra de Linklater. La nueva película de Cozarinsky está construida por una sucesión de viñetas en las que lo artificioso en los diálogos produce una sensación de extrañamiento. El amor y la muerte son los dos grandes temas de una película onírica. A no ser perejil y tomarse todo como un reflejo de la situación blah-blah-blah, que después te excusan a la película dentro de su mundo fantástico y no podés decir nada.

2- QUERIDO FRANKIE (Dear Frankie), de Shona Auerbach.
Inesperado no bodrio a partir de evitar recurrir al golpe bajo constante. Es cierto que no hay mucho más en este debut de Shona Auerbach. Pero no es poco al tratarse de una película con una madre soltera, un sordito, un padre ausente y abusón y uno al que llaman El Extraño, que la juega de padre del nene y quiere presentarle a su bambi (® 2005 $harly) a la madre soltera. Para llevar a la nona al cine.

*- STAR WARS: EPISODIO III. LA VENGANZA DE LOS SITH, de George Lucas.
JMDude y Juan P. la aman pasionalmente y la defienden a muerte, pero ya escuché varias voces disidentes que hablan de "película formulario" e incluso llegaron a pedir la cabeza de Lucas. Juan P. le pone algún mínimo reparo a la primera mitad y destaca la actuación del otrora nabo Anakin. Los dos resaltan que Lucas está en plena forma, a pesar de no ser un gran director. Que la fuerza esté con los dos cinequanones y no sea ésta una decepción.

con delay...
CLEAN, de Olivier Assayas.
Otro acierto del francés. Es difícil encontrar encuadres más agradables a los ojos que los de Assayas. En Clean, el director sigue a Cheung a todas partes en una lucha contra los prejuicios frente a las drogas y el machismo en el rock. La escena clave está cerca del final, cuando Cheung da una explicación infantil sobre el uso de las drogas. Clean es una película didáctica sobre el proceso de rehabilitación. Por eso no molestan jamás algunas escenas aisladas que se utilizan para justificar reacciones posteriores. Sobre todo cuando son funcionales a la mirada despojada de sensiblería de Assayas. Además, la Emily Wang compuesta por Maggie Cheung con aires Courtney Lovescos es la fotogenia hecha personaje. James Johnston la descose y, para felicidad de la platea, tampoco faltan otras apariciones rockeras.

jueves, mayo 12, 2005
Burt Reynols Ensamble
1- BUSCANDO A REYNOLS, de Néstor Frenkel.
Buscando a Reynols es una película importante. Su mayor virtud es el acercamiento de Frenkel a la banda, sobre todo al tratarse de un documental que todo el tiempo cuestiona la forma de encarar el arte en general. Esto lo hace a partir de los Reynols, pero la película está lejos de celebrar a la banda. Frenkel los toma como ejemplo paradigmático de la experiencia artística. Si bien eso es lo más interesante del documental desde lo formal, por los contenidos del film se percibe que Reynols tal vez sea LA BANDA para este tipo de documentales. Ningún otro grupo ha generado la cantidad de mitos y/o verdades que se dicen sobre ellos. Además, como era de esperarse, Tomasín se roba la película. Lejos de cualquier tipo de análisis, lo que hace de Buscando a Reynols obligatoria es la cantidad de momentos mágicos que refleja. Tiene demasiadas secuencias en las que el espectador queda pasmado:
- ante la duda de la existencia de la banda, Jazzy Mel dice "los Reynols existen, los que no existimos somos todos nosotros"
Lía Salgado le pregunta a Tomasín qué quiere pedir. El responde "trabajo". Ella busca ser políticamente correcto e interpreta "trabajo para todos los argentinos". Tomasín replica "no, para mí solo".
- La banda va a tocar y a presentar un disco al programa de Mario Socolinsky. Cuando el pediatra-conductor les pide que hablen de su disco, la banda muestra el primer disco de Velvet Underground.
- Tomasín, desde la batería, comienza a despotricar contra su público en medio de un show.
Hay mucho más para decir, pero esto debería ser suficiente para que quien lea se decida a acercarse al Cosmos, Tita Merello o Malba. Acá hay más razones y alguna que otra más debería andar por acá. Un último acierto a resaltar: el clasicismo narrativo del documental. Frenkel no busca ser él quien experimenta, sino que eso se lo deja a la banda. Así evita redundancias típicas del cine, como cada vez que se sacude la cámara para encuadrar a alguien nervioso o se sigue a un borracho con la cámara zigzagueante.

2- LA CASA DE LAS DAGAS VOLADORAS (House of flying daggers), de Zhang Yimou.
A Zhang Yimou no le interesa trasladar la magia de un momento a imágenes. El busca crear un poema con cada encuadre. Si bien esta grasada visual era molesta en Héroe, ahora en La casa de las dagas voladoras fluye con mayor naturalidad al encontrar una razón de ser en la exacerbación melodramática. Toda pasión debe ser desmesurada dentro de este género y por eso no queda mal tanta campiña y pradera. Esto la acerca un tanto a Episodio II, otra película con sables cargadísima con el (justificadamente) más mersa de los melodramas. Hay que decir que las coreografías de este wuxia pian (películas de espadachines chinos) son muy superiores a las de cualquier Episodio, pero también hay una innecesaria repetición constante del "efectito bala de Matrix" para resolver varias secuencias. Otro punto importante a destacar es que La casa de las dagas voladoras comparte el juego de máscaras de Héroe, pero esta vez por suerte no coquetea ideológicamente con el imperialismo.

3- LA MARCA DE LA BESTIA (Cursed), de Wes Craven.
Si se habla de regímenes totalitarios dentro del cine, es difícil esquivar la mención de Disney y las empresas que aglutina. Wes Craven y Kevin Williamson fueron quienes sufrieron esta vez los famosos tijeretazos en este aggiornamiento de la historia del Hombre Lobo. La marca de la bestia no es un desastre, pero eso no se lo debe a Craven-Williamson sino a Jessie Eisenberg y Christina Ricci. El chico de Cosas de hombres vuelve a estar inmejorable y junto a Ricci le dan algo de espíritu a una película que era sólo un compendio de sustos y chistes. Eso sí, todo con bastante buen timing.

4- LA VIDA ES UN MILAGRO (Zivot Je Cudo), de Emir Kusturica.
Se dice que Kusturica sigue siendo Kusturica, pero la sensación que da La vida es un milagro es que directamente se lo comió el personaje. No parece que sigue haciendo lo mismo, sino que da la sensación que tiene que hacerlo por obligación. Más animales (a los únicos del rubro actoral a los que les sienta bien la sobreactuación), gitanos que gritan constantemente, algún chiste muy bueno, demasiado grotesco, problemas amorosos, más chistes con merca, situaciones disparatadas, alegorías sobre la guerra... Y otra vez más de dos horas y media. Emir Kusturica logró que no se puede decir que lo suyo sea un estilo sino ya un estereotipo. Kusturica es un cineasta cada vez más superficial.

* CLEAN, de Olivier Assayas.
Cineasta discutido, al menos en este blog, es Oliver Assayas. Guido Segal dice que Clean está buena para estar hecha por un director que no tiene personalidad. Assayas es más ecléctico que impersonal, pero seguramente Guido tenga razón al decir que Clean es moralmente interesante y al definir a Clean como "un monólogo de Maggie Cheung, un enorme acto de amor" de parte de Assayas (él lo agredía en lugar de mencionarlo).

* ADIOS QUERIDA LUNA, de Fernando Spiner.
Guido también vio Adiós querida Luna y dice que es interesante, pero todos esos puntos de interés pueden encontrarse fuera de la pantalla y no dentro de ella. Por lo que le leí, da la sensación que Guido piensa que es muy mala pero un tanto simpática, así que no quiere defenestrarla. Habrá que verla para comprobarlo y por ser una película en la que hay una base espacial en Temperley.

miércoles, abril 27, 2005
Top 5: bafici 2005
Juan Manuel Dominguez:
1- Dig! (Ondi Timoner)
2- A Dirty Shame (John Waters)
3- The Wayward Cloud (Tsai Ming-liang)
4- The Tune (Bill Plympton)
5- 1991: The Year Punk Broke (Dave Markey)
Juan P. Martínez:
1- Grey Gardens (Hnos. Maysles. & Charlotte Mitchell Zwerin)
2- Medium Cool (Haskell Wexler)
3- A Dirty Shame (John Waters)
4- Flight to Fury (Monte Hellman)
5- Five (Abbas Kiarostami)
Bonus Track: Como un avión estrellado (Ezequiel Acuña)
La peor: The Girl From Monday (Hal Hartley)
Agustina Larrea:
1- Dig! (Ondi Timoner)
2- Como un avión estrellado (Ezequiel Acuña)
3- McDull, prince de la Bun (Toe Yuen)
4- Vibrator (Ryuichi Hiroki) - Control (Antal Nimród)
5- The Wayward Cloud (Tsai Ming-liang)
La peor: Half Price (Isild Le Besco)
María Marta Sosa:
1- The Wayward Cloud (Tsai Ming-liang)
2- Como un avión estrellado (Ezequiel Acuña)
3- A Dirty Shame (John Waters)
4- Vibrator (Ryuichi Hiroki)
5- Toro negro (Pedro González Rubio)
La peor: 9 Songs (Michael Winterbottom)
Agustín Mango:
1- A Dirty Shame (John Waters)
2- The Wayward Cloud (Tsai Ming Liang)
3- La pastura de Bakay (Tolomusch Okeev)
4- Half Price (Demi Tarif)
5- Paradise Now (Hany Abu Assad)
Bonus Tracks: Pajaritos (Raúl Perrone), Habitación disponible (Poncet/Gachassin/Burd), Dinero hecho en casa (Alejo Hoijman), El cielo gira (Mercedes Álvarez), y Orator (Yusup Razykov), sólo por la cita uzbeka a El Padrino III.
La peor: Do U cry 4 me Argentina? (Bae Youn Suk)
Sebastián Nuñez:
1- The Waywad Cloud (Tsai Ming-lian)
2- Como un avión estrellado (Ezequiel Acuña)
3- DiG! (Ondi Timoner)
4-1991: The Year Punk Broke (Dave Markey)
5- Nobody Knows (Kore-eda Hirokazu)
La peor: Palindromes (Todd Solondz)
Leandro Rosenzveig:
1- Medium Cool (Haskell Wexler)
2- Vibrator (Ryuichi Hiroki)
3- The world (Jia Zhang-ke)
4- McDull, prince de la bun (Toe Yuen)
5- Brasileirnho (Mika Kaurismaki)
María Inés Casares:
1- DiG! (Ondi Timoner)
2- The World (Jia Zhang-ke)
3- Vibrator (Ryuichi Hiroki)
4- Mondovino (Jonathan Nossiter)
5- Not on the Lips (Alain Resnais)
Bonus: Do U Cry 4 Me Argentina? (Bae Youn Suk)
La peor: Medium Cool (Haskell Wexler)
Mercedes Halfon:
Golden Eighties (La Galerie) (Chantal Akerman)
The World (Jia Zhang-ke)
Five (Abbas Kiarostami)
Notre Musique (Jean-Luc Godard)
Two-Lane Blacktop (Monte Hellman)
La peor: The Girl From Monday (Hal Hartley)
Fernanda Alarcón:
1- The Wayward Cloud (Tsai Ming-liang)
2- Five (Abbas Kiarostami)
3- Tthe World (Jia Zhang-ke)
4- A Dirty Shame (John Waters)
5- Temporada de patos (Fernando Eimbcke)
La peor: The Girl From Monday (Hal Hartley)
Ezequiel Schmoller:
1- The Wayward Cloud (Tsai Ming-liang)
2- Los tres cortos de Ryan Larkin
3- The big red one (Samuel Fuller)
4- A dirty shame (John Waters)
5- Intolerancia (David W. Griffith)
Leticia Roncoli:
1- Helicopter String Quartet (Frank Scheffer)
2- Christo in Paris (Albert Maysles, David Maysles, Deborah Dickson, Susan Froemke)
3- Como un avión estrellado (Ezequiel Acuña)
4- A Dirty Shame (John Waters)
5- Camisea (Enrique Bellande)
La peor: Tears of Kali (Andreas Marschall)
Naza Chong:
1- DiG! (Ondi Timoner)
2- McDull, prince de la bun (Toe Yuen)
3- Tropical Malady (Apichatpong Weerasethakul aka Joe)
4- A Dirty Shame (John Waters)
5- The Wayward Cloud (Tsai Ming-liang)
Otros buenos que por suerte no me perdí: Godard, Acuña, Scheffer, Bellande, De Oliveira Cèzar, Markey, Schwerfel, To, Carruthers, Argento, Achbar y Abott...
La peor: Tears of Kali (Andreas Marschall)
1- Dig! (Ondi Timoner)
2- A Dirty Shame (John Waters)
3- The Wayward Cloud (Tsai Ming-liang)
4- The Tune (Bill Plympton)
5- 1991: The Year Punk Broke (Dave Markey)
Juan P. Martínez:
1- Grey Gardens (Hnos. Maysles. & Charlotte Mitchell Zwerin)
2- Medium Cool (Haskell Wexler)
3- A Dirty Shame (John Waters)
4- Flight to Fury (Monte Hellman)
5- Five (Abbas Kiarostami)
Bonus Track: Como un avión estrellado (Ezequiel Acuña)
La peor: The Girl From Monday (Hal Hartley)
Agustina Larrea:
1- Dig! (Ondi Timoner)
2- Como un avión estrellado (Ezequiel Acuña)
3- McDull, prince de la Bun (Toe Yuen)
4- Vibrator (Ryuichi Hiroki) - Control (Antal Nimród)
5- The Wayward Cloud (Tsai Ming-liang)
La peor: Half Price (Isild Le Besco)
María Marta Sosa:
1- The Wayward Cloud (Tsai Ming-liang)
2- Como un avión estrellado (Ezequiel Acuña)
3- A Dirty Shame (John Waters)
4- Vibrator (Ryuichi Hiroki)
5- Toro negro (Pedro González Rubio)
La peor: 9 Songs (Michael Winterbottom)
Agustín Mango:
1- A Dirty Shame (John Waters)
2- The Wayward Cloud (Tsai Ming Liang)
3- La pastura de Bakay (Tolomusch Okeev)
4- Half Price (Demi Tarif)
5- Paradise Now (Hany Abu Assad)
Bonus Tracks: Pajaritos (Raúl Perrone), Habitación disponible (Poncet/Gachassin/Burd), Dinero hecho en casa (Alejo Hoijman), El cielo gira (Mercedes Álvarez), y Orator (Yusup Razykov), sólo por la cita uzbeka a El Padrino III.
La peor: Do U cry 4 me Argentina? (Bae Youn Suk)
Sebastián Nuñez:
1- The Waywad Cloud (Tsai Ming-lian)
2- Como un avión estrellado (Ezequiel Acuña)
3- DiG! (Ondi Timoner)
4-1991: The Year Punk Broke (Dave Markey)
5- Nobody Knows (Kore-eda Hirokazu)
La peor: Palindromes (Todd Solondz)
Leandro Rosenzveig:
1- Medium Cool (Haskell Wexler)
2- Vibrator (Ryuichi Hiroki)
3- The world (Jia Zhang-ke)
4- McDull, prince de la bun (Toe Yuen)
5- Brasileirnho (Mika Kaurismaki)
María Inés Casares:
1- DiG! (Ondi Timoner)
2- The World (Jia Zhang-ke)
3- Vibrator (Ryuichi Hiroki)
4- Mondovino (Jonathan Nossiter)
5- Not on the Lips (Alain Resnais)
Bonus: Do U Cry 4 Me Argentina? (Bae Youn Suk)
La peor: Medium Cool (Haskell Wexler)
Mercedes Halfon:
Golden Eighties (La Galerie) (Chantal Akerman)
The World (Jia Zhang-ke)
Five (Abbas Kiarostami)
Notre Musique (Jean-Luc Godard)
Two-Lane Blacktop (Monte Hellman)
La peor: The Girl From Monday (Hal Hartley)
Fernanda Alarcón:
1- The Wayward Cloud (Tsai Ming-liang)
2- Five (Abbas Kiarostami)
3- Tthe World (Jia Zhang-ke)
4- A Dirty Shame (John Waters)
5- Temporada de patos (Fernando Eimbcke)
La peor: The Girl From Monday (Hal Hartley)
Ezequiel Schmoller:
1- The Wayward Cloud (Tsai Ming-liang)
2- Los tres cortos de Ryan Larkin
3- The big red one (Samuel Fuller)
4- A dirty shame (John Waters)
5- Intolerancia (David W. Griffith)
Leticia Roncoli:
1- Helicopter String Quartet (Frank Scheffer)
2- Christo in Paris (Albert Maysles, David Maysles, Deborah Dickson, Susan Froemke)
3- Como un avión estrellado (Ezequiel Acuña)
4- A Dirty Shame (John Waters)
5- Camisea (Enrique Bellande)
La peor: Tears of Kali (Andreas Marschall)
Naza Chong:
1- DiG! (Ondi Timoner)
2- McDull, prince de la bun (Toe Yuen)
3- Tropical Malady (Apichatpong Weerasethakul aka Joe)
4- A Dirty Shame (John Waters)
5- The Wayward Cloud (Tsai Ming-liang)
Otros buenos que por suerte no me perdí: Godard, Acuña, Scheffer, Bellande, De Oliveira Cèzar, Markey, Schwerfel, To, Carruthers, Argento, Achbar y Abott...
La peor: Tears of Kali (Andreas Marschall)
jueves, marzo 10, 2005
Eterna sonrisa de Piriápolis
Whisky (Uruguay, 2004) Dirigida por Juan Pablo Rebella y Pablo Stoll. Con Andrés Pazos, Mirella Pascual y Jorge Bolani.
ESTRENOS
Puntaje: 8.
Lo peor que le podía pasar a una película tan redondita como Whisky es que termine como una de las tres patas de ese slogan pasajero llamado mini-boom uruguayo o algo así. De un lado, porque la asunción de Tabaréle gana por varios cuerpos en relevancia. Del otro, porque quedar asociada al gestito de idea de Drexler en los Oscar es bastante menos de lo que se merece (aunque hay que reconocerlo: Drexler estuvo muy bien). De todas formas, la nueva película de los autores de 25 Watts ha demostrado que vuela por sí sola, y allí están la infinidad de premios -desde Cannes a Tokio- que dan cuenta de ello.
Comedia trágica, con referencia obligada al local Rejtman y al lejano Kaurismaki, a partir de Whisky uno podría decir que Piriápolis es a Montevideo lo que Mar del Plata es a Buenos Aires. Esos resabios de un glamour vacacional hoy descascarado y nostálgico, gastado y crónicamente invernal (que acá aprovecharon tan bien esas joyitas de ¿Sabés nadar? y Nadar solo), son el escenario para la porción más viva de la película, cuando el extremo cálculo deja de jugarle en contra. Porque antes de Piriápolis, Montevideo marca el comienzo, en la gris y rutinaria fábrica de medias que agota la vida de Jacobo Koller, donde también trabaja Marta, quien a pedido de Jacobo se hará pasar por su mujer cuando llegue Herman, el hermano que triunfó en Brasil. Y en la dinámica que se da entre los tres personajes triángulo de amor bizarro, según el amigo Juan Manuel Domínguez en la Llegás- es en donde las capas de la edad se vuelven traslúcidas.
Los directores encuentran una universalidad y una pureza narrativa que no es producto del ascetismo visual o la extrema confianza en la expresividad de los objetos (es genial el ejemplo de un tubo de oxígeno que resume el calvario de Jacobo cuidando a su madre enferma) El hallazgo es un delineamiento preciso de los personajes, tan preciso que desnuda sus conflictos pasados y presentes sin mencionarlos nunca. Un minimalismo emocional con una fuerza tan silenciosa como la de ese gesto sin origen, paralizante, que es el decir whisky ante una cámara de fotos, congelando la sonrisa.
Pero el mayor mérito de los directores no es -como se dijo por ahí- lograr hablar de los conflictos de una edad (los 60) que no es la suya, sino encontrar el punto en donde no hay edad que valga, en donde el tiempo no transcurre nunca. Escuchando canciones de amor en un walkman en el colectivo, Marta es probablemente la misma soñadora ahora que a los 15. El resentimiento de Jacobo y la competencia con su hermano se sospecha igual a los 10 que a los 60. Y lo mismo con la arrogancia de Herman, por lejos el mejor personaje. Una forma más resumida de decirlo, aunque exagerada y cursi, es que Whisky se mueve y crece dentro de un lugar emocionalmente atemporal, y por eso eterno.
Agustín Mango
ESTRENOS
Puntaje: 8.
Lo peor que le podía pasar a una película tan redondita como Whisky es que termine como una de las tres patas de ese slogan pasajero llamado mini-boom uruguayo o algo así. De un lado, porque la asunción de Tabaréle gana por varios cuerpos en relevancia. Del otro, porque quedar asociada al gestito de idea de Drexler en los Oscar es bastante menos de lo que se merece (aunque hay que reconocerlo: Drexler estuvo muy bien). De todas formas, la nueva película de los autores de 25 Watts ha demostrado que vuela por sí sola, y allí están la infinidad de premios -desde Cannes a Tokio- que dan cuenta de ello.
Comedia trágica, con referencia obligada al local Rejtman y al lejano Kaurismaki, a partir de Whisky uno podría decir que Piriápolis es a Montevideo lo que Mar del Plata es a Buenos Aires. Esos resabios de un glamour vacacional hoy descascarado y nostálgico, gastado y crónicamente invernal (que acá aprovecharon tan bien esas joyitas de ¿Sabés nadar? y Nadar solo), son el escenario para la porción más viva de la película, cuando el extremo cálculo deja de jugarle en contra. Porque antes de Piriápolis, Montevideo marca el comienzo, en la gris y rutinaria fábrica de medias que agota la vida de Jacobo Koller, donde también trabaja Marta, quien a pedido de Jacobo se hará pasar por su mujer cuando llegue Herman, el hermano que triunfó en Brasil. Y en la dinámica que se da entre los tres personajes triángulo de amor bizarro, según el amigo Juan Manuel Domínguez en la Llegás- es en donde las capas de la edad se vuelven traslúcidas.
Los directores encuentran una universalidad y una pureza narrativa que no es producto del ascetismo visual o la extrema confianza en la expresividad de los objetos (es genial el ejemplo de un tubo de oxígeno que resume el calvario de Jacobo cuidando a su madre enferma) El hallazgo es un delineamiento preciso de los personajes, tan preciso que desnuda sus conflictos pasados y presentes sin mencionarlos nunca. Un minimalismo emocional con una fuerza tan silenciosa como la de ese gesto sin origen, paralizante, que es el decir whisky ante una cámara de fotos, congelando la sonrisa.
Pero el mayor mérito de los directores no es -como se dijo por ahí- lograr hablar de los conflictos de una edad (los 60) que no es la suya, sino encontrar el punto en donde no hay edad que valga, en donde el tiempo no transcurre nunca. Escuchando canciones de amor en un walkman en el colectivo, Marta es probablemente la misma soñadora ahora que a los 15. El resentimiento de Jacobo y la competencia con su hermano se sospecha igual a los 10 que a los 60. Y lo mismo con la arrogancia de Herman, por lejos el mejor personaje. Una forma más resumida de decirlo, aunque exagerada y cursi, es que Whisky se mueve y crece dentro de un lugar emocionalmente atemporal, y por eso eterno.
Agustín Mango
miércoles, marzo 02, 2005
Perla negra
capricho sobre los premios Oscar
La noche más fulgurante de la industria del cine dejó algunas perlas negras. La transmisión en vivo de la alfombra roja de E!, por primera vez sin las malísimas Rivers, no tuvo el ritmo frenético que le imponían Joan y Melissa. En la alfombra estaba Star Jones, con poca chispa para hacer las entrevistas a las estrellas, y había un móvil en una torre con la nueva encargada del Fashion Police, quien cada vez que recibía la transmisión hacía como si mantuviese una comunicación por celular con alguna de las celebridades; la segunda vez que la host hizo el mismo chiste resultó tedioso como todo el segmento. Cero timing para la pareja de E! y también para la de TNT/CNN: Ana María Montero y Axel Kuschevatsky.
Montero y Kuschevastsky tuvieron dificultades para conseguir a las celebridades más requeridas. Cuando tenían la oportunidad los mandaban al corte. A la vuelta, Montero comentaba a los televidentes: "Axel habló con Antonio Banderas quien dijo que con Jorge Drexler había nacido un gran amistad". Mientras ellos miraban a cámara y Axel, bautizado por su compañera como "el calendario del cine", comentaba fechas, datos de la votación. Las estrellas pasaban detrás y ellos no se percataban ni se daban vuelta para entrevistarlas o para charlar, porque no se puede llamar entrevista a preguntas como la que Axel le hizo a Natalie Portman: "Yo soy de Argentina, tengo entendido que tu director de escuela era argentino ¿?".
El Kodak Theatre aplaudió de pie a su anfitrión Chris Rock y comenzó la ceremonia con un monólogo del actor. El momento más plomizo fue el insufrible número musical de Beyoncé y Josh Groban, quienes interpretaron Believe, canción de El expreso polar. Pero lo peor fue cuando llegó el turnode Look To Your Path, horrible canción del film Los Coristas, que interpretó Beyoncé junto a un coro de niños. Fue memorable cuando Drexler recibió su estatuilla por su canción Al otro lado del río. El músico tomó revancha debido a que no se la dejaron cantar durante la ceremonia y entonó las primeras estrofas a modo de agradecimiento. Hoy Crónica TV levantó la secuencia y tituló "Drexler fue discriminado: no lo dejaron cantar".
María Marta Sosa
La noche más fulgurante de la industria del cine dejó algunas perlas negras. La transmisión en vivo de la alfombra roja de E!, por primera vez sin las malísimas Rivers, no tuvo el ritmo frenético que le imponían Joan y Melissa. En la alfombra estaba Star Jones, con poca chispa para hacer las entrevistas a las estrellas, y había un móvil en una torre con la nueva encargada del Fashion Police, quien cada vez que recibía la transmisión hacía como si mantuviese una comunicación por celular con alguna de las celebridades; la segunda vez que la host hizo el mismo chiste resultó tedioso como todo el segmento. Cero timing para la pareja de E! y también para la de TNT/CNN: Ana María Montero y Axel Kuschevatsky.
Montero y Kuschevastsky tuvieron dificultades para conseguir a las celebridades más requeridas. Cuando tenían la oportunidad los mandaban al corte. A la vuelta, Montero comentaba a los televidentes: "Axel habló con Antonio Banderas quien dijo que con Jorge Drexler había nacido un gran amistad". Mientras ellos miraban a cámara y Axel, bautizado por su compañera como "el calendario del cine", comentaba fechas, datos de la votación. Las estrellas pasaban detrás y ellos no se percataban ni se daban vuelta para entrevistarlas o para charlar, porque no se puede llamar entrevista a preguntas como la que Axel le hizo a Natalie Portman: "Yo soy de Argentina, tengo entendido que tu director de escuela era argentino ¿?".
El Kodak Theatre aplaudió de pie a su anfitrión Chris Rock y comenzó la ceremonia con un monólogo del actor. El momento más plomizo fue el insufrible número musical de Beyoncé y Josh Groban, quienes interpretaron Believe, canción de El expreso polar. Pero lo peor fue cuando llegó el turnode Look To Your Path, horrible canción del film Los Coristas, que interpretó Beyoncé junto a un coro de niños. Fue memorable cuando Drexler recibió su estatuilla por su canción Al otro lado del río. El músico tomó revancha debido a que no se la dejaron cantar durante la ceremonia y entonó las primeras estrofas a modo de agradecimiento. Hoy Crónica TV levantó la secuencia y tituló "Drexler fue discriminado: no lo dejaron cantar".
María Marta Sosa
domingo, febrero 20, 2005
El vaso medio vacío
Entre Copas (Sideways, EEUU, 2004). Dirigida por Alexander Payne. Con Paul Giamatti, Thomas Haden Church, Virginia Madsen y Sandra Oh.
ESTRENOS
Puntaje: 6
Hace ya tiempo que en el cine norteamericano la categoría de "independiente" pasó a denominar un estado de transición. Desde la aparición del canallesco festival de Sundance y de fachadas corporativas como Miramax o Fox Searchlight, los nuevos e ignotos cineastas con escasos recursos ven al indie como escala hacia la meca de Hollywood (ejemplo: Soderbergh). El salto, en palabras Einsesteinianas, no sólo es cuantitativo (más millones) sino también cualitativo: brusco cambio de enfoque, de público al que se apunta y, lo más sorprendente, ideológico (la mirada "marginal" o impostadamente crítica hacia la sociedad muta por una perspectiva "mainstream", más limitada por las condiciones del mercado de masas).
Lo cierto es que este status intermedio parece conflictuar a los enfants terribles del indie y los lleva hacia una tendencia a la contradicción notoriamente marcada. Confunden la definición de ser "independiente" (no depender económica ni ideológicamente de un estudio ni de un sistema) con la idea de ser polémicos, o intelectuales, o provocativos. En pocas palabras, asumen que dicen lo que el mainstream no dice, aan si más de la mitad de las veces son producto de ese mainstream al que proclaman denostar. Peor aún, creen que eso justifica ser desprolijos, descuidados e insoportablemente snobs.
Ya desde sus dos primeras películas, Alexander Payne resultó una grata sorpresa. Sin ser estridente, sin ser grotesco, ni panfletario, ni gratuito, se planteó realizar un estudio entomológico de la clase media norteamericana, sus míseras aspiraciones y sus fracasos cotidianos. No es el punto de partida lo original, ya que todo el indie intenta demostrar cómo falla el sueño americano, sino el modo de desarrollar la premisa. Si "Election" es su película más lograda es porque trabaja estas temáticas sin golpes bajos y sin subrallados gruesos, al mismo tiempo que no juzga ni toma distancia de sus personajes (acción típica del indie, como si la empatía fuera una debilidad hollywoodense). Payne domina un estilo tragicómico muy propio, basado en decir cosas dolorosas (de allí su apellido, tal vez) en tonos amenos o, peor aún, en hacer que sus personajes callen esas verdades que los matan por dentro, acumulando esa ira que mata al famoso "american dream".
"Sideways" (y elijo el título original porque justamente alude a hacer las cosas por el camino alternativo, a evitar el sendero marcado) es una película absolutamente coherente con el universo Payne y, sin embargo, acentúa una espiral decadente que ya se evidenciaba en "About Schmidt". Notamos aquí el pesimismo y el cuestionamiento al "american way of life" que a Payne tanto parecen interesarle, pero a su vez hay una serie de elementos que empañan el andar de la película. A saber: a) El abuso de elementos que apuntan a dar la idea de cine "inteligente": todas las referencias narrativas de la película son gratuitas, especialmente la mención de Robbe-Grillet, y algunas rompen con la lógica interna del personaje, como la mención de John Kennedy Toole por parte del machote de Thomas Haden Church; b) La omnipresencia de la música, previsiblemente jazz. No sólo muestra cierta vagancia al componer la banda sonora, sino que genera una distancia con las situaciones que aliviana el peso dramático que podrían tener. Le da a todo un tono simpático y tranquilizador que contrasta con lo que realmente está sucediendo; c) Los dos actores centrales no son exigidos al nivel de su potencial y son figuritas repetidas: Paul Giamatti se reitera como el siempre neurótico, siempre depresivo, siempre patético intelectual feo, con elementos calcados del Harvey Pekar de "Esplendor Americano". Thomas Haden Church repite diez años después al Ned de "Ned and Stacey", con simpatía pero sin novedad; d) La puesta en escena es tan clásica (no hay nada de malo en ello, quiero aclarar) que cuando Payne decide jugar con las ventanas como antes lo hizo Ang Lee en "Hulk", se produce un equivalente a un quiebre isotópico y la sensación no es de libertad creadora sino de torpeza, como si se hubiera injertado un elemento ajeno al relato.
Más allá de estos desaciertos, la película compensa con virtudes dignas. Presenta a dos personajes femeninos fuertes, que rompen la monotonía de la charla de vinos; no intenta en ningún momento ser un reflejo de toda la sociedad en miniatura (mal típico del indie); y, finalmente, presenta un par de momentos más que logrados, especialmente el instante en que Giamatti se echa vino encima, completamente fuera de sí, o la situación de sexo entre obesos. Payne incursiona nuevamente en el desnudo de alto peso (recordemos a Kathy Bates en "About Schmidt") y no sería mala idea que inspeccione aún más esa senda.
El combo se completa con una cita cinéfila a "Viñas de Ira", de John Ford, chiste fácil considerando que estamos viendo un film sobre gente catando vinos que se enoja asiduamente. Sin embargo, fiel a sí mismo, Payne no resalta este detalle, sino que lo presenta de fondo, sonoramente. En los aciertos o en los fallos, el realizador muestra un llamativo perfil bajo, marca distintiva de su cine. Bienvenida la novedad si Hollywood decide tomar en cuenta a un cineasta que decide alejarse de la pompa para centrarse en la circunstancia.
Guido Segal.
ESTRENOS
Puntaje: 6
Hace ya tiempo que en el cine norteamericano la categoría de "independiente" pasó a denominar un estado de transición. Desde la aparición del canallesco festival de Sundance y de fachadas corporativas como Miramax o Fox Searchlight, los nuevos e ignotos cineastas con escasos recursos ven al indie como escala hacia la meca de Hollywood (ejemplo: Soderbergh). El salto, en palabras Einsesteinianas, no sólo es cuantitativo (más millones) sino también cualitativo: brusco cambio de enfoque, de público al que se apunta y, lo más sorprendente, ideológico (la mirada "marginal" o impostadamente crítica hacia la sociedad muta por una perspectiva "mainstream", más limitada por las condiciones del mercado de masas).
Lo cierto es que este status intermedio parece conflictuar a los enfants terribles del indie y los lleva hacia una tendencia a la contradicción notoriamente marcada. Confunden la definición de ser "independiente" (no depender económica ni ideológicamente de un estudio ni de un sistema) con la idea de ser polémicos, o intelectuales, o provocativos. En pocas palabras, asumen que dicen lo que el mainstream no dice, aan si más de la mitad de las veces son producto de ese mainstream al que proclaman denostar. Peor aún, creen que eso justifica ser desprolijos, descuidados e insoportablemente snobs.
Ya desde sus dos primeras películas, Alexander Payne resultó una grata sorpresa. Sin ser estridente, sin ser grotesco, ni panfletario, ni gratuito, se planteó realizar un estudio entomológico de la clase media norteamericana, sus míseras aspiraciones y sus fracasos cotidianos. No es el punto de partida lo original, ya que todo el indie intenta demostrar cómo falla el sueño americano, sino el modo de desarrollar la premisa. Si "Election" es su película más lograda es porque trabaja estas temáticas sin golpes bajos y sin subrallados gruesos, al mismo tiempo que no juzga ni toma distancia de sus personajes (acción típica del indie, como si la empatía fuera una debilidad hollywoodense). Payne domina un estilo tragicómico muy propio, basado en decir cosas dolorosas (de allí su apellido, tal vez) en tonos amenos o, peor aún, en hacer que sus personajes callen esas verdades que los matan por dentro, acumulando esa ira que mata al famoso "american dream".
"Sideways" (y elijo el título original porque justamente alude a hacer las cosas por el camino alternativo, a evitar el sendero marcado) es una película absolutamente coherente con el universo Payne y, sin embargo, acentúa una espiral decadente que ya se evidenciaba en "About Schmidt". Notamos aquí el pesimismo y el cuestionamiento al "american way of life" que a Payne tanto parecen interesarle, pero a su vez hay una serie de elementos que empañan el andar de la película. A saber: a) El abuso de elementos que apuntan a dar la idea de cine "inteligente": todas las referencias narrativas de la película son gratuitas, especialmente la mención de Robbe-Grillet, y algunas rompen con la lógica interna del personaje, como la mención de John Kennedy Toole por parte del machote de Thomas Haden Church; b) La omnipresencia de la música, previsiblemente jazz. No sólo muestra cierta vagancia al componer la banda sonora, sino que genera una distancia con las situaciones que aliviana el peso dramático que podrían tener. Le da a todo un tono simpático y tranquilizador que contrasta con lo que realmente está sucediendo; c) Los dos actores centrales no son exigidos al nivel de su potencial y son figuritas repetidas: Paul Giamatti se reitera como el siempre neurótico, siempre depresivo, siempre patético intelectual feo, con elementos calcados del Harvey Pekar de "Esplendor Americano". Thomas Haden Church repite diez años después al Ned de "Ned and Stacey", con simpatía pero sin novedad; d) La puesta en escena es tan clásica (no hay nada de malo en ello, quiero aclarar) que cuando Payne decide jugar con las ventanas como antes lo hizo Ang Lee en "Hulk", se produce un equivalente a un quiebre isotópico y la sensación no es de libertad creadora sino de torpeza, como si se hubiera injertado un elemento ajeno al relato.
Más allá de estos desaciertos, la película compensa con virtudes dignas. Presenta a dos personajes femeninos fuertes, que rompen la monotonía de la charla de vinos; no intenta en ningún momento ser un reflejo de toda la sociedad en miniatura (mal típico del indie); y, finalmente, presenta un par de momentos más que logrados, especialmente el instante en que Giamatti se echa vino encima, completamente fuera de sí, o la situación de sexo entre obesos. Payne incursiona nuevamente en el desnudo de alto peso (recordemos a Kathy Bates en "About Schmidt") y no sería mala idea que inspeccione aún más esa senda.
El combo se completa con una cita cinéfila a "Viñas de Ira", de John Ford, chiste fácil considerando que estamos viendo un film sobre gente catando vinos que se enoja asiduamente. Sin embargo, fiel a sí mismo, Payne no resalta este detalle, sino que lo presenta de fondo, sonoramente. En los aciertos o en los fallos, el realizador muestra un llamativo perfil bajo, marca distintiva de su cine. Bienvenida la novedad si Hollywood decide tomar en cuenta a un cineasta que decide alejarse de la pompa para centrarse en la circunstancia.
Guido Segal.
sábado, febrero 12, 2005
Forever Young
Descubriendo el país de Nunca Jamás (Finding Neverland, EEUU, 2004). Dirigida por Marc Foster. Con Johnny Depp, Kate Winslet, Julie Christie, Radha Mitchell, Dustin Hoffman, Freddie Highmore y otros.
ESTRENO
Puntaje: 7
Que a nadie lo asuste que Finding Neverland tenga siete nominaciones para el Oscar. Pese al escaso prestigio del que goza este reconocimiento entre los amantes del cine (tan deslucido como el Nobel en el ámbito de la literatura, o el Grammy en el de la música), la película de Marc Foster escapa a los convencionalismos de las biografías filmadas con los que solemos ser penalizados. En este caso se trata de una semblanza del proceso creativo que llevó a James Matthew Barrie (Johnny Depp) a escribir su obra de teatro más famosa, Peter Pan (una fama tan grande que dejó al autor casi en la sombra del anonimato). El decurso de la película es harto sencillo de referir: Barrie, en busca de un nuevo tema, encuentra a una viuda con cuatro hijos que le deparan inspiración para escribir Peter Pan. El dramaturgo pronto abandona casa y esposa para dedicarse por entero a ayudar a la agobiada "musa" (Kate Winslet), como la llama amargamente Marie Barrie, y especialmente para relacionarse con los chicos. Aquí habrá alguno que ya prediga un romance entre Winslet y Depp, algún otro adivinará a Marie como un ogro, y a Sylvia Llewelyn Davis como encantadora y bella. El guión con tino elude estos obligados formalismos, y así, la mujer de Barrie es hermosa sin rival, y sólo puede intuir a su marido a través de su obra, muy a su pesar. Entre Sylvia y Barrie nunca se sugiere ningún tipo de atracción; la relación entre Depp y los chicos es mucho más realista que la que hubiera caracterizado un Robin Williams o un Steve Martin. El film abunda en detalles circunstanciales que enriquecen la narración. Así, una campanita colgada de un barrilete prefigura a Tinker Bell. Barrie advierte que uno de los niños quiere crecer rápidamente, creyendo que los adultos sufrían menos. Inversamente, Peter Pan es "the boy who would not grow up". Barrie y su esposa se van a dormir en habitaciones separadas: la puerta de Barrie deja entrever un mundo de fantasía. Y la de su esposa, uno prosaico. El mejor amigo del escritor le advierte que la gente habla con malicia sobre perversiones en su relación con los chicos: en los créditos nos enteramos de que el mejor amigo es nada menos que Arthur Conan Doyle. La fotografía pinta con trazos deliberadamente gruesos la frontera entre fantasía y realidad, mientras el guión va suavemente llevando objetos de la vida a la ficción, y devolviendo el material transformado de vuelta a la vida. El film es sólido casi todo el tiempo, y brillante en algunos momentos. Las actuaciones son excelentes: desde el perfecto acento escocés de Johnny Depp hasta el horriblemente adulto Freddie Highmore. Pese a determinadas licencias tomadas para acentuar el desarrollo de la trama (Sylvia no era viuda en la vida real, por ejemplo), la emoción llega natural y sin patetismos. No es poco en estos tiempos que corren.
Leandro Fanzone.
ESTRENO
Puntaje: 7
Que a nadie lo asuste que Finding Neverland tenga siete nominaciones para el Oscar. Pese al escaso prestigio del que goza este reconocimiento entre los amantes del cine (tan deslucido como el Nobel en el ámbito de la literatura, o el Grammy en el de la música), la película de Marc Foster escapa a los convencionalismos de las biografías filmadas con los que solemos ser penalizados. En este caso se trata de una semblanza del proceso creativo que llevó a James Matthew Barrie (Johnny Depp) a escribir su obra de teatro más famosa, Peter Pan (una fama tan grande que dejó al autor casi en la sombra del anonimato). El decurso de la película es harto sencillo de referir: Barrie, en busca de un nuevo tema, encuentra a una viuda con cuatro hijos que le deparan inspiración para escribir Peter Pan. El dramaturgo pronto abandona casa y esposa para dedicarse por entero a ayudar a la agobiada "musa" (Kate Winslet), como la llama amargamente Marie Barrie, y especialmente para relacionarse con los chicos. Aquí habrá alguno que ya prediga un romance entre Winslet y Depp, algún otro adivinará a Marie como un ogro, y a Sylvia Llewelyn Davis como encantadora y bella. El guión con tino elude estos obligados formalismos, y así, la mujer de Barrie es hermosa sin rival, y sólo puede intuir a su marido a través de su obra, muy a su pesar. Entre Sylvia y Barrie nunca se sugiere ningún tipo de atracción; la relación entre Depp y los chicos es mucho más realista que la que hubiera caracterizado un Robin Williams o un Steve Martin. El film abunda en detalles circunstanciales que enriquecen la narración. Así, una campanita colgada de un barrilete prefigura a Tinker Bell. Barrie advierte que uno de los niños quiere crecer rápidamente, creyendo que los adultos sufrían menos. Inversamente, Peter Pan es "the boy who would not grow up". Barrie y su esposa se van a dormir en habitaciones separadas: la puerta de Barrie deja entrever un mundo de fantasía. Y la de su esposa, uno prosaico. El mejor amigo del escritor le advierte que la gente habla con malicia sobre perversiones en su relación con los chicos: en los créditos nos enteramos de que el mejor amigo es nada menos que Arthur Conan Doyle. La fotografía pinta con trazos deliberadamente gruesos la frontera entre fantasía y realidad, mientras el guión va suavemente llevando objetos de la vida a la ficción, y devolviendo el material transformado de vuelta a la vida. El film es sólido casi todo el tiempo, y brillante en algunos momentos. Las actuaciones son excelentes: desde el perfecto acento escocés de Johnny Depp hasta el horriblemente adulto Freddie Highmore. Pese a determinadas licencias tomadas para acentuar el desarrollo de la trama (Sylvia no era viuda en la vida real, por ejemplo), la emoción llega natural y sin patetismos. No es poco en estos tiempos que corren.
Leandro Fanzone.
martes, febrero 01, 2005
Top 5: tv
Juan Pablo Martínez:
1- Indomables (América)
2- South Park (Locomotion / MTV)
3- Scrubs (Sony)
4- The O.C. (Warner)
5- De 3 en 3 (People & Arts)
Peor: Policías en acción (Canal 13)
Leandro Rosenzveig:
1- Repeticion de los simuladores
2- Curb your entusiasm
3- Especial seinfeld
4- That 70's show
5- Indomables
Juan Manuel Dominguez:
1- South Park (Locomotion)
2- Star Wars: Clone Wars (Cartoon Network)
3- Indomables (America)
4- E-24 (13)
5- The office (I-Sat)
Peor: Sangre Fria (Telefe)
Agustina Larrea:
1- South Park
2- Gilmore Girls
3- Confidencias (Cosmopolitan TV)
(y ahí me quedo porque no vi mucho más)
María Marta Sosa:
1- Indomables (América)
2- Nip/Tuck (Fox)
3- Mujeres apasionadas (TELEFE)
4- Conecta2 (13)
5- The O.C. (Warner)
Peor: Videomatch
Sebastián Nuñez:
1- South Park (Locomotion-MTV)
2- The Office (I-sat)
3- Cha cha cha (I-sat)
4- Indomables (America)
5- El show de la Premier League (Fox sport)
El peor: Sin código (Canal 13)
Guido Segal:
1- The Office (incluyendo los especiales de navidad) (Space)
2- The outer limits (Retro)
3- Arrested development (Fox)
4- La Hora de la Pantera Rosa (Nickelodeon)
5- Family Guy (Fox)
Naza Chong:
1- Policías en acción
2- Cheaters (Infieles)
3- Motel Spaghetti
4- Curb Your Enthusiasm
5- Call Tv
Bonus: los tipitos que juegan al póker en espn (doinde está el Moneymaker ese de gafas, los de sony no porque apestan como casi todo lo que pasa/ó por ese canal).
Peor: Celebrities Uncensored
1- Indomables (América)
2- South Park (Locomotion / MTV)
3- Scrubs (Sony)
4- The O.C. (Warner)
5- De 3 en 3 (People & Arts)
Peor: Policías en acción (Canal 13)
Leandro Rosenzveig:
1- Repeticion de los simuladores
2- Curb your entusiasm
3- Especial seinfeld
4- That 70's show
5- Indomables
Juan Manuel Dominguez:
1- South Park (Locomotion)
2- Star Wars: Clone Wars (Cartoon Network)
3- Indomables (America)
4- E-24 (13)
5- The office (I-Sat)
Peor: Sangre Fria (Telefe)
Agustina Larrea:
1- South Park
2- Gilmore Girls
3- Confidencias (Cosmopolitan TV)
(y ahí me quedo porque no vi mucho más)
María Marta Sosa:
1- Indomables (América)
2- Nip/Tuck (Fox)
3- Mujeres apasionadas (TELEFE)
4- Conecta2 (13)
5- The O.C. (Warner)
Peor: Videomatch
Sebastián Nuñez:
1- South Park (Locomotion-MTV)
2- The Office (I-sat)
3- Cha cha cha (I-sat)
4- Indomables (America)
5- El show de la Premier League (Fox sport)
El peor: Sin código (Canal 13)
Guido Segal:
1- The Office (incluyendo los especiales de navidad) (Space)
2- The outer limits (Retro)
3- Arrested development (Fox)
4- La Hora de la Pantera Rosa (Nickelodeon)
5- Family Guy (Fox)
Naza Chong:
1- Policías en acción
2- Cheaters (Infieles)
3- Motel Spaghetti
4- Curb Your Enthusiasm
5- Call Tv
Bonus: los tipitos que juegan al póker en espn (doinde está el Moneymaker ese de gafas, los de sony no porque apestan como casi todo lo que pasa/ó por ese canal).
Peor: Celebrities Uncensored
Saber leer entre líneas
Los Fockers (Meet the Fockers, EEUU, 2004). Dirigida por Jay Roach. Con Ben Stiller, Robert De Niro, Barbra Streisand y Dustin Hoffman.
ESTRENO
Puntaje: 7
La aparición de Saturday Night Live significó tanto un comienzo como un final para el humor norteamericano. Dio inicio a un tipo de comedia fresca y atrevida, provocativa sin ser Porky´s, inteligente sin ser snob, graciosa sin ser complaciente. Las caras variaron pero la estructura se mantuvo, década tras década; irregular, veloz, influyente, el programa revitalizó a la comedia clásica, le dio vida, realismo y una sana cuota de autoconsciencia. SNL procreó hijos, padres y abuelos, dio origen a una familia ilustre y sigue produciendo niños prodigio, la mayoría de ellos con destino cinematográfico.
Ben Stiller es sin dudas uno de esos infants terribles, tal vez el más creativo de la camada 90 junto a Adam Sandler. Supo ser gracioso y profundo al mismo tiempo y, aún siendo muy subestimado, actuó y dirigió varios nuevos clásicos, considerando a Zoolander o El Insoportable a la cabeza.
El problema con Stiller es que su forma de actuar se volvió chata. Al igual que muchos cómicos, Ben actúa siempre igual, tiene un personaje creado que se filtra e invade al personaje que le tocó en suerte. Como ocurre con Woody Allen y a diferencia de Adam Sandler, el estilo Stiller cansa con el paso del tiempo y el hecho de que filme seis películas por año exacerba el punto. El tartamudeo, las bromas judías, la torpeza y lo escatológico ya habían saturado en Mi novia Polly y en Los Fockers ya no causan ni una sonrisa.
John Hamburg, guionista de la película, no es justamente un innovador y, si bien es responsible por Zoolander, abusa en general de un humor tosco y obvio, apoyado en caídas, chistes fáciles (insiste con las bromas de enfermeros, de apellidos, de sexo y escatológicas) y estereotipos. Basándome en el esqueleto del "humor Hamburg" y en lo gastada que resulta la performance de Stiller, podría decir que Los Fockers no es una buena película.
Sin embargo, hay dos elementos fundamentales que la hacen salir a flote con dignidad:
1- El resto de las actuaciones sí son destacables. El insoportable Dustin Hoffman aquí está no sólo adorable sino que además resulta gracioso y entrañable, superando a las pésimas líneas de diálogo que le tocaron en suerte. Barbra es Barbra y sanamente se ríe de sí misma, a la vez que destruye con paso firme a la imagen de diva que sus sexagenarias fans adoran. Otra curiosidad es que De Niro finalmente logra componer a un personaje digno en más de una década y, si bien no hace reir, sí transmite el desagrado y el rechazo que se supone que su personaje debe producir. Blythe Danner equilibra el peso del personaje de Bob con notable sutileza, casi silbando por lo bajo.
2- La película posee una carga ideológica definida que deambula de fondo y surge a la superficie en momentos específicos. Lo fundamental del conflicto entre Bernard y Jack está en que son miembros de la misma generación, pero pertenecen a bandos opuestos. Uno era militar, el otro era hippie, y ambos conservan los hábitos. La diferencia religiosa sirve para construir gags, pero es la poítica el eje de la polémica: el personaje de Hoffman no esconde su odio a Bush y al gobierno reaccionario de su país, sobre todo al final cuando le dice al bebé "veo en tí a un pequeño contestatario y este país necesita más de esos". Tampoco resulta menor que el personaje de De Niro exclame, cuando se habla de competir, que "es fundamental la competencia porque eso es lo que hace que Erstados Unidos sea la única potencia mundial que queda en pie". Lo que sí resulta alarmante y fascista es que en ambos casos el subtitulado haya omitido la traducción completa, removiendo la ideología que la película tan explícitamente transmite. Todo deja lugar a la sospecha de que la distribuidora de la película, la major Universal, se haya ocupado de "borrar" las referencias políticas para que el resto del mundo no se haga eco de esas marcadas burlas al gobierno gringo de turno, como si el cine sólo fuera entretenimiento de masas. No pasemos por alto además que la película conduce nuestra simpatía hacia el matrimonio de los Fockers, que son judíos de izquierda que hacen sentadas pacíficas y critican a su presidente sin temor…
Considero que Ben Stiller es una figura importante dentro de la cinematografía norteamericana actual - en especial cuando se junta con ese extraordinario actor llamado Owen Wilson -, aún si me cansa su modo de actuar. Meet the Fockers no es un título importante en su carrera, así como tampoco marcará a fuego la trayectoria de Jay Roach, un artesano del humor. Sin embargo, tampoco hay que restarle méritos a un film que logra juntar a tantos dinosaurios sin aburrir y a la vez criticar al "intocable" gobierno norteamericano al mismo tiempo que hace explotar las taquillas.
Guido Segal.
ESTRENO
Puntaje: 7
La aparición de Saturday Night Live significó tanto un comienzo como un final para el humor norteamericano. Dio inicio a un tipo de comedia fresca y atrevida, provocativa sin ser Porky´s, inteligente sin ser snob, graciosa sin ser complaciente. Las caras variaron pero la estructura se mantuvo, década tras década; irregular, veloz, influyente, el programa revitalizó a la comedia clásica, le dio vida, realismo y una sana cuota de autoconsciencia. SNL procreó hijos, padres y abuelos, dio origen a una familia ilustre y sigue produciendo niños prodigio, la mayoría de ellos con destino cinematográfico.
Ben Stiller es sin dudas uno de esos infants terribles, tal vez el más creativo de la camada 90 junto a Adam Sandler. Supo ser gracioso y profundo al mismo tiempo y, aún siendo muy subestimado, actuó y dirigió varios nuevos clásicos, considerando a Zoolander o El Insoportable a la cabeza.
El problema con Stiller es que su forma de actuar se volvió chata. Al igual que muchos cómicos, Ben actúa siempre igual, tiene un personaje creado que se filtra e invade al personaje que le tocó en suerte. Como ocurre con Woody Allen y a diferencia de Adam Sandler, el estilo Stiller cansa con el paso del tiempo y el hecho de que filme seis películas por año exacerba el punto. El tartamudeo, las bromas judías, la torpeza y lo escatológico ya habían saturado en Mi novia Polly y en Los Fockers ya no causan ni una sonrisa.
John Hamburg, guionista de la película, no es justamente un innovador y, si bien es responsible por Zoolander, abusa en general de un humor tosco y obvio, apoyado en caídas, chistes fáciles (insiste con las bromas de enfermeros, de apellidos, de sexo y escatológicas) y estereotipos. Basándome en el esqueleto del "humor Hamburg" y en lo gastada que resulta la performance de Stiller, podría decir que Los Fockers no es una buena película.
Sin embargo, hay dos elementos fundamentales que la hacen salir a flote con dignidad:
1- El resto de las actuaciones sí son destacables. El insoportable Dustin Hoffman aquí está no sólo adorable sino que además resulta gracioso y entrañable, superando a las pésimas líneas de diálogo que le tocaron en suerte. Barbra es Barbra y sanamente se ríe de sí misma, a la vez que destruye con paso firme a la imagen de diva que sus sexagenarias fans adoran. Otra curiosidad es que De Niro finalmente logra componer a un personaje digno en más de una década y, si bien no hace reir, sí transmite el desagrado y el rechazo que se supone que su personaje debe producir. Blythe Danner equilibra el peso del personaje de Bob con notable sutileza, casi silbando por lo bajo.
2- La película posee una carga ideológica definida que deambula de fondo y surge a la superficie en momentos específicos. Lo fundamental del conflicto entre Bernard y Jack está en que son miembros de la misma generación, pero pertenecen a bandos opuestos. Uno era militar, el otro era hippie, y ambos conservan los hábitos. La diferencia religiosa sirve para construir gags, pero es la poítica el eje de la polémica: el personaje de Hoffman no esconde su odio a Bush y al gobierno reaccionario de su país, sobre todo al final cuando le dice al bebé "veo en tí a un pequeño contestatario y este país necesita más de esos". Tampoco resulta menor que el personaje de De Niro exclame, cuando se habla de competir, que "es fundamental la competencia porque eso es lo que hace que Erstados Unidos sea la única potencia mundial que queda en pie". Lo que sí resulta alarmante y fascista es que en ambos casos el subtitulado haya omitido la traducción completa, removiendo la ideología que la película tan explícitamente transmite. Todo deja lugar a la sospecha de que la distribuidora de la película, la major Universal, se haya ocupado de "borrar" las referencias políticas para que el resto del mundo no se haga eco de esas marcadas burlas al gobierno gringo de turno, como si el cine sólo fuera entretenimiento de masas. No pasemos por alto además que la película conduce nuestra simpatía hacia el matrimonio de los Fockers, que son judíos de izquierda que hacen sentadas pacíficas y critican a su presidente sin temor…
Considero que Ben Stiller es una figura importante dentro de la cinematografía norteamericana actual - en especial cuando se junta con ese extraordinario actor llamado Owen Wilson -, aún si me cansa su modo de actuar. Meet the Fockers no es un título importante en su carrera, así como tampoco marcará a fuego la trayectoria de Jay Roach, un artesano del humor. Sin embargo, tampoco hay que restarle méritos a un film que logra juntar a tantos dinosaurios sin aburrir y a la vez criticar al "intocable" gobierno norteamericano al mismo tiempo que hace explotar las taquillas.
Guido Segal.
lunes, enero 31, 2005
Soy Kitano
Zatoichi (Takeshi Kitano's Zatoichi, Japón, 2003, 116'). Dirigida por Takeshi Kitano. Con Takeshi Kitano, Tadanobu Asano, Michiyo Ookusu, Gadarukanaru Taka. Ficha técnica.
ESTRENO
Puntaje: 8.
Para poder contextualizar Zatoichi, es necesario hacer un poco de historia. El personaje fue creado en 1962 para el notable actor Shintaru Katsu, cuyo precursor sea probablemente Françoise-Eugéne Vidocq, el fundador de la Sûreté francesa. Zatoichi (literalmente "el ciego Ichi") es un masajista ciego, con ostensible talento en la esgrima, especialmente con la técnica de velocidad conocida como I-Ai-Do. Ichi no duda en ponerse al servicio de los pobres y de los oprimidos; si alguien aquí puede prever la binaria moralidad a la que las historias de héroes nos tienen acostumbrados, me apuro a agregar que el tipo es también putañero y amigo del juego ilegal. Zatoichi y Katsu se hacen extraordinariamente populares en Japón, y desde 1962 hasta 1989 (con un notorio hueco de dieciséis años en medio) se filmaron veintiséis películas protagonizadas por el masajista, más ciento doce capítulos de una serie de televisión. Esta popularidad tuvo poco eco en occidente, pese a que se ha llegado a afirmar que Zatoichi inspiró o condicionó ficciones tan dispares como la del impermeable personaje de Peter Falk o Yellowbeard the Pirate de los Python. Cuando Katsu finalmente muere, en 1997, la leyenda dice que una heredera del gran actor busca a Kitano para que continúe con la magia del espadachín ciego. Kitano, que también tiene su pasado de comediante en la televisión, sumado a la parquedad obligada por el síndrome de Tourette, parece ser el candidato ideal, y naturalmente no rehúsa el honor. Kitano declara públicamente que su versión va casi "en contra" de la personificación de Katsu, pero el homenaje es evidente.
Hasta aquí la historia. Ahora, a las objeciones que se han levantado en contra de este Zatoichi de Kitano, que pueden ser agrupadas en dos departamentos: uno, en el que se acusa a Kitano de occidentalista; otro, en el que se acusa a Kitano de demagogo, o peor, de estúpido. El mote de occidentalista, que viene a querer decir que cuando uno es japonés no puede aspirar a ninguna otra cultura ni ser permeable a ningún rasgo que no sea la tradición excluyente de esa isla, ha sido estampado en contra de Kurosawa también en más de una ocasión. La afrenta más notoria, aunque no la única, parece ser un homenaje a Gene Kelly hacia el final de la película, donde un folklórico pueblito se pone a bailar un anacrónico tap al unísono. Creo entender que este reparo no merece mayor atención; a nadie se le ocurriría acusar a Tarantino de orientalista, pero se exige que Japón (o cualquier otra nación) ha de resistir estoicamente la invasión cultural yankee, para usar la nomenclatura tradicional. Queda, entonces, la acusación que se hace a Bîto Takeshi de prodigar chistes infantiles para ganarse el favor del público, que viene ligada a la percepción de que Zatoichi es una película (otros prefieren "negocio") menor dentro del imaginario kitanés. Esta opinión entraña el desconocimiento de la herencia explícita de Shintaru Katsu, y también un curioso celo con el que se exige a Kitano seguir produciendo "cine violentamente serio", y subrayo las comillas. Hay quien pretende que la comedia es un género menor; es claro que, siendo inmune a la sonrisa, el espectador se pierde el núcleo del film. Por otro lado, ha de admitirse que la violencia no está en ningún modo atenuada (la sangre recorre digitalmente pareja durante toda la longitud de la película).
Ignoro la base de la diatriba alrededor de Kitano que adorna la edición de este mes de El Amante, pero la sospecho por este último lado. El film no carece de desprolijidades, pero contra la inculpación de demagogia se puede aducir que Kitano elude muchas de las convenciones del género: el enemigo más poderoso de nuestro héroe es moralmente superior a él, y el público tiende a simpatizar con este guardaespaldas compuesto por Tadanobu Asano, en el que muchos han visto un homenaje al Yojimbo de Toshiro Mifune. En las chambara -y en cualquier otra película de superhéroes occidental- la pelea final y postergada suele ser el corazón del film: un largo combate en el que el malo demuestra su poder doblegando al héroe hasta que el bien triunfa. No existen tales convenciones en Zatoichi. La trama avanza caóticamente a través de los diversos (y muchas veces inesperados) personajes, y probablemente el propio final sea una buena síntesis de la esencia de la película. Es mi opinión que aquí se encontrará una película mucho más rica y convincente que las Battle Royale que nos habían prodigado últimamente. Kitano, que parece muy satisfecho, ha anunciado ya una secuela. Sea bienvenida.
Leandro Fanzone.
ESTRENO
Puntaje: 8.
Para poder contextualizar Zatoichi, es necesario hacer un poco de historia. El personaje fue creado en 1962 para el notable actor Shintaru Katsu, cuyo precursor sea probablemente Françoise-Eugéne Vidocq, el fundador de la Sûreté francesa. Zatoichi (literalmente "el ciego Ichi") es un masajista ciego, con ostensible talento en la esgrima, especialmente con la técnica de velocidad conocida como I-Ai-Do. Ichi no duda en ponerse al servicio de los pobres y de los oprimidos; si alguien aquí puede prever la binaria moralidad a la que las historias de héroes nos tienen acostumbrados, me apuro a agregar que el tipo es también putañero y amigo del juego ilegal. Zatoichi y Katsu se hacen extraordinariamente populares en Japón, y desde 1962 hasta 1989 (con un notorio hueco de dieciséis años en medio) se filmaron veintiséis películas protagonizadas por el masajista, más ciento doce capítulos de una serie de televisión. Esta popularidad tuvo poco eco en occidente, pese a que se ha llegado a afirmar que Zatoichi inspiró o condicionó ficciones tan dispares como la del impermeable personaje de Peter Falk o Yellowbeard the Pirate de los Python. Cuando Katsu finalmente muere, en 1997, la leyenda dice que una heredera del gran actor busca a Kitano para que continúe con la magia del espadachín ciego. Kitano, que también tiene su pasado de comediante en la televisión, sumado a la parquedad obligada por el síndrome de Tourette, parece ser el candidato ideal, y naturalmente no rehúsa el honor. Kitano declara públicamente que su versión va casi "en contra" de la personificación de Katsu, pero el homenaje es evidente.
Hasta aquí la historia. Ahora, a las objeciones que se han levantado en contra de este Zatoichi de Kitano, que pueden ser agrupadas en dos departamentos: uno, en el que se acusa a Kitano de occidentalista; otro, en el que se acusa a Kitano de demagogo, o peor, de estúpido. El mote de occidentalista, que viene a querer decir que cuando uno es japonés no puede aspirar a ninguna otra cultura ni ser permeable a ningún rasgo que no sea la tradición excluyente de esa isla, ha sido estampado en contra de Kurosawa también en más de una ocasión. La afrenta más notoria, aunque no la única, parece ser un homenaje a Gene Kelly hacia el final de la película, donde un folklórico pueblito se pone a bailar un anacrónico tap al unísono. Creo entender que este reparo no merece mayor atención; a nadie se le ocurriría acusar a Tarantino de orientalista, pero se exige que Japón (o cualquier otra nación) ha de resistir estoicamente la invasión cultural yankee, para usar la nomenclatura tradicional. Queda, entonces, la acusación que se hace a Bîto Takeshi de prodigar chistes infantiles para ganarse el favor del público, que viene ligada a la percepción de que Zatoichi es una película (otros prefieren "negocio") menor dentro del imaginario kitanés. Esta opinión entraña el desconocimiento de la herencia explícita de Shintaru Katsu, y también un curioso celo con el que se exige a Kitano seguir produciendo "cine violentamente serio", y subrayo las comillas. Hay quien pretende que la comedia es un género menor; es claro que, siendo inmune a la sonrisa, el espectador se pierde el núcleo del film. Por otro lado, ha de admitirse que la violencia no está en ningún modo atenuada (la sangre recorre digitalmente pareja durante toda la longitud de la película).
Ignoro la base de la diatriba alrededor de Kitano que adorna la edición de este mes de El Amante, pero la sospecho por este último lado. El film no carece de desprolijidades, pero contra la inculpación de demagogia se puede aducir que Kitano elude muchas de las convenciones del género: el enemigo más poderoso de nuestro héroe es moralmente superior a él, y el público tiende a simpatizar con este guardaespaldas compuesto por Tadanobu Asano, en el que muchos han visto un homenaje al Yojimbo de Toshiro Mifune. En las chambara -y en cualquier otra película de superhéroes occidental- la pelea final y postergada suele ser el corazón del film: un largo combate en el que el malo demuestra su poder doblegando al héroe hasta que el bien triunfa. No existen tales convenciones en Zatoichi. La trama avanza caóticamente a través de los diversos (y muchas veces inesperados) personajes, y probablemente el propio final sea una buena síntesis de la esencia de la película. Es mi opinión que aquí se encontrará una película mucho más rica y convincente que las Battle Royale que nos habían prodigado últimamente. Kitano, que parece muy satisfecho, ha anunciado ya una secuela. Sea bienvenida.
Leandro Fanzone.
jueves, enero 27, 2005
Top 5: discos locales
Juan Pablo Martínez
1- Sin restricciones - Miranda!
2- willem - willem
3- Educación sentimental - Rosal
4- Un hombre solo no puede hacer nada - Ariel Minimal
5- Tomo lo que encuentro: 19 versiones de Virus - V. A.
Peor: La argentinidad al palo - Bersuit Vergarabat
Juan Manuel Dominguez:
1- La optica espacial desde el corazon- El robot bajo
el agua
2- Toba trance volumen I y II- Los Natas
3- Smiles from a chappanoland- Boom Boom Kid
4- El cantante- Andres Calamaro
5- Sin restricciones- Miranda
Peor: La argentinidad al palo - Bersuit Vergarabat
Agustina Larrea:
1- Educación sentimental (Rosal)
2- Il cuore tedesco (Voltura)
3- Sin restricciones (Miranda!)
4- Estaciones (Rosario Bléfari)
5- La radio de los Champions (D Champions)
Peor: No voto. Prefiero elegir "la" canción que es "Un osito de peluche de
Taiwán" (sí, es del año pasado el disco, ok. Pero sonó este año)
Sebastián Nuñez:
1- Ariel Minimal: Un hombre solo no puede hacer nada
2- Daniel Melero: Después
3- Flopa: Dulce Fuerte Grave
4- BB Kid: Smiles From Chappanoland
5- El robot bajo el agua: La óptica espacial desde el corazón
El peor: Bersuit: La argentinidad al palo
Guido Segal:
No sé.
Agustín Masaedo:
1- Sin restricciones (Miranda)
2- La óptica espacial desde el corazón (El robot bajo el agua)
3- Sigue tu camino (Los Auténticos Decadentes)
4- Después (Daniel Melero)
5- Él mató a un policía motorizado (EMAUPM)
Naza Chong:
1- Daniel Melero - Después
2- Emisor - Formosa
3- Ariel Minimal - Un hombre solo no puede hacer nada
4- Narcicious Voice - If You Won't Buy a Condomine
5- Voltura - Il cuore tedesco
Bonus Tracks: Raving Mad Carlos - Lo Fi Master; Andrés Calamaro - El cantante (hace mucho que no le escuchaba una canción que me guste tanto como La libertad); Juana Molina - Tres cosas; Compañero Asma x3; El robot bajo el agua x2.; vv.aa. - Fiesta Villera; vv.aa - Canción electrónica 2; Fantasmagoria - Clereance; El mato un policía motorizado; 19 versiones de Virus - Tomo todo lo que encuentro; Miranda! - Sin restricciones; Il Carlo - Secretos de cofrecitos hechos canción; Doris Doyle - La opereta del gaucho drogado (blame it on Andrea Prodan)
Me debo: Notcheff (por los shows se nota que pide lista seguro), Jackson Souvenirs (sólo tres temas alcanzan para querer comprar el disco urgente), Ratones paranoicos (lo que escuché más el texto de Santi Rial en la RS alcanza para saber que seguro es uno de los discos del año... a ver cuándo alguien lo pone en el slsk); Pornois (la única duda es cómo habrán trasladado lo visual al disco); Tirador laser (me llegó muy recomendado, encima se separaron al toque); Rosario Bléfari (me siento solo teniéndole tanta fé, pero tiene la chapa de los shows), Boom Boom Kid, Pez y Los Natas.
Peor: todo lo que pasó por manos de Santaolalla.
Booo: para mí que escuché La radio de los Champions y Esto es Qué out! un año tarde y no puedo votarlos.
Decepciones: Mamma killer night (ese muchachito es mucho más en vivo que en estudio, pero este cd es muy superior a los que siguen en esta lista), Antojo (muy pobre, muy pobre... celebro Ella vendrá con Dárgelos sin ocultar un dejo de tristeza); Para mi Para vos (ni el título escribieron bien, apenas algún pequeñísimo destello de los dos primeros discos), Perverso Romeo (esperaba un cacho más de los pollos de san, pero bueno...), El tesoro de los inocentes (demasiado desparejo: pulgares arriba para Nike es la cultura, abucheo generalizado para La piba del Blockbuster... un disco que podía ser genial, pero no... se queda a mitad de camino de la grandeza, como El charro chino).
1- Sin restricciones - Miranda!
2- willem - willem
3- Educación sentimental - Rosal
4- Un hombre solo no puede hacer nada - Ariel Minimal
5- Tomo lo que encuentro: 19 versiones de Virus - V. A.
Peor: La argentinidad al palo - Bersuit Vergarabat
Juan Manuel Dominguez:
1- La optica espacial desde el corazon- El robot bajo
el agua
2- Toba trance volumen I y II- Los Natas
3- Smiles from a chappanoland- Boom Boom Kid
4- El cantante- Andres Calamaro
5- Sin restricciones- Miranda
Peor: La argentinidad al palo - Bersuit Vergarabat
Agustina Larrea:
1- Educación sentimental (Rosal)
2- Il cuore tedesco (Voltura)
3- Sin restricciones (Miranda!)
4- Estaciones (Rosario Bléfari)
5- La radio de los Champions (D Champions)
Peor: No voto. Prefiero elegir "la" canción que es "Un osito de peluche de
Taiwán" (sí, es del año pasado el disco, ok. Pero sonó este año)
Sebastián Nuñez:
1- Ariel Minimal: Un hombre solo no puede hacer nada
2- Daniel Melero: Después
3- Flopa: Dulce Fuerte Grave
4- BB Kid: Smiles From Chappanoland
5- El robot bajo el agua: La óptica espacial desde el corazón
El peor: Bersuit: La argentinidad al palo
Guido Segal:
No sé.
Agustín Masaedo:
1- Sin restricciones (Miranda)
2- La óptica espacial desde el corazón (El robot bajo el agua)
3- Sigue tu camino (Los Auténticos Decadentes)
4- Después (Daniel Melero)
5- Él mató a un policía motorizado (EMAUPM)
Naza Chong:
1- Daniel Melero - Después
2- Emisor - Formosa
3- Ariel Minimal - Un hombre solo no puede hacer nada
4- Narcicious Voice - If You Won't Buy a Condomine
5- Voltura - Il cuore tedesco
Bonus Tracks: Raving Mad Carlos - Lo Fi Master; Andrés Calamaro - El cantante (hace mucho que no le escuchaba una canción que me guste tanto como La libertad); Juana Molina - Tres cosas; Compañero Asma x3; El robot bajo el agua x2.; vv.aa. - Fiesta Villera; vv.aa - Canción electrónica 2; Fantasmagoria - Clereance; El mato un policía motorizado; 19 versiones de Virus - Tomo todo lo que encuentro; Miranda! - Sin restricciones; Il Carlo - Secretos de cofrecitos hechos canción; Doris Doyle - La opereta del gaucho drogado (blame it on Andrea Prodan)
Me debo: Notcheff (por los shows se nota que pide lista seguro), Jackson Souvenirs (sólo tres temas alcanzan para querer comprar el disco urgente), Ratones paranoicos (lo que escuché más el texto de Santi Rial en la RS alcanza para saber que seguro es uno de los discos del año... a ver cuándo alguien lo pone en el slsk); Pornois (la única duda es cómo habrán trasladado lo visual al disco); Tirador laser (me llegó muy recomendado, encima se separaron al toque); Rosario Bléfari (me siento solo teniéndole tanta fé, pero tiene la chapa de los shows), Boom Boom Kid, Pez y Los Natas.
Peor: todo lo que pasó por manos de Santaolalla.
Booo: para mí que escuché La radio de los Champions y Esto es Qué out! un año tarde y no puedo votarlos.
Decepciones: Mamma killer night (ese muchachito es mucho más en vivo que en estudio, pero este cd es muy superior a los que siguen en esta lista), Antojo (muy pobre, muy pobre... celebro Ella vendrá con Dárgelos sin ocultar un dejo de tristeza); Para mi Para vos (ni el título escribieron bien, apenas algún pequeñísimo destello de los dos primeros discos), Perverso Romeo (esperaba un cacho más de los pollos de san, pero bueno...), El tesoro de los inocentes (demasiado desparejo: pulgares arriba para Nike es la cultura, abucheo generalizado para La piba del Blockbuster... un disco que podía ser genial, pero no... se queda a mitad de camino de la grandeza, como El charro chino).
Más barato por docena
La nueva gran estafa (Ocean's Twelve, Estados Unidos, 2004). Dirigida por Steven Soderbergh. Con George Clooney, Brad Pitt, Matt Damon, Catherine Zeta-Jones, Julia Roberts, Don Cheadle, Andy García, Elliott Gould, Bernie Mac, Carl Reiner, Albert Finney, Scott Caan, Vincent Cassel, Robbie Coltrane, Jared Harris, Jeroen Krabbé y Bruce Willis.
ESTRENO
Puntaje: 4.
Tipo raro este Soderbergh. En su irregularísima filmografía alterna películas realmente excelentes (El rey de la colina, Un romance peligroso), películas simpáticas e inofensivas (Kafka, La gran estafa -remake de la ratpackera 11 a la medianoche- y en menor medida su remake de Solaris, odiada por demasiada gente y que considero, a pesar de su horrendo final, bastante superior al sobrevaloradísimo film de Tarkovski) y bodrios irredimibles (Vengar la sangre, Traffic y Erin Brockovich). También hizo (y fue el puntapié inicial tanto de su propia carrera como de todo el cine indie americano) Sexo, mentiras y video, un film no exento de virtudes pero que envejeció muchísimo en sus 16 años de existencia. Y además produjo un puñado de grandes películas como The Daytrippers, Lejos del paraiso, Confesiones de una mente peligrosa y Pleasentville, asi que es un extraño caso de una persona que puede ser ser muy peligrosa para el cine pero que a la vez es responable de alguna u otra manera de varias cosas por las cuales hay que agradecerle.
La nueva gran estafa entraría en el grupo de las simpáticas e inofensivas, aunque nunca llega a ser buena. Es que simplemente no pasa nada, es una de las secuelas más al pedo que se hayan visto en mucho tiempo. Si La gran estafa era una fiesta de amigos a la que estábamos todos invitados, esta es una fiesta de amigos a la que apenas estamos participados. Ellos la pasan bomba mientras nosotros nos quedamos completamente afuera. Simplemente porque la historia no apasaiona ni un poquito, porque el (buen) humor está completamente ausente, porque llega un punto en que se hace la canchera y pone al personaje de Julia Roberts haciendo de Julia Roberts la actriz. Tampoco llega a ser muy mala. Salvo por ese momento y por Vincent Cassel la película no llega a irritar lo suficiente. Es más, hasta tiene momentos en los que amaga ser de lo peor, como cuando vemos un balletcito insufrible cerca del final, prefigurado en una secuencia de montaje más bien grasa, pero todo eso termina siendo un gran chiste. Y hay que admitir que la película se ve bien. Por una vez, la "estética cool" es un elemento que favorece a la película en lugar de perjudicarla, la hace bastante más llevadera. Pero igualmente nunca llega a hacernos pensar que estamos frente a una secuela necesaria. Una lástima, porque la primera parte era divertidísima.
Juan Pablo Martínez
ESTRENO
Puntaje: 4.
Tipo raro este Soderbergh. En su irregularísima filmografía alterna películas realmente excelentes (El rey de la colina, Un romance peligroso), películas simpáticas e inofensivas (Kafka, La gran estafa -remake de la ratpackera 11 a la medianoche- y en menor medida su remake de Solaris, odiada por demasiada gente y que considero, a pesar de su horrendo final, bastante superior al sobrevaloradísimo film de Tarkovski) y bodrios irredimibles (Vengar la sangre, Traffic y Erin Brockovich). También hizo (y fue el puntapié inicial tanto de su propia carrera como de todo el cine indie americano) Sexo, mentiras y video, un film no exento de virtudes pero que envejeció muchísimo en sus 16 años de existencia. Y además produjo un puñado de grandes películas como The Daytrippers, Lejos del paraiso, Confesiones de una mente peligrosa y Pleasentville, asi que es un extraño caso de una persona que puede ser ser muy peligrosa para el cine pero que a la vez es responable de alguna u otra manera de varias cosas por las cuales hay que agradecerle.
La nueva gran estafa entraría en el grupo de las simpáticas e inofensivas, aunque nunca llega a ser buena. Es que simplemente no pasa nada, es una de las secuelas más al pedo que se hayan visto en mucho tiempo. Si La gran estafa era una fiesta de amigos a la que estábamos todos invitados, esta es una fiesta de amigos a la que apenas estamos participados. Ellos la pasan bomba mientras nosotros nos quedamos completamente afuera. Simplemente porque la historia no apasaiona ni un poquito, porque el (buen) humor está completamente ausente, porque llega un punto en que se hace la canchera y pone al personaje de Julia Roberts haciendo de Julia Roberts la actriz. Tampoco llega a ser muy mala. Salvo por ese momento y por Vincent Cassel la película no llega a irritar lo suficiente. Es más, hasta tiene momentos en los que amaga ser de lo peor, como cuando vemos un balletcito insufrible cerca del final, prefigurado en una secuencia de montaje más bien grasa, pero todo eso termina siendo un gran chiste. Y hay que admitir que la película se ve bien. Por una vez, la "estética cool" es un elemento que favorece a la película en lugar de perjudicarla, la hace bastante más llevadera. Pero igualmente nunca llega a hacernos pensar que estamos frente a una secuela necesaria. Una lástima, porque la primera parte era divertidísima.
Juan Pablo Martínez
miércoles, enero 19, 2005
Corazón con agujeritos
Bob Esponja: La película. (The SpongeBob SquarePants Movie, Estados Unidos, 2004, 90'). Dirigida por Stephen Hillenburg. Con las voces de (en la original) Tom Kenny, Clancy Brown, Bill Fagerbakke, Jeffrey Tambor, Scarlett Johansson y Alec Baldwin. Ficha técnica.
ESTRENOS
Puntaje: 8
Bob y Patricio son chicos. Ni esos ñoños sabelotodo que parecen viejos y participan en programas de preguntas y respuestas en televisión, ni esos grandulones que todavía se visten en Cheeky.
Bob Esponja es una película para chicos. Ni esas tonterías con guiños para padres (y con la clara intención mercantil de atraer a las salas a la mayor cantidad de público) ni un dibujo animado para adultos.
Por eso, tanto el protagonista como la película se permiten ser torpes, frescos, escatológicos, libres. Pero en ningún momento inocentes: Bob tiene muy claro que merece un ascenso en su trabajo -el amague del final es una clara muestra- y la película jamás cree en el cliché de la ingenuidad infantil ni en su nobleza per sé. (Si Bob es noble, en todo caso, es porque se esfuerza mientras que el villano Plankton quiere dominar a todos).
Bob Esponja no es una más del subgénero "animación bajo el mar", como sí lo era, por citar un ejemplo reciente, la insufrible El Espantatiburones. Porque no acude al sobrexplotado mundo de las citas al universo pop, ni a ningún abuso de poses cancheras. Bob Esponja es tan directa como un chico cuando quiere saber cómo nació o cuando señala con el dedo un lunar desagradable en la cara del que tiene enfrente.
Así, cuando necesita la presencia de un guardavidas acude al mismísimo David Hasselhoff (otras, posiblemente hubieran mostrado a algún crustáceo sexy con malla roja corriendo en ralenti a la orilla del mar y con la musiquita de Baywatch de fondo subrayando).
Pero lo más importante es que Bob Esponja no se ríe de los chicos ni de sus desventuras. Se ríe -diría el mismísimo Bob- al lado de ellos.
Agustina Larrea.
ESTRENOS
Puntaje: 8
Bob y Patricio son chicos. Ni esos ñoños sabelotodo que parecen viejos y participan en programas de preguntas y respuestas en televisión, ni esos grandulones que todavía se visten en Cheeky.
Bob Esponja es una película para chicos. Ni esas tonterías con guiños para padres (y con la clara intención mercantil de atraer a las salas a la mayor cantidad de público) ni un dibujo animado para adultos.
Por eso, tanto el protagonista como la película se permiten ser torpes, frescos, escatológicos, libres. Pero en ningún momento inocentes: Bob tiene muy claro que merece un ascenso en su trabajo -el amague del final es una clara muestra- y la película jamás cree en el cliché de la ingenuidad infantil ni en su nobleza per sé. (Si Bob es noble, en todo caso, es porque se esfuerza mientras que el villano Plankton quiere dominar a todos).
Bob Esponja no es una más del subgénero "animación bajo el mar", como sí lo era, por citar un ejemplo reciente, la insufrible El Espantatiburones. Porque no acude al sobrexplotado mundo de las citas al universo pop, ni a ningún abuso de poses cancheras. Bob Esponja es tan directa como un chico cuando quiere saber cómo nació o cuando señala con el dedo un lunar desagradable en la cara del que tiene enfrente.
Así, cuando necesita la presencia de un guardavidas acude al mismísimo David Hasselhoff (otras, posiblemente hubieran mostrado a algún crustáceo sexy con malla roja corriendo en ralenti a la orilla del mar y con la musiquita de Baywatch de fondo subrayando).
Pero lo más importante es que Bob Esponja no se ríe de los chicos ni de sus desventuras. Se ríe -diría el mismísimo Bob- al lado de ellos.
Agustina Larrea.
lunes, enero 17, 2005
Top 5: discos internacionales
Juan P. Martínez:
1- American Idiot - Green Day
2- Smile - Brian Wilson
3- Living Things - Matthew Sweet
4- What Will The Neighbours Say? - Girls Aloud
5- Want Two - Rufus Wainwright
Runner-up Top Five: 1- Scissor Sisters - Scissor Sisters / 2- Speak - Lindsay Lohan / 3-You Are The Quarry - Morrissey / 4- Home - Chiara Mastroianni & Benjamin Biolay / 5- Barenaked For The Holidays - Barenaked Ladies
Peor: Democrazy - Damon Albarn
Juan Manuel Dominguez:
1- Smile- Brian Wilson
2- You Are The Quarry - Morrisey
3- From A Basement On The Hill - Elliott Smith
4- American idiot - Green Day
5- To The 5 Boroughs - Beastie Boys
Agustina Larrea:
Discos Internacionales
1- La banda de sonido de Perdidos en Tokio
2- Home (Benjamin Biolay y Chiara Mastroianni)
3- Scissor Sisters (Scissor Sisters)
4- American Idiot (Green Day)
5- A Ghost is born (Wilco)
Peor: No voto. Prefiero un "llego tarde": Todo The Postal Service
Sebastián Nuñez:
1- Modest Mouse: Good news for people who love bad news.
2- The Beta Band: Heroes to zeroes
3- Elliott Smith: From a basement on the hill
4- Wilco: A ghost is born
5- The Streets: A grand don´t come for free
El peor: U2: How to Dismantle an Atomic Bomb
Guido Segal:
1- Wilco - a ghost is born
2- Franz Ferdinand - idem
3- Brian Wilson - Smile
4- Pj Harvey - Uh Huh Her
5-The killers, Hot Fuss
Bonus Tracks: Keane - Hopes and Fears, Twentysomething - Jamie Cullum
Agustín Masaedo:
1- From A Basement In A Hill (Elliott Smith)
2- Smile (Brian Wilson)
3- Scissor Sisters (Scissor Sisters)
4- Want Two (Rufus Wainwright)
5- Chutes Too Narrow (The Shins)
Naza Chong:
1- The Streets - A Grand Don't Come for Free
2- DFA Compilation #2
3- Migala - La increible aventura
4- Destroyer - Your Blues
5- Death in Vegas - Satan's Circus
otros: Morrissey, Shields, Deerhoof, Ian Brown, Har Mar, Courtney, Igloo, Kings of Convenience, Jens Lekman, Black Dice, Chromeo, Luna, Cyann & Ben, Magnetic Fields, !!!, The Cure, The Fiery Furnaces, Le Tigre, The Earlies, Cola Jet Set, Echo Is Your Love, Beastie Boys, John Squire, Camera Obscura, Xiu Xiu, etc.
Peores: U2 (siempre), Franz Ferdinand, Keane, Nouvelle Vague, Chiara & Ben y muchas otras decepciones.
1- American Idiot - Green Day
2- Smile - Brian Wilson
3- Living Things - Matthew Sweet
4- What Will The Neighbours Say? - Girls Aloud
5- Want Two - Rufus Wainwright
Runner-up Top Five: 1- Scissor Sisters - Scissor Sisters / 2- Speak - Lindsay Lohan / 3-You Are The Quarry - Morrissey / 4- Home - Chiara Mastroianni & Benjamin Biolay / 5- Barenaked For The Holidays - Barenaked Ladies
Peor: Democrazy - Damon Albarn
Juan Manuel Dominguez:
1- Smile- Brian Wilson
2- You Are The Quarry - Morrisey
3- From A Basement On The Hill - Elliott Smith
4- American idiot - Green Day
5- To The 5 Boroughs - Beastie Boys
Agustina Larrea:
Discos Internacionales
1- La banda de sonido de Perdidos en Tokio
2- Home (Benjamin Biolay y Chiara Mastroianni)
3- Scissor Sisters (Scissor Sisters)
4- American Idiot (Green Day)
5- A Ghost is born (Wilco)
Peor: No voto. Prefiero un "llego tarde": Todo The Postal Service
Sebastián Nuñez:
1- Modest Mouse: Good news for people who love bad news.
2- The Beta Band: Heroes to zeroes
3- Elliott Smith: From a basement on the hill
4- Wilco: A ghost is born
5- The Streets: A grand don´t come for free
El peor: U2: How to Dismantle an Atomic Bomb
Guido Segal:
1- Wilco - a ghost is born
2- Franz Ferdinand - idem
3- Brian Wilson - Smile
4- Pj Harvey - Uh Huh Her
5-The killers, Hot Fuss
Bonus Tracks: Keane - Hopes and Fears, Twentysomething - Jamie Cullum
Agustín Masaedo:
1- From A Basement In A Hill (Elliott Smith)
2- Smile (Brian Wilson)
3- Scissor Sisters (Scissor Sisters)
4- Want Two (Rufus Wainwright)
5- Chutes Too Narrow (The Shins)
Naza Chong:
1- The Streets - A Grand Don't Come for Free
2- DFA Compilation #2
3- Migala - La increible aventura
4- Destroyer - Your Blues
5- Death in Vegas - Satan's Circus
otros: Morrissey, Shields, Deerhoof, Ian Brown, Har Mar, Courtney, Igloo, Kings of Convenience, Jens Lekman, Black Dice, Chromeo, Luna, Cyann & Ben, Magnetic Fields, !!!, The Cure, The Fiery Furnaces, Le Tigre, The Earlies, Cola Jet Set, Echo Is Your Love, Beastie Boys, John Squire, Camera Obscura, Xiu Xiu, etc.
Peores: U2 (siempre), Franz Ferdinand, Keane, Nouvelle Vague, Chiara & Ben y muchas otras decepciones.
viernes, enero 07, 2005
El consenso reverenciado
El link bajo este párrafo guía a un texto que pudiera parecer hoy anacrónico; en tal sentido, reclama ciertas precisiones. Escrito para Kilómetro 111 por pedido de Emilio Bernini, "El consenso reverenciado" quedó fuera de sumario al momento de entrar a imprenta (la historia que condujo a ello se narra en una separata final). En aquel entonces discutimos con Naza la posibilidad de postearlo en cinequanon, cosa que nunca ocurrió básicamente por mutuo cuelgue. La última entrega de Guido Segal, no obstante, reavivó el asunto, convenciéndome de la vigencia (ya que no actualidad) de la discusión esbozada en él. Esa convicción es hoy mi pretexto para dar a conocer este artículo, el mismo, sin más agregados ni correcciones que una aclaración final sobre sus contingencias editoriales.
Hugo Salas.
Esta nota ha provocado ya la reacción de algunos de los miembros del Consejo de Redacción de Kilómetro 111. Sus declaraciones, al final del artículo.
link al texto completo
jueves, enero 06, 2005
top 5: estrenos
Agustín Masaedo:
1. Escuela de rock
2- Antes del atardecer
3- Como si fuera la primera vez
4- Starsky & Hutch
5- Elefante
Juan P. Martínez:
1- Escuela de Rock (Richard Linklater)
2- Antes del atardecer (Richard Linklater)
3- El amor (primera parte) (Fadel, Máuregui, Mitre, Schnitman)
4- Los guantes mágicos (Martín Rejtman)
5- Como si fuera la primera vez (Peter Segal)
La peor: Luna de Avellaneda (Juan José Campanella)
Leandro Rosensveig:
1- Capitan de mar y guerra
2- Antes del atardecer
3- Perdidos en Tokio
4- Como si fuera la primera vez
5- Elefante
Fabiana Ferraz:
1- Pedidos en Tokio
2- Escuela de rock
3- Antes del atardecer
4- Los guantes mágicos
5- Elefante
Juan Manuel Domínguez:
1- Escuela de Rock
2- Antes del atardecer
3- Spiderman 2
4- Capitan de Mar y Guerra
5- Los guantes magicos
La peor: Luna de Avellaneda
Agustina Larrea:
1- Perdidos en Tokio
2- Los guantes mágicos
3- El amanecer de los muertos
4- El gran pez
5- Antes del atardecer
La peor: La aldea
María Marta Sosa:
1- Antes del atardecer
2- Perdidos en Tokio
3- Escuela de rock
4- Elephant
5- Los guantes mágicos
La peor: Luna de Avellaneda
Sebastián Núñez:
1- Antes del atardecer (Richard Linklater)
2- Elefante (Gus Van Sant)
3- Escuela de rock (Richard Linklater)
4- Perdidos en Tokio (Sofía Coppola)
5- El amanecer de los muertos (Zack Snyde)
La peor: Las invasiones bárbaras (Denys Arcand)
Guido Segal:
1- Antes del atardecer (Richard Linklater)
2- Escuela de rock (Richard Linklater)
3- Elefante (Gus van Sant)
4- Los guantes mágicos (Martin Rejtman)
5- Esplendor americano (Shari Springer Berman y Robert Pulcini)
Bonus tracks: Todo es por amor (Thomas Vinterberg), Colateral (Michael Mann), Los soñadores (Bernardo Bertolucci)
Naza Chong:
1- Antes del atardecer (Richard Linklater)
2- Elefante (Gus Van Sant)
3- 24 Hour Party People o Manchester 1970-1990: La fiesta interminable (Michael Winterbottom)
4- Perdidos en Tokio (Sofia Coppola)
5- Los soñadores (Bernardo Bertolucci)
Varias otras: Los guantes màgicos (Martín Rejtman), Los muertos (Lisandro Alonso), El amor (primera aprte) (Fadel, Maúregui, Mitre, Schnitman), Trelew (Mariana Arruti); Eterno resplandor de una mente sin recuerdos (Michel Gondry), A todo o nada (Mike Leigh), Escuela de rock (Richard Linklater)
booo: La aldea (M. Night Shyamalan); Luna de Avellaneda (JJ Campanella), Las invasiones bárbaras (Denys Arcand), Padre soltero (Kevin Smith), La pasiòn de Cristo (Mel Gibson).
1. Escuela de rock
2- Antes del atardecer
3- Como si fuera la primera vez
4- Starsky & Hutch
5- Elefante
Juan P. Martínez:
1- Escuela de Rock (Richard Linklater)
2- Antes del atardecer (Richard Linklater)
3- El amor (primera parte) (Fadel, Máuregui, Mitre, Schnitman)
4- Los guantes mágicos (Martín Rejtman)
5- Como si fuera la primera vez (Peter Segal)
La peor: Luna de Avellaneda (Juan José Campanella)
Leandro Rosensveig:
1- Capitan de mar y guerra
2- Antes del atardecer
3- Perdidos en Tokio
4- Como si fuera la primera vez
5- Elefante
Fabiana Ferraz:
1- Pedidos en Tokio
2- Escuela de rock
3- Antes del atardecer
4- Los guantes mágicos
5- Elefante
Juan Manuel Domínguez:
1- Escuela de Rock
2- Antes del atardecer
3- Spiderman 2
4- Capitan de Mar y Guerra
5- Los guantes magicos
La peor: Luna de Avellaneda
Agustina Larrea:
1- Perdidos en Tokio
2- Los guantes mágicos
3- El amanecer de los muertos
4- El gran pez
5- Antes del atardecer
La peor: La aldea
María Marta Sosa:
1- Antes del atardecer
2- Perdidos en Tokio
3- Escuela de rock
4- Elephant
5- Los guantes mágicos
La peor: Luna de Avellaneda
Sebastián Núñez:
1- Antes del atardecer (Richard Linklater)
2- Elefante (Gus Van Sant)
3- Escuela de rock (Richard Linklater)
4- Perdidos en Tokio (Sofía Coppola)
5- El amanecer de los muertos (Zack Snyde)
La peor: Las invasiones bárbaras (Denys Arcand)
Guido Segal:
1- Antes del atardecer (Richard Linklater)
2- Escuela de rock (Richard Linklater)
3- Elefante (Gus van Sant)
4- Los guantes mágicos (Martin Rejtman)
5- Esplendor americano (Shari Springer Berman y Robert Pulcini)
Bonus tracks: Todo es por amor (Thomas Vinterberg), Colateral (Michael Mann), Los soñadores (Bernardo Bertolucci)
Naza Chong:
1- Antes del atardecer (Richard Linklater)
2- Elefante (Gus Van Sant)
3- 24 Hour Party People o Manchester 1970-1990: La fiesta interminable (Michael Winterbottom)
4- Perdidos en Tokio (Sofia Coppola)
5- Los soñadores (Bernardo Bertolucci)
Varias otras: Los guantes màgicos (Martín Rejtman), Los muertos (Lisandro Alonso), El amor (primera aprte) (Fadel, Maúregui, Mitre, Schnitman), Trelew (Mariana Arruti); Eterno resplandor de una mente sin recuerdos (Michel Gondry), A todo o nada (Mike Leigh), Escuela de rock (Richard Linklater)
booo: La aldea (M. Night Shyamalan); Luna de Avellaneda (JJ Campanella), Las invasiones bárbaras (Denys Arcand), Padre soltero (Kevin Smith), La pasiòn de Cristo (Mel Gibson).
miércoles, diciembre 29, 2004
Cine perro salchicha o una nueva arma de combate
CAPRICHOS
Es muy difícil luchar contra la opinión popular. Y no me refiero a enfrentarse a ese pensamiento masivo por el simple hecho de oponerse, sino a mostrarse diferente cuando uno realmente siente que esa creencia generalizada es obtusa, simplista o, incluso, equivocada. Tampoco se trata de ser fascista o de proponer ideas totalizadoras. Pero seamos realistas: a veces la sociedad legitima objetos culturales que uno detesta y es muy complicado quedarse de brazos cruzados ante ello. Porque todo ser humano odia y ama, y no es absurdo que quiera expresárselo a quienes lo rodean. El argumento de que el cine es puro entretenimiento y no merece batallas me parece, por ende, una falacia, porque el cine también es un medio de difusión de ideología y los choques ideológicos llevan a guerras, que aún peleadas con palabras, no dejan de ser sangrientas.
¿Por qué traer a colación esta eterna discusión nuevamente? Tengo dos motivos: en primer lugar, haciendo zapping televisivo me topé con Eterna sonrisa de New Jersey, único film de Sorín que no había visto (y lo vi, aún si había detestado todas las películas restantes); en segundo lugar, me enteré que Albertina Carri está terminando su tercera película y ya ha recibido un premio para financiar su cuarto largometraje. Dos generaciones, dos formas diferentes de filmar, el mismo objetivo.
Como bien anunciaba Glauber Rocha hace treinta años en su manifiesto intitulado "La estética del hambre", los cineastas latinoamericanos tienen una notoria tendencia a filmar una realidad regional pintoresca y atractiva para que los jurados festivaleros europeos loen sus películas. Es alarmante cómo las palabras de Glauber conservan su vigencia hoy, especialmente en los dos directores citados. Porque Sorín hace un cine asquerosamente demagógico, se autoproclama el representante de la "gente verdadera", como si los pobres, feos que viven en la mitad de la nada fueran gente más sensible y noble. Ni el más rancio neorrealismo de De Sica proponía esto. Que tanto Historias mínimas como El perro sean aclamadas por crítica y público me produce una ira desmedida, sin decir que además me llena de tristeza.
El caso de Carri no es menos urticante. Y no sólo porque Los rubios es una película que pretende ser comprometida pero se queda en el egocentrismo. Su propuesta formal es arbitraria, "moderna" (en el sentido más vacío de la palabra) y se apoya en un tema "serio" para proponer un pastiche mal filmado, mal articulado y terriblemente tedioso. Lo que complica aún más a Albertina es que ella se asume como miembro de la generación que se opone al cine que la generación de Sorín proponía, pero es más de lo mismo, filmando a la dictadura y sus secuelas complacientemente para que el público europeo se regocije. También comete el desliz de colocarse en plano constantemente y colgar el cartel de "una película de", como si fuera Godard o Fellini, pero sin haberse ganado el nombre.
No intentaré hacer el anacronismo de Solanas y Gettino, al proponer un tercer cine, o una nueva vía. Pero sí puedo decir lo que me gustaría que ocurriera. Si el crítico Manny Farber se lanzó a hablar del "Arte Termita", ese que abre las fronteras y se "come" los límites, oponiéndose al "Arte Elefante Blanco", yo haré mi propia categoría. Abogo por un "Cine Perro Salchicha": este can, tan difundido como mascota, es utilizado en el terreno de la caza para atacar a los jabalíes en los testículos, distrayéndolos para que el cazador pueda dispararles.
Un Cine Perro Salchicha debe desmitificar esa imagen fácil y falsa de Latinoamérica y mostrar que acá también hay gente de clase media y alta que no es corrupta, demagógica o criminal. Acá en el Sur, como en todos lados, hay ricos miserables y ricos dignos, pobres gentiles y pobres asesinos. Es hora de frenar esa representación parcial de la sociedad y de recurrir siempre a los mismos tópicos, esos que afuera se venden tan bien: la pobreza, la marginalidad, la represión, la criminalidad. El Cine Perro Salchicha debe lanzarse a ficciones variadas, abrirse a los géneros, romper los estereotipos. Debe ser libre, sin restricciones, sin prejuicios. No debe pensar en el público ni en los festivales, sino que debe ser fiel a sí mismo, a sus creadores, al placer de hacer y de ver cine. El Cine Perro Salchicha debe ser una bestia mitológica que se come todo lo que se le enfrente y no debe ser reducido jamás a un par de normas banales y dogmáticas.
No pretendo hacer una revolución, pero sí expresar lo que deseo. Y no es un deseo ingenuo, o aislado, sino un plan a futuro. Como crítico o como cineasta, no hay forma que me canse de enfrentar a lo que odio, a lo que detesto y a lo que creo que hay que desterrar. Sin movimientos, sin escuelas y sin miramientos, con la cámara en mano o con la palabra siempre ardiente, poniendo la cara ante tanta mierda galardonada.
Guido Segal.
Otra mirada sobre Los rubios, esta vez por Hugo Salas, que se empieza a leer acá.
Es muy difícil luchar contra la opinión popular. Y no me refiero a enfrentarse a ese pensamiento masivo por el simple hecho de oponerse, sino a mostrarse diferente cuando uno realmente siente que esa creencia generalizada es obtusa, simplista o, incluso, equivocada. Tampoco se trata de ser fascista o de proponer ideas totalizadoras. Pero seamos realistas: a veces la sociedad legitima objetos culturales que uno detesta y es muy complicado quedarse de brazos cruzados ante ello. Porque todo ser humano odia y ama, y no es absurdo que quiera expresárselo a quienes lo rodean. El argumento de que el cine es puro entretenimiento y no merece batallas me parece, por ende, una falacia, porque el cine también es un medio de difusión de ideología y los choques ideológicos llevan a guerras, que aún peleadas con palabras, no dejan de ser sangrientas.
¿Por qué traer a colación esta eterna discusión nuevamente? Tengo dos motivos: en primer lugar, haciendo zapping televisivo me topé con Eterna sonrisa de New Jersey, único film de Sorín que no había visto (y lo vi, aún si había detestado todas las películas restantes); en segundo lugar, me enteré que Albertina Carri está terminando su tercera película y ya ha recibido un premio para financiar su cuarto largometraje. Dos generaciones, dos formas diferentes de filmar, el mismo objetivo.
Como bien anunciaba Glauber Rocha hace treinta años en su manifiesto intitulado "La estética del hambre", los cineastas latinoamericanos tienen una notoria tendencia a filmar una realidad regional pintoresca y atractiva para que los jurados festivaleros europeos loen sus películas. Es alarmante cómo las palabras de Glauber conservan su vigencia hoy, especialmente en los dos directores citados. Porque Sorín hace un cine asquerosamente demagógico, se autoproclama el representante de la "gente verdadera", como si los pobres, feos que viven en la mitad de la nada fueran gente más sensible y noble. Ni el más rancio neorrealismo de De Sica proponía esto. Que tanto Historias mínimas como El perro sean aclamadas por crítica y público me produce una ira desmedida, sin decir que además me llena de tristeza.
El caso de Carri no es menos urticante. Y no sólo porque Los rubios es una película que pretende ser comprometida pero se queda en el egocentrismo. Su propuesta formal es arbitraria, "moderna" (en el sentido más vacío de la palabra) y se apoya en un tema "serio" para proponer un pastiche mal filmado, mal articulado y terriblemente tedioso. Lo que complica aún más a Albertina es que ella se asume como miembro de la generación que se opone al cine que la generación de Sorín proponía, pero es más de lo mismo, filmando a la dictadura y sus secuelas complacientemente para que el público europeo se regocije. También comete el desliz de colocarse en plano constantemente y colgar el cartel de "una película de", como si fuera Godard o Fellini, pero sin haberse ganado el nombre.
No intentaré hacer el anacronismo de Solanas y Gettino, al proponer un tercer cine, o una nueva vía. Pero sí puedo decir lo que me gustaría que ocurriera. Si el crítico Manny Farber se lanzó a hablar del "Arte Termita", ese que abre las fronteras y se "come" los límites, oponiéndose al "Arte Elefante Blanco", yo haré mi propia categoría. Abogo por un "Cine Perro Salchicha": este can, tan difundido como mascota, es utilizado en el terreno de la caza para atacar a los jabalíes en los testículos, distrayéndolos para que el cazador pueda dispararles.
Un Cine Perro Salchicha debe desmitificar esa imagen fácil y falsa de Latinoamérica y mostrar que acá también hay gente de clase media y alta que no es corrupta, demagógica o criminal. Acá en el Sur, como en todos lados, hay ricos miserables y ricos dignos, pobres gentiles y pobres asesinos. Es hora de frenar esa representación parcial de la sociedad y de recurrir siempre a los mismos tópicos, esos que afuera se venden tan bien: la pobreza, la marginalidad, la represión, la criminalidad. El Cine Perro Salchicha debe lanzarse a ficciones variadas, abrirse a los géneros, romper los estereotipos. Debe ser libre, sin restricciones, sin prejuicios. No debe pensar en el público ni en los festivales, sino que debe ser fiel a sí mismo, a sus creadores, al placer de hacer y de ver cine. El Cine Perro Salchicha debe ser una bestia mitológica que se come todo lo que se le enfrente y no debe ser reducido jamás a un par de normas banales y dogmáticas.
No pretendo hacer una revolución, pero sí expresar lo que deseo. Y no es un deseo ingenuo, o aislado, sino un plan a futuro. Como crítico o como cineasta, no hay forma que me canse de enfrentar a lo que odio, a lo que detesto y a lo que creo que hay que desterrar. Sin movimientos, sin escuelas y sin miramientos, con la cámara en mano o con la palabra siempre ardiente, poniendo la cara ante tanta mierda galardonada.
Guido Segal.
Otra mirada sobre Los rubios, esta vez por Hugo Salas, que se empieza a leer acá.
domingo, noviembre 28, 2004
Los beneficios del eclecticismo literario
Alfie (Estados Unidos, 2004). Dirigida por Charles Shyer. Con Jude Law, Marisa Tomei, Susan Sarandon, Omar Epps, Sienna Miller.
ESTRENO
Puntaje: 5
Si hay una experiencia interesante que vale la pena hacer frecuentemente es leer varios libros en simultáneo. El asunto se vuelve aún más rico en matices si ambos libros son tan contrastados, tan radicalmente opuestos en sus perspectivas, que nos obligan a una confrontación interna. Un tercer elemento jugoso se presenta si nos enfrentamos a un objeto cultural, en este caso una película, con esa contienda de intereses en mente.
El postulado de Harold Bloom en El canon occidental es bastante conservador, incluso reaccionario. Su idea central se basa en defender al conjunto de autores canonizados por la enseñanza académica, entronizando a Shakespeare como centro del canon, de los ataques de aquellos grupos a los que Bloom llama "las nuevas críticas literarias": las feministas, los afroamericanos, los homosexuales, los seguidores de Foucault, etc. Estas nuevas posturas defenestran al canon por su ausencia de representatividad de estas minorías a través de la historia, a lo cual Bloom responde que si la historia se dio así, de nada sirve buscarle la quinta pata al gato.
En una vereda absolutamente opuesta, Jack Kerouac elabora en Los Vagabundos del Dharma una extraordinaria reflexión zen, una oda a todas las cosas y a todas las personas, casi una guía de como estar en paz con el universo. Kerouac es lo exactamente opuesto a Bloom, se muestra tolerante, espiritual y abierto a todos y a todo.
No puedo evitar, por lo tanto, interpretar a Alfie desde esas dos veredas. Porque si bien esta remake (no pretendo hablar en absoluto de la versión orginal, a la cual le tengo mucho cariño) arranca como esperamos, con un mujeriego empedernido y juguetón, lentamente va cayendo en esa moralina y ese juicio social tan característicos de estos tiempos cuasi medievales, en lo que respecta al intelecto. Podría hablar de la pobreza de ideas de la película, pero tengo la impresión de que esta falla mencionada tiene sus pilares en cuestiones extracinematográficas, y apelo por ende a Bloom. Si Alfie abandona su pose machista, si deja embarazada a una mujer negra, si en la película deambulan asiáticos y latinos estereotipados; en pocas palabras, si el hombre blanco y exitoso sucumbe ante el avance de los grupos sociales, se debe a la ridícula presión que estas minorías ejercen sobre la Historia, buscando introducir en ella a la fuerza elementos que no le corresponden.
No pretendo criticar las decisiones estéticas de la película, que de hecho me parecen muy acertadas, tanto desde el diseño de producción (con esos toques de color que aportan los carteles en la calle que dicen "Deseo" o "Zero), como desde los procesos de revelado de la película, sea el salto de bleach (proceso por el cual se blanquea la imagen y se hace más contrastada), utilizado cuando Alfie sufre por su salud, o el cross-processing, que incrementa la intensidad de los colores a un nivel artificial y se usa para retratar recuerdos felices.
Mi reproche es contenidista, directamente ideológico. ¿Por qué un mujeriego empedernido debería dejar de serlo? Si lo rodean modelos y jovencitas adorables, ¿Qué puede hacer que quiera ser padre, esposo y buen ciudadano? Respuesta: la sociedad y su moral judeo-cristiana. El error de la película es dejarse llevar por ella (cosa que en la versión de Michael Caine no ocurría) y no tener las agallas para hablar del aborto, de la infidelidad justificada o de la hipocresía moderna.
Aparece en ese momento Kerouac y su visión budista, que me relaja, me abstrae, me lleva a buscar lo bueno y bonito. Y mi crítica hacia el film se aliviana, porque Marisa Tomei está tan extraordinariamente hermosa y adorable como siempre, porque Nueva York en otoño tiene un espléndido color ocre y porque en más de un momento el galancete de Jude Law me roba una sonrisa. A fin de cuentas, hay algo que aprender de cada experiencia humana y aún las películas limitadas pueden entregar, cada tanto, algo para recordar.
Guido Segal.
ESTRENO
Puntaje: 5
Si hay una experiencia interesante que vale la pena hacer frecuentemente es leer varios libros en simultáneo. El asunto se vuelve aún más rico en matices si ambos libros son tan contrastados, tan radicalmente opuestos en sus perspectivas, que nos obligan a una confrontación interna. Un tercer elemento jugoso se presenta si nos enfrentamos a un objeto cultural, en este caso una película, con esa contienda de intereses en mente.
El postulado de Harold Bloom en El canon occidental es bastante conservador, incluso reaccionario. Su idea central se basa en defender al conjunto de autores canonizados por la enseñanza académica, entronizando a Shakespeare como centro del canon, de los ataques de aquellos grupos a los que Bloom llama "las nuevas críticas literarias": las feministas, los afroamericanos, los homosexuales, los seguidores de Foucault, etc. Estas nuevas posturas defenestran al canon por su ausencia de representatividad de estas minorías a través de la historia, a lo cual Bloom responde que si la historia se dio así, de nada sirve buscarle la quinta pata al gato.
En una vereda absolutamente opuesta, Jack Kerouac elabora en Los Vagabundos del Dharma una extraordinaria reflexión zen, una oda a todas las cosas y a todas las personas, casi una guía de como estar en paz con el universo. Kerouac es lo exactamente opuesto a Bloom, se muestra tolerante, espiritual y abierto a todos y a todo.
No puedo evitar, por lo tanto, interpretar a Alfie desde esas dos veredas. Porque si bien esta remake (no pretendo hablar en absoluto de la versión orginal, a la cual le tengo mucho cariño) arranca como esperamos, con un mujeriego empedernido y juguetón, lentamente va cayendo en esa moralina y ese juicio social tan característicos de estos tiempos cuasi medievales, en lo que respecta al intelecto. Podría hablar de la pobreza de ideas de la película, pero tengo la impresión de que esta falla mencionada tiene sus pilares en cuestiones extracinematográficas, y apelo por ende a Bloom. Si Alfie abandona su pose machista, si deja embarazada a una mujer negra, si en la película deambulan asiáticos y latinos estereotipados; en pocas palabras, si el hombre blanco y exitoso sucumbe ante el avance de los grupos sociales, se debe a la ridícula presión que estas minorías ejercen sobre la Historia, buscando introducir en ella a la fuerza elementos que no le corresponden.
No pretendo criticar las decisiones estéticas de la película, que de hecho me parecen muy acertadas, tanto desde el diseño de producción (con esos toques de color que aportan los carteles en la calle que dicen "Deseo" o "Zero), como desde los procesos de revelado de la película, sea el salto de bleach (proceso por el cual se blanquea la imagen y se hace más contrastada), utilizado cuando Alfie sufre por su salud, o el cross-processing, que incrementa la intensidad de los colores a un nivel artificial y se usa para retratar recuerdos felices.
Mi reproche es contenidista, directamente ideológico. ¿Por qué un mujeriego empedernido debería dejar de serlo? Si lo rodean modelos y jovencitas adorables, ¿Qué puede hacer que quiera ser padre, esposo y buen ciudadano? Respuesta: la sociedad y su moral judeo-cristiana. El error de la película es dejarse llevar por ella (cosa que en la versión de Michael Caine no ocurría) y no tener las agallas para hablar del aborto, de la infidelidad justificada o de la hipocresía moderna.
Aparece en ese momento Kerouac y su visión budista, que me relaja, me abstrae, me lleva a buscar lo bueno y bonito. Y mi crítica hacia el film se aliviana, porque Marisa Tomei está tan extraordinariamente hermosa y adorable como siempre, porque Nueva York en otoño tiene un espléndido color ocre y porque en más de un momento el galancete de Jude Law me roba una sonrisa. A fin de cuentas, hay algo que aprender de cada experiencia humana y aún las películas limitadas pueden entregar, cada tanto, algo para recordar.
Guido Segal.
miércoles, noviembre 24, 2004
El homogenio heterogéneo
Rufus Wainwright - Want Two, Dreamworks Records, 2004. Producido por Marius DeVries.
DISCOS
Puntaje: 10
Ya es un hecho, este tipo no puede hacer nada que no sea excelente. Esta secuela de su disco Want One del año pasado tal vez no llegue a los niveles de perfección de aquel álbum -algo harto difícil, hay que decir-, pero vuelve a demostrar que Rufus es uno de los músicos más sorprendentes surgidos en los últimos años. Y acá está más puto que nunca, abriendo el disco con una sinfonía realmente "jevi", Agnus Dei, cantada en latín e incluyendo una canción entitulada Gay Messiah donde dice "Entonces él renacerá, del porno de los 70, usando medias tubo con estilo, y una sonrisa tan inocente. Rezá por tus pecados, porque el mesías gay está llegando. (...) No, no seré yo, Yo seré Rufus el bautista, No, yo no seré el que esté bautizado en guasca", y en el camino hace que el uso de la palabra "guasca" (cum) resulte emocionante.
El punto más alto de todo el disco es Little Sister, que mi poco entrenado oido clásico me dice que se parece mucho a algo de Beethoven -y pido disculpas si esto termina siendo completamente erróneo- pero con el agregado de aquella inimitable voz que tiene Rufus. Como suele ocurrir con los discos de este señor, Want Two es un menjunje de géneros que van desde dichas sinfonías hasta rock-poppitos como The One You Love, pasando por un increible Hometown Waltz con banjos y acordeones y cerrando con una cosa muy extraña para él llamada Old Whore's Diet, suerte de ¿bossa nova? al palo que al rato muta en la etapa Smile de los Beach Boys -con arreglos del mismísimo Van Dyke Parks- y que dura 9 minutos.
Ciertos momentos de Want Two, como aquel en el que el antedicho Agnus Dei explota o en la segunda parte de Memphis Skyline, parecen sacados de un film de Walt Disney de los 40. Y a nadie que haya escuchado a Rufus le extrañaría que se haya inspirado en eso, porque asi es Rufus, siempre robando de todo el cine de esa época, de la ópera, de la música clásica, de Brian Wilson y de todos lados, haciéndolo suyo y haciendo historia.
Juan P. Martínez.
DISCOS
Puntaje: 10
Ya es un hecho, este tipo no puede hacer nada que no sea excelente. Esta secuela de su disco Want One del año pasado tal vez no llegue a los niveles de perfección de aquel álbum -algo harto difícil, hay que decir-, pero vuelve a demostrar que Rufus es uno de los músicos más sorprendentes surgidos en los últimos años. Y acá está más puto que nunca, abriendo el disco con una sinfonía realmente "jevi", Agnus Dei, cantada en latín e incluyendo una canción entitulada Gay Messiah donde dice "Entonces él renacerá, del porno de los 70, usando medias tubo con estilo, y una sonrisa tan inocente. Rezá por tus pecados, porque el mesías gay está llegando. (...) No, no seré yo, Yo seré Rufus el bautista, No, yo no seré el que esté bautizado en guasca", y en el camino hace que el uso de la palabra "guasca" (cum) resulte emocionante.
El punto más alto de todo el disco es Little Sister, que mi poco entrenado oido clásico me dice que se parece mucho a algo de Beethoven -y pido disculpas si esto termina siendo completamente erróneo- pero con el agregado de aquella inimitable voz que tiene Rufus. Como suele ocurrir con los discos de este señor, Want Two es un menjunje de géneros que van desde dichas sinfonías hasta rock-poppitos como The One You Love, pasando por un increible Hometown Waltz con banjos y acordeones y cerrando con una cosa muy extraña para él llamada Old Whore's Diet, suerte de ¿bossa nova? al palo que al rato muta en la etapa Smile de los Beach Boys -con arreglos del mismísimo Van Dyke Parks- y que dura 9 minutos.
Ciertos momentos de Want Two, como aquel en el que el antedicho Agnus Dei explota o en la segunda parte de Memphis Skyline, parecen sacados de un film de Walt Disney de los 40. Y a nadie que haya escuchado a Rufus le extrañaría que se haya inspirado en eso, porque asi es Rufus, siempre robando de todo el cine de esa época, de la ópera, de la música clásica, de Brian Wilson y de todos lados, haciéndolo suyo y haciendo historia.
Juan P. Martínez.
jueves, noviembre 18, 2004
Profesores pop
Miranda! Sin restricciones - Secsy Discos. 2004
DISCOS
Puntaje: 10
Desfachatados y súper conscientes de esa actitud, los ilimitados Miranda! se desmarcan con/Sin Restricciones. Un movimiento similar al de los -desfachatados mayores- Babasónicos y su última creación Infame. Pero más extremo y apostando aún más a la voluptuosidad como medio. Lo que se asomaba tímidamente en temas como Romix! del predecesor Es mentira, acá sale a la luz con toda la potencia. Y con una sensualidad única para contar historias de esas bajas, impúdicas, básicas, mil veces transitadas. Raras y encendidas.
Sin restricciones contiene doce canciones-himnos: las hay adictivas, luminosas, chanchas e híperbailables. Todas con algo en común: las mejores letras de producción vernácula reciente (la antológica "es un solo, es la guitarra de Lolo", "vos me llamás a cualquier hora y yo me baño y voy directo a tu casa" o el "cerdo picarón" del futuro hit incomprendido El profe son apenas muestras).
Tampoco se privan de gemidos, coritos (que dan muestras del excelente estado vocal de los integrantes del grupo) y hasta chasquidos de dedos como aderezos de este sándwich -¿por qué no?- grasoso y terriblemente amoroso.
Estos profesores pop quieren enseñarle a sus alumnos para que gocen, como dicen ellos, con las cosas más sucias de un modo elegante..
Agustina Larrea.
DISCOS
Puntaje: 10
Desfachatados y súper conscientes de esa actitud, los ilimitados Miranda! se desmarcan con/Sin Restricciones. Un movimiento similar al de los -desfachatados mayores- Babasónicos y su última creación Infame. Pero más extremo y apostando aún más a la voluptuosidad como medio. Lo que se asomaba tímidamente en temas como Romix! del predecesor Es mentira, acá sale a la luz con toda la potencia. Y con una sensualidad única para contar historias de esas bajas, impúdicas, básicas, mil veces transitadas. Raras y encendidas.
Sin restricciones contiene doce canciones-himnos: las hay adictivas, luminosas, chanchas e híperbailables. Todas con algo en común: las mejores letras de producción vernácula reciente (la antológica "es un solo, es la guitarra de Lolo", "vos me llamás a cualquier hora y yo me baño y voy directo a tu casa" o el "cerdo picarón" del futuro hit incomprendido El profe son apenas muestras).
Tampoco se privan de gemidos, coritos (que dan muestras del excelente estado vocal de los integrantes del grupo) y hasta chasquidos de dedos como aderezos de este sándwich -¿por qué no?- grasoso y terriblemente amoroso.
Estos profesores pop quieren enseñarle a sus alumnos para que gocen, como dicen ellos, con las cosas más sucias de un modo elegante..
Agustina Larrea.
viernes, noviembre 12, 2004
El hombre hojalata contra los robots
Capitán Sky y el mundo del mañana (Sky Captain and the World of Tomorrow, Estados Unidos, 2004). Dirigida por Kerry Conran. Con Jude Law, Gwyneth Paltrow, Anjelina Jolie, Lawrence Olivier, Giovanni Rivisi.
ESTRENO
Puntaje: 4
No sé si los caleidoscopios estuvieron de moda en algún momento. Supongo (y hasta espero) que no. Hoy no son dispositivos-amigos, pero admito que tuve mi época caleidoscópica (por suerte, nunca tiré palitos en fogones) y quien quiera tomarse el trabajo de revisar alguno de mis cajones, todavía encontrará un par. Sí, en algún momento coleccioné caleidoscopios. Y lo digo. Hoy cursis, jipis e inútiles, otrora me resultaban nobles, lisérgicos, atractivos y sobre todo, simpaticones.
Es vergonzoso (y medio una chantada) comparar una película con un caleidoscopio, pero no me importa nada: que la estructura y el desarrollo de The Big Sleep se asemeja bastante a un caleidoscopio es innegable. Es la vieja idea de cine como "presente continuo" potenciada al máximo. Películas-viajes que se cagan en la causalidad más clásica. Y ahí está Humphrey Bogart recorriendo una trama disparatadísima, repleta de heroínas elegantes y villanos follones y malandrines, coqueteando con mujeres hermosas y cargándose hombres a lo loco. Sí, réquete onírico todo. O Jeff Bridges en El Gran Lebowsky. O Ben Stiller y Jack Black en Envy. Películas que no privilegian la coherencia y la tan laureada verosimilitud. Y que en general, salen airosas y bien paradas.
Todo esto para decir que Capitán Sky y el Mundo del Mañana (y en realidad, casi todas las películas de aventuras) se inscriben en esta tradición de películas-viaje o películas-caleidoscopio. Las imágenes, los colores y las formas se suceden perpetuamente e importan tanto más que todo lo demás. En esta peli tenemos, como corresponde, una infinidad de paisajes, de muy diversos talles: nevados, pantanosos, desolados, urbanos, aéreos, marinos, opacos, brillantes, coloridos, habitados todos (menos los desolados, claro) por un largo etcétera de seres y máquinas: criaturas prehistóricas, animales en miniatura, robots enormes, robots no tan enormes, máquinas que parecen robots y más y más y más. También tenemos transiciones y sobreimpresiones sofisticadas (o "sofisticadas", como gusten), un montaje rapidísimo, gran inventiva y pirotecnia visual, todo muy refinado (mucha textura digital, plana y desmatizada). Todo es acumulación. ¿Y funciona? Esta vez no. ¿Por qué? Porque tenemos A pero no tenemos B. Los héroes son prepotentes y de lo más ñoños (comparar a Jude Law con Humphrey Bogart o Jeff Brdges), no tienen debilidades (todo héroe, se sabe, tiene que tener su talón de Aquiles), la pareja protagónica está pintada -o digitalizada, ja- (el caso es que ni pincha ni corta), no se entiende qué poder tiene cada personaje ni cada máquina, el poco sentido del humor (otro elemento indispensable en las de aventura) es ma-lí-si-mo. Por momentos, la película busca (y no encuentra) que nos interesemos por el pasado de los protagonistas, demostrando que lo del "presente continuo" era involuntario. Ni siquiera conocemos el plan del villano hasta el final (y eso de conquistar o destruir el mundo, a esta altura del partido, is not good enough). Sobrecargada y excesiva como Matrix, descaradamente exhibicionista como El Señor de los Anillos, muy muy lejos (a pesar de las citas) de El Mago de Oz, Capitán Sky y el Mundo del Mañana tira para todos lados, a ver si emboca una. Y lo logra: emboca una. Pero erra todas las demás.
Ezequiel Schmoller.
ESTRENO
Puntaje: 4
No sé si los caleidoscopios estuvieron de moda en algún momento. Supongo (y hasta espero) que no. Hoy no son dispositivos-amigos, pero admito que tuve mi época caleidoscópica (por suerte, nunca tiré palitos en fogones) y quien quiera tomarse el trabajo de revisar alguno de mis cajones, todavía encontrará un par. Sí, en algún momento coleccioné caleidoscopios. Y lo digo. Hoy cursis, jipis e inútiles, otrora me resultaban nobles, lisérgicos, atractivos y sobre todo, simpaticones.
Es vergonzoso (y medio una chantada) comparar una película con un caleidoscopio, pero no me importa nada: que la estructura y el desarrollo de The Big Sleep se asemeja bastante a un caleidoscopio es innegable. Es la vieja idea de cine como "presente continuo" potenciada al máximo. Películas-viajes que se cagan en la causalidad más clásica. Y ahí está Humphrey Bogart recorriendo una trama disparatadísima, repleta de heroínas elegantes y villanos follones y malandrines, coqueteando con mujeres hermosas y cargándose hombres a lo loco. Sí, réquete onírico todo. O Jeff Bridges en El Gran Lebowsky. O Ben Stiller y Jack Black en Envy. Películas que no privilegian la coherencia y la tan laureada verosimilitud. Y que en general, salen airosas y bien paradas.
Todo esto para decir que Capitán Sky y el Mundo del Mañana (y en realidad, casi todas las películas de aventuras) se inscriben en esta tradición de películas-viaje o películas-caleidoscopio. Las imágenes, los colores y las formas se suceden perpetuamente e importan tanto más que todo lo demás. En esta peli tenemos, como corresponde, una infinidad de paisajes, de muy diversos talles: nevados, pantanosos, desolados, urbanos, aéreos, marinos, opacos, brillantes, coloridos, habitados todos (menos los desolados, claro) por un largo etcétera de seres y máquinas: criaturas prehistóricas, animales en miniatura, robots enormes, robots no tan enormes, máquinas que parecen robots y más y más y más. También tenemos transiciones y sobreimpresiones sofisticadas (o "sofisticadas", como gusten), un montaje rapidísimo, gran inventiva y pirotecnia visual, todo muy refinado (mucha textura digital, plana y desmatizada). Todo es acumulación. ¿Y funciona? Esta vez no. ¿Por qué? Porque tenemos A pero no tenemos B. Los héroes son prepotentes y de lo más ñoños (comparar a Jude Law con Humphrey Bogart o Jeff Brdges), no tienen debilidades (todo héroe, se sabe, tiene que tener su talón de Aquiles), la pareja protagónica está pintada -o digitalizada, ja- (el caso es que ni pincha ni corta), no se entiende qué poder tiene cada personaje ni cada máquina, el poco sentido del humor (otro elemento indispensable en las de aventura) es ma-lí-si-mo. Por momentos, la película busca (y no encuentra) que nos interesemos por el pasado de los protagonistas, demostrando que lo del "presente continuo" era involuntario. Ni siquiera conocemos el plan del villano hasta el final (y eso de conquistar o destruir el mundo, a esta altura del partido, is not good enough). Sobrecargada y excesiva como Matrix, descaradamente exhibicionista como El Señor de los Anillos, muy muy lejos (a pesar de las citas) de El Mago de Oz, Capitán Sky y el Mundo del Mañana tira para todos lados, a ver si emboca una. Y lo logra: emboca una. Pero erra todas las demás.
Ezequiel Schmoller.
lunes, noviembre 08, 2004
Infame
Carne (Argentina, 1996). Dirigido por Federico Sandoval (a.k.a. Don Nadie). cortometraje. Puede verse en www.solocortos.com
CAPRICHOS
Puntaje: 1.
Motrar cuerpos mutilados en un film gore, además de ser inevitable si uno quiere ser encasillado en aquel subgénero, puede resultar muy divertido. Hacerlo en un film no genérico es algo más complicado, ya que depende mucho de cómo se lo muestre y con qué excusa (travelling de Kapó, anyone?). Mostrar, estetizar, hacer planos detalle y regodearse con cuerpos mutilados reales en un documental es sencillamente criminal. Carne hace todo esto último, y lo intercala con planos architrillados de Cristo y del sacrificio de un gallo, además de televisivísimas entrevistas a cámara a trabajadores de morgues y estudiantes de medicina, una de las cuales es el colmo de los colmos ya que uno de los entrevistados cuenta como algo gracioso cómo mientras estaban diseccionando un cuerpo jugaban una guerra de "body parts".
Con un amarillismo sin límites que lo emparienta con cosos como Rostros de la muerte pero en plan pretensioso, este imperdonable ejercicio perpetrado por nuestro commentarista más polémico decalifica todo lo que pueda decir él en sus insoportables comments aparecidos en este blog. Y esto, que podría sonar bastante a ajuste de cuentas, es sólo una base como para hablar de las cosas que dijo este ser en la página de Solo Cortos, donde puede verse el documental y dejar comentarios. Cuando alguien osa hablar mal de su peliculita, el otro, en lugar de escuchar y tomar las críticas como algo positivo, o de directamente ignorar a quienes lo critican sin fundamentos, o de responder con fundamentos, se pone en un pedestal y descalifica a quien lo criticó tratándolo de estúpido. Este acto de absoluta pedantería por parte de un realizador -se me viene a la mente Flavio Nardini despotricando contra quienes no gustaron de su película 76 89 03 en cualquier lugar donde podía- elimina toda posibilidad de debate, que es básicamente para lo que la película parece estar hecha. Asi que Carne no sirve ni siquiera como para abrir un debate acerca de los límites en el cine, de lo que se puede o no mostrar. Para lo único que sirve es para que quien lo vea la pase mal. Pero no mal como uno disfruta pasarla mal en Saló de Pasolini, sino mal porque estamos frente a una película abyecta y sádica, que no dice absolutamente nada sobre nada, que es simplemente una excusa para mostrar cadáveres reales y mórbidas anécdotas con el único fin de "provocar", y que es obra de alguien que piensa que está haciendo "arte elevado" cuando en realidad está haciendo una película de mierda.
Juan P. Martínez.
CAPRICHOS
Puntaje: 1.
Motrar cuerpos mutilados en un film gore, además de ser inevitable si uno quiere ser encasillado en aquel subgénero, puede resultar muy divertido. Hacerlo en un film no genérico es algo más complicado, ya que depende mucho de cómo se lo muestre y con qué excusa (travelling de Kapó, anyone?). Mostrar, estetizar, hacer planos detalle y regodearse con cuerpos mutilados reales en un documental es sencillamente criminal. Carne hace todo esto último, y lo intercala con planos architrillados de Cristo y del sacrificio de un gallo, además de televisivísimas entrevistas a cámara a trabajadores de morgues y estudiantes de medicina, una de las cuales es el colmo de los colmos ya que uno de los entrevistados cuenta como algo gracioso cómo mientras estaban diseccionando un cuerpo jugaban una guerra de "body parts".
Con un amarillismo sin límites que lo emparienta con cosos como Rostros de la muerte pero en plan pretensioso, este imperdonable ejercicio perpetrado por nuestro commentarista más polémico decalifica todo lo que pueda decir él en sus insoportables comments aparecidos en este blog. Y esto, que podría sonar bastante a ajuste de cuentas, es sólo una base como para hablar de las cosas que dijo este ser en la página de Solo Cortos, donde puede verse el documental y dejar comentarios. Cuando alguien osa hablar mal de su peliculita, el otro, en lugar de escuchar y tomar las críticas como algo positivo, o de directamente ignorar a quienes lo critican sin fundamentos, o de responder con fundamentos, se pone en un pedestal y descalifica a quien lo criticó tratándolo de estúpido. Este acto de absoluta pedantería por parte de un realizador -se me viene a la mente Flavio Nardini despotricando contra quienes no gustaron de su película 76 89 03 en cualquier lugar donde podía- elimina toda posibilidad de debate, que es básicamente para lo que la película parece estar hecha. Asi que Carne no sirve ni siquiera como para abrir un debate acerca de los límites en el cine, de lo que se puede o no mostrar. Para lo único que sirve es para que quien lo vea la pase mal. Pero no mal como uno disfruta pasarla mal en Saló de Pasolini, sino mal porque estamos frente a una película abyecta y sádica, que no dice absolutamente nada sobre nada, que es simplemente una excusa para mostrar cadáveres reales y mórbidas anécdotas con el único fin de "provocar", y que es obra de alguien que piensa que está haciendo "arte elevado" cuando en realidad está haciendo una película de mierda.
Juan P. Martínez.
martes, octubre 26, 2004
Lejos del paraíso
El cielito (Argentina / Francia, 2004). Dirigida por María Victoria Menis. Con Leonardo Ramírez, Mónica Lairana, Darío Levy, Rodrigo Silva.
ESTRENO
Puntaje: 5
El cielito es una mermelada (y no "una manteca" que cambiaría drásticamente la connotación untable). Uno de esos dulces frutales que prepara Mercedes (Mónica Lairana) en su para nada celestial chacra litoraleña. Nadie duda de la nobleza de sus intenciones -no es poco en esa góndola plagada de artículos vencidos que es el cine vernáculo- ni de la frescura de sus ingredientes. Por suerte, El cielito carece de cinismo y le hace ahorrar al espectador los momentos empalagosos del cada vez más frecuente costumbrismo mal entendido. Sin embargo, la película oscila, como postre casero que es, entre la simpleza del producto autóctono y la obviedad encandilante de uno for export. Su reciente participación en la competencia oficial del Festival de San Sebastián hizo que varias críticas de afuera vieran en ella una cualidad documental (eso de mostrar, por medio del personaje del bebé Chango, la orfandad y la desprotección en la que vive la población argentina) que es lo menos interesante que tiene. Justamente, la película falla cuando se torna machacona (algún cartel que reza "Primero los niños", Félix se come un Palito de la Selva). Pero en los momentos en que la directora decide explorar la relación entre el protagonista y el bebé y el tedio de la vida en el campo, es cuando destila todo el encanto de lo agridulce. A veces cruda, con altibajos, El cielito parece una mezcla a la que le faltó más tiempo de maceración pero que no deja de descolocar ni de invitar al degustador osado que se anime a probarla.
Agustina Larrea.
ESTRENO
Puntaje: 5
El cielito es una mermelada (y no "una manteca" que cambiaría drásticamente la connotación untable). Uno de esos dulces frutales que prepara Mercedes (Mónica Lairana) en su para nada celestial chacra litoraleña. Nadie duda de la nobleza de sus intenciones -no es poco en esa góndola plagada de artículos vencidos que es el cine vernáculo- ni de la frescura de sus ingredientes. Por suerte, El cielito carece de cinismo y le hace ahorrar al espectador los momentos empalagosos del cada vez más frecuente costumbrismo mal entendido. Sin embargo, la película oscila, como postre casero que es, entre la simpleza del producto autóctono y la obviedad encandilante de uno for export. Su reciente participación en la competencia oficial del Festival de San Sebastián hizo que varias críticas de afuera vieran en ella una cualidad documental (eso de mostrar, por medio del personaje del bebé Chango, la orfandad y la desprotección en la que vive la población argentina) que es lo menos interesante que tiene. Justamente, la película falla cuando se torna machacona (algún cartel que reza "Primero los niños", Félix se come un Palito de la Selva). Pero en los momentos en que la directora decide explorar la relación entre el protagonista y el bebé y el tedio de la vida en el campo, es cuando destila todo el encanto de lo agridulce. A veces cruda, con altibajos, El cielito parece una mezcla a la que le faltó más tiempo de maceración pero que no deja de descolocar ni de invitar al degustador osado que se anime a probarla.
Agustina Larrea.
domingo, octubre 24, 2004
Una triste comparación y sendas razones personales
Sobre Guido y El amor (primera parte).
ESTRENO
Puntaje: 8
Recientemente tuve la oportunidad - o el desatino, como se prefiera - de rever De cómo Bukowski, una de las vedettes de la nueva serie de cortometrajes que produce la FUC año tras año. El corto en cuestión es prolijo, juega con las variantes del claroscuro que el blanco y negro le permite y está adecuadamente montado. Sin embargo, está recubierto de un tono socarrón y altamente molesto, se regodea en una ambigüedad absolutamente banal con frases del estilo "Bukowski podría vivir solo o residir aún con sus padres" - como si dejar las cosas arbitrariamente en duda fuera más "autoral" - y tiene la necesidad de mostrarnos todo el tiempo que el responsable de la realización es una persona inteligente (más que nosotros) y culta, evidente esto último en la cita al escritor en el título, en la referencia sociológica y sus teorías y en un inaceptable plano donde todos los personajes miran a cámara, analizando irónicamente un retrao en cuyo centro está el espectador.
El comienzo de El amor (primera parte) me remitió inmediatamente a Bukowski. Otra vez el tono soberbio e irónicamente distanciado, me dije, otra vez esa especie de estudio entomológico y ridículamente preciso, pensé, basta de realizadores que se burlan o se distancian de lo que narran. Debo admitir, sin embargo (y que no digan después que los críticos no admitimos nuestros errores) que poco a poco la película me demostró que es otra cosa. Que sus cuatro realizadores y su productor estrella, ese cabrón inteligente y extravagante llamado Mariano Llinás, se comprometieron con el proyecto y no sólo lograron una película compacta y fluída, sino que además se preocuparon por darle una estética y una forma definida, problemas frecuentes en el cine argentino. Reconozco que los carteles godardianos y las precisiones de día y hora tan rohmmerianos me molestaron y que la animación sobre reacciones fisiológicas y emociones me pareció un recurso vacío y gastado.
Pero, como bien resaltaron ya mis colegas, la película se gana un público a partir de su simpleza, de su apabullante capacidad para observar rituales, costumbres y colisiones que todos creemos propias, pero son en realidad válidas para toda la humanidad. Sin vueltas, lo tengo que decir: si la película me parece más que un buen pasatiempo es por razones estrictamente autobiográficas y asumo que todo espectador coincide conmigo. Porque yo también tuve una primera cita en la que fui al teatro y no presté ni medio de atención en las tres horas de función, mirándola callado y anhelando un beso. Yo también tuve un par de meses en los que creí que nada podía salir mal, donde no me concentraba en el estudio, donde tenía que levantar el teléfono cada quince minutos para decir la estupidez más grande del planeta. Yo también me sentí pasivo ante los silencios de muerte y acepté resignado el final, ese que creí que nunca llegaría. Y para colmo Cecilia, igual que Sofía, cumple años el 22 de Noviembre.
El amor (primera parte) acaba siendo una película adorable, inteligente y, por sobre todas las cosas, cuidada. No es snob, no es críptica, no busca dejar afuera a nadie pero a la vez cuida la imagen, trabaja las capas del video digital en simpáticos efectos y establece un entramado sonoro más que interesante (otro mal del cine argentino, donde no sólo no hay un diseñador sonoro, sino que no se escuchan los diálogos). Es una de esas películas que, sin ser perfectas (pero, otra vez, quién pidió perfeccción) hace que el mundo luego de verla parezca un lugar mejor, o menos triste, o más esperanzador. No sé para ustedes, pero para mí ya es mucho decir.
Guido Segal.
ESTRENO
Puntaje: 8
Recientemente tuve la oportunidad - o el desatino, como se prefiera - de rever De cómo Bukowski, una de las vedettes de la nueva serie de cortometrajes que produce la FUC año tras año. El corto en cuestión es prolijo, juega con las variantes del claroscuro que el blanco y negro le permite y está adecuadamente montado. Sin embargo, está recubierto de un tono socarrón y altamente molesto, se regodea en una ambigüedad absolutamente banal con frases del estilo "Bukowski podría vivir solo o residir aún con sus padres" - como si dejar las cosas arbitrariamente en duda fuera más "autoral" - y tiene la necesidad de mostrarnos todo el tiempo que el responsable de la realización es una persona inteligente (más que nosotros) y culta, evidente esto último en la cita al escritor en el título, en la referencia sociológica y sus teorías y en un inaceptable plano donde todos los personajes miran a cámara, analizando irónicamente un retrao en cuyo centro está el espectador.
El comienzo de El amor (primera parte) me remitió inmediatamente a Bukowski. Otra vez el tono soberbio e irónicamente distanciado, me dije, otra vez esa especie de estudio entomológico y ridículamente preciso, pensé, basta de realizadores que se burlan o se distancian de lo que narran. Debo admitir, sin embargo (y que no digan después que los críticos no admitimos nuestros errores) que poco a poco la película me demostró que es otra cosa. Que sus cuatro realizadores y su productor estrella, ese cabrón inteligente y extravagante llamado Mariano Llinás, se comprometieron con el proyecto y no sólo lograron una película compacta y fluída, sino que además se preocuparon por darle una estética y una forma definida, problemas frecuentes en el cine argentino. Reconozco que los carteles godardianos y las precisiones de día y hora tan rohmmerianos me molestaron y que la animación sobre reacciones fisiológicas y emociones me pareció un recurso vacío y gastado.
Pero, como bien resaltaron ya mis colegas, la película se gana un público a partir de su simpleza, de su apabullante capacidad para observar rituales, costumbres y colisiones que todos creemos propias, pero son en realidad válidas para toda la humanidad. Sin vueltas, lo tengo que decir: si la película me parece más que un buen pasatiempo es por razones estrictamente autobiográficas y asumo que todo espectador coincide conmigo. Porque yo también tuve una primera cita en la que fui al teatro y no presté ni medio de atención en las tres horas de función, mirándola callado y anhelando un beso. Yo también tuve un par de meses en los que creí que nada podía salir mal, donde no me concentraba en el estudio, donde tenía que levantar el teléfono cada quince minutos para decir la estupidez más grande del planeta. Yo también me sentí pasivo ante los silencios de muerte y acepté resignado el final, ese que creí que nunca llegaría. Y para colmo Cecilia, igual que Sofía, cumple años el 22 de Noviembre.
El amor (primera parte) acaba siendo una película adorable, inteligente y, por sobre todas las cosas, cuidada. No es snob, no es críptica, no busca dejar afuera a nadie pero a la vez cuida la imagen, trabaja las capas del video digital en simpáticos efectos y establece un entramado sonoro más que interesante (otro mal del cine argentino, donde no sólo no hay un diseñador sonoro, sino que no se escuchan los diálogos). Es una de esas películas que, sin ser perfectas (pero, otra vez, quién pidió perfeccción) hace que el mundo luego de verla parezca un lugar mejor, o menos triste, o más esperanzador. No sé para ustedes, pero para mí ya es mucho decir.
Guido Segal.
miércoles, octubre 20, 2004
Lecciones de fascismo con estética demodé
Mosca y Smith (2004, Telefé). Dirigido por Diego Kaplan, con idea y realización general de Ramiro Agulla y Carlos Bacetti. Con Fabián Vena y Pablo Rago.
TV
Puntaje: 2
Los afiches callejeros, teñidos de esa gama de rojo tan supuestamente retro, llamaban al menos la atención. Las dos caras protagónicas, actores entrañables y de respetable trayectoria, también representaban un aliciente. Claro que, como contrapartida, teníamos al logo de Telefé, emblema del menemismo, de la degeneración, del lavado de cerebro televisivo, de la perversión encubierta y de todo eso que odiamos los hombres de bien y anhelamos ver morir algún día (incluyo en el paquete a la revista Gente, a Pancho Dotto y a Barrionuevo). Los nombres de Agulla y Bacetti, prototipos del banana argentino y propagadores de esa clase de publicidad insulsa y socarronamente intragable, basada en sarcasmo fallido y sinsentido barato -mal copiado de Cha Cha Cha- tampoco ayudaban. Era cuestión de prender la tele.
Hay que reconocer que la serie tiene una lograda estética retro, sobre todo desde la iluminación. Pero ahí se detienen los logros. Porque la puesta en escena es subtelevisiva, toscamente publicitaria; planos funcionales, abuso de angulares y ni un sólo zoom brusco, fundamental si vamos a parodiar a Starsky y Hutch en versión local (recomiendo, para entender la idea con un contraejemplo, ver la formidable película protagonizada por el dúo Stiller - Wilson bajo las órdenes de Todd Phillips).
Pero lo más desagradable de Mosca y Smith no está en su realización, sino en su pensamiento retrógrado, en su crasa generalización de las comunidades étnicas y en la bajeza (tanto moral como creativa) de sus gags. Si la idea, retomando a otro ícono de los setentas, era imitar a la imagen fascista y reaccionaria de Harry el Sucio, quien "no discriminaba porque odiaba a todos por igual", otra vez los muchachitos publicitarios erraron el concepto. Había una tremenda ironía detrás del personaje de Eastwood: Don Siegel establecía una distancia de él y no dejaba de dotarlo, cada tanto, de un gesto tierno que lo obligaba a contradecirse. Es fundamental entender que no es lo mismo burlarse de los prejuicios sociales que llevarlos a la apoteosis. Porque, vamos a aclarar, llamar a los coreanos "chinos" todo el tiempo, obligar a uno de ellos a que sólo entienda el español cuando se le habla con la letra L, hacer que los judíos sean avaros y hablen con acento exagerado, dar a entender que todos los peruanos son indocumentados, etc., no es reírse con las comunidades sino de ellas. Es xenofobia encubierta por comicidad, lo cual hace aún más grave el gesto de los realizadores.
Vena y Rago llevan adelante el guión que les tocó y Kaplan, un tipo que hasta ahora se mostró inteligente y personal, brilla por su transparencia. Concedo que recién va un capítulo, pero no cometamos el grosero error de confundir la realización en broma con la ligereza narrativa, estructural e ideológica. No vaya a ser que después nos vuelvan a insistir que eso de que se está proponiendo una nueva televisión, cuando la evidencia muestra que la mierda es la misma pero lo que cambió es el olor.
Guido Segal.
TV
Puntaje: 2
Los afiches callejeros, teñidos de esa gama de rojo tan supuestamente retro, llamaban al menos la atención. Las dos caras protagónicas, actores entrañables y de respetable trayectoria, también representaban un aliciente. Claro que, como contrapartida, teníamos al logo de Telefé, emblema del menemismo, de la degeneración, del lavado de cerebro televisivo, de la perversión encubierta y de todo eso que odiamos los hombres de bien y anhelamos ver morir algún día (incluyo en el paquete a la revista Gente, a Pancho Dotto y a Barrionuevo). Los nombres de Agulla y Bacetti, prototipos del banana argentino y propagadores de esa clase de publicidad insulsa y socarronamente intragable, basada en sarcasmo fallido y sinsentido barato -mal copiado de Cha Cha Cha- tampoco ayudaban. Era cuestión de prender la tele.
Hay que reconocer que la serie tiene una lograda estética retro, sobre todo desde la iluminación. Pero ahí se detienen los logros. Porque la puesta en escena es subtelevisiva, toscamente publicitaria; planos funcionales, abuso de angulares y ni un sólo zoom brusco, fundamental si vamos a parodiar a Starsky y Hutch en versión local (recomiendo, para entender la idea con un contraejemplo, ver la formidable película protagonizada por el dúo Stiller - Wilson bajo las órdenes de Todd Phillips).
Pero lo más desagradable de Mosca y Smith no está en su realización, sino en su pensamiento retrógrado, en su crasa generalización de las comunidades étnicas y en la bajeza (tanto moral como creativa) de sus gags. Si la idea, retomando a otro ícono de los setentas, era imitar a la imagen fascista y reaccionaria de Harry el Sucio, quien "no discriminaba porque odiaba a todos por igual", otra vez los muchachitos publicitarios erraron el concepto. Había una tremenda ironía detrás del personaje de Eastwood: Don Siegel establecía una distancia de él y no dejaba de dotarlo, cada tanto, de un gesto tierno que lo obligaba a contradecirse. Es fundamental entender que no es lo mismo burlarse de los prejuicios sociales que llevarlos a la apoteosis. Porque, vamos a aclarar, llamar a los coreanos "chinos" todo el tiempo, obligar a uno de ellos a que sólo entienda el español cuando se le habla con la letra L, hacer que los judíos sean avaros y hablen con acento exagerado, dar a entender que todos los peruanos son indocumentados, etc., no es reírse con las comunidades sino de ellas. Es xenofobia encubierta por comicidad, lo cual hace aún más grave el gesto de los realizadores.
Vena y Rago llevan adelante el guión que les tocó y Kaplan, un tipo que hasta ahora se mostró inteligente y personal, brilla por su transparencia. Concedo que recién va un capítulo, pero no cometamos el grosero error de confundir la realización en broma con la ligereza narrativa, estructural e ideológica. No vaya a ser que después nos vuelvan a insistir que eso de que se está proponiendo una nueva televisión, cuando la evidencia muestra que la mierda es la misma pero lo que cambió es el olor.
Guido Segal.
martes, octubre 19, 2004
Wouldn't you miss me at all? (IV)
Todo empezó acá, después siguió esto, más tarde esto otro fue inevitable y ahora es imposible de poner un freno a los exabruptos
Estrenos del 30 de septiembre:
Familia rodante (Pablo Trapero). Puntaje: 7. Se nota que Trapero tiene cada vez más ideas de puesta en escena y que cada vez es mejor director. Igual es un personaje que veo cada vez menos interesante. Es notoria la habilidad para no caer en el costumbrismo en una película así. Cuando aparece Esquerro la película levanta mucho, cuando aparece el pelado ese rosarino, cae en picada. El plano sostenido del final está entre los finales más lindos del año.
Caterina en Roma (Caterina va in città, Paolo Virzi). Puntaje: 4. Las películas que oponen campo y ciudad son medio molestas. Las que lo hacen explícitamente todo el tiempo son insufribles. En las que el campo representa el bien, son intolerablemente retardadas. Caterina es una de ellas y no quiero seguir con la parte de comunistas y fachos porque estaba disfrutando esto de escribir pocas líneas contando los finales y no quiero amargarme. El pelotudo del padre se va en motoneta porque se entera que le meten los cuernos, todos son felices y Caterina se despide cuando se va de vacaciones de su amor que se va a vivir a Australia. Qué embole.
Un mundo menos peor (alejandro Agresti). Puntaje: 3. Por si no alcanzaba con Caterina... Esta mirada conciliatoria de Agresti con el pasado es inaceptable. Por lo menos está un punto por encima de Valentín al no utilizar a un nenito para bajar línea. Ojo, que acá está simpaticón, el mocoso
La supremacía de Bourne (The Bourne Supremacy, Peter Greengrass). Puntaje: 6. Por lo menos la carrera de Matt Damon no va para el mismo lado que la de Affleck. Identidad desconocida, la anterior, era una de espionaje; ésta, de venganza. Bajaron a Franka Potente y todos van a pagar por eso. Eso sí, se mantiene lejos de los cablecitos y los CGI para las luchitas. Nada de hacer mula.
Estrenos del 7 de octubre:
El espanta tiburones (Shark Tale, Bibo Bergeron, Vicky Jenson y Rob Letterman). Puntaje: 4. Una para que los grandes vayan acompañados por los niños, ponele. Mejor no. Aburrimiento para todos en una infinidad de citas pop (basta de pensar lo pop como cualidad inherente positiva) con una historia de un tiburón que además de puto, vegetariano. Uh, esa era la metáfora de la película, perdón. Vegetariano y reprimido entonces. La cuestión que eso de meter chistes "para grandes" a lo pavote la hace insoportable. Ah, ¿por qué cuatro puntos y no dos? En la privada la pasaron subtitulada, calenchu.
Mátame suavemente (Killing Me Softly, Kaige Chen). Puntaje: 3. Hablando de porquerías... Un thriller erótico que pasan hace rato ya en tele. Confirmo que el traje de Gatúbela de Batman vuelve es aplicable a los patines de Boogie Nights. Cualquiera se ve bien en ellos. Heather Graham es insufrible y pocas veces la pantalla gigante ha visto un idiota del tamaño del hermano de Ralph Fiennes. La previsible asesina Natascha McElhone es la única que no se desnuda (apa, en esta oración parece haber una lectura más interesante que toda la película. Tal vez no) y responsable exclusiva de los tres puntitos que figuran en negrita más arriba.
Exorcista: el comienzo (Exorcist: The beginning, Renny Harlin). Puntaje: 5. Todos imaginamos que la decente va a ser la versión que rebotó el estudio (la hizo Paul Schrader y la editan con el dvd, si es que hay alguien que se anime a comprar este dvd). En esta no pasa nada: un par de referencias a la primera entrega para codearse con el de al lado y hacer un guiño cómplice tan idiota como los de la película. El intento de emular los sonidos iterativos y ciertos climas agobiantes de la versión original son lo más interesante. La verdad es que por momentos se deja ver y no es la porquería que todos esperábamos.
Deuda (Jorge Lanata y Andrés Schaer). Puntaje: 5. Jorge Lanata hizo lo impensado. Se cagó en las comparaciones con Moore e hizo una película decente. Sí, es un tema difícil, hay simplificaciones y es muy, pero muy televisivo (lo que es malo para algunas pretensiones). Un debut al menos interesante. En Patagonik se deben querer matar.
Primavera, las demás estaciones y otra vez primavera (un nombre igual de largo pero en coreano, así que ni en pedo, mejor buscá en imdb. Kim Ki-Duk). Puntaje: 8. La casita flotante en el laguito al lado de la montaña es tan imponente que si la cámara se quedaba quieta durante una hora y pico sin que aparezca nada ni nadie podríamos hablar de una obra maestra. Una historia budista llena de metáforas que son una carga (oops!) logra alejarla del status de obra maestra, pero hay que reconocer que no la caga tanto. este no es el Kim Ki-Duk que pide la gente, está clarísimo, pero es el que llegó y eso ya es motivo de festejo.
Próxima salida (Nicolás Tuozzo). Puntaje: 2. Una de esas en las que al escribir se exagera por la indignación. Pero no estamos acá como para hacernos cargo de Adrian Martin y sus críticos ofendidos, sino para gritar el disgusto que provocó Próxima salida. ¿Por qué? Para empezar, "actúa" Ulises Dumont y eso es malo (revisar las recientes La mina y Un mundo menos peor para más datos). Imita todos los lugares comunes del cine indie americano o, lo que es aún peor, el cine indie importado que consumen los americanos. Ni vale la pena que cuente el final de lo previsible que es que una tragedia una todas las historias. Una que me hace disfrutar de mi falta de memoria.
El amor (primera parte). (Alejandro Fadel, Martín Máuregui, Santiago Mitre y Juan Schnitman). Puntaje: 10. ¿Es perfecta? Ni a palos, o mejor dicho espero que no lo sea. Podría decir "como el amor", pero no soy tan pelotudo y estoy cansado de toda la movida de El amor (primera persona). El amor (primera parte) no es buena porque habla del amor. Es buena más allá del amor. De hecho es más que el amor, es una película política, que prueba y pide otra manera de hacer cine. No se trata sólo de una peliculita hecha con cariño (perdón, amor) y pocos recursos. Llinás parece ser el tipo que más cosas tiene para decir de todo el cine argentino
Naza Chong.
Estrenos del 30 de septiembre:
Familia rodante (Pablo Trapero). Puntaje: 7. Se nota que Trapero tiene cada vez más ideas de puesta en escena y que cada vez es mejor director. Igual es un personaje que veo cada vez menos interesante. Es notoria la habilidad para no caer en el costumbrismo en una película así. Cuando aparece Esquerro la película levanta mucho, cuando aparece el pelado ese rosarino, cae en picada. El plano sostenido del final está entre los finales más lindos del año.
Caterina en Roma (Caterina va in città, Paolo Virzi). Puntaje: 4. Las películas que oponen campo y ciudad son medio molestas. Las que lo hacen explícitamente todo el tiempo son insufribles. En las que el campo representa el bien, son intolerablemente retardadas. Caterina es una de ellas y no quiero seguir con la parte de comunistas y fachos porque estaba disfrutando esto de escribir pocas líneas contando los finales y no quiero amargarme. El pelotudo del padre se va en motoneta porque se entera que le meten los cuernos, todos son felices y Caterina se despide cuando se va de vacaciones de su amor que se va a vivir a Australia. Qué embole.
Un mundo menos peor (alejandro Agresti). Puntaje: 3. Por si no alcanzaba con Caterina... Esta mirada conciliatoria de Agresti con el pasado es inaceptable. Por lo menos está un punto por encima de Valentín al no utilizar a un nenito para bajar línea. Ojo, que acá está simpaticón, el mocoso
La supremacía de Bourne (The Bourne Supremacy, Peter Greengrass). Puntaje: 6. Por lo menos la carrera de Matt Damon no va para el mismo lado que la de Affleck. Identidad desconocida, la anterior, era una de espionaje; ésta, de venganza. Bajaron a Franka Potente y todos van a pagar por eso. Eso sí, se mantiene lejos de los cablecitos y los CGI para las luchitas. Nada de hacer mula.
Estrenos del 7 de octubre:
El espanta tiburones (Shark Tale, Bibo Bergeron, Vicky Jenson y Rob Letterman). Puntaje: 4. Una para que los grandes vayan acompañados por los niños, ponele. Mejor no. Aburrimiento para todos en una infinidad de citas pop (basta de pensar lo pop como cualidad inherente positiva) con una historia de un tiburón que además de puto, vegetariano. Uh, esa era la metáfora de la película, perdón. Vegetariano y reprimido entonces. La cuestión que eso de meter chistes "para grandes" a lo pavote la hace insoportable. Ah, ¿por qué cuatro puntos y no dos? En la privada la pasaron subtitulada, calenchu.
Mátame suavemente (Killing Me Softly, Kaige Chen). Puntaje: 3. Hablando de porquerías... Un thriller erótico que pasan hace rato ya en tele. Confirmo que el traje de Gatúbela de Batman vuelve es aplicable a los patines de Boogie Nights. Cualquiera se ve bien en ellos. Heather Graham es insufrible y pocas veces la pantalla gigante ha visto un idiota del tamaño del hermano de Ralph Fiennes. La previsible asesina Natascha McElhone es la única que no se desnuda (apa, en esta oración parece haber una lectura más interesante que toda la película. Tal vez no) y responsable exclusiva de los tres puntitos que figuran en negrita más arriba.
Exorcista: el comienzo (Exorcist: The beginning, Renny Harlin). Puntaje: 5. Todos imaginamos que la decente va a ser la versión que rebotó el estudio (la hizo Paul Schrader y la editan con el dvd, si es que hay alguien que se anime a comprar este dvd). En esta no pasa nada: un par de referencias a la primera entrega para codearse con el de al lado y hacer un guiño cómplice tan idiota como los de la película. El intento de emular los sonidos iterativos y ciertos climas agobiantes de la versión original son lo más interesante. La verdad es que por momentos se deja ver y no es la porquería que todos esperábamos.
Deuda (Jorge Lanata y Andrés Schaer). Puntaje: 5. Jorge Lanata hizo lo impensado. Se cagó en las comparaciones con Moore e hizo una película decente. Sí, es un tema difícil, hay simplificaciones y es muy, pero muy televisivo (lo que es malo para algunas pretensiones). Un debut al menos interesante. En Patagonik se deben querer matar.
Primavera, las demás estaciones y otra vez primavera (un nombre igual de largo pero en coreano, así que ni en pedo, mejor buscá en imdb. Kim Ki-Duk). Puntaje: 8. La casita flotante en el laguito al lado de la montaña es tan imponente que si la cámara se quedaba quieta durante una hora y pico sin que aparezca nada ni nadie podríamos hablar de una obra maestra. Una historia budista llena de metáforas que son una carga (oops!) logra alejarla del status de obra maestra, pero hay que reconocer que no la caga tanto. este no es el Kim Ki-Duk que pide la gente, está clarísimo, pero es el que llegó y eso ya es motivo de festejo.
Próxima salida (Nicolás Tuozzo). Puntaje: 2. Una de esas en las que al escribir se exagera por la indignación. Pero no estamos acá como para hacernos cargo de Adrian Martin y sus críticos ofendidos, sino para gritar el disgusto que provocó Próxima salida. ¿Por qué? Para empezar, "actúa" Ulises Dumont y eso es malo (revisar las recientes La mina y Un mundo menos peor para más datos). Imita todos los lugares comunes del cine indie americano o, lo que es aún peor, el cine indie importado que consumen los americanos. Ni vale la pena que cuente el final de lo previsible que es que una tragedia una todas las historias. Una que me hace disfrutar de mi falta de memoria.
El amor (primera parte). (Alejandro Fadel, Martín Máuregui, Santiago Mitre y Juan Schnitman). Puntaje: 10. ¿Es perfecta? Ni a palos, o mejor dicho espero que no lo sea. Podría decir "como el amor", pero no soy tan pelotudo y estoy cansado de toda la movida de El amor (primera persona). El amor (primera parte) no es buena porque habla del amor. Es buena más allá del amor. De hecho es más que el amor, es una película política, que prueba y pide otra manera de hacer cine. No se trata sólo de una peliculita hecha con cariño (perdón, amor) y pocos recursos. Llinás parece ser el tipo que más cosas tiene para decir de todo el cine argentino
Naza Chong.
jueves, octubre 14, 2004
Wouldn't you miss me at all? (III)
La continuación de los posteos caprichosos e irracionales que, esta vez, empezaron acá y siguieron acá.
Estrenos del 16 de septiembre
A todo o nada (All or Nothing, Mike Leigh). Puntaje: 9. Nunca me banqué a Leigh. Si tendría que votar cuál me parece la peor película de la historia diría Life is Sweat. Pero no sé si será que miro las cosas con ojos distintos o si el tipo este le encontró la vuelta. Si te olvidás de la borracha, todo calza perfecto. Lo bueno es que la película es quien se olvida de la borracha, y de todos los segundones, para centrarse sólo en una familia. Amaga con resolverlo mal al meter 10 primeros planos seguidos, pero ahí nomás repunta y salva el final de una película dura, pero que nunca pierde el sentido del humor.
Alien vs Depredador (Paul W.S. Anderson). Puntaje: 4. Hasta que pelean los monstruitos es un embole. Vinelliada de aquellas en toda esa primera parte. Y las luchitas tampoco son gran cosa. En realidad nunca me interesaron ninguno de los dos bichitos esos, por ahí es mi culpa. No creo.
Padre e hijos (Père et fils, Michel Boujenah). Puntaje: 1. Basta de padres, en serio. El padre nunca estuvo enfermo, ve las ballenitas esas de mierda y encima se queda tranquilo porque se da cuenta de que el hijo no era puto.
Tacholas, un actor galaico porteño (José Santiso). Puntaje: 5. Hay que estar trastornado para hacer un documental sobre Tacholas, pero hay que admitir que es una gran idea. Algunos buenos testimonios, un rejunte de alguna que otra escena interesante de archivo y un montón de inserts del director totalmente inexplicables.
Trelew (Mariana Arruti). Puntaje: 9. Un documental marcado por la ficción. La idea de suspenso cinematográfica es omnipresente. Si hay alguien que desconoce los hechos de la masacre de Trelew y ve el documental, no va a poder evitar pensar que fue todo una reconstrucción ficcional. Con un archivo impresionante, y no por eso más valioso que las declaraciones nuevas. Una película imperdible.
Estrenos del 23 de septiembre
Chicas pesadas (Mean Girls, Mark S. Waters). Puntaje: 8. Por encima de la anterior de Waters, Un viernes de locos y de Legalmente rubia, llega una película con la fuerza necesaria para competir en la liga de Ni idea, Dulces y peligrosas y La elección (aunque pierda con casi todas). Una mirada antropológica sobre las distintas tribus de un secundario. Por supuesto que es mucho mejor de lo que suena la oración anterior. La dupla Mark Waters - Linsay Lohan parece que va a dar que hablar. Btw: Picardías estudiantiles es la comedia de secundario más sobrevalorada de la historia.
El perro (Le chien, Carlos Sorín). Puntaje: 5. Sorín es un grasa. Por ese te mete música todo el tiempo donde puede. Encima te lo refuerza con unos primeros planos que meten miedo. Pero esta historia se deja llevar muchísimo mejor que las mínimas de su película anterior. Villegas en persona debe ser un plomo insoportable, pero hay que reconocer que en la película funciona. Lo mismo se puede decir de los perros.
La ciudad está tranquila (La ville est tranquille, Robert Guédiguian). Puntaje: 6. Tarde y en video llega una película que avisaba sobre el avance de la extrema derecha y la xenofobia en la clase obrera francesa. Chocolate por la noticia decís ahora, pero andá a saber si parecía tan obvio hace tres años y medio cuando se estreno en fílmico en Francia. nunca lo sabremos. Y yo no pago ni a palazos una entrada para estas proyecciones.
Gatúbela (Catwoman, Pitof). Puntaje: 3. Pitof es un incompetente. Intentó un buen truquito, el de darle estética felina a la pelicula, pero no salió e igual se hizo el bobo y le dio para adelante. Halle Berry está menos insoportable que de costumbre. Sharon Stone, no.
Mi vecino el asesino 2. (The Whole Ten Yards, Howard Deutch). Puntaje: 2. Chandler sigue reafirmando que es un boludo que no sabe hacer otra cosa. Bruce Willis parece querer ocultar su supuesto buen timing para la comedia. Kevin Pollack demuestra que uede ser insoportable sin que se lo reconozca. El director de Pretty in Pink y Los suplentes no podía caer más bajo.
Naza Chong.
Estrenos del 16 de septiembre
A todo o nada (All or Nothing, Mike Leigh). Puntaje: 9. Nunca me banqué a Leigh. Si tendría que votar cuál me parece la peor película de la historia diría Life is Sweat. Pero no sé si será que miro las cosas con ojos distintos o si el tipo este le encontró la vuelta. Si te olvidás de la borracha, todo calza perfecto. Lo bueno es que la película es quien se olvida de la borracha, y de todos los segundones, para centrarse sólo en una familia. Amaga con resolverlo mal al meter 10 primeros planos seguidos, pero ahí nomás repunta y salva el final de una película dura, pero que nunca pierde el sentido del humor.
Alien vs Depredador (Paul W.S. Anderson). Puntaje: 4. Hasta que pelean los monstruitos es un embole. Vinelliada de aquellas en toda esa primera parte. Y las luchitas tampoco son gran cosa. En realidad nunca me interesaron ninguno de los dos bichitos esos, por ahí es mi culpa. No creo.
Padre e hijos (Père et fils, Michel Boujenah). Puntaje: 1. Basta de padres, en serio. El padre nunca estuvo enfermo, ve las ballenitas esas de mierda y encima se queda tranquilo porque se da cuenta de que el hijo no era puto.
Tacholas, un actor galaico porteño (José Santiso). Puntaje: 5. Hay que estar trastornado para hacer un documental sobre Tacholas, pero hay que admitir que es una gran idea. Algunos buenos testimonios, un rejunte de alguna que otra escena interesante de archivo y un montón de inserts del director totalmente inexplicables.
Trelew (Mariana Arruti). Puntaje: 9. Un documental marcado por la ficción. La idea de suspenso cinematográfica es omnipresente. Si hay alguien que desconoce los hechos de la masacre de Trelew y ve el documental, no va a poder evitar pensar que fue todo una reconstrucción ficcional. Con un archivo impresionante, y no por eso más valioso que las declaraciones nuevas. Una película imperdible.
Estrenos del 23 de septiembre
Chicas pesadas (Mean Girls, Mark S. Waters). Puntaje: 8. Por encima de la anterior de Waters, Un viernes de locos y de Legalmente rubia, llega una película con la fuerza necesaria para competir en la liga de Ni idea, Dulces y peligrosas y La elección (aunque pierda con casi todas). Una mirada antropológica sobre las distintas tribus de un secundario. Por supuesto que es mucho mejor de lo que suena la oración anterior. La dupla Mark Waters - Linsay Lohan parece que va a dar que hablar. Btw: Picardías estudiantiles es la comedia de secundario más sobrevalorada de la historia.
El perro (Le chien, Carlos Sorín). Puntaje: 5. Sorín es un grasa. Por ese te mete música todo el tiempo donde puede. Encima te lo refuerza con unos primeros planos que meten miedo. Pero esta historia se deja llevar muchísimo mejor que las mínimas de su película anterior. Villegas en persona debe ser un plomo insoportable, pero hay que reconocer que en la película funciona. Lo mismo se puede decir de los perros.
La ciudad está tranquila (La ville est tranquille, Robert Guédiguian). Puntaje: 6. Tarde y en video llega una película que avisaba sobre el avance de la extrema derecha y la xenofobia en la clase obrera francesa. Chocolate por la noticia decís ahora, pero andá a saber si parecía tan obvio hace tres años y medio cuando se estreno en fílmico en Francia. nunca lo sabremos. Y yo no pago ni a palazos una entrada para estas proyecciones.
Gatúbela (Catwoman, Pitof). Puntaje: 3. Pitof es un incompetente. Intentó un buen truquito, el de darle estética felina a la pelicula, pero no salió e igual se hizo el bobo y le dio para adelante. Halle Berry está menos insoportable que de costumbre. Sharon Stone, no.
Mi vecino el asesino 2. (The Whole Ten Yards, Howard Deutch). Puntaje: 2. Chandler sigue reafirmando que es un boludo que no sabe hacer otra cosa. Bruce Willis parece querer ocultar su supuesto buen timing para la comedia. Kevin Pollack demuestra que uede ser insoportable sin que se lo reconozca. El director de Pretty in Pink y Los suplentes no podía caer más bajo.
Naza Chong.
lunes, octubre 11, 2004
A mí me gustan las de amor
sobre Juan P., algunos discos y El amor (primera parte)
CAPRICHO
I. En este momento hay dos discos que estoy escuchando todo el tiempo, que no me canso de poner en repeat, que siempre están en mi compactera/playlist. Estos discos son el por fin terminado Smile de Brian Wilson y American Idiot, la nueva obra maestra de los olímpicamente menospreciados chicos de Green Day. Ambos son discos conceptuales, con todo el prejuicio que pueda generar dicho término, pero despojados de todo el aburrimiento y la pretención a la que nos tienen acostumbrados grupos como Yes y Pink Floyd. Me emocionan mucho, aunque ninguno de los dos contenga canciones "de amor" -el de Green Day es un álbum "de protesta" y el de Wilson es "vaya-uno-a-saber-de-qué-porque-las-letras-de-Van-Dyke-Parks-no-se-entienden-un-carajo" (¿me explican qué cazzo quiere decir "Child is the father of the man"?)-. Pero las canciones de ambos discos están hechas de lo que están hechas las mejores canciones de amor. Esto es: hermosas melodías y puentes olímpicos y urgencia pop y armonías vocales y "lalala's" y "woooo's" por doquier. Cada año hay uno o dos discos que me provocan eso -se me ocurren, así, al pasar, el Pinkerton y el Green Album de Weezer, el Want One de Rufus Wainwright, los dos útimos de Fountains of Wayne y alguna canción aislada como Un osito de peluche de Taiwán de los Decadentes o Happy Together en versión Danny Chung (la que aparece en la peli de Wong)-, que me pegan como pocos, y a los que me hago adicto.
II. Con algunas películas me pasa lo mismo. Me ocurrió con la saga de Antoine Doinel, con Chasing Amy, con High Fidelity, con Moulin Rouge, con Punch-Drunk Love, y ahora se sumó El amor (primera parte). Todas ellas son películas "de amor", pero no "de amor" como Realmente amor es "de amor" sino realmente "de amor", como las buenas canciones "de amor", películas que emocionan pero con armas nobles y sin ningún tipo de manipulación barata.
III. Todos estos discos y canciones y películas son viscerales, desbordados, ambiciosos y obsesivos. Apuntan directo al corazón y no le temen absolutamente a nada. Y yo caigo en su hechizo y las veo y los escucho una y otra vez, porque me revitalizan, me hacen sentir que el mundo es un lugar un poquito mejor. Todo esto puede sonar a "puto sensible", pero es lo que soy y me hago cargo, como estas películas y discos y canciones se hacen cargo de lo que son y no le temen al ridículo.
IV. Amo, adoro, me desvivo por El amor (primera parte). Es una película que me agarró desde la primera vez que la ví y no me soltó jamás. No sé si es una obra maestra, no se si es perfecta, pero en mi cabeza es ambas cosas. Porque cuenta una historia de amor que son todas las grandes historias de amor amalgamadas en una, porque se ríe soberanamente de la idea del amor como algo científicamente explicable, cuando todos sabemos que el amor es uno de las cosas más misteriosas e inexplicables que existen, porque nos dice que cuando se termina el amor lo que queda son los recuerdos de aquellos hermosos momentos que uno pasa estando enamorado, porque hay algo en esta peli que me gusta, que me gusta y se llevó mi corazón, porque cuando la veo me hipnotiza, me desarma, y de mí no queda nada, me derrito como un hielo al sol, porque El amor... es una cosa esplendorosa, El amor... nos eleva ahí donde pertenecemos, todo lo que necesitamos es El amor...
V. Sí, ya sé, me fui a la mierda. Si antes decía que quedaba como puto sensible a esta altura llegué al status de reina de la primavera. Sepan disculpar, es que este tipo de películas me genera esto, y nunca se me ocurrió escribirlo.
VI. Me queda agradecer a todos los que tuvieron algo que ver con la gestación -¿hay palabra más fea que esa?- de El amor (primera parte) y recomendar a quienes no la vieron que lo hagan ahora, ya mismo, con la esperanza de que tal vez, en una de esas, les ocurra lo mismo que me ocurrió a mí.
Juan P. Martínez.
CAPRICHO
I. En este momento hay dos discos que estoy escuchando todo el tiempo, que no me canso de poner en repeat, que siempre están en mi compactera/playlist. Estos discos son el por fin terminado Smile de Brian Wilson y American Idiot, la nueva obra maestra de los olímpicamente menospreciados chicos de Green Day. Ambos son discos conceptuales, con todo el prejuicio que pueda generar dicho término, pero despojados de todo el aburrimiento y la pretención a la que nos tienen acostumbrados grupos como Yes y Pink Floyd. Me emocionan mucho, aunque ninguno de los dos contenga canciones "de amor" -el de Green Day es un álbum "de protesta" y el de Wilson es "vaya-uno-a-saber-de-qué-porque-las-letras-de-Van-Dyke-Parks-no-se-entienden-un-carajo" (¿me explican qué cazzo quiere decir "Child is the father of the man"?)-. Pero las canciones de ambos discos están hechas de lo que están hechas las mejores canciones de amor. Esto es: hermosas melodías y puentes olímpicos y urgencia pop y armonías vocales y "lalala's" y "woooo's" por doquier. Cada año hay uno o dos discos que me provocan eso -se me ocurren, así, al pasar, el Pinkerton y el Green Album de Weezer, el Want One de Rufus Wainwright, los dos útimos de Fountains of Wayne y alguna canción aislada como Un osito de peluche de Taiwán de los Decadentes o Happy Together en versión Danny Chung (la que aparece en la peli de Wong)-, que me pegan como pocos, y a los que me hago adicto.
II. Con algunas películas me pasa lo mismo. Me ocurrió con la saga de Antoine Doinel, con Chasing Amy, con High Fidelity, con Moulin Rouge, con Punch-Drunk Love, y ahora se sumó El amor (primera parte). Todas ellas son películas "de amor", pero no "de amor" como Realmente amor es "de amor" sino realmente "de amor", como las buenas canciones "de amor", películas que emocionan pero con armas nobles y sin ningún tipo de manipulación barata.
III. Todos estos discos y canciones y películas son viscerales, desbordados, ambiciosos y obsesivos. Apuntan directo al corazón y no le temen absolutamente a nada. Y yo caigo en su hechizo y las veo y los escucho una y otra vez, porque me revitalizan, me hacen sentir que el mundo es un lugar un poquito mejor. Todo esto puede sonar a "puto sensible", pero es lo que soy y me hago cargo, como estas películas y discos y canciones se hacen cargo de lo que son y no le temen al ridículo.
IV. Amo, adoro, me desvivo por El amor (primera parte). Es una película que me agarró desde la primera vez que la ví y no me soltó jamás. No sé si es una obra maestra, no se si es perfecta, pero en mi cabeza es ambas cosas. Porque cuenta una historia de amor que son todas las grandes historias de amor amalgamadas en una, porque se ríe soberanamente de la idea del amor como algo científicamente explicable, cuando todos sabemos que el amor es uno de las cosas más misteriosas e inexplicables que existen, porque nos dice que cuando se termina el amor lo que queda son los recuerdos de aquellos hermosos momentos que uno pasa estando enamorado, porque hay algo en esta peli que me gusta, que me gusta y se llevó mi corazón, porque cuando la veo me hipnotiza, me desarma, y de mí no queda nada, me derrito como un hielo al sol, porque El amor... es una cosa esplendorosa, El amor... nos eleva ahí donde pertenecemos, todo lo que necesitamos es El amor...
V. Sí, ya sé, me fui a la mierda. Si antes decía que quedaba como puto sensible a esta altura llegué al status de reina de la primavera. Sepan disculpar, es que este tipo de películas me genera esto, y nunca se me ocurrió escribirlo.
VI. Me queda agradecer a todos los que tuvieron algo que ver con la gestación -¿hay palabra más fea que esa?- de El amor (primera parte) y recomendar a quienes no la vieron que lo hagan ahora, ya mismo, con la esperanza de que tal vez, en una de esas, les ocurra lo mismo que me ocurrió a mí.
Juan P. Martínez.
sábado, octubre 09, 2004
Algunos quieren llenar el mundo de tontas canciones de amor...
El amor (primera parte) (Argentina, 2004). Dirigida por Alejandro Fadel, Martín Máuregui, Santiago Mitre y Juan Schnitman. Con Leonora Balcarce y Luciano Cáceres.
ESTRENO
Puntaje: 10.
...¿y cuál es el problema?, se preguntaba Paul, aunque después, en la misma tonta canción de amor, también decía que el amor no llega en un minuto, cosa que las cuatro cabezas (¡basta con lo de "ocho manos", por favorrr!) detrás de El amor (primera parte), inteligente comedia romántica si las hay, vienen a desmentir de entrada nomás, cronometrando la hora y el minuto exactos en que Pedro y Sofía se enamoran, con una (irónica) vocación cientifista que recién dejarán un poco de lado cuando lo mejor del amor (¿y qué será lo mejor del amor?) haya pasado, cuando Pedro y Sofía estén por dejar de ser Pedro y Sofía, y hayamos reído, sufrido y entendido con ellos, como parecen haber entendido estos cuatro chicos a los que, como se sigan portando así y regalándonos la película argentina del año (que para el INCAA no es ni película ni argentina, aunque ésa es otra historia y merece ser contada en otra ocasión) habrá que dejar de llamar chicos; hayamos entendido, decía, que nadie tiene nada para decir del Amor, ni en canciones ni en películas, y que, un poco palindrómicamente, nos gustan tanto las canciones y las películas de amor porque no dicen nada de nadie, o mejor, como aclaraba Llinás el otro día: son pura forma. Todo este tirón barroco -a propósito de una película en la que el barroquismo es sistema y sirve, entre otras cosas, para hacer imperceptibles las transiciones Fadel / Mauregui / Mitre / Schnitman- para decir que El amor (primera parte) es y no puede ser otra cosa que, lo dicho, pura forma, un montón de maneras -en lenguaje cinematográfico: videoclips, animación, fotonovelas, etc. - de no contar más que trivialidades sobre Pedro y Sofía, las mismas trivialidades que los de veintitantos vivimos de vez en cuando, cuando por un reordenamiento cósmico perfectamente azaroso, creemos de a dos que el mundo fue construido sólo para nosotros, que somos el centro de toda geografía, que el sol brilla más y las flores florecen y las cosas se visten de sentido a nuestro paso, y queremos que el mundo se llene de canciones tontas y de comedias inteligentes.
Agustín Masaedo.
ESTRENO
Puntaje: 10.
...¿y cuál es el problema?, se preguntaba Paul, aunque después, en la misma tonta canción de amor, también decía que el amor no llega en un minuto, cosa que las cuatro cabezas (¡basta con lo de "ocho manos", por favorrr!) detrás de El amor (primera parte), inteligente comedia romántica si las hay, vienen a desmentir de entrada nomás, cronometrando la hora y el minuto exactos en que Pedro y Sofía se enamoran, con una (irónica) vocación cientifista que recién dejarán un poco de lado cuando lo mejor del amor (¿y qué será lo mejor del amor?) haya pasado, cuando Pedro y Sofía estén por dejar de ser Pedro y Sofía, y hayamos reído, sufrido y entendido con ellos, como parecen haber entendido estos cuatro chicos a los que, como se sigan portando así y regalándonos la película argentina del año (que para el INCAA no es ni película ni argentina, aunque ésa es otra historia y merece ser contada en otra ocasión) habrá que dejar de llamar chicos; hayamos entendido, decía, que nadie tiene nada para decir del Amor, ni en canciones ni en películas, y que, un poco palindrómicamente, nos gustan tanto las canciones y las películas de amor porque no dicen nada de nadie, o mejor, como aclaraba Llinás el otro día: son pura forma. Todo este tirón barroco -a propósito de una película en la que el barroquismo es sistema y sirve, entre otras cosas, para hacer imperceptibles las transiciones Fadel / Mauregui / Mitre / Schnitman- para decir que El amor (primera parte) es y no puede ser otra cosa que, lo dicho, pura forma, un montón de maneras -en lenguaje cinematográfico: videoclips, animación, fotonovelas, etc. - de no contar más que trivialidades sobre Pedro y Sofía, las mismas trivialidades que los de veintitantos vivimos de vez en cuando, cuando por un reordenamiento cósmico perfectamente azaroso, creemos de a dos que el mundo fue construido sólo para nosotros, que somos el centro de toda geografía, que el sol brilla más y las flores florecen y las cosas se visten de sentido a nuestro paso, y queremos que el mundo se llene de canciones tontas y de comedias inteligentes.
Agustín Masaedo.
viernes, octubre 08, 2004
Wouldn't you miss me at all? (II)
La continuación del posteo caprichoso que empezó acá.
Estrenos del 26 de agosto
Hellboy (Guillermo del Toro). Puintaje: 7. Las historias de amor entre freaks le pueden a cualquiera, hay que admitirlo. Encima hay luchitas en el medio. Es medio subrayado eso de que malo no se nace, sino que se hace al sacar bien buenito a un diablito creado por los nazis, pero criado por científicos. Pero fuera de sobreinterpretaciones, un tipo que se lima los cuernos, fuma todo el tiempo y tiene levante a pesar de parecerse a Ron Perlman es alguien a respetar.
Nathalie X (Nathalie..., Anne Fontaine). Puntaje: 5. Res non verba decía la campera de gimnasia de mi colegio. Frase idiota si las había para un secundario y que odié a lo largo de esos tres años. Esta película es bien verba non res, todo es palabra, se caga en los hechos. Está bien que es por una trampa tonta y predecible del guión, pero se sostiene igual a lo largo de la película. Se trata de la relación entre ellas, no de una película artie de estafas, en las que importa si es todo verdad o mentira. Además acá ya se nota que era todo mentira (upa, lo hice de nuevo ponele).
Las reglas de la seducción (Laws of Atraction, Peter Howitt). Puntaje: 4. En esta supuesta comedia romántica no hay seducción, atracción y mucho menos comedia o romance. Una película rígida y tal vez sea por eso que del título sólo se mantengan reglas. El tema es que Moore y Brosnam no pegan ni con cola y eso se nota y molesta. Nada peor que una comedia romántica intrascendente.
Hombre en llamas (Man on fire, Tony Scott). Puntaje: 7. Disfrutablemente facho (no como Ridley, su hermano no disfrutable) vuelve uno de los más grandes y no reconocidos cineastas de Hollywood. Denzel Washington desatado haciendo "justicia" por mano propia, llega a meterle dinamita en el culo a un mexicano. Y así todo el tiempo. Divertidísimo, pero todavía lejos de Días de trueno, El último boy scout y el resto de sus hits de antaño.
Estrenos del 2 de septiembre
El regreso (Vozvrashcheniye, Andrei Zvyagintsev). Puntaje: 6. Lejos de ser lo mejor del año y con el gimmick de la muerte de uno de sus actores en el mismo lago en el que se filmó. Una película aburrida, estúpidamente circular y con los complejitos ñoños de los padres. Eso sí, se ve como la concha de la lora y el hijo menor tiene unos cachetes de puta madre.
Osama (Siddiq Barmak). Puntaje: 3. Otra que llega con gimmick. Encima tan pelotudos de ponerle Osama. Dejate de joder. Nefasta ideológica y visualmente. Hay un pibito que pide monedas que parece piola.
La aldea (The Village, M. Night Shyamalan). Puntaje: 1. De lo peor del año, llega la película que contradice sus tres últimas. No hay nada sobrenatural, los monstruos, como los reyes magos, el coco y Papá Noel 'a la final' eran los padres. Eso sí, éstos son reaccionarios que meten miedo. En cualquier momento se viene la remake en Pilar.
Cruz de sal y Dolores de casada (Jaime Lozano y Juan Manuel Jimenez). Puntajes: 1. Dos mega bodrios. El primero con algún valor trash, el segundo con Mirta Busnelli.
¡Yu-Gi-Oh! (Yûgiô: Gekijô-ban, Hatsuki Tsuji). Puntaje: 3. Saltó la ficha: en realidad prendí uno antes de entrar y escribí sobre eso nomás. Ni así. Era algo de un jueguito de cartas, sin movimiento y con diálogos redundantes. Un mal viaje.
Las trillizas de Belleville (Les tripletes de Belleville, Sylvain Chomet). Puntaje: 7. Apareció medio mundo indignado con esta en la época del estreno. El otro medio mundo se había fascinado en la proyección del Bafici. Muchos chistes son malos, sí, es aburrida, también, pero no es El regreso. Una animada menos ñoña que el 95% de los estrenos de dibujitos.
Estrenos del 9 de septiembre
La terminal (The Terminal, Steven Spielberg) Puntaje: 7. Spielberg es de esos que es tan raro que te vuele la peluca como que meta la pata. La terminal es otra más de sus películas correctas. Eso sí, ya parece que se lo comieron sus guiños. Ah, y basta de padres, que acá aunque ocultos y en unos pocos minutos, igual aparecen y les alcanza como siempre para apestar un poco las cosas.
Lesbianas de Buenos Aires (Santiago García). Puntaje: 8. No está bien que lo halague mucho por ser cinequanon amigo, pero debo confesarle que su película me gusta más que la de Spielberg. De cualquier forma, Lesbianas... es un documental tan político como emotivo. Y lo que es mucho mejor nunca es declamatorio ni sensiblero. Se esperan Las deportistas.
La mina (Victo Laplace). Puntaje: 1. Laplace apuesta al grotesco. Eso al menos hace que cuanto menos uno piense "este tipo está loco". Pero no, no es irónico. El tipo quiere tirar una metáfora de la Argentina por la cabeza del espectador. Y su única arma es el palurdo de Dumont gritando "puta" o "mierda" y seguramente algún "puta de mierda".
Los muertos (Lisandro Alonso). Püntaje: 10. Parecía imposible llegar al nivel de La libertad, pero Lisandro Alonso lo logró y encima cambió el registro. Si en La libertad estaba mucho más cerca del documental que de la ficción, acá es todo lo contrario. El plano secuencia inicial es un prodigio fílmico.
Héroe (Ying xiong, Zhang Yimou). Puntaje: 6. Se ve del carajo, con un cast del carajo, pero imperialista hasta al carajo. Gracias, pero no gracias.
Balseros (Carles Bosch, Josep M. Domènech). Puntaje: 7. Al final se vuelve un plomazo porque te explican cómo terminaron todos, pero todo el prólogo en Cuba es brillante y se puede decir lo mismo de la producción y el trabajo de investigación. Otra en contra es que por momentos se vuelve innecesariamente sensiblera. Lo mejor es ver la reacción de los cubanos ante una escalera mecánica.
Todo es por amor (It´s all about love, Thomas Vinterberg). Puntaje: 2. Lo único interesante de Todo es por amor es que impone una idea de amor como algo frío, alejado de las pasiones. Después es un bodrio artie filmado de manera redundante (cámara ondulante para ebrios y que tiembla para filmar nerviosos).
Naza Chong.
Estrenos del 26 de agosto
Hellboy (Guillermo del Toro). Puintaje: 7. Las historias de amor entre freaks le pueden a cualquiera, hay que admitirlo. Encima hay luchitas en el medio. Es medio subrayado eso de que malo no se nace, sino que se hace al sacar bien buenito a un diablito creado por los nazis, pero criado por científicos. Pero fuera de sobreinterpretaciones, un tipo que se lima los cuernos, fuma todo el tiempo y tiene levante a pesar de parecerse a Ron Perlman es alguien a respetar.
Nathalie X (Nathalie..., Anne Fontaine). Puntaje: 5. Res non verba decía la campera de gimnasia de mi colegio. Frase idiota si las había para un secundario y que odié a lo largo de esos tres años. Esta película es bien verba non res, todo es palabra, se caga en los hechos. Está bien que es por una trampa tonta y predecible del guión, pero se sostiene igual a lo largo de la película. Se trata de la relación entre ellas, no de una película artie de estafas, en las que importa si es todo verdad o mentira. Además acá ya se nota que era todo mentira (upa, lo hice de nuevo ponele).
Las reglas de la seducción (Laws of Atraction, Peter Howitt). Puntaje: 4. En esta supuesta comedia romántica no hay seducción, atracción y mucho menos comedia o romance. Una película rígida y tal vez sea por eso que del título sólo se mantengan reglas. El tema es que Moore y Brosnam no pegan ni con cola y eso se nota y molesta. Nada peor que una comedia romántica intrascendente.
Hombre en llamas (Man on fire, Tony Scott). Puntaje: 7. Disfrutablemente facho (no como Ridley, su hermano no disfrutable) vuelve uno de los más grandes y no reconocidos cineastas de Hollywood. Denzel Washington desatado haciendo "justicia" por mano propia, llega a meterle dinamita en el culo a un mexicano. Y así todo el tiempo. Divertidísimo, pero todavía lejos de Días de trueno, El último boy scout y el resto de sus hits de antaño.
Estrenos del 2 de septiembre
El regreso (Vozvrashcheniye, Andrei Zvyagintsev). Puntaje: 6. Lejos de ser lo mejor del año y con el gimmick de la muerte de uno de sus actores en el mismo lago en el que se filmó. Una película aburrida, estúpidamente circular y con los complejitos ñoños de los padres. Eso sí, se ve como la concha de la lora y el hijo menor tiene unos cachetes de puta madre.
Osama (Siddiq Barmak). Puntaje: 3. Otra que llega con gimmick. Encima tan pelotudos de ponerle Osama. Dejate de joder. Nefasta ideológica y visualmente. Hay un pibito que pide monedas que parece piola.
La aldea (The Village, M. Night Shyamalan). Puntaje: 1. De lo peor del año, llega la película que contradice sus tres últimas. No hay nada sobrenatural, los monstruos, como los reyes magos, el coco y Papá Noel 'a la final' eran los padres. Eso sí, éstos son reaccionarios que meten miedo. En cualquier momento se viene la remake en Pilar.
Cruz de sal y Dolores de casada (Jaime Lozano y Juan Manuel Jimenez). Puntajes: 1. Dos mega bodrios. El primero con algún valor trash, el segundo con Mirta Busnelli.
¡Yu-Gi-Oh! (Yûgiô: Gekijô-ban, Hatsuki Tsuji). Puntaje: 3. Saltó la ficha: en realidad prendí uno antes de entrar y escribí sobre eso nomás. Ni así. Era algo de un jueguito de cartas, sin movimiento y con diálogos redundantes. Un mal viaje.
Las trillizas de Belleville (Les tripletes de Belleville, Sylvain Chomet). Puntaje: 7. Apareció medio mundo indignado con esta en la época del estreno. El otro medio mundo se había fascinado en la proyección del Bafici. Muchos chistes son malos, sí, es aburrida, también, pero no es El regreso. Una animada menos ñoña que el 95% de los estrenos de dibujitos.
Estrenos del 9 de septiembre
La terminal (The Terminal, Steven Spielberg) Puntaje: 7. Spielberg es de esos que es tan raro que te vuele la peluca como que meta la pata. La terminal es otra más de sus películas correctas. Eso sí, ya parece que se lo comieron sus guiños. Ah, y basta de padres, que acá aunque ocultos y en unos pocos minutos, igual aparecen y les alcanza como siempre para apestar un poco las cosas.
Lesbianas de Buenos Aires (Santiago García). Puntaje: 8. No está bien que lo halague mucho por ser cinequanon amigo, pero debo confesarle que su película me gusta más que la de Spielberg. De cualquier forma, Lesbianas... es un documental tan político como emotivo. Y lo que es mucho mejor nunca es declamatorio ni sensiblero. Se esperan Las deportistas.
La mina (Victo Laplace). Puntaje: 1. Laplace apuesta al grotesco. Eso al menos hace que cuanto menos uno piense "este tipo está loco". Pero no, no es irónico. El tipo quiere tirar una metáfora de la Argentina por la cabeza del espectador. Y su única arma es el palurdo de Dumont gritando "puta" o "mierda" y seguramente algún "puta de mierda".
Los muertos (Lisandro Alonso). Püntaje: 10. Parecía imposible llegar al nivel de La libertad, pero Lisandro Alonso lo logró y encima cambió el registro. Si en La libertad estaba mucho más cerca del documental que de la ficción, acá es todo lo contrario. El plano secuencia inicial es un prodigio fílmico.
Héroe (Ying xiong, Zhang Yimou). Puntaje: 6. Se ve del carajo, con un cast del carajo, pero imperialista hasta al carajo. Gracias, pero no gracias.
Balseros (Carles Bosch, Josep M. Domènech). Puntaje: 7. Al final se vuelve un plomazo porque te explican cómo terminaron todos, pero todo el prólogo en Cuba es brillante y se puede decir lo mismo de la producción y el trabajo de investigación. Otra en contra es que por momentos se vuelve innecesariamente sensiblera. Lo mejor es ver la reacción de los cubanos ante una escalera mecánica.
Todo es por amor (It´s all about love, Thomas Vinterberg). Puntaje: 2. Lo único interesante de Todo es por amor es que impone una idea de amor como algo frío, alejado de las pasiones. Después es un bodrio artie filmado de manera redundante (cámara ondulante para ebrios y que tiembla para filmar nerviosos).
Naza Chong.
miércoles, octubre 06, 2004
Wouldn't you miss me at all? (I)
Hace dos meses y medio que no escribía ningún estreno por falta de tiempo. La cabeza ya no es lo que era, las razones y argumentos importan mucho menos... en fin, todo es bastante más arbitrario. Están avisados. Estos son los estrenos que vi en las últimas 10 semanas, que voy a postear en packs de dos o tres semanas (ponele):
Estrenos del 5 de agosto:
La seguridad de los objetos (The Safety of Objects, Rose Troche). Puntaje: 3. Todos los peores lugares comunes del indie americano aglutinados en una sola película.
El secreto (Io Non Ho Paura, Gabriele Salvatores). Puntaje: 9. Una película tan paisajista como sobria. La historia de un nene desde la mirada adulta. Una sorpresa total.
La soledad era esto (Sergio Renán). Puntaje: 1. Si Renán intentaba una parodia, seguro no le salía meter la música de la forma en que lo hace acá. Es imposible escribir alguna línea más de una película olvidable como ésta, a más de dos meses de la proyección de prensa.
Padre soltero (Jersey Girl, Kevin Smith). Puntaje: 1. Smith juega a ser Campanella y encima insiste con el zopenco de Affleck. ¡Madurez las pelotas!
Durval Discos (Ana Muylaert). Puntaje: 5. Un plano secuencia virtuoso que abre la película y uno de los planos finales más extraños en años para una película latinoamericana. Un caballo, un cadáver, una nena, una vieja y Durval en una habitación. En el medio una historia costumbrista por momentos simpática y por otros pelotuda.
Las mujeres perfectas (The Stepford Wives, Frank Oz). Puntaje: 4. Una película de Oz que es un embole es un pecado. Encima con una vuelta de tuerca idiota. Decí que hay una machona y un mariposón de segundones que por momentos funcionan.
Estrenos del 12 de agosto:
Buena vida (delivery) (Leonardo Di Cesare). Puntaje: 4. Película que enojó a muchos pero a nadie por la razón principal: por momentos Di Cesare parece cagarse en la estética. Lo suyo es el trabajo con los personajes y por momentos le sale bien. Es rara la mezcla entre lo parco de algunos diálogos (rasgos de nuevo cine) y lo costumbrista de algunas situaciones (rasgos del cine más apolillado). Lo que está bien puro en su cine son los rasgos misántropos en la forma de encarar la historia.
Madame Satã (Karim Ainouz). Puntaje: 9. Esta es una de esas películas que crece con cada visión y con cada segundo posterior a su mirada. La de Ainouz parece acercarse al mito siempre desde el lugar correcto. Un biopic tan verosímil como sorprendente.
Contr@site (Danièle Incalcaterra y Fausta Quattrini). Puntaje: 4. Es imposible no sentirse como la gata Flora al ver Contr@site. Se puede decir a su favor que es una peli fallida, que intenta una búsqueda estética y que las imágenes de Bolivia son interesantes. El tema es que un pelmazo apuntándose con la cámara a la cara es el 90% de película.
El enviado (Godsend, Nick Hamm). Puntaje: 5. Una de esas que se percibe que sus méritos son involuntarios. Esa es la ventaja que permiten los guiones de trazo grueso a las lecturas arbitrarias. Si ésta se ve como un dilema para los protagonistas entre ética y familia se vuelve aceptable. Porque primera ellos eligen ética y les vuelan a un hijo. Después eligen familia y les va peor.
Dos ilusiones (Martín Lobo). Puntaje: 4. La pobre de Claudia Albertario no sólo tiene que luchar contra un papel indigno sino que también contra un guión que busca cualquier excusa para ponerla en pelotas. Entre intentos de abusos y violación se cuela Romano con un mariposón inesperadamente simpatiquísimo. Del resto sólo se puede decir que esta es la confirmación de que Matías Santoianni es el actor joven más insoportable.
Ruby & Quentin (Francis Veber). Puntaje: 1. Lo peor de tener que cubrir todos los estrenos es que no se pueden obviar bodrios como este que se ven venir a años luz de distancia. Una película de divas, pero estos divos ya están chochos y hace tiempo se les pasó su cuarto de hora.
Rey Arturo (King Arthur, Antoine Fuqua). Puntaje: 3. Todo mal en este bodoque de quien había sorprendido con Día de entrenamiento. Arturo es un pelmazo. El único que tiene carisma es Lancelote y no parece querer hacer otra cosa que comerse a besos al futuro rey.
Estrenos del 19 de agosto:
18-j (muchos y muy pocos interesantes). Puntaje: 3. Apenas destellos de cuatro cortos decentes dentro de un papelón cinematográfico. Los dos últimos son directamente vergonzosos. Una copia de una forma de negociar con el dolor ajeno.
La casa de arena y niebla (House of Sand and Fog, Vadim Perelman). Puntaje: 3. Si Jennifer Connelly no levanta una película, no la levanta a nadie. Acá se la pasa peleando con Gandhi por una casucha en una película que pasa rápidamente de un mediocre thriller xenófobo a una pésima tragedia políticamente correcta.
Los fusiladitos (Cecilia Miljiker). Puntaje: 6. El mayor hallazgo de Los fusiladitos es el único sobreviviente de los fusilamientos al momento del rodaje. El no recuerda nada y la esposa parece no hacerse cargo de eso y lo ayuda. Mientras tanto ninguno de los dos deja de fumar. Imágenes impactantes, a las que se le puede agregar alguna cita en formato de homenaje y no mucho más.
Colateral (Collateral, Michael Mann). Puntaje: 10. Agrandado como pocos, Mann parece decir "eh, guacho... ¿pensás que no te filmo una de joligu en video?". Y ahí junta en un taxi a Cruise y Jamie Foxx. Diálogos de y sobre hombres oslitarios, la moral y, por supuesto, canchereadas múltiples. El tipo que aterriza en el tacho es uno de los 5 momentos cinematográficos del año.
Naza Chong.
Estrenos del 5 de agosto:
La seguridad de los objetos (The Safety of Objects, Rose Troche). Puntaje: 3. Todos los peores lugares comunes del indie americano aglutinados en una sola película.
El secreto (Io Non Ho Paura, Gabriele Salvatores). Puntaje: 9. Una película tan paisajista como sobria. La historia de un nene desde la mirada adulta. Una sorpresa total.
La soledad era esto (Sergio Renán). Puntaje: 1. Si Renán intentaba una parodia, seguro no le salía meter la música de la forma en que lo hace acá. Es imposible escribir alguna línea más de una película olvidable como ésta, a más de dos meses de la proyección de prensa.
Padre soltero (Jersey Girl, Kevin Smith). Puntaje: 1. Smith juega a ser Campanella y encima insiste con el zopenco de Affleck. ¡Madurez las pelotas!
Durval Discos (Ana Muylaert). Puntaje: 5. Un plano secuencia virtuoso que abre la película y uno de los planos finales más extraños en años para una película latinoamericana. Un caballo, un cadáver, una nena, una vieja y Durval en una habitación. En el medio una historia costumbrista por momentos simpática y por otros pelotuda.
Las mujeres perfectas (The Stepford Wives, Frank Oz). Puntaje: 4. Una película de Oz que es un embole es un pecado. Encima con una vuelta de tuerca idiota. Decí que hay una machona y un mariposón de segundones que por momentos funcionan.
Estrenos del 12 de agosto:
Buena vida (delivery) (Leonardo Di Cesare). Puntaje: 4. Película que enojó a muchos pero a nadie por la razón principal: por momentos Di Cesare parece cagarse en la estética. Lo suyo es el trabajo con los personajes y por momentos le sale bien. Es rara la mezcla entre lo parco de algunos diálogos (rasgos de nuevo cine) y lo costumbrista de algunas situaciones (rasgos del cine más apolillado). Lo que está bien puro en su cine son los rasgos misántropos en la forma de encarar la historia.
Madame Satã (Karim Ainouz). Puntaje: 9. Esta es una de esas películas que crece con cada visión y con cada segundo posterior a su mirada. La de Ainouz parece acercarse al mito siempre desde el lugar correcto. Un biopic tan verosímil como sorprendente.
Contr@site (Danièle Incalcaterra y Fausta Quattrini). Puntaje: 4. Es imposible no sentirse como la gata Flora al ver Contr@site. Se puede decir a su favor que es una peli fallida, que intenta una búsqueda estética y que las imágenes de Bolivia son interesantes. El tema es que un pelmazo apuntándose con la cámara a la cara es el 90% de película.
El enviado (Godsend, Nick Hamm). Puntaje: 5. Una de esas que se percibe que sus méritos son involuntarios. Esa es la ventaja que permiten los guiones de trazo grueso a las lecturas arbitrarias. Si ésta se ve como un dilema para los protagonistas entre ética y familia se vuelve aceptable. Porque primera ellos eligen ética y les vuelan a un hijo. Después eligen familia y les va peor.
Dos ilusiones (Martín Lobo). Puntaje: 4. La pobre de Claudia Albertario no sólo tiene que luchar contra un papel indigno sino que también contra un guión que busca cualquier excusa para ponerla en pelotas. Entre intentos de abusos y violación se cuela Romano con un mariposón inesperadamente simpatiquísimo. Del resto sólo se puede decir que esta es la confirmación de que Matías Santoianni es el actor joven más insoportable.
Ruby & Quentin (Francis Veber). Puntaje: 1. Lo peor de tener que cubrir todos los estrenos es que no se pueden obviar bodrios como este que se ven venir a años luz de distancia. Una película de divas, pero estos divos ya están chochos y hace tiempo se les pasó su cuarto de hora.
Rey Arturo (King Arthur, Antoine Fuqua). Puntaje: 3. Todo mal en este bodoque de quien había sorprendido con Día de entrenamiento. Arturo es un pelmazo. El único que tiene carisma es Lancelote y no parece querer hacer otra cosa que comerse a besos al futuro rey.
Estrenos del 19 de agosto:
18-j (muchos y muy pocos interesantes). Puntaje: 3. Apenas destellos de cuatro cortos decentes dentro de un papelón cinematográfico. Los dos últimos son directamente vergonzosos. Una copia de una forma de negociar con el dolor ajeno.
La casa de arena y niebla (House of Sand and Fog, Vadim Perelman). Puntaje: 3. Si Jennifer Connelly no levanta una película, no la levanta a nadie. Acá se la pasa peleando con Gandhi por una casucha en una película que pasa rápidamente de un mediocre thriller xenófobo a una pésima tragedia políticamente correcta.
Los fusiladitos (Cecilia Miljiker). Puntaje: 6. El mayor hallazgo de Los fusiladitos es el único sobreviviente de los fusilamientos al momento del rodaje. El no recuerda nada y la esposa parece no hacerse cargo de eso y lo ayuda. Mientras tanto ninguno de los dos deja de fumar. Imágenes impactantes, a las que se le puede agregar alguna cita en formato de homenaje y no mucho más.
Colateral (Collateral, Michael Mann). Puntaje: 10. Agrandado como pocos, Mann parece decir "eh, guacho... ¿pensás que no te filmo una de joligu en video?". Y ahí junta en un taxi a Cruise y Jamie Foxx. Diálogos de y sobre hombres oslitarios, la moral y, por supuesto, canchereadas múltiples. El tipo que aterriza en el tacho es uno de los 5 momentos cinematográficos del año.
Naza Chong.
French Can Can
El perro (Le Chien, Argentina, 2004). Dirigida por Carlos Sorín. Con Juan Villegas, Walter Donado, Micol Estévez, Kita Ca y Pascual Condito.
ESTRENO
Puntaje: 3
Con el mismo sentido de patriotismo que la publicidad de una de esas empresas que confían en el país, con la emotividad de un aviso donde se desafían distintas blancuras o donde se expone la implícita nobleza de tomarse un mate. Así filmó Sorín El perro.
Como la publicidad, que parte de ciertos presupuestos -que a la gente la gusta usar la ropa bien blanquita, ponele- el director se basa en prejuicios un poco más cínicos. (Al menos en el "contrato de lectura" de la publicidad se estipula una intención mercantil que el cine seriote pretende, a priori, esquivar).
Primero organiza un entramado de personajes prototípicos: el chanta, los burgueses venidos a menos, los jóvenes que quieren progresar.
Y después la enorme lista de verdades derechas y humanas: que los tipos buenos dicen "gracias" todo el tiempo, que alguien es gentil porque hace favores o que puede existir la so-called "gente sencilla" (en el avance de El perro, que es ciento por ciento publicitario -y está bien, los trailers están destinados a eso- se describe así a los protagonistas).
Ahí es donde Sorín mete el perro. Porque la elección de actores no profesionales (Juan Villegas es Juan Villegas) no garantiza realismo. Porque la relación de Juan Villegas con el dogo -¿existe en este mundo una mascota menos carismática que ese bicho blanco?- es muy compleja y el director decide despreciarla. Porque, mal que le pese al minimizador de historias, para hacer cine hace falta algo más que el primer plano de una cara redonda, desgastada y rosa o la repetición de paisajes desolados en tono de domingo a la tarde.
Agustina Larrea
ESTRENO
Puntaje: 3
Con el mismo sentido de patriotismo que la publicidad de una de esas empresas que confían en el país, con la emotividad de un aviso donde se desafían distintas blancuras o donde se expone la implícita nobleza de tomarse un mate. Así filmó Sorín El perro.
Como la publicidad, que parte de ciertos presupuestos -que a la gente la gusta usar la ropa bien blanquita, ponele- el director se basa en prejuicios un poco más cínicos. (Al menos en el "contrato de lectura" de la publicidad se estipula una intención mercantil que el cine seriote pretende, a priori, esquivar).
Primero organiza un entramado de personajes prototípicos: el chanta, los burgueses venidos a menos, los jóvenes que quieren progresar.
Y después la enorme lista de verdades derechas y humanas: que los tipos buenos dicen "gracias" todo el tiempo, que alguien es gentil porque hace favores o que puede existir la so-called "gente sencilla" (en el avance de El perro, que es ciento por ciento publicitario -y está bien, los trailers están destinados a eso- se describe así a los protagonistas).
Ahí es donde Sorín mete el perro. Porque la elección de actores no profesionales (Juan Villegas es Juan Villegas) no garantiza realismo. Porque la relación de Juan Villegas con el dogo -¿existe en este mundo una mascota menos carismática que ese bicho blanco?- es muy compleja y el director decide despreciarla. Porque, mal que le pese al minimizador de historias, para hacer cine hace falta algo más que el primer plano de una cara redonda, desgastada y rosa o la repetición de paisajes desolados en tono de domingo a la tarde.
Agustina Larrea
jueves, septiembre 16, 2004
El Rey de los Caprichos
Todo es por amor (It´s all about love, 2003). Dirigida por Thomas Vinterberg. Con Joaquin Phoenix, Claire Danes, Sean Penn y Douglas Henshall.
ESTRENO
Puntaje: 8
La celebración era un capricho formal y tanto público como crítica la aplaudieron de pie. Todo es por amor es un capricho narrativo y es unánimemente rechazada. Curioso fenómeno el de Thomas Vinterberg, el Rey de los Caprichos.
Partamos de la base que La Celebración fue una película inmensamente sobrevalorada. No sólo en la Argentina, donde fue la gran sorpresa del año 1999, sino en todo el mundo. Subida en la ola del infame Dogma - el mayor capricho de los niños Vinterberg y von Trier -, la película atrajo a las masas gracias a la curiosidad frente a una horrible imagen digital, ineptas e inestables posiciones de cámara y sonido e iluminación forzadamente amateurs. Una enorme mentira, el Dogma, desterrada prontamente por sus creadores, quienes lo abandonaron en sus siguientes proyectos. Divertidos por su inmensa boutade, siguieron adelante.
Vinterberg se embarcó entonces en este proyecto y el resultado es, sin dudas, asombroso. El danés parece haber entendido, quizás como ninguno de sus contemporáneos, la arbitrariedad que sustenta a la maquinaria hollywoodense. Y, operación inteligente y novedosa, la pone en evidencia a través de un relato autoconscientemente arbitrario. Quizás sólo Lynch había alcanzado un pico similar, pero acordemos que el gran David lejos está de Hollywood, como un exilado en su propia tierra.
Muertes inexplicables, cambios meteorológicos, ugandeses que vuelan, miedo a volar trocado por imposibilidad de bajarse de un avión… la película es una sucesión continua de arbitrariedades y allí está su fabuloso encanto. Si es una película importante no lo es tanto como entretenimiento o como alegoría - por favor, evitemos pasar vergüenza con lecturas alegóricas sobre los Estados Unidos y demás - sino como arma de combate: un modo de enfrentar cara a cara con los yuppies del guión, como los llama Nanni Moretti; de luchar contra las estructuras rígidas del cine actual y contra las convenciones de guión que nos han lavado el cerebro. No todo tiene que ser explicado, la belleza no está siempre en las razones.
Claro que, oculto en ese velo de incoherencia, el director da un paso más. Porque la película es visualmente perfecta, tenue, opaca, luminosa de una manera particualrmente apagada. Hay una construcción sutil en cada movimiento de cámara, un coqueteo entre el mostrar y no mostrar; y allí sí que es claro y cristalino Vinteberg. Allí se evidencia que entendió que el cine no se trata de contar historias sino de desarrollar procedimientos. No extraña que esté aquí el por qué de tanto rechazo masivo, de tanta unanimidad negativa frente a Todo es por amor: quizás no estamos preparados para un cine que exceda a la mera narración, quizás nos lavaron el cerebro con demasiado esmero como para que aceptemos romper los códigos invisibles del mercado. Tal vez, y sólo tal vez, es hora de volver a los orígenes del cine para empezar a pensar un cine futuro mejor, más fresco y menos atado a contar cuentos de las buenas noches.
Guido Segal
ESTRENO
Puntaje: 8
La celebración era un capricho formal y tanto público como crítica la aplaudieron de pie. Todo es por amor es un capricho narrativo y es unánimemente rechazada. Curioso fenómeno el de Thomas Vinterberg, el Rey de los Caprichos.
Partamos de la base que La Celebración fue una película inmensamente sobrevalorada. No sólo en la Argentina, donde fue la gran sorpresa del año 1999, sino en todo el mundo. Subida en la ola del infame Dogma - el mayor capricho de los niños Vinterberg y von Trier -, la película atrajo a las masas gracias a la curiosidad frente a una horrible imagen digital, ineptas e inestables posiciones de cámara y sonido e iluminación forzadamente amateurs. Una enorme mentira, el Dogma, desterrada prontamente por sus creadores, quienes lo abandonaron en sus siguientes proyectos. Divertidos por su inmensa boutade, siguieron adelante.
Vinterberg se embarcó entonces en este proyecto y el resultado es, sin dudas, asombroso. El danés parece haber entendido, quizás como ninguno de sus contemporáneos, la arbitrariedad que sustenta a la maquinaria hollywoodense. Y, operación inteligente y novedosa, la pone en evidencia a través de un relato autoconscientemente arbitrario. Quizás sólo Lynch había alcanzado un pico similar, pero acordemos que el gran David lejos está de Hollywood, como un exilado en su propia tierra.
Muertes inexplicables, cambios meteorológicos, ugandeses que vuelan, miedo a volar trocado por imposibilidad de bajarse de un avión… la película es una sucesión continua de arbitrariedades y allí está su fabuloso encanto. Si es una película importante no lo es tanto como entretenimiento o como alegoría - por favor, evitemos pasar vergüenza con lecturas alegóricas sobre los Estados Unidos y demás - sino como arma de combate: un modo de enfrentar cara a cara con los yuppies del guión, como los llama Nanni Moretti; de luchar contra las estructuras rígidas del cine actual y contra las convenciones de guión que nos han lavado el cerebro. No todo tiene que ser explicado, la belleza no está siempre en las razones.
Claro que, oculto en ese velo de incoherencia, el director da un paso más. Porque la película es visualmente perfecta, tenue, opaca, luminosa de una manera particualrmente apagada. Hay una construcción sutil en cada movimiento de cámara, un coqueteo entre el mostrar y no mostrar; y allí sí que es claro y cristalino Vinteberg. Allí se evidencia que entendió que el cine no se trata de contar historias sino de desarrollar procedimientos. No extraña que esté aquí el por qué de tanto rechazo masivo, de tanta unanimidad negativa frente a Todo es por amor: quizás no estamos preparados para un cine que exceda a la mera narración, quizás nos lavaron el cerebro con demasiado esmero como para que aceptemos romper los códigos invisibles del mercado. Tal vez, y sólo tal vez, es hora de volver a los orígenes del cine para empezar a pensar un cine futuro mejor, más fresco y menos atado a contar cuentos de las buenas noches.
Guido Segal
miércoles, septiembre 15, 2004
What is looooooove?
Combo Las reglas de la seducción + Todo es por amor
ESTRENO
Puntajes: 4 + 2
¿De qué habla el cine cuando habla de amor? Dos recientes estrenos traen a las pantallas (malos) ejemplos de lo ñoñas y lo cómodas que pueden llegar a ser ciertas corrientes actuales -aunque hay muchos casos que demuestran lo contrario- para mostrar la unión entre dos personas.
En un rincón, Las reglas de la seducción (En inglés Laws of atraction ¿Es necesario aclarar que hay una sutil diferencia entre la atracción del original y la seducción vernácula? Igual es lo menos grave). Un par de chistes y la innegable fotogenia de dos estrellas como Julianne Moore y Pierce Brosnan flotando en un constante tono pastel -digno de un elegantísimo especial de decoración de la revista de La Nación- no logran conformar una comedia romántica. Si bien hay un choque de opuestos que luego intentan el reencuentro y un cuasi re-matrimonio, la fórmula falla. Porque es perezosa, falsa, impostada. Como si los protagonistas ya vinieran atraídos de sus casas y la seducción fuera un inevitable paso para el predecible happy ending. Las lágrimas de Julianne -que supieron conmover en más de una película- no parecen convencer como lo hacía, por citar un ejemplo cercano, Adam Sandler en Como si fuera la primera vez (50 First Dates). Ahí también había dos estrellas de gran presencia pero detrás también había una idea cinematográfica, colores brillantes y un rematrimonio eterno (él tenía que reconquistar a Drew Barrymore todos los días). No se puede decir que Las reglas... sea una película mala, es como una correcta canción de Elton John mientras que la de Sandler se parece más a una deliciosa creación de Bryan Ferry (los dos presentes en sendos soundtracks, por otra parte).
En el otro rincón, el artiecine-anticine un poco más perverso de Todo es por amor. Adornada bajo las luces de colores del Dogma, la propuesta de Thomas Vintenberg resulta indignante, seriota, pretenciosa hasta el hartazgo y sin ningún rasgo visual interesante (hay que admitir que al menos Las reglas... tenía una coherencia estilístico-decorativa). Encima el director en algún momento intenta virar hacia una trama policial -ahora dicen que el rubro "historia de amor" a secas no califica dentro de los parámetros de la respetabilidad intelectual y, por lo tanto, hay que poner un plus que legitime a las películas- pero se queda ahí.
Y otra vez la decepción, la comparación y la eternidad: la nevada insufrible de Vintenberg no le llega ni a los talones a la imborrable nieve de Michel Gondry, que canchereadas más, canchereadas menos por parte de Kaufman, ponía en escena una grieta, un resplandor perdurable ante tanta brillantina efímera.
Agustina Larrea
ESTRENO
Puntajes: 4 + 2
¿De qué habla el cine cuando habla de amor? Dos recientes estrenos traen a las pantallas (malos) ejemplos de lo ñoñas y lo cómodas que pueden llegar a ser ciertas corrientes actuales -aunque hay muchos casos que demuestran lo contrario- para mostrar la unión entre dos personas.
En un rincón, Las reglas de la seducción (En inglés Laws of atraction ¿Es necesario aclarar que hay una sutil diferencia entre la atracción del original y la seducción vernácula? Igual es lo menos grave). Un par de chistes y la innegable fotogenia de dos estrellas como Julianne Moore y Pierce Brosnan flotando en un constante tono pastel -digno de un elegantísimo especial de decoración de la revista de La Nación- no logran conformar una comedia romántica. Si bien hay un choque de opuestos que luego intentan el reencuentro y un cuasi re-matrimonio, la fórmula falla. Porque es perezosa, falsa, impostada. Como si los protagonistas ya vinieran atraídos de sus casas y la seducción fuera un inevitable paso para el predecible happy ending. Las lágrimas de Julianne -que supieron conmover en más de una película- no parecen convencer como lo hacía, por citar un ejemplo cercano, Adam Sandler en Como si fuera la primera vez (50 First Dates). Ahí también había dos estrellas de gran presencia pero detrás también había una idea cinematográfica, colores brillantes y un rematrimonio eterno (él tenía que reconquistar a Drew Barrymore todos los días). No se puede decir que Las reglas... sea una película mala, es como una correcta canción de Elton John mientras que la de Sandler se parece más a una deliciosa creación de Bryan Ferry (los dos presentes en sendos soundtracks, por otra parte).
En el otro rincón, el artiecine-anticine un poco más perverso de Todo es por amor. Adornada bajo las luces de colores del Dogma, la propuesta de Thomas Vintenberg resulta indignante, seriota, pretenciosa hasta el hartazgo y sin ningún rasgo visual interesante (hay que admitir que al menos Las reglas... tenía una coherencia estilístico-decorativa). Encima el director en algún momento intenta virar hacia una trama policial -ahora dicen que el rubro "historia de amor" a secas no califica dentro de los parámetros de la respetabilidad intelectual y, por lo tanto, hay que poner un plus que legitime a las películas- pero se queda ahí.
Y otra vez la decepción, la comparación y la eternidad: la nevada insufrible de Vintenberg no le llega ni a los talones a la imborrable nieve de Michel Gondry, que canchereadas más, canchereadas menos por parte de Kaufman, ponía en escena una grieta, un resplandor perdurable ante tanta brillantina efímera.
Agustina Larrea
sábado, septiembre 11, 2004
El último susurro de la noche
La aldea (The Village, 2004). Dirigida por Manoj Night Shyamalan. Con Bryce Dallas Howard, Joaquin Phoenix, Adrien Brody, William Hurt, Sigourney Weaver.
ESTRENO (ponele)
Puntaje: 6
El cine norteamericano es, tal vez, el cine más sujeto a cuestiones religiosas del mundo. Su intenso sentido de la moral no se reduce simplemente a una priorización del bien social por sobre el deseo individual, sino que se somete a una concepción judeocristiana. El principal responsable de este fenómeno es David Wark Griffith, quien sentó las bases que jamás habrían de quebrarse y que dan forma, origen y razón de ser al Hollywood que conocemos. Griffith, padre y tutor del cine de estudios -que surgió en California pero pronto perdió sus límites geográficos para colonizar el mundo entero- construyó un modelo narrativo inspirado en la literatura de Charles Dickens, donde la moral victoriana se colaba por todos los huecos. Nace así no sólo un cine estrictamente narrativo, apoyado en ciertos mecanismos que sostienen el interés y la tensión durante el transcurso de la función, sino que se impone esa norma tácita que obliga a proteger las buenas costumbres, a defender, aún a base de hipocresía, los valores universales y los derechos del hombre. Y se determina, inquebrantablemente, la necesidad de penalizar a los malvados o ajenos al sistema.
Un ejercicio interesante puede ser comparar al viejo Griffith, al intermedio Hitchcock y al joven Manoj Shyamalan. Tenemos entre manos a tres cineastas que resaltan por sobre la media, que en mayor o menor medida ocupan su lugar en la historia del cine y que, además, instauraron tendencias que marcaron su época. Son, por otra parte, cineastas plenamente cristianos y, si calamos más hondo, cineastas protestantes. Allí podemos reconocer indefectiblemente un sentido de la moral exacerbado, desmedido, casi anacrónico en cualquiera de los tres casos. Claro que las carreras de Griffith y Hitch están ya cerradas, pero la breve y consistente filmografía de Shyamalan -cuya primera película se llama Rezando con odio y su segunda, Wide awake, narra cómo un pequeño alumno pupilo busca a Dios- sigue produciendo eslabones de un mismo y férreo sistema de pensamiento.
Si en algún modo Shyamalan es un autor, en el sentido de tópicos persistentes o en la claridad con la que se distinguen sus películas en cada plano que las compone, se evidencia en su cine un apego no sólo a la misma estructura narrativa sino también a contar la misma historia. Porque Night, igual que los anteriores mencionados y tal vez en parte gracias a ellos, cuenta siempre la misma historia. Y no extraña tampoco que, fiel a su religiosidad mística, filme como dentro de una Iglesia, donde no está permitido hablar; en efecto, el director indio filma como susurrando y es absolutamente adepto a una fotografía seca y despojada, basada en el uso de colores desaturados y de una paleta lanzada hacia los grises. La construcción del mito del héroe, la idea de comunidad idílica aislada del mundo y destruida por una fuerza exterior, la defensa de la familia como núcleo de formación, la entronización de un amor puro y asexuado… Shyamalan siempre está enviando un mismo mensaje evangelizador decorado con relatos fantásticos. Tanto el ascético uso del color como la apelación constante al vacío sonoro dan fuerza a sus proyectos. Y no está de más decir que La aldea sea tal vez la más extrema corporización de los preceptos básicos que Manoj defiende.
Hay en la película diálogos insoportablemente melosos y situaciones impostadas que rozan el kitsch total. El personaje de Brody es grueso y hasta ofensivo. Sin embargo, la intención no es criticar al gran Manoj, que, después de todo, es un tremendo director, un genio. El problema es que, un poco a la manera de Spielberg en sus comienzos, comenzó a creerse su propia genialidad y forzó sus propios límites. Podría pensarse el enrolamiento de Shyamalan (y de Spielberg incluso) en las filas de otro católico moralizador y figura clave en la historia del cine norteamericano, Walt Disney. Cierta búsqueda no sólo de entretener sino también de enseñar y cierta progresiva protección de los menores ante hechos impactantes han restado interés al cine de Night. Para decirlo crudamente, lo han hecho más ñoño. Si se quiere, más naif, emperrado en dar sustitos a la vieja usanza en tiempos donde los grandes sustos están aquí afuera y cerca nuestro. Quizás se esconda allí, en el fondo, su mayor virtud: a pesar de sus traspiés, Shyamalan es un tipo noble.
Guido Segal
ESTRENO (ponele)
Puntaje: 6
El cine norteamericano es, tal vez, el cine más sujeto a cuestiones religiosas del mundo. Su intenso sentido de la moral no se reduce simplemente a una priorización del bien social por sobre el deseo individual, sino que se somete a una concepción judeocristiana. El principal responsable de este fenómeno es David Wark Griffith, quien sentó las bases que jamás habrían de quebrarse y que dan forma, origen y razón de ser al Hollywood que conocemos. Griffith, padre y tutor del cine de estudios -que surgió en California pero pronto perdió sus límites geográficos para colonizar el mundo entero- construyó un modelo narrativo inspirado en la literatura de Charles Dickens, donde la moral victoriana se colaba por todos los huecos. Nace así no sólo un cine estrictamente narrativo, apoyado en ciertos mecanismos que sostienen el interés y la tensión durante el transcurso de la función, sino que se impone esa norma tácita que obliga a proteger las buenas costumbres, a defender, aún a base de hipocresía, los valores universales y los derechos del hombre. Y se determina, inquebrantablemente, la necesidad de penalizar a los malvados o ajenos al sistema.
Un ejercicio interesante puede ser comparar al viejo Griffith, al intermedio Hitchcock y al joven Manoj Shyamalan. Tenemos entre manos a tres cineastas que resaltan por sobre la media, que en mayor o menor medida ocupan su lugar en la historia del cine y que, además, instauraron tendencias que marcaron su época. Son, por otra parte, cineastas plenamente cristianos y, si calamos más hondo, cineastas protestantes. Allí podemos reconocer indefectiblemente un sentido de la moral exacerbado, desmedido, casi anacrónico en cualquiera de los tres casos. Claro que las carreras de Griffith y Hitch están ya cerradas, pero la breve y consistente filmografía de Shyamalan -cuya primera película se llama Rezando con odio y su segunda, Wide awake, narra cómo un pequeño alumno pupilo busca a Dios- sigue produciendo eslabones de un mismo y férreo sistema de pensamiento.
Si en algún modo Shyamalan es un autor, en el sentido de tópicos persistentes o en la claridad con la que se distinguen sus películas en cada plano que las compone, se evidencia en su cine un apego no sólo a la misma estructura narrativa sino también a contar la misma historia. Porque Night, igual que los anteriores mencionados y tal vez en parte gracias a ellos, cuenta siempre la misma historia. Y no extraña tampoco que, fiel a su religiosidad mística, filme como dentro de una Iglesia, donde no está permitido hablar; en efecto, el director indio filma como susurrando y es absolutamente adepto a una fotografía seca y despojada, basada en el uso de colores desaturados y de una paleta lanzada hacia los grises. La construcción del mito del héroe, la idea de comunidad idílica aislada del mundo y destruida por una fuerza exterior, la defensa de la familia como núcleo de formación, la entronización de un amor puro y asexuado… Shyamalan siempre está enviando un mismo mensaje evangelizador decorado con relatos fantásticos. Tanto el ascético uso del color como la apelación constante al vacío sonoro dan fuerza a sus proyectos. Y no está de más decir que La aldea sea tal vez la más extrema corporización de los preceptos básicos que Manoj defiende.
Hay en la película diálogos insoportablemente melosos y situaciones impostadas que rozan el kitsch total. El personaje de Brody es grueso y hasta ofensivo. Sin embargo, la intención no es criticar al gran Manoj, que, después de todo, es un tremendo director, un genio. El problema es que, un poco a la manera de Spielberg en sus comienzos, comenzó a creerse su propia genialidad y forzó sus propios límites. Podría pensarse el enrolamiento de Shyamalan (y de Spielberg incluso) en las filas de otro católico moralizador y figura clave en la historia del cine norteamericano, Walt Disney. Cierta búsqueda no sólo de entretener sino también de enseñar y cierta progresiva protección de los menores ante hechos impactantes han restado interés al cine de Night. Para decirlo crudamente, lo han hecho más ñoño. Si se quiere, más naif, emperrado en dar sustitos a la vieja usanza en tiempos donde los grandes sustos están aquí afuera y cerca nuestro. Quizás se esconda allí, en el fondo, su mayor virtud: a pesar de sus traspiés, Shyamalan es un tipo noble.
Guido Segal
jueves, agosto 12, 2004
Detrás de todo sólo hay una mujer
Las mujeres perfectas (The Stepford Wives, EEUU, 2004). Dirigida por Frank Oz. Con Nicole Kidman, Matthew Broderick y Bette Midler.
ESTRENO
Puntaje: 4.
Stepford es un paraíso menemista: parques empalagosos, casas gigantes y un batallón de esposas rubias de botiquín con vestidos floreados -¡puaj!- bien dispuestas a hacer felices a sus maridos. Siniestras geishas sonrientes que irradian tanta lozanía como tilinguería.
Allí se muda el personaje de Nicole Kidman, que es legalmente blonda pero que aquí está obligada a lucir un castaño para demarcar de manera pueril desde lo visual que ella es distinta: trabaja, es exitosa y viene de la ciudad (estos últimos temas parecen obsesionar al mainstream: en Papá soltero, otro reciente estreno, Will Smith en un cameo bochornoso se asume un poco estúpido por no compartir tiempo con sus hijos por su trabajo pero logra convencer al bueno de Ben Affleck, ex ser urbano, que decide rechazar una oferta laboral y quedarse finalmente con su primogénita).
Lo que en principio parece un prometedor intento a puro humor negro, se diluye para convertirse en una comedia fláccida, con momentos de machismo explícito y casi ningún gag efectivo. A Joanna (Kidman) la echan de la cadena de televisión en la que trabajaba luego de que uno de los miembros de un reality show que ella pergeñó -sugerentemente llamado I could do better y que perdido en la traducción sería algo así como "Podría irme mejor"- enloqueciera porque descubre que su mujer lo engaña.
Sin trabajo, la protagonista, pintada desde un principio como despechada y fría frente a la agobiante generosidad de las mujeres del pseudo-country, colapsa y se instala en Stepford con toda su familia. Con un grupo de "inadaptados" Joanna decide investigar qué pasa en ese misterioso lugar. Y descubre que en realidad todas ellas han caído en un perverso plan que las terminó robotizando para que hicieran todo lo que sus maridos desearan, es decir, que detentaran esa curiosa perfección (la que el director Frank Oz decide ver y sobre todo mostrar como tal, en todo caso, frente a la "imperfección" de la protagonista que no quiere ser prisionera y no tiene alma de robot). ¿Un complot masculino para combatir la creciente independencia de sus esposas? ¿Una conspiración de los hombres contra la liberación femenina? No. Lo curioso -e ideológicamente aterrador- es que, por unos vericuetos de guión, detrás de todo sólo hay una mujer.
De más está decir que Las mujeres perfectas es una película prejuiciosa y simplista. Y que Oz tendría que buscar en el diccionario el significado de la palabra sutileza.
Agustina Larrea.
ESTRENO
Puntaje: 4.
Stepford es un paraíso menemista: parques empalagosos, casas gigantes y un batallón de esposas rubias de botiquín con vestidos floreados -¡puaj!- bien dispuestas a hacer felices a sus maridos. Siniestras geishas sonrientes que irradian tanta lozanía como tilinguería.
Allí se muda el personaje de Nicole Kidman, que es legalmente blonda pero que aquí está obligada a lucir un castaño para demarcar de manera pueril desde lo visual que ella es distinta: trabaja, es exitosa y viene de la ciudad (estos últimos temas parecen obsesionar al mainstream: en Papá soltero, otro reciente estreno, Will Smith en un cameo bochornoso se asume un poco estúpido por no compartir tiempo con sus hijos por su trabajo pero logra convencer al bueno de Ben Affleck, ex ser urbano, que decide rechazar una oferta laboral y quedarse finalmente con su primogénita).
Lo que en principio parece un prometedor intento a puro humor negro, se diluye para convertirse en una comedia fláccida, con momentos de machismo explícito y casi ningún gag efectivo. A Joanna (Kidman) la echan de la cadena de televisión en la que trabajaba luego de que uno de los miembros de un reality show que ella pergeñó -sugerentemente llamado I could do better y que perdido en la traducción sería algo así como "Podría irme mejor"- enloqueciera porque descubre que su mujer lo engaña.
Sin trabajo, la protagonista, pintada desde un principio como despechada y fría frente a la agobiante generosidad de las mujeres del pseudo-country, colapsa y se instala en Stepford con toda su familia. Con un grupo de "inadaptados" Joanna decide investigar qué pasa en ese misterioso lugar. Y descubre que en realidad todas ellas han caído en un perverso plan que las terminó robotizando para que hicieran todo lo que sus maridos desearan, es decir, que detentaran esa curiosa perfección (la que el director Frank Oz decide ver y sobre todo mostrar como tal, en todo caso, frente a la "imperfección" de la protagonista que no quiere ser prisionera y no tiene alma de robot). ¿Un complot masculino para combatir la creciente independencia de sus esposas? ¿Una conspiración de los hombres contra la liberación femenina? No. Lo curioso -e ideológicamente aterrador- es que, por unos vericuetos de guión, detrás de todo sólo hay una mujer.
De más está decir que Las mujeres perfectas es una película prejuiciosa y simplista. Y que Oz tendría que buscar en el diccionario el significado de la palabra sutileza.
Agustina Larrea.
miércoles, agosto 11, 2004
¿Gracias Papá?
Papá Iván (Argentina / México, 2000). Dirigida por María Inés Roque. Ficha técnica.
ESTRENO
Puntaje: 8.
Papá Iván no es sólo un documental sobre un montonero muerto en un enfrentamiento con las fuerzas represivas militares, también es la historia del enfrentamiento moral de una hija que vivió la ausencia física del padre. "Hubiese preferido tener un padre vivo que a un héroe muerto" confiesa ella en la mitad de su relato para despejar los sentimientos contradictorios con los que permanentemente inundó la película hasta ese momento. Se nota admiración pero también rechazo y bronca por la imposibilidad de tenerlo, de no haber podido despedirse de él.
Cuando Juan Julio Roque "Iván" asume la responsabilidad de pasar a la clandestinidad, también asume la posibilidad de dejar a una familia sin padre. Por eso escribe una carta hacia su hija que ella misma, la directora Maria Inés Roque (Argentina, radicada en México), establece como punto de partida para su documental y que trabaja como hilo conductor sin perder la fuerza de su continuidad hasta establecerla como cierre. A través de los relatos de los compañeros de su padre, de los traidores, de sus familiares, de su madre y de su propia voz cuestiona la supremacía de la ideología sobre la de la filiación primaria familiar (el privilegio de lo general sobre lo particular que termina siendo influido por lo general). Pero no establece conclusiones determinantes.
Une a Los rubios de Albertina Carri la potencia del relato contado por los hijos mediante los recuerdos, la investigación y la voz de quienes acompañaron a sus padres en sus últimos momentos. Pero Maria Inés Roque elige contar la historia con ella misma siendo una parte fundamental para el desarrollo de sus cuestionamientos. Expresar sus sentimientos con su propia voz hace que tenga una fuerza emocional inigualable. Y el recorrido de hoy por el viejo camino del barrio que parece no haber cambiado nunca le da la posibilidad de tener los pies descalzos pisando vidrios, pero esta vez con los ojos abiertos.
Leandro Rosenzveig.
ESTRENO
Puntaje: 8.
Papá Iván no es sólo un documental sobre un montonero muerto en un enfrentamiento con las fuerzas represivas militares, también es la historia del enfrentamiento moral de una hija que vivió la ausencia física del padre. "Hubiese preferido tener un padre vivo que a un héroe muerto" confiesa ella en la mitad de su relato para despejar los sentimientos contradictorios con los que permanentemente inundó la película hasta ese momento. Se nota admiración pero también rechazo y bronca por la imposibilidad de tenerlo, de no haber podido despedirse de él.
Cuando Juan Julio Roque "Iván" asume la responsabilidad de pasar a la clandestinidad, también asume la posibilidad de dejar a una familia sin padre. Por eso escribe una carta hacia su hija que ella misma, la directora Maria Inés Roque (Argentina, radicada en México), establece como punto de partida para su documental y que trabaja como hilo conductor sin perder la fuerza de su continuidad hasta establecerla como cierre. A través de los relatos de los compañeros de su padre, de los traidores, de sus familiares, de su madre y de su propia voz cuestiona la supremacía de la ideología sobre la de la filiación primaria familiar (el privilegio de lo general sobre lo particular que termina siendo influido por lo general). Pero no establece conclusiones determinantes.
Une a Los rubios de Albertina Carri la potencia del relato contado por los hijos mediante los recuerdos, la investigación y la voz de quienes acompañaron a sus padres en sus últimos momentos. Pero Maria Inés Roque elige contar la historia con ella misma siendo una parte fundamental para el desarrollo de sus cuestionamientos. Expresar sus sentimientos con su propia voz hace que tenga una fuerza emocional inigualable. Y el recorrido de hoy por el viejo camino del barrio que parece no haber cambiado nunca le da la posibilidad de tener los pies descalzos pisando vidrios, pero esta vez con los ojos abiertos.
Leandro Rosenzveig.
viernes, agosto 06, 2004
El mundo privado de la oscuridad
Yo Robot (I, Robot, 2004). Dirigida por Alez Proyas. Con Will Smith, Bridget Moynahan, James Cromwell.
ESTRENO
Puntaje: 6 (aunque este no es el punto de la crítica).
El 11 de Noviembre de 1960 se emitió por primera vez en los Estados Unidos el episodio número 42 de La Dimensión Desconocida. Ese capítulo, títulado "El ojo del observador", construía una delicada alegoría sobre la belleza, la aceptación y la tolerancia a lo diferente (moraleja incluida) dentro de la precisión estipulada de 25 minutos. Con la sola ayuda de decorados de cartón, iluminación expresionista (y todo el imaginario de ese cine, sumado también al desarrollo del terror en los años 30) y mucha inventiva desde la evolución narrativa, Rod Serling produjo uno de los episodios más perturbadores y fascinantes de su genial serie, y aún hoy, 44 años después, se mantiene su vigencia.
La pregunta ahora es: ¿Cómo es posible que en el año 2004 sea necesaria toda una construcción artificial basada en imponentes ciudades-cliché futuristas, ejércitos de robots digitales o ángulos de cámara físicamente imposibles para llegar a las mismas conclusiones? Peor aún, porque Yo Robot (y colóquese aquí el nombre que se quiera, porque hoy en día el cine mainstream no pretende salirse de la norma) borra todo rastro de ambigüedad e incluso obliga al ahora musculoso Smith a que traduzca las complejas frases de la doctora Calvin para el público adolescente y ardiente en hormonas que consumirá predominantemente el producto.
Si algo queda claro es que ya no extraña la combinación de tácticas de captación de público (¿Es necesario que los personajes hablen como hiphopperos negros constantemente? ¿Hace falta que Smith se quite la remera cada tres escenas? ¿Qué hubiese pasado si la doctora Calvin hubiese sido un gordo de barba?) con la ostentación y el placer exhibicionista, centrado en mostrar siempre más allá de lo que nuestros sentidos o nuestra imaginación nos permiten llegar. Y ni hablar de las burdas publicidades a Audi o a Converse. Desde el comienzo tenemos, por ende, una falla en el sistema: no se puede adaptar a autores de la talla de Asimov o Philip K. Dick e intentar simultáneamente complacer a un público obtuso y conformista (smells like teen spirit). Alguien debe salir herido y todos sabemos quién es.
Yo Robot no es una mala película, ni siquiera genera rechazo. Ya nadie duda de la capacidad de entretener de Hollywood. El problema es la poca claridad de sus límites, el nulo intento de abrirse a algo nuevo, la aceptación plana y festiva de cada uno de los clichés futuristas, lo predecible de cada una de sus líneas narrativas, el intento de introducir emociones forzadas donde el mecanicismo ha triunfado tanto en lo formal como en el contenido. En fin, no vemos nada nuevo, porque no hemos visto nada nuevo en los últimos treinta años. Y si salimos de cada tanque hollywoodense con sabor a nada en los labios no es porque las películas sean malas u odiables sino porque ya las hemos visto veinte millones de veces antes, la misma historia contada una y otra vez con los mismos procedimientos.
Queda como dato estadísitico que el capítulo mencionado al principio de la nota es también conocido, clandestinamente, como "El mundo privado de la oscuridad". Este tipo de sensación es, precisamente, la que generan los blockbusters, una experiencia individual, cerrada y muy poco enriquecedora (o iluminadora). Basta sólo con afirmarse como espectadores críticos e inconformistas para alejarse de estas áreas oscuras y buscar zonas más luminosas en filmografías menos estancadas y menos acartonadas.
Guido Segal.
ESTRENO
Puntaje: 6 (aunque este no es el punto de la crítica).
El 11 de Noviembre de 1960 se emitió por primera vez en los Estados Unidos el episodio número 42 de La Dimensión Desconocida. Ese capítulo, títulado "El ojo del observador", construía una delicada alegoría sobre la belleza, la aceptación y la tolerancia a lo diferente (moraleja incluida) dentro de la precisión estipulada de 25 minutos. Con la sola ayuda de decorados de cartón, iluminación expresionista (y todo el imaginario de ese cine, sumado también al desarrollo del terror en los años 30) y mucha inventiva desde la evolución narrativa, Rod Serling produjo uno de los episodios más perturbadores y fascinantes de su genial serie, y aún hoy, 44 años después, se mantiene su vigencia.
La pregunta ahora es: ¿Cómo es posible que en el año 2004 sea necesaria toda una construcción artificial basada en imponentes ciudades-cliché futuristas, ejércitos de robots digitales o ángulos de cámara físicamente imposibles para llegar a las mismas conclusiones? Peor aún, porque Yo Robot (y colóquese aquí el nombre que se quiera, porque hoy en día el cine mainstream no pretende salirse de la norma) borra todo rastro de ambigüedad e incluso obliga al ahora musculoso Smith a que traduzca las complejas frases de la doctora Calvin para el público adolescente y ardiente en hormonas que consumirá predominantemente el producto.
Si algo queda claro es que ya no extraña la combinación de tácticas de captación de público (¿Es necesario que los personajes hablen como hiphopperos negros constantemente? ¿Hace falta que Smith se quite la remera cada tres escenas? ¿Qué hubiese pasado si la doctora Calvin hubiese sido un gordo de barba?) con la ostentación y el placer exhibicionista, centrado en mostrar siempre más allá de lo que nuestros sentidos o nuestra imaginación nos permiten llegar. Y ni hablar de las burdas publicidades a Audi o a Converse. Desde el comienzo tenemos, por ende, una falla en el sistema: no se puede adaptar a autores de la talla de Asimov o Philip K. Dick e intentar simultáneamente complacer a un público obtuso y conformista (smells like teen spirit). Alguien debe salir herido y todos sabemos quién es.
Yo Robot no es una mala película, ni siquiera genera rechazo. Ya nadie duda de la capacidad de entretener de Hollywood. El problema es la poca claridad de sus límites, el nulo intento de abrirse a algo nuevo, la aceptación plana y festiva de cada uno de los clichés futuristas, lo predecible de cada una de sus líneas narrativas, el intento de introducir emociones forzadas donde el mecanicismo ha triunfado tanto en lo formal como en el contenido. En fin, no vemos nada nuevo, porque no hemos visto nada nuevo en los últimos treinta años. Y si salimos de cada tanque hollywoodense con sabor a nada en los labios no es porque las películas sean malas u odiables sino porque ya las hemos visto veinte millones de veces antes, la misma historia contada una y otra vez con los mismos procedimientos.
Queda como dato estadísitico que el capítulo mencionado al principio de la nota es también conocido, clandestinamente, como "El mundo privado de la oscuridad". Este tipo de sensación es, precisamente, la que generan los blockbusters, una experiencia individual, cerrada y muy poco enriquecedora (o iluminadora). Basta sólo con afirmarse como espectadores críticos e inconformistas para alejarse de estas áreas oscuras y buscar zonas más luminosas en filmografías menos estancadas y menos acartonadas.
Guido Segal.
miércoles, agosto 04, 2004
Otro poster para tu pared
Diarios de motocicleta (Perú-Chile-Argentina-Brasil-EE.UU., 2004). Dirigida por Walter Salles. Con Gael García Bernal, Rodrigo de la Serna, Mia Maestro.
ESTRENO
Puntaje: 5.
Si hay que remarcar algún aspecto positivo de Diarios de motocicleta habrá que decir que se trata de una película prolija, bien montada, correctamente fotografiada y que cuenta, además, con dos muy buenos actores en lo roles protagónicos. ¿Es suficiente esto para pensar que estamos ante una película valiosa? La verdad que no, porque el problema que tienen las películas de este tipo (hechas para conformar a todos, para evitar discusiones y buscar el consenso fácil) es que reducen el cine a una suma de rubros técnicos ejecutados con profesionalismo. Son películas hechas en piloto automático, sin riesgo estético, que dependen casi en su totalidad de la producción y no de la dirección. Para que quede claro: de lo que carece Diarios de motocicleta es de un director que respalde lo que narra con ideas que vayan más allá del diseño de producción y de un guión bien escrito. El brasilero Walter Salles, responsable de esta película, no es de esos directores.
Pero además del nulo interés estético de su película, Salles desperdicia la oportunidad de acercarse a la figura del Che desde una óptica diferente a la habitual al caer en la tentación de confeccionar un producto for export hecho a medida del gusto medio. Todo lo necesario para satisfacer ese gusto está presente: paisajes imponentes, discursos tercermundistas bien claritos y políticamente correctos y, finalmente, un mártir de estampita. Porque al fin y al cabo lo que termina haciendo Salles, al remarcar la “santidad” del personaje y poner en su boca discursos que están fuera del tono general de la película, es contribuir al encumbramiento del Che como figura decorativa de posters y remeras. Esto es claro en el final, cuando el Che y su compañero llegan a un leprosario como colaboradores y la película -con la “corrección” formal anteriormente mencionada- deja de ser una liviana road movie de tinte social para transformarse en una pesada exposición sobre la toma de conciencia de un joven que ya empieza a ser esa famosa y desgastada foto.
Sebastián Nuñez.
ESTRENO
Puntaje: 5.
Si hay que remarcar algún aspecto positivo de Diarios de motocicleta habrá que decir que se trata de una película prolija, bien montada, correctamente fotografiada y que cuenta, además, con dos muy buenos actores en lo roles protagónicos. ¿Es suficiente esto para pensar que estamos ante una película valiosa? La verdad que no, porque el problema que tienen las películas de este tipo (hechas para conformar a todos, para evitar discusiones y buscar el consenso fácil) es que reducen el cine a una suma de rubros técnicos ejecutados con profesionalismo. Son películas hechas en piloto automático, sin riesgo estético, que dependen casi en su totalidad de la producción y no de la dirección. Para que quede claro: de lo que carece Diarios de motocicleta es de un director que respalde lo que narra con ideas que vayan más allá del diseño de producción y de un guión bien escrito. El brasilero Walter Salles, responsable de esta película, no es de esos directores.
Pero además del nulo interés estético de su película, Salles desperdicia la oportunidad de acercarse a la figura del Che desde una óptica diferente a la habitual al caer en la tentación de confeccionar un producto for export hecho a medida del gusto medio. Todo lo necesario para satisfacer ese gusto está presente: paisajes imponentes, discursos tercermundistas bien claritos y políticamente correctos y, finalmente, un mártir de estampita. Porque al fin y al cabo lo que termina haciendo Salles, al remarcar la “santidad” del personaje y poner en su boca discursos que están fuera del tono general de la película, es contribuir al encumbramiento del Che como figura decorativa de posters y remeras. Esto es claro en el final, cuando el Che y su compañero llegan a un leprosario como colaboradores y la película -con la “corrección” formal anteriormente mencionada- deja de ser una liviana road movie de tinte social para transformarse en una pesada exposición sobre la toma de conciencia de un joven que ya empieza a ser esa famosa y desgastada foto.
Sebastián Nuñez.
miércoles, julio 28, 2004
Saquen una hoja
Educación sentimental. Rosal. Editado por Kiti Records
DISCOS
María Ezquiaga: guitarra y voces. Julieta Ulanovsky: bajo y voces. Sebastián Ostolaza: batería, percusión y voces.
Sitio oficial.
Puntaje: 9
Tema uno: "Sensualidad no es hablar". Esa es la lección que nos deja Rosal y que forma parte de "Educación sentimental", canción que da nombre al disco.
Rosal es apenas guitarra, coros, a veces un bajo y percusión. "Educación sentimental" es apenas un conjunto de canciones poderosas. Por momentos desgarrador, por momentos ultraestimulante, el trío se ríe a carcajadas de los que intentan explicar al amor ("Love is touch/ love is real/ love is reaching love", susurran hacia el final de "John" o "El silencio habla/ y es mejor que cuando yo lo intento", gimen en la bellísima "Suficiente").
Este Rosal exhala aire fresco, huele a jardín blefariano, a libertad. Por eso, la sensitiva voz de María Ezquiaga (guitarrista de la mismísima Rosario Bléfari y ex Baccarat) puede pasar de la ternura infantil de "Bombón" -con su empalagante y adictivo corito "bón, bón, bón" ad hoc- al desenfreno de "25 de enero" o a la lánguida transportación de "Viajo".
Tema dos: "Rosal es música para el cuidado de un jardín", asegura la contratapa del disco. Pero también es música para los que desmenuzan flores o, sin más, las arrancan. Para los que a duras penas arañan un "Suficiente". Para los peores de la clase, los que tienen que volver en marzo siempre, los que no aprenden nunca. Justamente, en "Educación sentimental", de repetir se trata.
Agustina Larrea.
DISCOS
María Ezquiaga: guitarra y voces. Julieta Ulanovsky: bajo y voces. Sebastián Ostolaza: batería, percusión y voces.
Sitio oficial.
Puntaje: 9
Tema uno: "Sensualidad no es hablar". Esa es la lección que nos deja Rosal y que forma parte de "Educación sentimental", canción que da nombre al disco.
Rosal es apenas guitarra, coros, a veces un bajo y percusión. "Educación sentimental" es apenas un conjunto de canciones poderosas. Por momentos desgarrador, por momentos ultraestimulante, el trío se ríe a carcajadas de los que intentan explicar al amor ("Love is touch/ love is real/ love is reaching love", susurran hacia el final de "John" o "El silencio habla/ y es mejor que cuando yo lo intento", gimen en la bellísima "Suficiente").
Este Rosal exhala aire fresco, huele a jardín blefariano, a libertad. Por eso, la sensitiva voz de María Ezquiaga (guitarrista de la mismísima Rosario Bléfari y ex Baccarat) puede pasar de la ternura infantil de "Bombón" -con su empalagante y adictivo corito "bón, bón, bón" ad hoc- al desenfreno de "25 de enero" o a la lánguida transportación de "Viajo".
Tema dos: "Rosal es música para el cuidado de un jardín", asegura la contratapa del disco. Pero también es música para los que desmenuzan flores o, sin más, las arrancan. Para los que a duras penas arañan un "Suficiente". Para los peores de la clase, los que tienen que volver en marzo siempre, los que no aprenden nunca. Justamente, en "Educación sentimental", de repetir se trata.
Agustina Larrea.
martes, julio 27, 2004
More human than human
1000 cuerpos (House of 1000 Corpses, Estados Unidos, 2000). Dirigida por Rob Zombie. Con Sid Haig, Bill Moseley, Sheri Moon, Karen Black, Chris Hardwick, Erin Daniels, Jennifer Jostyn, Rainn Wilson y Tom Towles.
ESTRENO
Puntaje: 7.
Sólo una mente podrida, excesiva, caníbal y bien americana como la de Rob Zombie podía engendrar un monstruo fílmico como 1000 cuerpos, una película tal vez demasiado atípica para estos tiempos en los que los espectadores en general tienden a valorar, por sobre cualquier otro aspecto, los guiones ingeniosos. Tal vez sea por esto que la mayoría de las críticas de 1000 cuerpos hayan resaltado que será disfrutada únicamente por los amantes de género. En realidad la ópera prima de Rob Zombie podrá ser objeto de diversión de todo aquel que esté dispuesto dejar de lado las convenciones narrativas para subirse a una montaña rusa terrorífica hecha de imágenes concebidas para lastimar como si fueran puñaladas de algún protagonista de un film slasher. 1000 cuerpos no asusta, sino que impacta y shockea. Tampoco sugiere, sino que muestra, y cómo. La experiencia física en la que se transforma la película resulta de la ausencia total de efectos digitales y de las distintas maneras que tiene el director de registrar las cuchilladas, torturas y demás delicias que abundan en su engendro. Haciendo uso de su demencia, Zombie utiliza imágenes en negativo, alterna planos filmados en 35 mm con otros registrados en 16, mete pantallas divididas, ralentis. A la par de esta variedad estética la música también es variada: hay desde metal hasta pop, desde un tema de Los Ramones hasta otro de Slim Whitman. Zombie mezcla y deforma para dar forma a un objeto audiovisual que no sólo es un festival de sangre y violencia sino que también es un homenaje a esa parte de la cultura popular americana que incluye cine de terror, cine clase B, comics, Halloween y leyendas terroríficas. Una cultura a la que él pertenece con orgullo y a la que viene contribuyendo desde que al frente de los White Zombie llevó, en la década pasada, al heavy metal hacia nuevos terrenos. ¿Quién es este enfermo? Él mismo se describía More human than human, hit del disco Astro-Creep: 2000, songs of love, destruction and other synthetic delusions of the electric head (obra maestra del metal): “I am the astro-creep, a demolition style hell america freak; I am the ripper man, a locomotion mind love america style”. Lo mismo se puede decir de los dementes que habitan su película.
Sebsatián Nuñez.
ESTRENO
Puntaje: 7.
Sólo una mente podrida, excesiva, caníbal y bien americana como la de Rob Zombie podía engendrar un monstruo fílmico como 1000 cuerpos, una película tal vez demasiado atípica para estos tiempos en los que los espectadores en general tienden a valorar, por sobre cualquier otro aspecto, los guiones ingeniosos. Tal vez sea por esto que la mayoría de las críticas de 1000 cuerpos hayan resaltado que será disfrutada únicamente por los amantes de género. En realidad la ópera prima de Rob Zombie podrá ser objeto de diversión de todo aquel que esté dispuesto dejar de lado las convenciones narrativas para subirse a una montaña rusa terrorífica hecha de imágenes concebidas para lastimar como si fueran puñaladas de algún protagonista de un film slasher. 1000 cuerpos no asusta, sino que impacta y shockea. Tampoco sugiere, sino que muestra, y cómo. La experiencia física en la que se transforma la película resulta de la ausencia total de efectos digitales y de las distintas maneras que tiene el director de registrar las cuchilladas, torturas y demás delicias que abundan en su engendro. Haciendo uso de su demencia, Zombie utiliza imágenes en negativo, alterna planos filmados en 35 mm con otros registrados en 16, mete pantallas divididas, ralentis. A la par de esta variedad estética la música también es variada: hay desde metal hasta pop, desde un tema de Los Ramones hasta otro de Slim Whitman. Zombie mezcla y deforma para dar forma a un objeto audiovisual que no sólo es un festival de sangre y violencia sino que también es un homenaje a esa parte de la cultura popular americana que incluye cine de terror, cine clase B, comics, Halloween y leyendas terroríficas. Una cultura a la que él pertenece con orgullo y a la que viene contribuyendo desde que al frente de los White Zombie llevó, en la década pasada, al heavy metal hacia nuevos terrenos. ¿Quién es este enfermo? Él mismo se describía More human than human, hit del disco Astro-Creep: 2000, songs of love, destruction and other synthetic delusions of the electric head (obra maestra del metal): “I am the astro-creep, a demolition style hell america freak; I am the ripper man, a locomotion mind love america style”. Lo mismo se puede decir de los dementes que habitan su película.
Sebsatián Nuñez.
viernes, julio 16, 2004
La revolución no será televisiva
Fahrenheit 9/11 (Estados Unidos, 2004). Dirigida por Michael Moore. Con George W. Bush, Michael Moore, la viejita del golpe bajo y desmembrados varios. Ficha técnica. Sitio oficial.
ESTRENO
Puntaje: 3. En los diarios: Luciano Monteagudo y también Horacio Bernades (Página/12 ¡Dos críticas en contra!): 6 (¡¿?!), Marcelo Zapata (Ámbito Financiero): 6, Fernando López (La Nación): 8, Pablo O. Scholz (Clarín): 8. Rotten tomatoes: 83%. Metacritic: 66.
Sí, es muy superior al periodismo ególatra manipulador de Bowling for Columbine. Las restricciones que impuso Michael Moore sobre su ego mejoraron un poco las cosas. Otra ventaja respecto de su bochorno anterior es que en Fahrenheit 9/11 cuenta con un buen archivo y no tiene que salir a cazar imágenes (otro de sus no-fuertes). La rareza de Moore es que él ficcionaliza el documental, cuando la tendencia cinematográfica mundial se mantiene en documentalizar la ficción. ¿Pero es cine lo de Moore aunque abra a película como comedia, la tiña un poco de dramatismo, después se interne en el gore bélico y la cierre como melodrama (no sea cosa que alguien abandone inmutable la sala)? Moore opera condicionado por la estructura televisiva. Si bien faltan las propagandas (mejor dicho publicidades, de lo otro sobra) se nota la intención de dividir al film en bloques temáticos, líneas narrativas que abandona y jamás vuelve a retomar. Moore no es de esos directores que sacrificaría una imagen de impacto para beneficiar la narración, darle coherencia o un sustento ideológico mayor a una película (ojo: en una decisión respetable evita mostrar el atentado a las torres, pero claro que esa es una figurita repetida mundialmente y él prefiere inclinarse por imágenes de desesperación -todos planos bien cerraditos- de familiares buscando a víctimas o de gente corriendo por toda New York durante la mañana del atentado) Entonces, ¿cuál es el nexo entre todo este rejunte de temas que parecen estar aislados? Pegarle a Bush Jr. Por derecha, por el centro y por ultra derecha. En pos de atacar al presidente ¿electo? todo vale para Moore. Muchos lo acusarán de utilizar las mismas tácticas que Bush, pero ser cineasta no implica a priori tener las responsabilidades éticas que debería tener un presidente. El problema no está en el juego desleal de Moore, sino en que esas canalladas pretenden ser graciosas, pero están más cerca de la vergüenza ajena. En que intenta exponer a Bush como alguien nefasto, como cualquiera supone y busca reafirmar en la pantalla, y lo transforma en un personaje tan bobalicón como carismático, que no deja de tirar frases a la Schwarzenegger. También al impostar rigor periodístico, para después entregar una falacia tras otra. Moore es un periodista de pura cepa y eso parece condicionarlo y obligarlo a dar rienda suelta a su mala leche: para exponer a un villano tiene que perseguir y tergiversar, no puede contenerse y dejar que los "malos" den su versión de los hechos y eso los pruebe como "malos". El es quien tiene que correr a los miembros del Parlamento para decirle al espectador "este tipo es el mal". Moore mantiene el tratamiento que le da a sus odiados rednecks con los de este lado de la pantalla, ya una constante en su filmografía. Pero hace tiempo que algo cambió en su carrera: un periodista ramplón que acosaba al Roger de la GM podía resultar simpático, un mediocre cineasta impuesto (por él y por el peor periodismo) como adalid del progresismo bienpensante, no.
Naza Chong.
ESTRENO
Puntaje: 3. En los diarios: Luciano Monteagudo y también Horacio Bernades (Página/12 ¡Dos críticas en contra!): 6 (¡¿?!), Marcelo Zapata (Ámbito Financiero): 6, Fernando López (La Nación): 8, Pablo O. Scholz (Clarín): 8. Rotten tomatoes: 83%. Metacritic: 66.
Sí, es muy superior al periodismo ególatra manipulador de Bowling for Columbine. Las restricciones que impuso Michael Moore sobre su ego mejoraron un poco las cosas. Otra ventaja respecto de su bochorno anterior es que en Fahrenheit 9/11 cuenta con un buen archivo y no tiene que salir a cazar imágenes (otro de sus no-fuertes). La rareza de Moore es que él ficcionaliza el documental, cuando la tendencia cinematográfica mundial se mantiene en documentalizar la ficción. ¿Pero es cine lo de Moore aunque abra a película como comedia, la tiña un poco de dramatismo, después se interne en el gore bélico y la cierre como melodrama (no sea cosa que alguien abandone inmutable la sala)? Moore opera condicionado por la estructura televisiva. Si bien faltan las propagandas (mejor dicho publicidades, de lo otro sobra) se nota la intención de dividir al film en bloques temáticos, líneas narrativas que abandona y jamás vuelve a retomar. Moore no es de esos directores que sacrificaría una imagen de impacto para beneficiar la narración, darle coherencia o un sustento ideológico mayor a una película (ojo: en una decisión respetable evita mostrar el atentado a las torres, pero claro que esa es una figurita repetida mundialmente y él prefiere inclinarse por imágenes de desesperación -todos planos bien cerraditos- de familiares buscando a víctimas o de gente corriendo por toda New York durante la mañana del atentado) Entonces, ¿cuál es el nexo entre todo este rejunte de temas que parecen estar aislados? Pegarle a Bush Jr. Por derecha, por el centro y por ultra derecha. En pos de atacar al presidente ¿electo? todo vale para Moore. Muchos lo acusarán de utilizar las mismas tácticas que Bush, pero ser cineasta no implica a priori tener las responsabilidades éticas que debería tener un presidente. El problema no está en el juego desleal de Moore, sino en que esas canalladas pretenden ser graciosas, pero están más cerca de la vergüenza ajena. En que intenta exponer a Bush como alguien nefasto, como cualquiera supone y busca reafirmar en la pantalla, y lo transforma en un personaje tan bobalicón como carismático, que no deja de tirar frases a la Schwarzenegger. También al impostar rigor periodístico, para después entregar una falacia tras otra. Moore es un periodista de pura cepa y eso parece condicionarlo y obligarlo a dar rienda suelta a su mala leche: para exponer a un villano tiene que perseguir y tergiversar, no puede contenerse y dejar que los "malos" den su versión de los hechos y eso los pruebe como "malos". El es quien tiene que correr a los miembros del Parlamento para decirle al espectador "este tipo es el mal". Moore mantiene el tratamiento que le da a sus odiados rednecks con los de este lado de la pantalla, ya una constante en su filmografía. Pero hace tiempo que algo cambió en su carrera: un periodista ramplón que acosaba al Roger de la GM podía resultar simpático, un mediocre cineasta impuesto (por él y por el peor periodismo) como adalid del progresismo bienpensante, no.
Naza Chong.
jueves, julio 15, 2004
¡ANIMAL!
Patoruzito (Argentina, 2004). Dirigida por José Luis Massa. Ficha técnica. Sitio oficial.
ESTRENO
Puntaje: 1. En los diarios: Adolfo C. Martínez (La Nación): 6, Pablo O. Scholz (Clarín): 6, Paraná Sendrós (Ambito Financiero): 6, Horacio Bernades (Página/12).
Segunda "película" de Massa sobre la que me toca escribir (la anterior fue Un hijo genial). Y la verdad es que ya no se qué decir de este tipo. Debe ser uno de los cineastas que menos se preocupan por el resultado final de sus películas. Es lo único que se me ocurre, nadie puede ser TAN malo en su oficio. Está bien, esta es una película de animación y hubo más responsables de que el resultado final haya sido tan pero tan pobre. Pero siendo él quien aparece bajo el cartel que dice, tal vez con un poco de ironía, "Dirigida por", no me parece desatinado echarle la culpa de este desastre al Sr. Massa quien, no conforme con haber hecho las películas que mencioné, también es el responsable de cosos como la película de Chiquititas, el musical teatral de El principito y la repugnante (salvo por las intervenciones de Lissa de Bandana) tira diaria Frecuencia .04.
Ni las últimas dos películas de García Ferré juntas llegan a un nivel tan bajo como esta adaptación de la historieta de Dante Quinterno que no recuerdo haber leído en mi vida pero que sospecho debe estar varios cuerpos arriba de esta película. La animación es llamativamente pobre (y digo llamativamente mientras la comparo con la de Manuelita), lo que no es algo malo per sé -basta ver unos segundos de Mercano el marciano para darse cuenta de que en la Argentina puede hacerse buen cine de animación, independientemente de que la animación sea buena o no-. El problema es que la animación no solo es pésima, sino que además es terriblemente descuidada. Los cambios de escena son directamente bochornosos (hay que ver cómo cada escena parece estar ya empezada), y los dibujos cambian de tonalidades entre plano y plano. Después están las voces, que terminan resultando realmente irritantes, en especial el acento porteño-canchero de Isidorito.
Pero lo que más molesta aquí es la narración. El film dura 75 minutos, pero uno cree estar viendo alguno de los bodrios soporíferos de 4 horas de Angelopoulos, mientras que la historia no es más que un rejunte de escenas de otras películas -mucho Disney, demasiadas escenas calcadas de la saga Indiana Jones- pero mal resueltas y peor hilvanadas, sin un mínimo atisbo de emoción y con uno de los villanos peor construidos de todos los tiempos (y gringo, para más detalles). Y todo esto acompañado con las insufribles canciones de Los Nocheros feat. León Gieco, que hablan de nuestras raíces, de la libertad y de lo grossos que somos los argentinos. El hecho de que los padres lleven a sus hijos a ver semejante calamidad debería ser considerado, lisa y llanamente, como abuso de menores.
Juan P. Martínez.
ESTRENO
Puntaje: 1. En los diarios: Adolfo C. Martínez (La Nación): 6, Pablo O. Scholz (Clarín): 6, Paraná Sendrós (Ambito Financiero): 6, Horacio Bernades (Página/12).
Segunda "película" de Massa sobre la que me toca escribir (la anterior fue Un hijo genial). Y la verdad es que ya no se qué decir de este tipo. Debe ser uno de los cineastas que menos se preocupan por el resultado final de sus películas. Es lo único que se me ocurre, nadie puede ser TAN malo en su oficio. Está bien, esta es una película de animación y hubo más responsables de que el resultado final haya sido tan pero tan pobre. Pero siendo él quien aparece bajo el cartel que dice, tal vez con un poco de ironía, "Dirigida por", no me parece desatinado echarle la culpa de este desastre al Sr. Massa quien, no conforme con haber hecho las películas que mencioné, también es el responsable de cosos como la película de Chiquititas, el musical teatral de El principito y la repugnante (salvo por las intervenciones de Lissa de Bandana) tira diaria Frecuencia .04.
Ni las últimas dos películas de García Ferré juntas llegan a un nivel tan bajo como esta adaptación de la historieta de Dante Quinterno que no recuerdo haber leído en mi vida pero que sospecho debe estar varios cuerpos arriba de esta película. La animación es llamativamente pobre (y digo llamativamente mientras la comparo con la de Manuelita), lo que no es algo malo per sé -basta ver unos segundos de Mercano el marciano para darse cuenta de que en la Argentina puede hacerse buen cine de animación, independientemente de que la animación sea buena o no-. El problema es que la animación no solo es pésima, sino que además es terriblemente descuidada. Los cambios de escena son directamente bochornosos (hay que ver cómo cada escena parece estar ya empezada), y los dibujos cambian de tonalidades entre plano y plano. Después están las voces, que terminan resultando realmente irritantes, en especial el acento porteño-canchero de Isidorito.
Pero lo que más molesta aquí es la narración. El film dura 75 minutos, pero uno cree estar viendo alguno de los bodrios soporíferos de 4 horas de Angelopoulos, mientras que la historia no es más que un rejunte de escenas de otras películas -mucho Disney, demasiadas escenas calcadas de la saga Indiana Jones- pero mal resueltas y peor hilvanadas, sin un mínimo atisbo de emoción y con uno de los villanos peor construidos de todos los tiempos (y gringo, para más detalles). Y todo esto acompañado con las insufribles canciones de Los Nocheros feat. León Gieco, que hablan de nuestras raíces, de la libertad y de lo grossos que somos los argentinos. El hecho de que los padres lleven a sus hijos a ver semejante calamidad debería ser considerado, lisa y llanamente, como abuso de menores.
Juan P. Martínez.
miércoles, julio 14, 2004
Gondry ya no es Gondry para volver a ser Gondry
Eterno resplandor de una mente sin recuerdos (Eternal Sunshine of the Spotless Mind, Estados Unidos, 2004). Dirigida por Michel Gondry. Con Kate Winslet, Jim Carrey, Mark Ruffalo, Kristen Dunst, Tom Wilkinson y Elijah Wood. Ficha técnica. Sitio oficial.
ESTRENO
Puntaje: 9. En los diarios: Martín Pérez (Página/12): ; Diego Lerer (Clarín): 10; Fernando López (La Nación): 6; Diego Curubeto (Ámbito Financiero): 6. Rotten tomatoes: 92%. Metacritic: 87.
Si hay algo que hace distintiva la obra de Michel Gondry, tanto fílmica como clippera, es su obsesión casi compulsiva por la repetición. El francés parece volver sobre sus pasos cada vez para replanetar un esquema en todas sus variaciones posibles. Basta prestar atención a la rítmica sucesión de casas y fábricas en el video de Star Guitar o la multiplicación femenina en el video de Let Forever Be, ambos de Chemical Brothers; la evidencia también se encuentra en la perfecta coreografía basada en el mecanicismo de ese ballet de luces llamado Around the World, de Daft Punk, o en la calesita frenética donde Kylie Minón atraviesa una misma esquina reproduciéndose en el proceso, video conocido como Come Into My Life. ¿Hace falta más? Ese maravilloso video de White Srtipes donde cada instrumento se reitera hasta el infinito, The Hardest Button To Button, también es obra del maniático Gondry.
Era de esperarse que su segundo largometraje fuera coherente a su videografía (aun si la fallida Human Nature, primer film del francés, jugara menos con la reproducción mecanicista). Lo curioso es que Eterno Resplandor… traiciona a la obsesión de Gondry para reconstruirla luego desde otro punto de vista. El director gusta de las repeticiones racionales y casi autómatas, pero aquí el relato se articula en base a la emoción, y allí se desbarata todo el juego ad inifinitum. Se pierde el punto de referencia inicial y son las conexiones nerviosas del cerebro de Joel y sus recuerdos emocionales los que llevan adelante la acción. Ya no existe la reiteración tradicional gondriana, el juego racional y distante. Esa es reemplazada aquí por la reiteración con variaciones, emocional, cercana y arbitraria en el sentido más adorable de la palabra. Sea en realidad o en sueños, los personajes vuelven adonde ya han estado antes, pero algo ha cambiado y nosotros hemos cambiado con ellos.
Sin embargo, justo cuando creimos que Gondry había dejado el estancamiento juguetón para perseguir un relato que avanza reiterando, el francés vuelve a ser el de siempre. Porque Joel y Clem se vuelven a ver a la cara como extraños amantes y todo volverá a empezar. El loop se reiniciará y Gondry volverá a ser Gondry. Nosostros, mientras tanto, desearemos quedar atrapados en esa nieve perfecta, en ese escape romántico, olvidando lo que sobra y conservando ese sabor dulce de los recuerdos idealizados.
Guido Segal.
ESTRENO
Puntaje: 9. En los diarios: Martín Pérez (Página/12): ; Diego Lerer (Clarín): 10; Fernando López (La Nación): 6; Diego Curubeto (Ámbito Financiero): 6. Rotten tomatoes: 92%. Metacritic: 87.
Si hay algo que hace distintiva la obra de Michel Gondry, tanto fílmica como clippera, es su obsesión casi compulsiva por la repetición. El francés parece volver sobre sus pasos cada vez para replanetar un esquema en todas sus variaciones posibles. Basta prestar atención a la rítmica sucesión de casas y fábricas en el video de Star Guitar o la multiplicación femenina en el video de Let Forever Be, ambos de Chemical Brothers; la evidencia también se encuentra en la perfecta coreografía basada en el mecanicismo de ese ballet de luces llamado Around the World, de Daft Punk, o en la calesita frenética donde Kylie Minón atraviesa una misma esquina reproduciéndose en el proceso, video conocido como Come Into My Life. ¿Hace falta más? Ese maravilloso video de White Srtipes donde cada instrumento se reitera hasta el infinito, The Hardest Button To Button, también es obra del maniático Gondry.
Era de esperarse que su segundo largometraje fuera coherente a su videografía (aun si la fallida Human Nature, primer film del francés, jugara menos con la reproducción mecanicista). Lo curioso es que Eterno Resplandor… traiciona a la obsesión de Gondry para reconstruirla luego desde otro punto de vista. El director gusta de las repeticiones racionales y casi autómatas, pero aquí el relato se articula en base a la emoción, y allí se desbarata todo el juego ad inifinitum. Se pierde el punto de referencia inicial y son las conexiones nerviosas del cerebro de Joel y sus recuerdos emocionales los que llevan adelante la acción. Ya no existe la reiteración tradicional gondriana, el juego racional y distante. Esa es reemplazada aquí por la reiteración con variaciones, emocional, cercana y arbitraria en el sentido más adorable de la palabra. Sea en realidad o en sueños, los personajes vuelven adonde ya han estado antes, pero algo ha cambiado y nosotros hemos cambiado con ellos.
Sin embargo, justo cuando creimos que Gondry había dejado el estancamiento juguetón para perseguir un relato que avanza reiterando, el francés vuelve a ser el de siempre. Porque Joel y Clem se vuelven a ver a la cara como extraños amantes y todo volverá a empezar. El loop se reiniciará y Gondry volverá a ser Gondry. Nosostros, mientras tanto, desearemos quedar atrapados en esa nieve perfecta, en ese escape romántico, olvidando lo que sobra y conservando ese sabor dulce de los recuerdos idealizados.
Guido Segal.
lunes, julio 12, 2004
The Trip
Erreway: 4 caminos (Argentina, 2004). Dirigida por Ezequiel Crupnicoff. Con Luisana Lopilato, Benjamín Rojas, Camila Bordonaba, Felipe Colombo y Roly Serrano. Ficha técnica
ESTRENO
Puntaje: 4. En los diarios: Diego Lerer (Clarín): ; Horacio Bernades (Página/12): ; Adolfo C. Martínez (La Nación): 6.
Hay que decir que quien vaya el cine a buscar en Erreway: 4 caminos lo peor del año va a salir decepcionado. No sólo está (al menos) 4 puntos por encima de lo peor del año sino que también es mucho más de lo que se podía ver en el trailer. Allí parecía que además de girar alrededor de un tour de la banda y de las relaciones entre los chicos (con lo que también engaña el trailer porque se insinúa un affaire entre Benjamín Rojas y Luisana Lopilato), la película también aparentaba centrarse en el enfrentamiento con un villano de cartulina. Por suerte la intervención de ese mafioso italiano caricaturizado es mínima y se llega a sentir paródica. Parece existir la decisión de hacer ambiguas este tipo de cosas. Casi todo el tiempo aparecen elementos fuera de lugar para una supuesta película televisiva de explotación, y cada uno de ellos plantea el interrogante de la subversión involuntaria, consciente o jugar con la ambigüedad entre esas dos posturas. La mayoría de los críticos vio eso como inoperancia de los guionistas. Es una posibilidad, pero tal vez los guionistas sean más "vivos" que todos los críticos juntos. El guión tiene una velocidad envidiable, y aprovecha ese impulso para tomarse ciertas libertades. Ejemplo: un médico le informa al personaje de Luisana Lopilato de un embarazo no deseado. En escasos minutos la película arremete con escenas del parto, de la beba que llora durante la gira y de la beba con, como mínimo, un par de años. Esa velocidad hizo que una variedad de piolas exclamen jocosos "¿estuvieron como tres años de gira?". Ok, un error ponele. ¿A alguien debería importarle? ¿No es mejor quedarse con que en una película "para chicos" se dejó de obligarlos a casarse frente a un embarazo? ¿No es más interesante plantear la posición de la película frente al aborto? Más allá del tufillo a "dura realidad en su versión Cris Morena", hay que destacar otras dos rarezas para el género: el triunfo de la banda nunca llega, fracasan y quedan varados en medio de una ruta; Luisana Lopilato, estrellita máxima de la banda, tose tres planos seguidos (la última con sangre) y muere. El problema es que cae en el peor lugar común de las películas televisivas: la sobre explicación. Hay que contar quiénes son Brian May o el Gauchito Gil, no sea cosa que después no se entienda la película. Ahí, en el peor humor físico y en una música incidental insoportable (nada que ver con los números musicales de los chicos) es donde las innovaciones de la película se quedan sin aire. En su texto para Página/12, Horacio Bernades la recomienda a quienes mirar Volver los hace sentir como fumar un porro. Algo de eso puede haber en Erreway, pero más que por un porro todo parece producto de un mal viaje.
Naza Chong.
ESTRENO
Puntaje: 4. En los diarios: Diego Lerer (Clarín): ; Horacio Bernades (Página/12): ; Adolfo C. Martínez (La Nación): 6.
Hay que decir que quien vaya el cine a buscar en Erreway: 4 caminos lo peor del año va a salir decepcionado. No sólo está (al menos) 4 puntos por encima de lo peor del año sino que también es mucho más de lo que se podía ver en el trailer. Allí parecía que además de girar alrededor de un tour de la banda y de las relaciones entre los chicos (con lo que también engaña el trailer porque se insinúa un affaire entre Benjamín Rojas y Luisana Lopilato), la película también aparentaba centrarse en el enfrentamiento con un villano de cartulina. Por suerte la intervención de ese mafioso italiano caricaturizado es mínima y se llega a sentir paródica. Parece existir la decisión de hacer ambiguas este tipo de cosas. Casi todo el tiempo aparecen elementos fuera de lugar para una supuesta película televisiva de explotación, y cada uno de ellos plantea el interrogante de la subversión involuntaria, consciente o jugar con la ambigüedad entre esas dos posturas. La mayoría de los críticos vio eso como inoperancia de los guionistas. Es una posibilidad, pero tal vez los guionistas sean más "vivos" que todos los críticos juntos. El guión tiene una velocidad envidiable, y aprovecha ese impulso para tomarse ciertas libertades. Ejemplo: un médico le informa al personaje de Luisana Lopilato de un embarazo no deseado. En escasos minutos la película arremete con escenas del parto, de la beba que llora durante la gira y de la beba con, como mínimo, un par de años. Esa velocidad hizo que una variedad de piolas exclamen jocosos "¿estuvieron como tres años de gira?". Ok, un error ponele. ¿A alguien debería importarle? ¿No es mejor quedarse con que en una película "para chicos" se dejó de obligarlos a casarse frente a un embarazo? ¿No es más interesante plantear la posición de la película frente al aborto? Más allá del tufillo a "dura realidad en su versión Cris Morena", hay que destacar otras dos rarezas para el género: el triunfo de la banda nunca llega, fracasan y quedan varados en medio de una ruta; Luisana Lopilato, estrellita máxima de la banda, tose tres planos seguidos (la última con sangre) y muere. El problema es que cae en el peor lugar común de las películas televisivas: la sobre explicación. Hay que contar quiénes son Brian May o el Gauchito Gil, no sea cosa que después no se entienda la película. Ahí, en el peor humor físico y en una música incidental insoportable (nada que ver con los números musicales de los chicos) es donde las innovaciones de la película se quedan sin aire. En su texto para Página/12, Horacio Bernades la recomienda a quienes mirar Volver los hace sentir como fumar un porro. Algo de eso puede haber en Erreway, pero más que por un porro todo parece producto de un mal viaje.
Naza Chong.
Belleza robada
La piscina (Swiming Pool, Inglaterra/Francia, 2003). Dirigida por François Ozon. Con Charlotte Rampling y Ludivine Sagnier. Ficha técnica.
ESTRENO
Puntaje: 7. En los diarios: Luciano Monteagudo (Página/12): ; Fernando López (La Nación): 6; Pablo Scholz (Clarín): 8.
Tal vez sea imposible imaginar a un director que al filmar mujeres haga que se vean mejor que como le sale a Ozon. O al menos alguien que lo haga y no se llame Bertolucci. La importancia de ese aspecto visual en el cine de Ozon le posibilita exceder algunas líneas narrativas un poco... está bien, estúpidas (como si fuese poco su anterior "hombre se hace el muerto para darle una lección a las mujeres que lo rodean" ahora hizo "novelista policial se involucra en un caso similar a los que la hicieron famosa en sus libros"). Todo lo que Ozon tiene para dar se encuentra en idas y vueltas por los cuerpos de Ludivine Sagnier y Charlotte Rampling. Los movimientos de cámara que recorren los cuerpos tendidos al sol lo hacen con parsimonia y dan la sensación de que la cámara no hace más que dar un paseo por ellos. Sensación que recrudece cuando la cámara se detiene y cambia de dirección en medio de algún paneo o travelling. No vale decir por esto que no se sabe para dónde va ir la cámara por ser algo tan falso como estúpido. Pero sí vale, porque es una buena excusa y además es cierto, decir que lo que no se sabe bien para dónde va es la relación entre las dos protagonistas. Parece ir siempre para el peor lugar posible, pero lo que hace todo más raro es que Ozon parece mandarlas ahí a propósito. Construyó personajes que parecen el colmo del estereotipo: la inglesa amargada y represiva conoce a la francesita desfachatada y con cara de inocente. La relación se torna interesante sólo en sus extremos, cuando más se odian y cuando son más compinches. Pero todo esto no parece ser muy importante en La piscina. Lo que cuenta es que la película captura la belleza de los cuerpos de las protagonistas y la hace suya. Casi una constante ya en la filmografía de Ozon.
Naza Chong.
ESTRENO
Puntaje: 7. En los diarios: Luciano Monteagudo (Página/12): ; Fernando López (La Nación): 6; Pablo Scholz (Clarín): 8.
Tal vez sea imposible imaginar a un director que al filmar mujeres haga que se vean mejor que como le sale a Ozon. O al menos alguien que lo haga y no se llame Bertolucci. La importancia de ese aspecto visual en el cine de Ozon le posibilita exceder algunas líneas narrativas un poco... está bien, estúpidas (como si fuese poco su anterior "hombre se hace el muerto para darle una lección a las mujeres que lo rodean" ahora hizo "novelista policial se involucra en un caso similar a los que la hicieron famosa en sus libros"). Todo lo que Ozon tiene para dar se encuentra en idas y vueltas por los cuerpos de Ludivine Sagnier y Charlotte Rampling. Los movimientos de cámara que recorren los cuerpos tendidos al sol lo hacen con parsimonia y dan la sensación de que la cámara no hace más que dar un paseo por ellos. Sensación que recrudece cuando la cámara se detiene y cambia de dirección en medio de algún paneo o travelling. No vale decir por esto que no se sabe para dónde va ir la cámara por ser algo tan falso como estúpido. Pero sí vale, porque es una buena excusa y además es cierto, decir que lo que no se sabe bien para dónde va es la relación entre las dos protagonistas. Parece ir siempre para el peor lugar posible, pero lo que hace todo más raro es que Ozon parece mandarlas ahí a propósito. Construyó personajes que parecen el colmo del estereotipo: la inglesa amargada y represiva conoce a la francesita desfachatada y con cara de inocente. La relación se torna interesante sólo en sus extremos, cuando más se odian y cuando son más compinches. Pero todo esto no parece ser muy importante en La piscina. Lo que cuenta es que la película captura la belleza de los cuerpos de las protagonistas y la hace suya. Casi una constante ya en la filmografía de Ozon.
Naza Chong.
jueves, julio 01, 2004
Casi... casi... arañando
El Hombre Araña 2 (Spider-Man 2, Estados Unidos, 2004). Dirigida por Sam Raimi. Con Tobey Maguire, Kristen Dunst, J.K. Simmons, Bruce Campbell y Alfred Molina. Ficha técnica.
ESTRENO
Puntaje: 7. En los diarios: Martín Pérez (Página/12): 6; Diego Batlle (La Nación): 8; Diego Lerer (Clarín): 10.
El vértigo placentero que provocaba ver al Hombre Araña pasearse entre los rascacielos neoyorquinos servía para ocultar muchos de los baches de la primera parte. El era un superhéroe que disfrutaba como nadie esos superpoderes que le tocaron en suerte. Esta vez todo cambia porque ahora Peter Parker se la pasa sufriendo (o lo que es peor, diciendo cuánto sufre) y esa sensación que provocaba verlo "volar" por la ciudad perdió todo carácter de sorpresa y novedad. La mayoría de las limitaciones de la película están en ese dilema entre los deseos y las responsabilidades del vigilante adolescente, y para dejarlo bien claro Parker lo repite en voz alta, aunque esté solo y nadie pueda escucharlo de su lado de la pantalla. Pero todo esto suena bastante peor de lo que realmente es la película porque la fotogenia de la pasión de Parker por Mary Jane permanece intacta. Con cada aparición de Mary Jane los lamentos constantes de Parker por la relación que no puede ser dejan de ser insoportables y se vuelven emotivos.
Es extraña la forma en que Raimi hace el reparto de minutos en pantalla de los personajes. Subraya todo el tiempo la importancia del conflicto interno de P. Parker, también son exagerados los minutos que se le brindan a la tía Mayo, porque por más que no sean demasiados ella es el personaje más chato del film y encima se la utiliza para bajar línea. Todo lo contrario sucede con el director del Daily Buggle. El es todo carisma y merece que sus momentos en pantalla sigan multiplicándose en cada entrega de la franquicia. Ante personajes con conflictos que no saben resolver, él aparece con una solución inmediata para cualquier problema. Otro que no defrauda es Doc Ock, el personaje de Alfred Molina. Sin embargo Alfred no tiene la cuota de pantalla que acostumbran tener los antagonistas. Tendencia que ojalá se mantenga en la próxima entrega porque el pelmazo del hijo del Duendecillo verde se perfila como el próximo en la lista de villanos.
Pero si hasta aquí el balance parece dejar un saldo deudor importante... ¿en dónde se pueden rescatar las virtudes de esta secuela para disimular estos baches? Se encuentran cada vez que aparece en pantalla algún medio de transporte, ya sea un ciclomotor, autos o un tren. Al escribir sobre estas escenas se podrían llenar muchísimas líneas, pero no sería justo meterse con secuencias que no piden nada más (ni nada menos) que ser disfrutadas al máximo. Como los superpoderes de H. Araña.
Naza Chong.
ESTRENO
Puntaje: 7. En los diarios: Martín Pérez (Página/12): 6; Diego Batlle (La Nación): 8; Diego Lerer (Clarín): 10.
El vértigo placentero que provocaba ver al Hombre Araña pasearse entre los rascacielos neoyorquinos servía para ocultar muchos de los baches de la primera parte. El era un superhéroe que disfrutaba como nadie esos superpoderes que le tocaron en suerte. Esta vez todo cambia porque ahora Peter Parker se la pasa sufriendo (o lo que es peor, diciendo cuánto sufre) y esa sensación que provocaba verlo "volar" por la ciudad perdió todo carácter de sorpresa y novedad. La mayoría de las limitaciones de la película están en ese dilema entre los deseos y las responsabilidades del vigilante adolescente, y para dejarlo bien claro Parker lo repite en voz alta, aunque esté solo y nadie pueda escucharlo de su lado de la pantalla. Pero todo esto suena bastante peor de lo que realmente es la película porque la fotogenia de la pasión de Parker por Mary Jane permanece intacta. Con cada aparición de Mary Jane los lamentos constantes de Parker por la relación que no puede ser dejan de ser insoportables y se vuelven emotivos.
Es extraña la forma en que Raimi hace el reparto de minutos en pantalla de los personajes. Subraya todo el tiempo la importancia del conflicto interno de P. Parker, también son exagerados los minutos que se le brindan a la tía Mayo, porque por más que no sean demasiados ella es el personaje más chato del film y encima se la utiliza para bajar línea. Todo lo contrario sucede con el director del Daily Buggle. El es todo carisma y merece que sus momentos en pantalla sigan multiplicándose en cada entrega de la franquicia. Ante personajes con conflictos que no saben resolver, él aparece con una solución inmediata para cualquier problema. Otro que no defrauda es Doc Ock, el personaje de Alfred Molina. Sin embargo Alfred no tiene la cuota de pantalla que acostumbran tener los antagonistas. Tendencia que ojalá se mantenga en la próxima entrega porque el pelmazo del hijo del Duendecillo verde se perfila como el próximo en la lista de villanos.
Pero si hasta aquí el balance parece dejar un saldo deudor importante... ¿en dónde se pueden rescatar las virtudes de esta secuela para disimular estos baches? Se encuentran cada vez que aparece en pantalla algún medio de transporte, ya sea un ciclomotor, autos o un tren. Al escribir sobre estas escenas se podrían llenar muchísimas líneas, pero no sería justo meterse con secuencias que no piden nada más (ni nada menos) que ser disfrutadas al máximo. Como los superpoderes de H. Araña.
Naza Chong.
jueves, junio 17, 2004
Ruidos
Los guantes mágicos (Argentina, 2003). Dirigida por Martín Rejtman. Con Vicentico Fernández Capello, Valeria Bertuccelli, Fabián Arenillas, Susana Pampín, Cecilia Biagini, Diego Olivera y Leonardo Azamor. Ficha técnica.
ESTRENO
Puntaje: 10. En los diarios: Diego Batlle (La Nación): 8, Diego Lerer (Clarín): 8, Martín Pérez (Página/12), Paraná Sendrós (Ámbito Financiero): 4.
Llego tarde: hace tres semanas que está en cartel Los guantes mágicos. Sin embargo, la paupérrima oferta de la cartelera porteña relega la posibilidad de mirar películas a videos, DVDs o a reincidir en el cine con algo ya conocido. Hago una re-visión de la última obra de Rejtman, entonces. O una re-escucha. Muchos han detectado en este director un entramado de circulación de bienes perfectamente cuantificables (un perro, pastillas, guantes, viajes en auto, la cantidad de cigarrillos que fuman los millones de chinos y varios etcéteras). Si bien este procedimiento es evidente -y repetido en el mundo de sensaciones Rejtman- el hallazgo de Los guantes... está en que el intercambio no se limita a lo visible. Y aquí es donde el director abre la cancha a nuevas posibilidades cinematográficas y reserva un lugar para un movimiento mucho más sutil, un trueque auditivo donde cada cual atiende su juego.
Los personajes -además de estar caracterizados con determinados peinados, ropas y objetos- detentan sonidos que les son propios. Piraña es su disco; su hermano Luis, una respiración insoportable; Cecilia, la canción de Gieco. Y la enumeración podría continuar hasta el colmo de lo invisible, que es la profesora de yoga, apenas una voz perfectamente delineada.
Los ruidos también delimitan espacios y objetos. La porno que están rodando en el mini-gimnasio se reduce a un conjunto de gemidos: Rejtman muestra irónicamente el cartelito "Silence. Shooting".
Para Alejandro es clave la visita al otorrino: a partir de ese momento su conexión con el auto -que según Cecilia "le quiere decir algo"- va a ser distinta. Empieza a oír ruidos que no había notado e incluso intenta reproducirlos con una desopilante catarata de onomatopeyas. (Su Renault 12 apenas tiene radio AM mientras que el pistero suena tremendo).
Es un amor incondicional: Alejandro no escucha la música que escuchan todos, oye su auto. Y cuando lo pierde se aproxima a otros R12, pero sabe que no van a sonar igual.
En sus "Fragmentos de un discurso amoroso", Roland Barthes sentenció: "Aunque todo amor sea vivido como único y aunque el sujeto rechace la idea de repetirlo más tarde en otra parte, sorprende a veces en él una suerte de difusión del deseo amoroso; comprende entonces que está condenado a errar hasta la muerte, de amor en amor". Alejandro, como todo enamorado, sigue en la carretera, buscándolo.
Agustina Larrea.
ESTRENO
Puntaje: 10. En los diarios: Diego Batlle (La Nación): 8, Diego Lerer (Clarín): 8, Martín Pérez (Página/12), Paraná Sendrós (Ámbito Financiero): 4.
Llego tarde: hace tres semanas que está en cartel Los guantes mágicos. Sin embargo, la paupérrima oferta de la cartelera porteña relega la posibilidad de mirar películas a videos, DVDs o a reincidir en el cine con algo ya conocido. Hago una re-visión de la última obra de Rejtman, entonces. O una re-escucha. Muchos han detectado en este director un entramado de circulación de bienes perfectamente cuantificables (un perro, pastillas, guantes, viajes en auto, la cantidad de cigarrillos que fuman los millones de chinos y varios etcéteras). Si bien este procedimiento es evidente -y repetido en el mundo de sensaciones Rejtman- el hallazgo de Los guantes... está en que el intercambio no se limita a lo visible. Y aquí es donde el director abre la cancha a nuevas posibilidades cinematográficas y reserva un lugar para un movimiento mucho más sutil, un trueque auditivo donde cada cual atiende su juego.
Los personajes -además de estar caracterizados con determinados peinados, ropas y objetos- detentan sonidos que les son propios. Piraña es su disco; su hermano Luis, una respiración insoportable; Cecilia, la canción de Gieco. Y la enumeración podría continuar hasta el colmo de lo invisible, que es la profesora de yoga, apenas una voz perfectamente delineada.
Los ruidos también delimitan espacios y objetos. La porno que están rodando en el mini-gimnasio se reduce a un conjunto de gemidos: Rejtman muestra irónicamente el cartelito "Silence. Shooting".
Para Alejandro es clave la visita al otorrino: a partir de ese momento su conexión con el auto -que según Cecilia "le quiere decir algo"- va a ser distinta. Empieza a oír ruidos que no había notado e incluso intenta reproducirlos con una desopilante catarata de onomatopeyas. (Su Renault 12 apenas tiene radio AM mientras que el pistero suena tremendo).
Es un amor incondicional: Alejandro no escucha la música que escuchan todos, oye su auto. Y cuando lo pierde se aproxima a otros R12, pero sabe que no van a sonar igual.
En sus "Fragmentos de un discurso amoroso", Roland Barthes sentenció: "Aunque todo amor sea vivido como único y aunque el sujeto rechace la idea de repetirlo más tarde en otra parte, sorprende a veces en él una suerte de difusión del deseo amoroso; comprende entonces que está condenado a errar hasta la muerte, de amor en amor". Alejandro, como todo enamorado, sigue en la carretera, buscándolo.
Agustina Larrea.
martes, junio 15, 2004
Tira a la vieja del depto
Dúplex (Duplex, Estados Unidos, 2003). Dirigida por Danny DeVito. Con Ben Stiller, Drew Barrymore y Eileen Essel. Ficha técnica. Sitio oficial.
ESTRENO
Puntaje: 7. En los diarios: Claudio D. Minghetti (La Nación): 6, Pablo 0. Scholz (Clarín): 6, Horacio Bernades (Página/12), Paraná Sendrós (Ámbito Financiero): 6. Metacritic: 47. Rotten tomatoes: 33%
No hay novedades en el cine de DeVito y Dúplex tal vez sea un paso atrás en su carrera como director. Esto suena mucho peor de lo que en realidad es, porque las cosas no están para nada mal en la filmografía del misántropo bajito. Eso sí, la repetición lo perjudica bastante. Otra vez hay que intentar eliminar a alguien por problemas de convivencia. Otra vez, como en Tira a mamá del tren, se trata de una señora mayor (aka vieja de mierda). Otra vez la comedia negra, aunque ahora much(ísim)o más escatológica. Claro que este ¿aggiornamiento? de los gags (¿alguien duda a esta altura que los hermanos Farrelly cambiaron definitivamente el rumbo de la comedia? Aquí no hay adolescentes fumando porro en colegios secundarios para culparlos por los pedos y los vómitos) funciona muy bien en DeVito y esa idea de intentar que el espectador evite más de una vez mirar directamente a la pantalla le sale. Lo curioso es que los otros chistes, esos que no buscan provocar repulsión en la mirada, jamás desentonan y no parecen de décadas anteriores como en el costado más tradicional y apolillado de la comedia neoyorquina (no todos los directores se quedaron ciegos por allá).
La mano que le dan Ben Stiller y Drew Barrymore a DeVito es enorme. Ellos son, sin lugar a dudas, una de las parejas ideales, de esas que mejoran cualquier comedia (cualquier película sería aún más preciso). Claro que si bien ellos no terminan de repetirse en sus personajes, los dos tienen características que ya se les pudo ver más de una vez. Por ejemplo, Stiller intentando vanamente no perder el control y Barrymore a punto de quebrarse después de haber hecho todo lo posible por intentar solucionar un problema. La sensación del déjà vu constante, el exceso en la ironía y una tonta vuelta de tuerca a la que se le subraya la importancia juegan en contra de una película que podría haber dado mucho más si se la consideraba una excusa para un aluvión de gags que involucraron a gente que sabe escribirlos (Larry Doyle, que después se metió en Looney Tunes y venía de Los Simpsons, Beavis & Butt-head y Daria), dirigirlos y actuarlos.
Naza Chong.
ESTRENO
Puntaje: 7. En los diarios: Claudio D. Minghetti (La Nación): 6, Pablo 0. Scholz (Clarín): 6, Horacio Bernades (Página/12), Paraná Sendrós (Ámbito Financiero): 6. Metacritic: 47. Rotten tomatoes: 33%
No hay novedades en el cine de DeVito y Dúplex tal vez sea un paso atrás en su carrera como director. Esto suena mucho peor de lo que en realidad es, porque las cosas no están para nada mal en la filmografía del misántropo bajito. Eso sí, la repetición lo perjudica bastante. Otra vez hay que intentar eliminar a alguien por problemas de convivencia. Otra vez, como en Tira a mamá del tren, se trata de una señora mayor (aka vieja de mierda). Otra vez la comedia negra, aunque ahora much(ísim)o más escatológica. Claro que este ¿aggiornamiento? de los gags (¿alguien duda a esta altura que los hermanos Farrelly cambiaron definitivamente el rumbo de la comedia? Aquí no hay adolescentes fumando porro en colegios secundarios para culparlos por los pedos y los vómitos) funciona muy bien en DeVito y esa idea de intentar que el espectador evite más de una vez mirar directamente a la pantalla le sale. Lo curioso es que los otros chistes, esos que no buscan provocar repulsión en la mirada, jamás desentonan y no parecen de décadas anteriores como en el costado más tradicional y apolillado de la comedia neoyorquina (no todos los directores se quedaron ciegos por allá).
La mano que le dan Ben Stiller y Drew Barrymore a DeVito es enorme. Ellos son, sin lugar a dudas, una de las parejas ideales, de esas que mejoran cualquier comedia (cualquier película sería aún más preciso). Claro que si bien ellos no terminan de repetirse en sus personajes, los dos tienen características que ya se les pudo ver más de una vez. Por ejemplo, Stiller intentando vanamente no perder el control y Barrymore a punto de quebrarse después de haber hecho todo lo posible por intentar solucionar un problema. La sensación del déjà vu constante, el exceso en la ironía y una tonta vuelta de tuerca a la que se le subraya la importancia juegan en contra de una película que podría haber dado mucho más si se la consideraba una excusa para un aluvión de gags que involucraron a gente que sabe escribirlos (Larry Doyle, que después se metió en Looney Tunes y venía de Los Simpsons, Beavis & Butt-head y Daria), dirigirlos y actuarlos.
Naza Chong.
viernes, junio 11, 2004
El placer de la mirada
CAPRICHOS
En medio de una trama disparatadamente absurda, tan incomprensible en su hilación como básica en su planteo original, tan desmesuradamente recargada que riza el rizo y desborda el barroquismo, una eminencia de la psiquiatría avanza a toda velocidad escortada por dos toscos policías explicando cómo funciona la (de)mente de un psicópata de personalidad múltiple. Uno intenta por inercia seguir la corriente didáctica de la doctora (¿No estamos acostumbrados a que el cine se reduzca a contar historias que nos ayuden a dormir?) pero de repente notamos que el plano en el que están inmersos estos tres personaje comienza a tomar proporciones ominosas. Los segundos corren, luego los minutos y el plano sigue, desafiante, estóico, casi obsceno. Recorre pasillos, baja transversalmente escaleras, penetra en acsensores y cruza un edificio de punta a punta. Lentamente, lo que se dice, o incluso cómo se lo dice, pasa a un segundo plano y el bendito espectador -que obviamente algo conoce de los mecanismos cinematográficos, pues más de una tía solterona no distingue si se ha producido un corte o no- siente de a poco a esa tensión épica que corre por los huesos, esa intriga formal -nunca creí poder escribir estas palabras- que se resume en una simple pregunta: ¿Hasta cuándo podrá sostenerse este eterno plano?, ¿cuándo acabará? Si bien es De Palma (un reconocido exhibicionista) el responsible de este manierismo cinematográfico, en su magistral Demente (Raising Cain, 1992), cabe aquí preguntarnos si algo del placer del cine no reside en su valor puramente estético.
Probablemente muchos piensen que la afirmación anterior es una sandez o incluso una obviedad. Pero no puedo dejar de realizar tal género de observaciones, puesto que rigen mi experiencia como espectador cinematográfico. Infinidad de veces, una puesta en escena excelsa realza una historia pobre pero son contados los casos en los que un buen relato se salva si está cimentado en una planificación trivial o incluso conservadora. Encuentro cierto placer autónomo en ver planos arriesgados, excesivos o incluso plenamente gratuitos. Hay una satisfacción casi masturbatoria en la virtuosidad visual, en los ángulos de cámara desmedidos o en los encuadres extraños. Tomo como ejemplo una película argentina, tan novedosa hoy en día como el llamado "Nuevo Cine Argentino". Me refiero a Los venerables todos, tal vez la obra maestra de Manuel Antín. Antín, influenciado por Resnais y Antoninoni, jugó con la planificación como nadie en la generación del 60 y basta ver unos minutos de la película antes citada para notar la rigurosa estilización que utiliza. No sabría decir si está justificado el uso de extensos travellings que terminan en un vacío oscuro o angulaciones que parten desde abajo de una mesa de vidrio; pero sin duda yo me regocijo en estas decisiones y no pretendo que tengan una justificación narrativa.
Los ejemplos abundan y cada época nos entregará su visión particular sobre la planificación en función de lo narrado o el vuelo poético visual que excede a la excusa dramática usada para filmar (triste herencia literaria). Lo interesante es, tal vez, independizarse tanto de la simplicidad visceral de la búsqueda de entretenimiento como de la frigidez del academicismo y permitirse gozar libremente del uso de la cámara como arma estética, como herramienta de experimentación. Sin tomar en cuenta las implicancias políticas, sociales o ideológicas, admitamos que a todos nos gusta un poco el lujo, aún si no entendemos de dónde viene.
Guido Segal.
En medio de una trama disparatadamente absurda, tan incomprensible en su hilación como básica en su planteo original, tan desmesuradamente recargada que riza el rizo y desborda el barroquismo, una eminencia de la psiquiatría avanza a toda velocidad escortada por dos toscos policías explicando cómo funciona la (de)mente de un psicópata de personalidad múltiple. Uno intenta por inercia seguir la corriente didáctica de la doctora (¿No estamos acostumbrados a que el cine se reduzca a contar historias que nos ayuden a dormir?) pero de repente notamos que el plano en el que están inmersos estos tres personaje comienza a tomar proporciones ominosas. Los segundos corren, luego los minutos y el plano sigue, desafiante, estóico, casi obsceno. Recorre pasillos, baja transversalmente escaleras, penetra en acsensores y cruza un edificio de punta a punta. Lentamente, lo que se dice, o incluso cómo se lo dice, pasa a un segundo plano y el bendito espectador -que obviamente algo conoce de los mecanismos cinematográficos, pues más de una tía solterona no distingue si se ha producido un corte o no- siente de a poco a esa tensión épica que corre por los huesos, esa intriga formal -nunca creí poder escribir estas palabras- que se resume en una simple pregunta: ¿Hasta cuándo podrá sostenerse este eterno plano?, ¿cuándo acabará? Si bien es De Palma (un reconocido exhibicionista) el responsible de este manierismo cinematográfico, en su magistral Demente (Raising Cain, 1992), cabe aquí preguntarnos si algo del placer del cine no reside en su valor puramente estético.
Probablemente muchos piensen que la afirmación anterior es una sandez o incluso una obviedad. Pero no puedo dejar de realizar tal género de observaciones, puesto que rigen mi experiencia como espectador cinematográfico. Infinidad de veces, una puesta en escena excelsa realza una historia pobre pero son contados los casos en los que un buen relato se salva si está cimentado en una planificación trivial o incluso conservadora. Encuentro cierto placer autónomo en ver planos arriesgados, excesivos o incluso plenamente gratuitos. Hay una satisfacción casi masturbatoria en la virtuosidad visual, en los ángulos de cámara desmedidos o en los encuadres extraños. Tomo como ejemplo una película argentina, tan novedosa hoy en día como el llamado "Nuevo Cine Argentino". Me refiero a Los venerables todos, tal vez la obra maestra de Manuel Antín. Antín, influenciado por Resnais y Antoninoni, jugó con la planificación como nadie en la generación del 60 y basta ver unos minutos de la película antes citada para notar la rigurosa estilización que utiliza. No sabría decir si está justificado el uso de extensos travellings que terminan en un vacío oscuro o angulaciones que parten desde abajo de una mesa de vidrio; pero sin duda yo me regocijo en estas decisiones y no pretendo que tengan una justificación narrativa.
Los ejemplos abundan y cada época nos entregará su visión particular sobre la planificación en función de lo narrado o el vuelo poético visual que excede a la excusa dramática usada para filmar (triste herencia literaria). Lo interesante es, tal vez, independizarse tanto de la simplicidad visceral de la búsqueda de entretenimiento como de la frigidez del academicismo y permitirse gozar libremente del uso de la cámara como arma estética, como herramienta de experimentación. Sin tomar en cuenta las implicancias políticas, sociales o ideológicas, admitamos que a todos nos gusta un poco el lujo, aún si no entendemos de dónde viene.
Guido Segal.
jueves, junio 10, 2004
El paciente ingles
Harry Potter y el prisionero de Azkaban (Harry Potter and the Prisoner of Azkaban, Estados Unidos, 2004). Dirigida por Alfonso Cuarón.
ESTRENO
Puntaje: 6.
Después de tener mucha paciencia y soportar las primeras dos impresentables películas de Columbus, llegamos a la mejor de esta desabrida saga. Gracias al mexicano Alfonso Cuarón, “El prisionero de Azkaban” tiene por momentos parte de ese espíritu ensordecedor de la novela. Y gracias a unos nuevos personajes, los dementores, guardias de las prisión de Azkaban, se llega a la oscuridad que aplasta para siempre (eso esperamos) a los bufones horrendos como el esclavo enano de Harry de la película anterior. Los dementores son seres viciosos vestidos con capa y capucha que llegaron a Hogwarts en busca de un asesino que se escapó de la cárcel de Azkaban.
Alfonso Cuarón capta el espíritu de la historia del famoso mago y trabaja sobre una de las novelas más interesantes de Potter donde comienzan a vislumbrarse los primeros signos sexuales. Especialmente entre Ron y Hermione y el propio descubrimiento onanista de Harry. Imposible evitar cerrar los dientes y aspirar en el momento que Harry se sube a una criatura cuasimitológica de gran riesgo y Hermione toma la mano de Ron. El contacto ya se estableció y no hay vuelta atrás. Hermione está cada vez mas grande, esperemos unos años y ya tendremos una nueva chica para mirar sin culpa.
La novela cuenta una historia difícil de explicar en una película, ya que tiene muchas vueltas de tuerca, pero cuenta con el aval de ser la mejor de las tres primeras. Para Harry la aventura es encontrar la manera de escapar a los miedos. En las primeras dos películas y novelas los miedos tenían que ver con elementos del pasado. En esta también ocurre esto pero se agregan los miedos a los cambios físicos en su cuerpo. Potter ya necesita un lugar para estar sólo, para entender que le pasa. Lastima que en el film no se haya explotado el contacto con Ginny, la hermana de Ron, que en la novela lo hace escapar un poco de la fuerza onanista de este tercer año en Hogwarts.
Es bueno que Cuarón trate de mantenerse al lado del hilo de la trama y no lo corte; son muchos los personajes que debe incluir y les da un pequeño lugar a los secundarios. Es imposible contar todo lo que ocurre en la novela y por eso rescata lo importante aunque, seguramente por exigencias externas, tiene que agregar momentos descolgados. La amenaza del asesino y la profecía de su muerte asustan a Harry justo en el momento que su varita está más fuerte que nunca. Ginny lo espera pero, mientras tanto, como cualquier adolescente, se arregla bien sin ella.
Leandro Rosenzveig.
ESTRENO
Puntaje: 6.
Después de tener mucha paciencia y soportar las primeras dos impresentables películas de Columbus, llegamos a la mejor de esta desabrida saga. Gracias al mexicano Alfonso Cuarón, “El prisionero de Azkaban” tiene por momentos parte de ese espíritu ensordecedor de la novela. Y gracias a unos nuevos personajes, los dementores, guardias de las prisión de Azkaban, se llega a la oscuridad que aplasta para siempre (eso esperamos) a los bufones horrendos como el esclavo enano de Harry de la película anterior. Los dementores son seres viciosos vestidos con capa y capucha que llegaron a Hogwarts en busca de un asesino que se escapó de la cárcel de Azkaban.
Alfonso Cuarón capta el espíritu de la historia del famoso mago y trabaja sobre una de las novelas más interesantes de Potter donde comienzan a vislumbrarse los primeros signos sexuales. Especialmente entre Ron y Hermione y el propio descubrimiento onanista de Harry. Imposible evitar cerrar los dientes y aspirar en el momento que Harry se sube a una criatura cuasimitológica de gran riesgo y Hermione toma la mano de Ron. El contacto ya se estableció y no hay vuelta atrás. Hermione está cada vez mas grande, esperemos unos años y ya tendremos una nueva chica para mirar sin culpa.
La novela cuenta una historia difícil de explicar en una película, ya que tiene muchas vueltas de tuerca, pero cuenta con el aval de ser la mejor de las tres primeras. Para Harry la aventura es encontrar la manera de escapar a los miedos. En las primeras dos películas y novelas los miedos tenían que ver con elementos del pasado. En esta también ocurre esto pero se agregan los miedos a los cambios físicos en su cuerpo. Potter ya necesita un lugar para estar sólo, para entender que le pasa. Lastima que en el film no se haya explotado el contacto con Ginny, la hermana de Ron, que en la novela lo hace escapar un poco de la fuerza onanista de este tercer año en Hogwarts.
Es bueno que Cuarón trate de mantenerse al lado del hilo de la trama y no lo corte; son muchos los personajes que debe incluir y les da un pequeño lugar a los secundarios. Es imposible contar todo lo que ocurre en la novela y por eso rescata lo importante aunque, seguramente por exigencias externas, tiene que agregar momentos descolgados. La amenaza del asesino y la profecía de su muerte asustan a Harry justo en el momento que su varita está más fuerte que nunca. Ginny lo espera pero, mientras tanto, como cualquier adolescente, se arregla bien sin ella.
Leandro Rosenzveig.
Vientos de cambio
El día después de mañana (The day after tomorrow, Estados Unidos, 2004). Dirigida por Roland Emmerich. Con Dennis Quaid , Jake Gyllenhaal, Ian Hola, Emma Rossum, Jay O. Sanders. Ficha técnica.
ESTRENOS
Puntaje: 6.
La utopía gremlineana, la gran ciudad de Nueva York, es ahora una mortuoria versión de aquello de ¨blanca y radiante¨. Una Venecia urgente, obesa y bajo cero. Una metrópolis bañada bajo el agua y la nieve creadas por computadora. Es una imagen monótona, cuadrada, inquietante y fascinante que pertenece a El día después de mañana. Aquellos cuatro adjetivos se circunscriben al último opus del director Roland Emmerich, especializado en la catástrofe, ya sea como eje temático o debido al resultado final de sus films (Godzilla, Día de la independencia, El patriota).
NY es solo una de la ciudades caídas en cumplimento del deber (en el sentido económico) que la madre naturaleza se cobrará a sangre (y corriente) fría atentando contra la humanidad toda. O casi toda. Sólo el hemisferio norte será abatido por la catástrofe climatológíca. Aquel all american way que se recalcitraba en otros films de Emmerich, se convierte aquí en comic relief y desde ahí el presidente de América, en México y por Weather Channel (obvio) le dirá a los sobrevivientes: ¨ Vuelvan a casa ¨. Claro que aunque vestidas de seda ciertas ideas emmerichiannas quedan como el subrayado torpe de bondades adyacentes a la humanidad de primer nivel: las desdichas de una enfermera y un niño con cáncer y sin padres llamado Peter que lee Peter Pan.
Pero el hallazgo está en la pérdida de solemnidad; la grandilocuencia es consecuente en ciertas ocasiones, pero la película no agobia, no exorciza efectos especiales per se y no se empasta como sí lo hace la reciente Troya.
Para los dos protagonistas Dennis Quaid y Jake Gyllenhaal, que serán padre e hijo, es el fin del mundo como ellos lo conocen y se sienten bien. Es la aventura su elemento natural, son esos hombres que se buscan contra viento y marea los que servirán de andenes para la férrea simplificación narrativa (sólo se trata de vivir, esa es la historia) y mástiles que fijan al film frente a tanto maremoto y huracán. Una narración que se mueve sobre ruedas primitivas (padre que no se ocupaba lo suficiente de su crio). Aun así, ellos tientan los cercanos limites del género catástrofe. Son hombres que corren del frío, de los lobos, de la soledad, de su pasado. Sobreviven. Son hombres que saben que los tiempos (climáticos) están cambiando.
Juan Manuel Dominguez.
ESTRENOS
Puntaje: 6.
La utopía gremlineana, la gran ciudad de Nueva York, es ahora una mortuoria versión de aquello de ¨blanca y radiante¨. Una Venecia urgente, obesa y bajo cero. Una metrópolis bañada bajo el agua y la nieve creadas por computadora. Es una imagen monótona, cuadrada, inquietante y fascinante que pertenece a El día después de mañana. Aquellos cuatro adjetivos se circunscriben al último opus del director Roland Emmerich, especializado en la catástrofe, ya sea como eje temático o debido al resultado final de sus films (Godzilla, Día de la independencia, El patriota).
NY es solo una de la ciudades caídas en cumplimento del deber (en el sentido económico) que la madre naturaleza se cobrará a sangre (y corriente) fría atentando contra la humanidad toda. O casi toda. Sólo el hemisferio norte será abatido por la catástrofe climatológíca. Aquel all american way que se recalcitraba en otros films de Emmerich, se convierte aquí en comic relief y desde ahí el presidente de América, en México y por Weather Channel (obvio) le dirá a los sobrevivientes: ¨ Vuelvan a casa ¨. Claro que aunque vestidas de seda ciertas ideas emmerichiannas quedan como el subrayado torpe de bondades adyacentes a la humanidad de primer nivel: las desdichas de una enfermera y un niño con cáncer y sin padres llamado Peter que lee Peter Pan.
Pero el hallazgo está en la pérdida de solemnidad; la grandilocuencia es consecuente en ciertas ocasiones, pero la película no agobia, no exorciza efectos especiales per se y no se empasta como sí lo hace la reciente Troya.
Para los dos protagonistas Dennis Quaid y Jake Gyllenhaal, que serán padre e hijo, es el fin del mundo como ellos lo conocen y se sienten bien. Es la aventura su elemento natural, son esos hombres que se buscan contra viento y marea los que servirán de andenes para la férrea simplificación narrativa (sólo se trata de vivir, esa es la historia) y mástiles que fijan al film frente a tanto maremoto y huracán. Una narración que se mueve sobre ruedas primitivas (padre que no se ocupaba lo suficiente de su crio). Aun así, ellos tientan los cercanos limites del género catástrofe. Son hombres que corren del frío, de los lobos, de la soledad, de su pasado. Sobreviven. Son hombres que saben que los tiempos (climáticos) están cambiando.
Juan Manuel Dominguez.
miércoles, mayo 26, 2004
Esperando la nieve
Luna de Avellaneda (Argentina, 2004). Dirigida por Juan José Campanella. Con Valeria Bertuccelli, Ricardo Darín y Mercedes Morán. Ficha técnica. Sitio oficial.
ESTRENO
Puntaje: 2. En los diarios: Horacio Bernades (Página/12): 6; Pablo O. Scholz (Clarín): 8; Marcelo Zapata (Ambito Financiero): 8; Adolfo C. Martínez (La Nación): 8.
Debido a que Juan P. Martinez se despachó a gusto sobre varios aspectos a los que iba a referirme decidí cambiar un poco mi crítica. Pero quiero destacar que todo lo que Juan dice es cierto y que es muy acertado que remarque el chivo de Mc Donald´s: ese es el momento en el que Campanella se muerde la cola y donde deja al descubierto su hipocresía y demagogia. Dicha publicidad, que aparece disfrazada en forma de chiste, es una perfecta metáfora del procedimiento de Campanella para realizar sus películas: manipular a los espectadores a través de momentos graciosos y/o emotivos para imponer sus ideas reaccionarias sobre la sociedad argentina y el cine. Así como vende una hamburguesa haciéndose el gracioso, nos dice, a través de sus "comedias dramáticas", que Argentina debería volver al club de barrio y a ese pasado perfecto donde todo era familia, fiestas, carnavales y Alberto Castillo cantando que siga el baile. Pero ese pasado idílico está ubicado en 1959, y claro que las cosas no eran tan simples como el director nos quiere hacer creer. Heredero voluntario del peor populismo del cine argentino, Campanella reduce y niega las coyunturas políticas y sociales del pasado para facilitar su accionar manipulador. Su cine representa como pocos lo más oscuro de la clase media Argentina, siempre dispuesta a negar el presente, abortar el futuro, pedir mano dura y decir cosas tales como que con los militares estábamos mejor. Esto último no aparece en Luna de Avellaneda pero su evocación a la perfección de 1959 no está tan lejos. Pero esa clase media tiene sensibilidad (adquirida a través de Canal 13) y Campanella también, por eso se encarga de embellecer las imágenes de una villa y el Riachuelo.
Con todo esto el cine argentino más reaccionario y los críticos que lo festejan tienen en Campanella un nombre para aferrarse. Pero como quejarse sin hacer nada es inútil, desde acá, desde este humilde espacio, quiero nombrar y empezar a apoyar a otra película argentina y a su director con la esperanza de que consiga un poco de la atención que le fue regalada (o vendida) a Campanella. En un momento de Luna de Avellaneda, Valeria Bertuccelli le relata a Eduardo Blanco un cuento en el que nieva sobre Buenos Aires. Al escucharla, Blanco le dice: "Lo único que nos faltaba es que nieve". En Los guantes mágicos, la nueva y necesaria película de Martín Rejtman que está por estrenarse, efectivamente nieva sobre Buenos Aires. Sí Blanco, sí Campanella, hace falta que nieve, que nieve mucho como en el film de Rejtman para tapar tanta mediocridad.
Sebastián Nuñez.
ESTRENO
Puntaje: 2. En los diarios: Horacio Bernades (Página/12): 6; Pablo O. Scholz (Clarín): 8; Marcelo Zapata (Ambito Financiero): 8; Adolfo C. Martínez (La Nación): 8.
Debido a que Juan P. Martinez se despachó a gusto sobre varios aspectos a los que iba a referirme decidí cambiar un poco mi crítica. Pero quiero destacar que todo lo que Juan dice es cierto y que es muy acertado que remarque el chivo de Mc Donald´s: ese es el momento en el que Campanella se muerde la cola y donde deja al descubierto su hipocresía y demagogia. Dicha publicidad, que aparece disfrazada en forma de chiste, es una perfecta metáfora del procedimiento de Campanella para realizar sus películas: manipular a los espectadores a través de momentos graciosos y/o emotivos para imponer sus ideas reaccionarias sobre la sociedad argentina y el cine. Así como vende una hamburguesa haciéndose el gracioso, nos dice, a través de sus "comedias dramáticas", que Argentina debería volver al club de barrio y a ese pasado perfecto donde todo era familia, fiestas, carnavales y Alberto Castillo cantando que siga el baile. Pero ese pasado idílico está ubicado en 1959, y claro que las cosas no eran tan simples como el director nos quiere hacer creer. Heredero voluntario del peor populismo del cine argentino, Campanella reduce y niega las coyunturas políticas y sociales del pasado para facilitar su accionar manipulador. Su cine representa como pocos lo más oscuro de la clase media Argentina, siempre dispuesta a negar el presente, abortar el futuro, pedir mano dura y decir cosas tales como que con los militares estábamos mejor. Esto último no aparece en Luna de Avellaneda pero su evocación a la perfección de 1959 no está tan lejos. Pero esa clase media tiene sensibilidad (adquirida a través de Canal 13) y Campanella también, por eso se encarga de embellecer las imágenes de una villa y el Riachuelo.
Con todo esto el cine argentino más reaccionario y los críticos que lo festejan tienen en Campanella un nombre para aferrarse. Pero como quejarse sin hacer nada es inútil, desde acá, desde este humilde espacio, quiero nombrar y empezar a apoyar a otra película argentina y a su director con la esperanza de que consiga un poco de la atención que le fue regalada (o vendida) a Campanella. En un momento de Luna de Avellaneda, Valeria Bertuccelli le relata a Eduardo Blanco un cuento en el que nieva sobre Buenos Aires. Al escucharla, Blanco le dice: "Lo único que nos faltaba es que nieve". En Los guantes mágicos, la nueva y necesaria película de Martín Rejtman que está por estrenarse, efectivamente nieva sobre Buenos Aires. Sí Blanco, sí Campanella, hace falta que nieve, que nieve mucho como en el film de Rejtman para tapar tanta mediocridad.
Sebastián Nuñez.
domingo, mayo 23, 2004
El mismo horror, la misma mierda
LA PEOR PELICULA DEL AÑO (NAZIONAL, 2004). Dirigida por Juan José Campanella. Con Valeria Bertuccelli, Ricardo Darín, Eduardo Blanco y Mercedes Morán.
ESTRENO.
PUNTAJE: 0. En los diarios: Horacio Bernades (Página/12): 6; Pablo O. Scholz (Clarín): 8; Marcelo Zapata (Ambito Financiero): 8; Adolfo C. Martínez (La Nación): 8.
Voy a empezar diciendo que alguna vez el Campanella este fue alguien respetable. Los telefilms que hizo para HBO no estaban nada mal, Ni el tiro del final era una película fallida pero con varios puntos de interés y El mismo amor, la misma lluvia pudo haber sido una gran comedia romántica pero terminó siendo una buena comedia dramática, debido a su seriedad y trazo grueso cuando a “lo sociopolítico” se refería. El tipo sabía narrar y filmaba aceptablemente, cosas que desde El hijo de la novia y culminando ahora en su último film, parece haber perdido por completo. Lo que sí ganó fue un populacherismo reaccionario que data de los peores ’70. Tanto EHDLN como LPPDA remiten nostalgiosamente al cine que Sandrini y otros fachos hicieron en esa época. De hecho, EHDLN se parece mucho a Vivir con alegría, film de 1979 dirigido por Ramón Ortega, que protagoniza con Sandrini. Y no, Campanella, no te emociones por eso (ver acá).
Pero aquí estamos ante algo todavía peor que la horrenda EHDLN. Como en aquella, tenemos un guión matemático en el que una escena “de risa” es seguida por una “de llorar” y así por 142 minutos (contra los 123 de la anterior, lo que matemáticamente resulta en una película 19 minutos peor). Ambos films comparten una sensiblería desatada, pero LPPDA se va directamente a la mierda con este recurso barato y deshonesto en la escena que Naza mencionó en su nota de la nena de la villa mirando fijamente a Fanego –cuyo personaje es el colmo del subrayado vil- , que resulta tan o más indignante que Michael Moore dejando la fotito de la nena muerta en la casa de Charlton Heston en Bowling For Columbine, y con la que JJC nos refriega en la cara su accionar. Pero lo que más se exalta en esta película es aquello de retratar al “argentino medio”, “el barrio”, y toda esa diatriba reaccionaria y nazionalista que aquí JJC festeja más que nunca, especialmente en la escena que se sucede durante los créditos finales, donde se nos dice una vez más que “somos unos vivos bárbaros”.
Además de ser todo eso y mucho más, LPPDA es una película hipócrita, ya que en todo momento nos habla de lo malas que son las grandes empresas pero después mete un chivo ostentoso de Mc Donald’s. No estoy haciendo aquí un acto de repudio hacia los chivos en el cine –muchas películas que me gustan están plagadas de “product placement”-, ni estoy defendiendo los ideales que el film parecería proclamar, lo que digo es que su presencia va en contra de todo lo que se venía contando y revela a la película como algo aun más falso.
Dicho todo esto, tal vez lo que más moleste de LPPDA sea el hecho de que recibe el apoyo de la peor crítica nacional –que utiliza este tipo de cine argentino para descalificar al bueno-, y que el público festeja al repugnante Eduardo Blanco y las cosas feas que dicen y hacen él y los demás personajes, se enorgullecen como ellos de ser argentinos-medio-pelotudos y aprueban como ellos aquello de que “todo tiempo pasado fue mejor”, cuando no tienen en cuenta (o sí, pero aprueban igual) las implicancias que tiene esa idea. La argentinidad al palo, como dice LA PEOR BANDA DEL ROCK NAZIONAL.
Juan P. Martínez.
ESTRENO.
PUNTAJE: 0. En los diarios: Horacio Bernades (Página/12): 6; Pablo O. Scholz (Clarín): 8; Marcelo Zapata (Ambito Financiero): 8; Adolfo C. Martínez (La Nación): 8.
Voy a empezar diciendo que alguna vez el Campanella este fue alguien respetable. Los telefilms que hizo para HBO no estaban nada mal, Ni el tiro del final era una película fallida pero con varios puntos de interés y El mismo amor, la misma lluvia pudo haber sido una gran comedia romántica pero terminó siendo una buena comedia dramática, debido a su seriedad y trazo grueso cuando a “lo sociopolítico” se refería. El tipo sabía narrar y filmaba aceptablemente, cosas que desde El hijo de la novia y culminando ahora en su último film, parece haber perdido por completo. Lo que sí ganó fue un populacherismo reaccionario que data de los peores ’70. Tanto EHDLN como LPPDA remiten nostalgiosamente al cine que Sandrini y otros fachos hicieron en esa época. De hecho, EHDLN se parece mucho a Vivir con alegría, film de 1979 dirigido por Ramón Ortega, que protagoniza con Sandrini. Y no, Campanella, no te emociones por eso (ver acá).
Pero aquí estamos ante algo todavía peor que la horrenda EHDLN. Como en aquella, tenemos un guión matemático en el que una escena “de risa” es seguida por una “de llorar” y así por 142 minutos (contra los 123 de la anterior, lo que matemáticamente resulta en una película 19 minutos peor). Ambos films comparten una sensiblería desatada, pero LPPDA se va directamente a la mierda con este recurso barato y deshonesto en la escena que Naza mencionó en su nota de la nena de la villa mirando fijamente a Fanego –cuyo personaje es el colmo del subrayado vil- , que resulta tan o más indignante que Michael Moore dejando la fotito de la nena muerta en la casa de Charlton Heston en Bowling For Columbine, y con la que JJC nos refriega en la cara su accionar. Pero lo que más se exalta en esta película es aquello de retratar al “argentino medio”, “el barrio”, y toda esa diatriba reaccionaria y nazionalista que aquí JJC festeja más que nunca, especialmente en la escena que se sucede durante los créditos finales, donde se nos dice una vez más que “somos unos vivos bárbaros”.
Además de ser todo eso y mucho más, LPPDA es una película hipócrita, ya que en todo momento nos habla de lo malas que son las grandes empresas pero después mete un chivo ostentoso de Mc Donald’s. No estoy haciendo aquí un acto de repudio hacia los chivos en el cine –muchas películas que me gustan están plagadas de “product placement”-, ni estoy defendiendo los ideales que el film parecería proclamar, lo que digo es que su presencia va en contra de todo lo que se venía contando y revela a la película como algo aun más falso.
Dicho todo esto, tal vez lo que más moleste de LPPDA sea el hecho de que recibe el apoyo de la peor crítica nacional –que utiliza este tipo de cine argentino para descalificar al bueno-, y que el público festeja al repugnante Eduardo Blanco y las cosas feas que dicen y hacen él y los demás personajes, se enorgullecen como ellos de ser argentinos-medio-pelotudos y aprueban como ellos aquello de que “todo tiempo pasado fue mejor”, cuando no tienen en cuenta (o sí, pero aprueban igual) las implicancias que tiene esa idea. La argentinidad al palo, como dice LA PEOR BANDA DEL ROCK NAZIONAL.
Juan P. Martínez.
viernes, mayo 21, 2004
El lado oscuro del cine argentino
Luna de Avellaneda (ARGENTINA, 2004). Dirigida por juan josé campánella. Con Valeria Bertuccelli, Ricardo Darín y Mercedes Morán. Ficha técnica. Sitio oficial.
ESTRENO
PUNTAJE: 0. En los diarios: Horacio Bernades (Página/12): 6; Pablo O. Scholz (Clarín): 8; Marcelo Zapata (Ambito Financiero): 8; Adolfo C. Martínez (La Nación): 8.
Oops! Lo hizo de nuevo. Campanella es hoy el mayor responsable de que el maldito costumbrismo del cine argentino siga vivo. Un género que estaba confortablemente adormecido y que respira desde que lo popularizó con el hijo de la novia. Otra vez Darín como jefe de familia que tiene que reinstaurar El orden. Por lo menos esta vez no hay que soportar a norma ‘Daño Cerebral’ aleandro, aunque Eduardo Blanco está infinitamente más intolerable que en aquella película. De vuelta el cine reaccionario es festejado por la crítica. Ese cine en el que todo tiempo pasado fue mejor y punto.
La manera de operar de campanella puede ejemplificarse con una escena sobre el final de la película. Ahí Darín ve a una nena de una villa en una asamblea de socios muy al estilo de Riqueza ajena (es extraño que momentos antes resuelva una escena de la misma manera que Malkovich terminó su ópera prima, Senderos de sangre). Darín le pide a la chica que no deje de mirar fijo a Fanego, que vendría a ser el orador “DeVito”, para forzar un sentimiento que lo haga desistir de su propuesta de vender el club. Campanella hace exactamente eso que busca Darín en la nena con cada primer plano que musicaliza de la manera más barata y sensiblera posible.
Es cierto que campanella sabe cuáles son las frases ‘piolas’ que tiran los cancheritos del barrio. Se nota que campanella conoce al tipo clase media facho promedio. Lo que es nefasto es que su película sea una celebración de todos esos valores. Así como Solanas salió con su cámara aquel 20 de diciembre para registrar imágenes que incluyó en Memorias del saqueo, no es para nada descabellado pensar que campanella debe haber salido a filmar la cruzada axel en el Congreso y la gesta del petitorio de juan carlos blumberg para usar esas imágenes en su próxima película.
En una entrevista publicada en La mano, campanella dice: “el cine tiene que hacer el amor con su público, y muchos realizadores se están haciendo una paja. Y después protestan porque al público no le interesa ver cómo se pajean”. En la masturbación siempre hay uno que la pasa bien. En los polvos malos, no. Pero como le importa el público, campanella prefiere cogérselo y no le interesa cuál es el precio. Y parece que le encanta que se saquen entradas para verlo coger.
Naza Chong.
ESTRENO
PUNTAJE: 0. En los diarios: Horacio Bernades (Página/12): 6; Pablo O. Scholz (Clarín): 8; Marcelo Zapata (Ambito Financiero): 8; Adolfo C. Martínez (La Nación): 8.
Oops! Lo hizo de nuevo. Campanella es hoy el mayor responsable de que el maldito costumbrismo del cine argentino siga vivo. Un género que estaba confortablemente adormecido y que respira desde que lo popularizó con el hijo de la novia. Otra vez Darín como jefe de familia que tiene que reinstaurar El orden. Por lo menos esta vez no hay que soportar a norma ‘Daño Cerebral’ aleandro, aunque Eduardo Blanco está infinitamente más intolerable que en aquella película. De vuelta el cine reaccionario es festejado por la crítica. Ese cine en el que todo tiempo pasado fue mejor y punto.
La manera de operar de campanella puede ejemplificarse con una escena sobre el final de la película. Ahí Darín ve a una nena de una villa en una asamblea de socios muy al estilo de Riqueza ajena (es extraño que momentos antes resuelva una escena de la misma manera que Malkovich terminó su ópera prima, Senderos de sangre). Darín le pide a la chica que no deje de mirar fijo a Fanego, que vendría a ser el orador “DeVito”, para forzar un sentimiento que lo haga desistir de su propuesta de vender el club. Campanella hace exactamente eso que busca Darín en la nena con cada primer plano que musicaliza de la manera más barata y sensiblera posible.
Es cierto que campanella sabe cuáles son las frases ‘piolas’ que tiran los cancheritos del barrio. Se nota que campanella conoce al tipo clase media facho promedio. Lo que es nefasto es que su película sea una celebración de todos esos valores. Así como Solanas salió con su cámara aquel 20 de diciembre para registrar imágenes que incluyó en Memorias del saqueo, no es para nada descabellado pensar que campanella debe haber salido a filmar la cruzada axel en el Congreso y la gesta del petitorio de juan carlos blumberg para usar esas imágenes en su próxima película.
En una entrevista publicada en La mano, campanella dice: “el cine tiene que hacer el amor con su público, y muchos realizadores se están haciendo una paja. Y después protestan porque al público no le interesa ver cómo se pajean”. En la masturbación siempre hay uno que la pasa bien. En los polvos malos, no. Pero como le importa el público, campanella prefiere cogérselo y no le interesa cuál es el precio. Y parece que le encanta que se saquen entradas para verlo coger.
Naza Chong.
jueves, mayo 20, 2004
Esta es la gente del futuro
JC Chasez: Schizophrenic. Producido por Basement Jaxx, JC Chasez, Riprock, Alex G, Rockwilder+, Robb Boldt y Dallas Austin. BMG. Ficha técnica.
DISCOS.
Puntaje: 9. Metacritic: 58.
A los prejuiciosos de siempre
Ya debería ser indiscutible la gigantesca evolución que se dio en el ambiente del llamado teen-pop. Ya hablé en su momento de cuánto creció Britney Spears. Pero el caso de una banda como *NSYNC fue bastante sorprendente. Luego de haber editado un primer disco espantoso en 1998, inferior inclusive a los primeros de los Backstreet Boys, ocurrió algo inesperado y con pocos precedentes. Los chicos despidieron a su manager y comenzaron a hacer las cosas por su cuenta. Contrataron buenos productores, escribieron gran parte de las canciones y lanzaron el apropiadamente entitulado No Strings Attached (2000), y por fin tuvimos un disco de boy-band donde sus hacedores no sólo se preocuparon por ganar dinero sino también por entregar un producto competente. NSA es un buen disco pop, que si bien tenía varias canciones que entraban en el formato canción pop boybandera (aunque bien producidas), también se permitía experimentar, como en aquel maravilloso trip espacial llamado Space Cowboy, escrito por JC Chasez (cerebro del grupo junto con Justin Timberlake), que utilizó nadie menos que Clint Eastwood para su casi homónimo film del mismo año.
Al año siguiente aquella evolución se evidenció más todavía con el excelente Celebrity, disco casi enteramente escrito y producido por Justin y JC (con alguna participacion de genios como los Neptunes) que, sin perder su sensibilidad pop, lograba ser un álbum completamente personal, infeccioso y futurista, cosa que se evidencia en el extrañísimo hit Pop, escrito y producido por Justin y en The Game Is Over, de JC, con su melodía basada en aquella del Pacman.
Nunca se supo si la banda se separó o no, pero en 2002 Justin editó su gran disco solista Justified, producido por The Neptunes y Timbaland, y ahora le toca el turno a JC con Schizophrenic. El mejor tema del disco es sin duda el perfecto Shake It, producido por Basement Jaxx (JC ya había aparecido en Plug It In, tal vez el mejor tema de Kish-Kash, el último disco de BJ), una pseudo-cumbia espacial que quita el aliento. En 76 minutos y 17 canciones sin un sólo segundo de filler, JC pasa revista de todo el pop desde fines de los 70 hasta el presente (en realidad se pasa y llega hasta el futuro más lejano) y nos entrega joyas fiesteras por doquier. En One Night Stand toma el estribillo del inolvidable I Feel Love de Donna Summer/Giorgio Moroder y lo hace suyo. Lo mismo hace con la melodía de Sunglasses at Night de Corey Heart en Come To Me. Con All Day Long I Dream About Sex viaja hasta 1988 (pero desde el año 2167) y con Everything You Want imita a Sting pero convirtiéndolo en algo interesante. Y así sucesivamente en un gran disco donde hasta las baladas (terreno pantanoso para este tipo de gente) suenan muy bien. Schizophrenic vuelve a confirmar que gente JC, Justin, Britney, Outkast, los Neptunes, y los Jaxx son el futuro del pop. Un futuro auspicioso, gigantesco y fabuloso.
Juan P. Martínez.
DISCOS.
Puntaje: 9. Metacritic: 58.
A los prejuiciosos de siempre
Ya debería ser indiscutible la gigantesca evolución que se dio en el ambiente del llamado teen-pop. Ya hablé en su momento de cuánto creció Britney Spears. Pero el caso de una banda como *NSYNC fue bastante sorprendente. Luego de haber editado un primer disco espantoso en 1998, inferior inclusive a los primeros de los Backstreet Boys, ocurrió algo inesperado y con pocos precedentes. Los chicos despidieron a su manager y comenzaron a hacer las cosas por su cuenta. Contrataron buenos productores, escribieron gran parte de las canciones y lanzaron el apropiadamente entitulado No Strings Attached (2000), y por fin tuvimos un disco de boy-band donde sus hacedores no sólo se preocuparon por ganar dinero sino también por entregar un producto competente. NSA es un buen disco pop, que si bien tenía varias canciones que entraban en el formato canción pop boybandera (aunque bien producidas), también se permitía experimentar, como en aquel maravilloso trip espacial llamado Space Cowboy, escrito por JC Chasez (cerebro del grupo junto con Justin Timberlake), que utilizó nadie menos que Clint Eastwood para su casi homónimo film del mismo año.
Al año siguiente aquella evolución se evidenció más todavía con el excelente Celebrity, disco casi enteramente escrito y producido por Justin y JC (con alguna participacion de genios como los Neptunes) que, sin perder su sensibilidad pop, lograba ser un álbum completamente personal, infeccioso y futurista, cosa que se evidencia en el extrañísimo hit Pop, escrito y producido por Justin y en The Game Is Over, de JC, con su melodía basada en aquella del Pacman.
Nunca se supo si la banda se separó o no, pero en 2002 Justin editó su gran disco solista Justified, producido por The Neptunes y Timbaland, y ahora le toca el turno a JC con Schizophrenic. El mejor tema del disco es sin duda el perfecto Shake It, producido por Basement Jaxx (JC ya había aparecido en Plug It In, tal vez el mejor tema de Kish-Kash, el último disco de BJ), una pseudo-cumbia espacial que quita el aliento. En 76 minutos y 17 canciones sin un sólo segundo de filler, JC pasa revista de todo el pop desde fines de los 70 hasta el presente (en realidad se pasa y llega hasta el futuro más lejano) y nos entrega joyas fiesteras por doquier. En One Night Stand toma el estribillo del inolvidable I Feel Love de Donna Summer/Giorgio Moroder y lo hace suyo. Lo mismo hace con la melodía de Sunglasses at Night de Corey Heart en Come To Me. Con All Day Long I Dream About Sex viaja hasta 1988 (pero desde el año 2167) y con Everything You Want imita a Sting pero convirtiéndolo en algo interesante. Y así sucesivamente en un gran disco donde hasta las baladas (terreno pantanoso para este tipo de gente) suenan muy bien. Schizophrenic vuelve a confirmar que gente JC, Justin, Britney, Outkast, los Neptunes, y los Jaxx son el futuro del pop. Un futuro auspicioso, gigantesco y fabuloso.
Juan P. Martínez.
miércoles, mayo 19, 2004
Elogio de la inconsistencia
Esplendor Americano (American Splendor, Estados Unidos, 2003). Dirigida por Shari Springer Berman y Robert Pulcini. Con Paul Giamatti y Hope Davis.
ESTRENO
Puntaje: 9
Uno nunca debería escribir (o siquiera pensar) sobre las cosas que ama desmedidamente. Las cosas deberían durar el tiempo que lleva consumirlas y después morir para siempre, permanecer pervertidas por el recuerdo como uno quiere que sean, objetos íntimos al fin. Escribir sobre las películas que uno aprecia es al fin de cuentas buscar razones para quererlas, reducirlas a sus facciones básicas para poder explicar a otros el por qué de nuestra admiración (como si el placer fuera una cuestión de tener razón o no). En fin, todo eso que no habría que hacer lo estoy haciendo ahora y así entierro mi amor.
No me bastó una primera experiencia de American Splendor (filtrada a través de la experiencia cuasi-cinematográfica del divx) y tuve que reincidir en una sala de cine, anhelando revivir el placer inicial; craso error, ya que nunca se vuelve a ver las cosas por primera vez. Lo extraño llegó al momento de transcribir mis ideas sobre la película; a pesar de mi fanatismo inmediato, noté que no poseía ni una idea concreta sobre el por qué de mi entusiasmo, que no tenía ninguna justificación racional de mi preferencia más allá del disfrute.
Hoy, vista a una leve distancia (lujo muy poco frecuente en estos tiempos), me doy cuenta de que American Splendor no innova en lo más mínimo, que bajo su manto de (pos)modernidad se esconde una estructura narrativa lineal y convencional, que su uso del comic es más oportunista que expansivo, que su apelación a los personajes reales refuerza el hilo narrativo clásico antes que experimentar con los límites borrosos entre ficción y realidad. Y sin embargo (como dice Sabina) la quiero. Y me baso pura y exclusivamente en el hecho de que me hizo feliz, de que reí adolescentemente con cada experiencia deprimente de Harvey Pekar y con cada celebración del universo nerd por parte de Tobey, de que hay una mirada tierna y comprensiva hacia esos perdedores amables que se parecen tanto más a la vida real que los Aquiles Pitt o los Paris Bloom.
En fin, tal vez deba decir un poco impúnemente y citando con descuido a Magritte que esto no es una crítica. No es una reseña, no es una crónica, no es un ensayo. Si algo es definitivamente, mis amigos, es un obituario, no tanto para el film en cuestión (que sin dudas hizo méritos para ser tenido en cuenta) sino para quien escribe. Algo se quebró.
Guido Segal.
ESTRENO
Puntaje: 9
Uno nunca debería escribir (o siquiera pensar) sobre las cosas que ama desmedidamente. Las cosas deberían durar el tiempo que lleva consumirlas y después morir para siempre, permanecer pervertidas por el recuerdo como uno quiere que sean, objetos íntimos al fin. Escribir sobre las películas que uno aprecia es al fin de cuentas buscar razones para quererlas, reducirlas a sus facciones básicas para poder explicar a otros el por qué de nuestra admiración (como si el placer fuera una cuestión de tener razón o no). En fin, todo eso que no habría que hacer lo estoy haciendo ahora y así entierro mi amor.
No me bastó una primera experiencia de American Splendor (filtrada a través de la experiencia cuasi-cinematográfica del divx) y tuve que reincidir en una sala de cine, anhelando revivir el placer inicial; craso error, ya que nunca se vuelve a ver las cosas por primera vez. Lo extraño llegó al momento de transcribir mis ideas sobre la película; a pesar de mi fanatismo inmediato, noté que no poseía ni una idea concreta sobre el por qué de mi entusiasmo, que no tenía ninguna justificación racional de mi preferencia más allá del disfrute.
Hoy, vista a una leve distancia (lujo muy poco frecuente en estos tiempos), me doy cuenta de que American Splendor no innova en lo más mínimo, que bajo su manto de (pos)modernidad se esconde una estructura narrativa lineal y convencional, que su uso del comic es más oportunista que expansivo, que su apelación a los personajes reales refuerza el hilo narrativo clásico antes que experimentar con los límites borrosos entre ficción y realidad. Y sin embargo (como dice Sabina) la quiero. Y me baso pura y exclusivamente en el hecho de que me hizo feliz, de que reí adolescentemente con cada experiencia deprimente de Harvey Pekar y con cada celebración del universo nerd por parte de Tobey, de que hay una mirada tierna y comprensiva hacia esos perdedores amables que se parecen tanto más a la vida real que los Aquiles Pitt o los Paris Bloom.
En fin, tal vez deba decir un poco impúnemente y citando con descuido a Magritte que esto no es una crítica. No es una reseña, no es una crónica, no es un ensayo. Si algo es definitivamente, mis amigos, es un obituario, no tanto para el film en cuestión (que sin dudas hizo méritos para ser tenido en cuenta) sino para quien escribe. Algo se quebró.
Guido Segal.
lunes, mayo 17, 2004
No arde ni divierte
Troya (Troy, Estados Unidos, 2004). Dirigida por Wolfgang Petersen. Con Brad Pitt, Diane Kruger, Brendan Gleeson, Brian Cox, Eric Bana, Orlando Bloom, Peter O'Toole y Sean Bean. Ficha técnica. Sitio oficial.
ESTRENO
Puntaje: 5. En los diarios: Horacio Bernades (Página/12), Diego Curubeto (Ámbito Financiero): 8, Adolfo C. Martínez (La Nación): 8, Aníbal M. Vinelli (Clarín): 6. Metacritic: 52. Rotten tomatoes: 59%.
Varias de las críticas publicadas el último jueves sobre la nueva película de Wolfgang Petersen la califican como un buen entretenimiento. Hay un par de cosas para decir sobre esta apreciación. Primero sobre el valor despectivo que se le da a la palabra entretenimiento. Cada vez que se usa la expresión "es un entretenimiento" o alguna otra similar se lo hace para destacar que la película en cuestión no vale la pena, carece de valor artístico o cinematográfico y que es superficial. Este tipo de proceder crítico es descartable no sólo por su carácter prejuicioso sino también porque al actuar desde el desdén y el desconocimiento suele ser errado en sus valoraciones. Y esto lleva a lo segundo: Troya no es entretenida, y si esas críticas dicen que sí lo es, lo hacen porque no saben diferenciar un relato de acción y aventura logrado de uno aburrido y fallido. También ignoran que para lograr una película entretenida hace falta un alto grado de sofisticación, ausente en esta adaptación de la Ilíada. Si bien desde el comienzo se nota la intención de ir directo al grano, a medida que van pasando las casi tres horas que dura la película la acumulación de desaciertos hace que las pulsaciones se mantengan a un ritmo normal. Las batallas, supuesto punto fuerte, son insignificantes luego de que Peter Jackson lograra lo que logró en El Señor de los anillos y el desarrollo de los personajes es mínimo, casi nulo. Por su parte, las situaciones que no son de acción están mal acopladas al resto, lo que da una sensación de rompecabezas mal armado. Lo mejor son las peleas de uno contra uno y el plano de los miles de barcos griegos cruzando el Mar Egeo, únicos momentos de adrenalina cinética. Hay en Troya también una intención de vincular aquella invasión griega con la actual guerra en Irak, pero además de ser banal y obvio, este paralelismo carece de sustento y es apenas otro de los carriles que la película recorre de manera trivial. Un buen entretenimiento necesita pasión, amor, imaginación y libertad. Troya no tiene ninguno de esos elementos y es por eso que se constituye como una película superficial y aburrida.
Sebastián Nuñez.
ESTRENO
Puntaje: 5. En los diarios: Horacio Bernades (Página/12), Diego Curubeto (Ámbito Financiero): 8, Adolfo C. Martínez (La Nación): 8, Aníbal M. Vinelli (Clarín): 6. Metacritic: 52. Rotten tomatoes: 59%.
Varias de las críticas publicadas el último jueves sobre la nueva película de Wolfgang Petersen la califican como un buen entretenimiento. Hay un par de cosas para decir sobre esta apreciación. Primero sobre el valor despectivo que se le da a la palabra entretenimiento. Cada vez que se usa la expresión "es un entretenimiento" o alguna otra similar se lo hace para destacar que la película en cuestión no vale la pena, carece de valor artístico o cinematográfico y que es superficial. Este tipo de proceder crítico es descartable no sólo por su carácter prejuicioso sino también porque al actuar desde el desdén y el desconocimiento suele ser errado en sus valoraciones. Y esto lleva a lo segundo: Troya no es entretenida, y si esas críticas dicen que sí lo es, lo hacen porque no saben diferenciar un relato de acción y aventura logrado de uno aburrido y fallido. También ignoran que para lograr una película entretenida hace falta un alto grado de sofisticación, ausente en esta adaptación de la Ilíada. Si bien desde el comienzo se nota la intención de ir directo al grano, a medida que van pasando las casi tres horas que dura la película la acumulación de desaciertos hace que las pulsaciones se mantengan a un ritmo normal. Las batallas, supuesto punto fuerte, son insignificantes luego de que Peter Jackson lograra lo que logró en El Señor de los anillos y el desarrollo de los personajes es mínimo, casi nulo. Por su parte, las situaciones que no son de acción están mal acopladas al resto, lo que da una sensación de rompecabezas mal armado. Lo mejor son las peleas de uno contra uno y el plano de los miles de barcos griegos cruzando el Mar Egeo, únicos momentos de adrenalina cinética. Hay en Troya también una intención de vincular aquella invasión griega con la actual guerra en Irak, pero además de ser banal y obvio, este paralelismo carece de sustento y es apenas otro de los carriles que la película recorre de manera trivial. Un buen entretenimiento necesita pasión, amor, imaginación y libertad. Troya no tiene ninguno de esos elementos y es por eso que se constituye como una película superficial y aburrida.
Sebastián Nuñez.
A galopar, a galopar, hasta enterrarnos en el mar
Océano de fuego (Hidalgo, Estados Unidos, 2004). Dirigida por Joe Johnston. Con Viggo Mortensen, Zuleikha Robinson y Omar Sharif. Ficha técnica.
ESTRENO.
Puntaje: 8
En los títulos finales de Hidalgo ocurre algo extraño. Dice “A Joe Johnston/John Fusco Film”. Extraño porque Fusco no es más que el guionista. Y, teniendo en cuenta sus antecedentes -Fusco también escribió la horrible Spirit (otra de caballitos), la berretona aunque simpática saga de Young Guns y la excelente Encrucijada, de Walter Hill- , el éxito de las películas que escribe parecería depender exclusivamente del director, por lo que esa placa estaría demás. Más aún teniendo en cuenta que estamos ante otra gran película de un director personal como lo es Johnston, alguien en quien siempre se puede confiar. Clasicista hasta la médula, la obra anterior de Johnston incluye joyitas subvaloradas como Jurassic Park 3, Cielo de octubre y Jumanji. Aquí Johnston se le anima al western, al cine de aventuras y al cine deportivo, todo eso al mismo tiempo y por el mismo precio, y en los tres géneros que aborda logra sorprender y emocionar. Además, Joe arriesga mucho porque cuenta una historia de americanos en tierras árabes y logra salir bien parado.
Hidalgo cuenta la historia real de Frank T. Hopkins (Viggo, excelente como siempre), cowboy de sangre india quien, con su caballo Hidalgo, viaja a medio oriente a jugar una carrera de 5000 kilómetros por el desierto hasta llegar al mar de la cual es casi imposible salir vivo, más aún ganar, a pedido de un jeque (Omar Sharif) que quiere asegurarse de que su caballo es el mejor del mundo, y no Hidalgo.
Hidalgo es un personaje en si mismo, más que los animales disneyanos y tanto como aquel inolvidable Seabiscuit de la ídem película del año pasado. Si hablamos de una gran actuación equina deberíamos hablar de 7 grandes actuaciones equinas, ya que ese fue el número de caballos que interpretaron a Hidalgo. Su personaje tiene tanta o más profundidad que Hopkins, y es el que más emoción provoca.
Filmada y narrada con un clasicismo abrumador, Hidalgo termina siendo la gran película que prometía, y hasta se permite bajar línea sobre conflictos actuales con sobriedad y sin un gramo de complacencia, en la excelente escena en la que Hopkins y Jazira (la hija del jeque) dejan en claro que vienen de dos mundos aparentemente diferentes pero igual de horribles. Los últimos tres minutos de Hidalgo cuentan lo mismo y valen mucho más que Spirit entera, lo cual hace pensar que Fusco adquirió un gran poder de síntesis en los últimos dos años, o bien que debería nuevamente darle las gracias a Johnston.
Juan P. Martínez.
ESTRENO.
Puntaje: 8
En los títulos finales de Hidalgo ocurre algo extraño. Dice “A Joe Johnston/John Fusco Film”. Extraño porque Fusco no es más que el guionista. Y, teniendo en cuenta sus antecedentes -Fusco también escribió la horrible Spirit (otra de caballitos), la berretona aunque simpática saga de Young Guns y la excelente Encrucijada, de Walter Hill- , el éxito de las películas que escribe parecería depender exclusivamente del director, por lo que esa placa estaría demás. Más aún teniendo en cuenta que estamos ante otra gran película de un director personal como lo es Johnston, alguien en quien siempre se puede confiar. Clasicista hasta la médula, la obra anterior de Johnston incluye joyitas subvaloradas como Jurassic Park 3, Cielo de octubre y Jumanji. Aquí Johnston se le anima al western, al cine de aventuras y al cine deportivo, todo eso al mismo tiempo y por el mismo precio, y en los tres géneros que aborda logra sorprender y emocionar. Además, Joe arriesga mucho porque cuenta una historia de americanos en tierras árabes y logra salir bien parado.
Hidalgo cuenta la historia real de Frank T. Hopkins (Viggo, excelente como siempre), cowboy de sangre india quien, con su caballo Hidalgo, viaja a medio oriente a jugar una carrera de 5000 kilómetros por el desierto hasta llegar al mar de la cual es casi imposible salir vivo, más aún ganar, a pedido de un jeque (Omar Sharif) que quiere asegurarse de que su caballo es el mejor del mundo, y no Hidalgo.
Hidalgo es un personaje en si mismo, más que los animales disneyanos y tanto como aquel inolvidable Seabiscuit de la ídem película del año pasado. Si hablamos de una gran actuación equina deberíamos hablar de 7 grandes actuaciones equinas, ya que ese fue el número de caballos que interpretaron a Hidalgo. Su personaje tiene tanta o más profundidad que Hopkins, y es el que más emoción provoca.
Filmada y narrada con un clasicismo abrumador, Hidalgo termina siendo la gran película que prometía, y hasta se permite bajar línea sobre conflictos actuales con sobriedad y sin un gramo de complacencia, en la excelente escena en la que Hopkins y Jazira (la hija del jeque) dejan en claro que vienen de dos mundos aparentemente diferentes pero igual de horribles. Los últimos tres minutos de Hidalgo cuentan lo mismo y valen mucho más que Spirit entera, lo cual hace pensar que Fusco adquirió un gran poder de síntesis en los últimos dos años, o bien que debería nuevamente darle las gracias a Johnston.
Juan P. Martínez.
sábado, mayo 15, 2004
La dolce Diane
Bajo el sol de Toscana (Under the Tuscan Sun, Estados Unidos/Italia, 2003). Dirigida por Audrey Welles. Con Diane Lane, Lindsay Duncan, Sandra Oh, Raoul Bova y Mario Monicelli. Ficha técnica. Sitio oficial.
ESTRENO
Puntaje: 4. En los diarios: Hugo Caligaris (La Nación): 6, Martín Pérez (Página/12), Pablo 0. Scholz (Clarín): 4, Paraná Sendrós (Ámbito Financiero): 4. Metacritic: 49. Rotten tomatoes: 62%.
Por alguna extraña razón a Diane Lane le atrajo el rol protagónico de Bajo el sol de Toscana. El brillo de la caracterización de ese personaje es inversamente proporcional al resplandor de Diane cada vez que aparece en pantalla. Es raro ver que el protagónico es el personaje de mayor chatura en todo el film. Uno de los personajes secundarios con sólo temblar en vez de responder cada vez que alguien se dirige a él parece tener mayor profundidad. En ese resplandor de Lane y en algunos de esos personajes que la rodean es donde se puede encontrar armas para combatir la desidia que producen las casi dos horas de película. Una mujer que no puede parar de citar a Fellini (fefé para ella), que usa unos sombreros de los más llamativos sin importar que sean enormes y que cuando está en pedo se mete en una fuente para imitar a Anita Ekberg en La Dolce Vita se merecía un protagónico. Pero no. Y dale con la escritora mediocre en un pozo depresivo por su reciente separación que quiere cambiar su vida y encontrar su significado y para eso se va a vivir a Europa. Podría haber sido mucho más porque a Lane se la desperdicia o muchísimo menos sin la presencia de Diane, pero también hay algún que otro chistecito para arrancar una tibia sonrisa. Ya es un lugar común agarrársela con las películas intrascendentes para reclamar por ese cine que las distribuidoras no dejan ver en pantalla grande, pero Bajo el sol de Toscana hace méritos suficientes para que termine así este texto.
Naza Chong.
ESTRENO
Puntaje: 4. En los diarios: Hugo Caligaris (La Nación): 6, Martín Pérez (Página/12), Pablo 0. Scholz (Clarín): 4, Paraná Sendrós (Ámbito Financiero): 4. Metacritic: 49. Rotten tomatoes: 62%.
Por alguna extraña razón a Diane Lane le atrajo el rol protagónico de Bajo el sol de Toscana. El brillo de la caracterización de ese personaje es inversamente proporcional al resplandor de Diane cada vez que aparece en pantalla. Es raro ver que el protagónico es el personaje de mayor chatura en todo el film. Uno de los personajes secundarios con sólo temblar en vez de responder cada vez que alguien se dirige a él parece tener mayor profundidad. En ese resplandor de Lane y en algunos de esos personajes que la rodean es donde se puede encontrar armas para combatir la desidia que producen las casi dos horas de película. Una mujer que no puede parar de citar a Fellini (fefé para ella), que usa unos sombreros de los más llamativos sin importar que sean enormes y que cuando está en pedo se mete en una fuente para imitar a Anita Ekberg en La Dolce Vita se merecía un protagónico. Pero no. Y dale con la escritora mediocre en un pozo depresivo por su reciente separación que quiere cambiar su vida y encontrar su significado y para eso se va a vivir a Europa. Podría haber sido mucho más porque a Lane se la desperdicia o muchísimo menos sin la presencia de Diane, pero también hay algún que otro chistecito para arrancar una tibia sonrisa. Ya es un lugar común agarrársela con las películas intrascendentes para reclamar por ese cine que las distribuidoras no dejan ver en pantalla grande, pero Bajo el sol de Toscana hace méritos suficientes para que termine así este texto.
Naza Chong.
jueves, mayo 13, 2004
Melodías humeantes
Ariel Minimal: Un hombre solo no puede hacer nada. Producido por Ariel Minimal y Mauro Taranto. Aizone Artigianale.
DISCOS
Puntaje: 9
Mientras la atención se centra en un puñado de discos (Calamaro, lo ¿nuevo? de Bersuit y Mimi Maura), Ariel Minimal (ex Martes Menta, ex Cadillacs, integrante de Pez y Flopa Manza Minimal) dio forma de disco a un puñado de canciones perfectas en lo que seguramente será uno de los lanzamientos del año. El espíritu setentista siempre presente en su obra (sobre todo en Pez) sigue intacto; las referencias a Spinetta, Zappa y el rock progresivo están ahí, pero Minimal no procede de manera nostálgica ni mucho menos pretende que su música (simple pero nada perezosa, trabajada pero nunca pretenciosa) sea encasillada bajo esas influencias. Lo que hace el cantante y guitarrista (y aquí también baterista) es utilizar esos elementos como superficie para desplazarse a su gusto, con el fin de llegar a canciones bien redonditas hechas de melodías irresistibles que tardan nada en hacerse reconocibles. Esto es fácilmente comprobable al escuchar Melodías de una vieja canción crepuscular, uno de esos temas que, por más bueno que sea el resto, se hace imposible dejar de escucharlo una y otra vez convencido de que allí hay algo del mundo revelado en forma de canción. También se destaca, con su letra inocente y cariñosa, Canción para el día que se muera Elton John, donde canta: "ya partió en su piano maricón a un lugar donde no existe el dolor". Pero además de su talento para componer, Minimal es un gran guitarrista y cantante, dueño de una excelente técnica pero que queda en segundo plano ya que lo que se destaca es la capacidad de hacer sonar su voz y su guitarra como si fueran casi un mismo instrumento. Su voz cálida y todo lo que emana de su instrumento son inseparables, ese es su sello desde siempre, ya sea en Pez, en Flopa Manza Minimal o en este primer disco solista. Para el final queda decir algo de la versión de Amada amante, tema de Roberto Carlos que Minimal, gracias a un punteo a la Brian May, hace estallar la cursilería hasta lo sublime. ¿Todo esto suena exagerado? Bueno, ahí esta el disco para defenderse solo, para imponer su aroma a humo dulce, ese que deja a uno con la sensación de estar flotando.
Sebastián Nuñez.
DISCOS
Puntaje: 9
Mientras la atención se centra en un puñado de discos (Calamaro, lo ¿nuevo? de Bersuit y Mimi Maura), Ariel Minimal (ex Martes Menta, ex Cadillacs, integrante de Pez y Flopa Manza Minimal) dio forma de disco a un puñado de canciones perfectas en lo que seguramente será uno de los lanzamientos del año. El espíritu setentista siempre presente en su obra (sobre todo en Pez) sigue intacto; las referencias a Spinetta, Zappa y el rock progresivo están ahí, pero Minimal no procede de manera nostálgica ni mucho menos pretende que su música (simple pero nada perezosa, trabajada pero nunca pretenciosa) sea encasillada bajo esas influencias. Lo que hace el cantante y guitarrista (y aquí también baterista) es utilizar esos elementos como superficie para desplazarse a su gusto, con el fin de llegar a canciones bien redonditas hechas de melodías irresistibles que tardan nada en hacerse reconocibles. Esto es fácilmente comprobable al escuchar Melodías de una vieja canción crepuscular, uno de esos temas que, por más bueno que sea el resto, se hace imposible dejar de escucharlo una y otra vez convencido de que allí hay algo del mundo revelado en forma de canción. También se destaca, con su letra inocente y cariñosa, Canción para el día que se muera Elton John, donde canta: "ya partió en su piano maricón a un lugar donde no existe el dolor". Pero además de su talento para componer, Minimal es un gran guitarrista y cantante, dueño de una excelente técnica pero que queda en segundo plano ya que lo que se destaca es la capacidad de hacer sonar su voz y su guitarra como si fueran casi un mismo instrumento. Su voz cálida y todo lo que emana de su instrumento son inseparables, ese es su sello desde siempre, ya sea en Pez, en Flopa Manza Minimal o en este primer disco solista. Para el final queda decir algo de la versión de Amada amante, tema de Roberto Carlos que Minimal, gracias a un punteo a la Brian May, hace estallar la cursilería hasta lo sublime. ¿Todo esto suena exagerado? Bueno, ahí esta el disco para defenderse solo, para imponer su aroma a humo dulce, ese que deja a uno con la sensación de estar flotando.
Sebastián Nuñez.
miércoles, mayo 12, 2004
Top 5: Canciones grasas que amamos (segunda parte)
Guido Segal:
Aclaración importante: para mí, grasa = latino. Por lo tanto,
1- Amor (Cristian Castro)
2- Samantha (Machito Ponce)
3- Piel morena (Thalía)
4- Azúcar amargo (Fey)
5- Ave María (David Bisbal)
Juan Manuel Dominguez:
1- Girls girls girls - Motley Crue /Cum on Feel the Noize - Quiet Riot
2- Sea of love - The honeydrippers
3- The best of times - Styx
4- Love on the rocks- Neil Diamond
5- Big in Japan - Alphaville /Every Rose Has Its Thorn - Poison
María Marta Sosa:
1- Sin ti (Marco Antonio Solís)
2- Valiente (Pimpinela)
3- Cada día más (Valeria Lynch)
4- Fuiste (Gilda)
5- Corazón mágico (Dyango)
Protesto. Debería haber sido un top 10.
Agustín Masaedo:
puesto nro. 1 absoluto: Raúl Porchetto & Sandro - Esta noche
puesto nro. 2 relativo: The Sacados - Más de lo que te imaginas
puesto nro. 3 (grasa consciente): Alfredo Casero - Pizza conmigo
puesto nro. 4 (grasa ultratumbera): Pibes chorros - La remisería
puesto nro. 5 (porque la grasa no sólo es vernácula): Starship - Nothing's gonna stop us now
Leandro Resonzveig:
1- Voyage Voyage (Desireles)
2- Life is life (Opus)
3- The final countdown (Europe)
4-Self control (Laura Braningam)
5- Super Trouper (A-teens)
Naza Chong:
60's The Beach boys - Heroes and Villians
70's The Kinks - Lola
80's Billy Idol - Hot in the City
90's Belle & Sebastian - Seeing Other People
00's Har Mar Superstar - Power Lunch
Suplentes: I’m a Believer (The Monkees); Born to Boogie (T. Rex); Dancing in the Dark (Bruce Springsteen); Sally Cinnamon (The Stone Roses); Black (Pearl Jam); Putita (Babasónicos)
Aclaración importante: para mí, grasa = latino. Por lo tanto,
1- Amor (Cristian Castro)
2- Samantha (Machito Ponce)
3- Piel morena (Thalía)
4- Azúcar amargo (Fey)
5- Ave María (David Bisbal)
Juan Manuel Dominguez:
1- Girls girls girls - Motley Crue /Cum on Feel the Noize - Quiet Riot
2- Sea of love - The honeydrippers
3- The best of times - Styx
4- Love on the rocks- Neil Diamond
5- Big in Japan - Alphaville /Every Rose Has Its Thorn - Poison
María Marta Sosa:
1- Sin ti (Marco Antonio Solís)
2- Valiente (Pimpinela)
3- Cada día más (Valeria Lynch)
4- Fuiste (Gilda)
5- Corazón mágico (Dyango)
Protesto. Debería haber sido un top 10.
Agustín Masaedo:
puesto nro. 1 absoluto: Raúl Porchetto & Sandro - Esta noche
puesto nro. 2 relativo: The Sacados - Más de lo que te imaginas
puesto nro. 3 (grasa consciente): Alfredo Casero - Pizza conmigo
puesto nro. 4 (grasa ultratumbera): Pibes chorros - La remisería
puesto nro. 5 (porque la grasa no sólo es vernácula): Starship - Nothing's gonna stop us now
Leandro Resonzveig:
1- Voyage Voyage (Desireles)
2- Life is life (Opus)
3- The final countdown (Europe)
4-Self control (Laura Braningam)
5- Super Trouper (A-teens)
Naza Chong:
60's The Beach boys - Heroes and Villians
70's The Kinks - Lola
80's Billy Idol - Hot in the City
90's Belle & Sebastian - Seeing Other People
00's Har Mar Superstar - Power Lunch
Suplentes: I’m a Believer (The Monkees); Born to Boogie (T. Rex); Dancing in the Dark (Bruce Springsteen); Sally Cinnamon (The Stone Roses); Black (Pearl Jam); Putita (Babasónicos)
martes, mayo 11, 2004
Sus mundos privados
Elefante (Elephant, Estados Unidos, 2003). Dirigida por Gus Vant Sant.
ESTRENO
Puntaje: 10
Rumbo al colegio, cargado de armas, Alex le dice a su amigo Eric: "Lo más importante es que te diviertas". Ya no habrá vuelta atrás, el universo idílico de la High School americana y su opresivo funcionamiento será quebrado por dos adolescentes que encuentran en la violencia la manera de salir del lugar al que quedaron relegados. Este es el comienzo del final de Elefante, la película con la que Gus Vant Sant vuelve a su mejor forma. Tomando como punto de partida el universo de la escuela secundaria con sus estereotipos y clisés (reconocibles para cualquier espectador) GVS construye una representación del mundo real haciendo foco en la violencia escolar cuyo caso emblemático es la masacre de Columbine. Sirviéndose de extensos planos secuencia, GVS sigue a sus personajes bien de cerca para hacernos conocer el interior de esa escuela donde, sin que nadie pueda sospecharlos, irrumpirá el horror. Cada uno de los chicos que GVS sigue tiene su propio mundo, desde el chico que debe lidiar con el alcoholismo de su padre y la incomprensión del director de la escuela hasta la chica que no quiere sacarse el pantalón largo en la clase de gimnasia hay una gran cantidad de pequeños mundos ignorados que por ser adolescentes no son tomados en serio pese a la complejidad que presentan. El uso de los estereotipos, debajo de los cuales pueden fluir ternura, dolor, tristeza, insatisfacción, frustración y violencia, sirven en Elefante para dejar al descubierto el orden oculto de un sistema que privilegia en exceso la imagen (esa que es impuesta desde afuera, la que impide ver, justamente, al elefante). Parecer en lugar de ser es la consigna de ese sistema que asigna a cada individuo un lugar determinado e inamovible, dejando a la violencia como el único factor posible de desequilibrio. Ese es el sistema que GVS desnuda mediante su arriesgada e irreprochable apuesta cinematográfica a la vez que se abstiene de dar mensajes y respuestas bienpensantes. Elefante es la puesta en imágenes y sonidos del horror que puede generar ese perverso orden que es asimilado de la misma manera que se asimilan los estereotipos juveniles sin que nadie se pregunte por lo que hay debajo de ellos. Y esas imágenes y sonidos (claros, despojados, honestos) llevan la angustia y el dolor de un contenido grito adolescente.
Sebastián Nuñez.
ESTRENO
Puntaje: 10
Rumbo al colegio, cargado de armas, Alex le dice a su amigo Eric: "Lo más importante es que te diviertas". Ya no habrá vuelta atrás, el universo idílico de la High School americana y su opresivo funcionamiento será quebrado por dos adolescentes que encuentran en la violencia la manera de salir del lugar al que quedaron relegados. Este es el comienzo del final de Elefante, la película con la que Gus Vant Sant vuelve a su mejor forma. Tomando como punto de partida el universo de la escuela secundaria con sus estereotipos y clisés (reconocibles para cualquier espectador) GVS construye una representación del mundo real haciendo foco en la violencia escolar cuyo caso emblemático es la masacre de Columbine. Sirviéndose de extensos planos secuencia, GVS sigue a sus personajes bien de cerca para hacernos conocer el interior de esa escuela donde, sin que nadie pueda sospecharlos, irrumpirá el horror. Cada uno de los chicos que GVS sigue tiene su propio mundo, desde el chico que debe lidiar con el alcoholismo de su padre y la incomprensión del director de la escuela hasta la chica que no quiere sacarse el pantalón largo en la clase de gimnasia hay una gran cantidad de pequeños mundos ignorados que por ser adolescentes no son tomados en serio pese a la complejidad que presentan. El uso de los estereotipos, debajo de los cuales pueden fluir ternura, dolor, tristeza, insatisfacción, frustración y violencia, sirven en Elefante para dejar al descubierto el orden oculto de un sistema que privilegia en exceso la imagen (esa que es impuesta desde afuera, la que impide ver, justamente, al elefante). Parecer en lugar de ser es la consigna de ese sistema que asigna a cada individuo un lugar determinado e inamovible, dejando a la violencia como el único factor posible de desequilibrio. Ese es el sistema que GVS desnuda mediante su arriesgada e irreprochable apuesta cinematográfica a la vez que se abstiene de dar mensajes y respuestas bienpensantes. Elefante es la puesta en imágenes y sonidos del horror que puede generar ese perverso orden que es asimilado de la misma manera que se asimilan los estereotipos juveniles sin que nadie se pregunte por lo que hay debajo de ellos. Y esas imágenes y sonidos (claros, despojados, honestos) llevan la angustia y el dolor de un contenido grito adolescente.
Sebastián Nuñez.
lunes, mayo 10, 2004
Top 5: Canciones grasas que amamos (primera parte)
Juan P. Martínez:
1- Total Eclipse of The Heart (Bonnie Tyler, con una ayudita del genio de Jim Steinman)
2- Vivir así es morir de amor (Camilo Sesto)
3- La Gloria (Erasure)
4- We All Stand Together (Paul McCartney)
5- Livin' On A Prayer (Bon Jovi) / Calling Ocupants of Interplanetary Craft (Carpenters)
Si no me dejás el puesto 5 compartido se te complica.
Agustina Larrea:
1- Super Trouper (Abba)
2- If I Can´t Have You (Bee Gees)
3- Todo Marta Sánchez
4- (Can’t help) Falling in Love With You (UB40)
5- Escándalo (Raphael)
No quiero dejar de mencionar a Van Morrison y su Tupelo Honey, a I Want To Know What Love Is, a What the World Needs Now Is Love, a Top of the World de los Carpenters y a las Spice Girls. (¿Por qué no fue top ten?)
Fabiana Ferraz:
1- We´ve Only Just Begun (The Carpenters)
2- Una Rosa Es Una Rosa (Raphael)
3- No Se Por Que Te Quiero (Ana Belén y Antonio Banderas)
4- Tarzan Boy (Baltimora)
5- Rosanna (Toto)
Nicolás Pichersky:
1- Violeta (Alcides)
2- Just Can't Get Enough (Depeche Mode)
3- Relax (Frankie Goes to Hollywood)
4- El hijo de cuca (Pocho La Pantera)
5- Drive (The Cars)
Agustín Mango:
Top Five alcoholizado de placeres musicales grasas hispanoparlantes:
1- La isla del sol (Milla)
2- Puerto Pollensa (Marilina Ross)
3- Tengo (Sandro)
4- No me arrepiento de este amor (Gilda)
5- Rubí (Babasónicos)
Sebastián Nuñez:
1- Cherry Pie (Warrant)
2- Unskinny Bop (Poison)
3- Let's Put the X in Sex (Kiss)
4- We're Not Gonna Take It (Twisted Sister)
5- La leyenda del hada y el mago (Rata Blanca)
Un lista "heavy", todo esto lo escuchaba a los 12 años. Y me gustaba. Y estos temas todavía me gustan. Además todos tienen unos videos increíblemente grasas.
1- Total Eclipse of The Heart (Bonnie Tyler, con una ayudita del genio de Jim Steinman)
2- Vivir así es morir de amor (Camilo Sesto)
3- La Gloria (Erasure)
4- We All Stand Together (Paul McCartney)
5- Livin' On A Prayer (Bon Jovi) / Calling Ocupants of Interplanetary Craft (Carpenters)
Si no me dejás el puesto 5 compartido se te complica.
Agustina Larrea:
1- Super Trouper (Abba)
2- If I Can´t Have You (Bee Gees)
3- Todo Marta Sánchez
4- (Can’t help) Falling in Love With You (UB40)
5- Escándalo (Raphael)
No quiero dejar de mencionar a Van Morrison y su Tupelo Honey, a I Want To Know What Love Is, a What the World Needs Now Is Love, a Top of the World de los Carpenters y a las Spice Girls. (¿Por qué no fue top ten?)
Fabiana Ferraz:
1- We´ve Only Just Begun (The Carpenters)
2- Una Rosa Es Una Rosa (Raphael)
3- No Se Por Que Te Quiero (Ana Belén y Antonio Banderas)
4- Tarzan Boy (Baltimora)
5- Rosanna (Toto)
Nicolás Pichersky:
1- Violeta (Alcides)
2- Just Can't Get Enough (Depeche Mode)
3- Relax (Frankie Goes to Hollywood)
4- El hijo de cuca (Pocho La Pantera)
5- Drive (The Cars)
Agustín Mango:
Top Five alcoholizado de placeres musicales grasas hispanoparlantes:
1- La isla del sol (Milla)
2- Puerto Pollensa (Marilina Ross)
3- Tengo (Sandro)
4- No me arrepiento de este amor (Gilda)
5- Rubí (Babasónicos)
Sebastián Nuñez:
1- Cherry Pie (Warrant)
2- Unskinny Bop (Poison)
3- Let's Put the X in Sex (Kiss)
4- We're Not Gonna Take It (Twisted Sister)
5- La leyenda del hada y el mago (Rata Blanca)
Un lista "heavy", todo esto lo escuchaba a los 12 años. Y me gustaba. Y estos temas todavía me gustan. Además todos tienen unos videos increíblemente grasas.
sábado, mayo 08, 2004
RH positivo
El amanecer de los muertos (Dawn of the Dead, Estados Unidos, 2004). Dirigida por Zack Snyder. Con Sarah Polley, Ving Rhames, Ty Burrell, Tom Savini, .Ken Foree y Scott H. Reiniger. Ficha técnica.
ESTRENO
Puntaje: 9. En los diarios: Adolfo C. Martínez (La Nación): 6, Aníbal M. Vinelli (Clarín): 6. Rotten Tomatoes: 77%. Metacritic: 55.
Voy a hacer el camino inverso: confieso que no vi la de Romero (y la señalo así para evitar el polémico uso del término "original") pero que la de Zack Snyder fue una asombrosa invitación a salir corriendo a buscarla por cielo, tierra e infierno, llegado el caso. O sea que el lector -más por una falta imperdonable de quien escribe que por la siempre dudosa necesidad de contraste de un film con otro previo en el que presuntamente se basa la película a tratar- se va a ahorrar cualquier comentario del tipo "no respeta la original" o "el libro era mucho mejor". Por una falta insisto, que ya prometí reparar apenas termine de escribir estas líneas, después de arrodillarme sobre los correspondientes granos de maíz y de escuchar entero un disco de La Portuaria. Pero sobre todo porque iría muy en contra del espíritu de El amanecer... modelo 2004 que es una película feliz, lo más feliz que una película de terror puede ser. Y por sobre todas las cosas celebratoria del cine, como algo vivo, indestructible, presente. La del debutante Snyder va a contramano de un film como Scream, que leía de forma atinada al pasado del género pero no hacía más que denunciar -en el peor sentido- que sustos "eran los de antes". Muy por el contrario, la apuesta de El amanecer... es deliberadamente optimista. La relectura de la película de Craven no terminaba de decidirse: en un doble movimiento intentaba separarse de lo anterior (con la muerte de la blonda Barrymore a los cinco minutos de película) sin dejar de estar adentro, sobre todo desde lo icónico (máscaras, cuchillos, adolescentes exuberantes). Craven extirpaba al género y mostraba sus vísceras como un modo de deconstrucción interesante pero un poco cínico, autoconciente, melancólico, en algún punto porteño. La cruzada de El amanecer... es mil veces más noble. Porque es paródica y porque la relectura recae sobre la película misma (la escena en la que deciden disparar sobre Rosie O'Donell no es más que la punta de un ovillo infinito). Porque no necesita declamar si los que invaden ¿la tierra? son rabiosos, zombies o muertos. Porque el final se burla de todos. Y fundamentalmente, porque el director sabe muy bien dónde debe ir la cámara a la hora del terror, pero sobre todo sabe dónde nunca debe estar (es brillante el uso del fuera de campo de la visita de Nicole -Lindy Booth- al atrincherado vecino del shopping). El amanecer... es una tarjeta de invitación a mirar -no añorar- todo el cine. Una de esas películas dispuestas a inyectar vitalidad en formato de (omnipresente) sangre, a volar peluquines y a hacer de la tierra -que ahora dicen que es invadida por los muertos porque el infierno está superpoblado- un lugar mucho más encantador.
Agustina Larrea.
ESTRENO
Puntaje: 9. En los diarios: Adolfo C. Martínez (La Nación): 6, Aníbal M. Vinelli (Clarín): 6. Rotten Tomatoes: 77%. Metacritic: 55.
Voy a hacer el camino inverso: confieso que no vi la de Romero (y la señalo así para evitar el polémico uso del término "original") pero que la de Zack Snyder fue una asombrosa invitación a salir corriendo a buscarla por cielo, tierra e infierno, llegado el caso. O sea que el lector -más por una falta imperdonable de quien escribe que por la siempre dudosa necesidad de contraste de un film con otro previo en el que presuntamente se basa la película a tratar- se va a ahorrar cualquier comentario del tipo "no respeta la original" o "el libro era mucho mejor". Por una falta insisto, que ya prometí reparar apenas termine de escribir estas líneas, después de arrodillarme sobre los correspondientes granos de maíz y de escuchar entero un disco de La Portuaria. Pero sobre todo porque iría muy en contra del espíritu de El amanecer... modelo 2004 que es una película feliz, lo más feliz que una película de terror puede ser. Y por sobre todas las cosas celebratoria del cine, como algo vivo, indestructible, presente. La del debutante Snyder va a contramano de un film como Scream, que leía de forma atinada al pasado del género pero no hacía más que denunciar -en el peor sentido- que sustos "eran los de antes". Muy por el contrario, la apuesta de El amanecer... es deliberadamente optimista. La relectura de la película de Craven no terminaba de decidirse: en un doble movimiento intentaba separarse de lo anterior (con la muerte de la blonda Barrymore a los cinco minutos de película) sin dejar de estar adentro, sobre todo desde lo icónico (máscaras, cuchillos, adolescentes exuberantes). Craven extirpaba al género y mostraba sus vísceras como un modo de deconstrucción interesante pero un poco cínico, autoconciente, melancólico, en algún punto porteño. La cruzada de El amanecer... es mil veces más noble. Porque es paródica y porque la relectura recae sobre la película misma (la escena en la que deciden disparar sobre Rosie O'Donell no es más que la punta de un ovillo infinito). Porque no necesita declamar si los que invaden ¿la tierra? son rabiosos, zombies o muertos. Porque el final se burla de todos. Y fundamentalmente, porque el director sabe muy bien dónde debe ir la cámara a la hora del terror, pero sobre todo sabe dónde nunca debe estar (es brillante el uso del fuera de campo de la visita de Nicole -Lindy Booth- al atrincherado vecino del shopping). El amanecer... es una tarjeta de invitación a mirar -no añorar- todo el cine. Una de esas películas dispuestas a inyectar vitalidad en formato de (omnipresente) sangre, a volar peluquines y a hacer de la tierra -que ahora dicen que es invadida por los muertos porque el infierno está superpoblado- un lugar mucho más encantador.
Agustina Larrea.
jueves, mayo 06, 2004
Perdón viejita
Roma (Argentina, 2004). Dirigida por Adolfo Aristarain. Con Juan Diego Botto, Susú Pecoraro, Gustavo Garzón, Marcela Kloosterboer, José Sacristán. Ficha técnica.
ESTRENO
Puntaje: 8.
Toda la historia de la música parece resumirse en ese rosotro moreno, todo el pasado se reúne en esa sonrisa blanca sobre un contorno imponente, Billie Holliday como metonimia de un tiempo pasado y mejor. Un leve desplazamiento hacia la derecha nos enfrenta a una biblioteca de subsuelo, refugio para los jóvenes intelectuales idealistas y para los cultores del jazz. Si estos jóvenes viejos profesan el amor incansable por los libros y por sí mismos, la película enuncia en dos breves secuencias su amor especial por John Ford, primero a través de la cita cinéfila con Viñas de Ira y segundo a través de este plano netamente clásico (y fordiano), donde un pequeño objeto introduce y da sentido al contexto de la acción.
A pesar de sus notas melodramáticas, Roma es, paradójicamente, una película feliz. Utilizando como excusa el presente del escritor que reconstruye su pasado, la película elabora un pasado idealizado, un mito apócrifo de la Buenos Aires de otros tiempos - al igual que Bertolucci con la Paris preMayo del 68 - donde los hombres eran nobles, la mujeres eran elegantes y siempre había lugar para una torta de crema. Es como si tomara viñetas de un diario antiguo y las animara, como si la narración fuera un buen motivo (no por esto desdeñable) para recrear al barrio y al pasado con esa concepción tanguera de aquellos espacios como refugio, como lugar de la madre, como resistencia al peronismo, como espacio idealizado de la infancia.
Roma emociona sin ser demagógica; de hecho, es una película sincera, tal vez de las más honestas que he visto en mucho tiempo. Es sincera al grado de alcanzar la cursilería más obscena, pero nunca alcanza el tono televisivo y jamas cae en el golpe bajo (tanto la muerte del padre de Joaco como la tortura militar al joven son tratadas con sobriedad, como contundentes notas al pie). Y si Gustavo Garzón y Susú Pecoraro salen de su habitual mediocridad para brindar actuaciones destacadas, no es sino por gracia de Aristarain, que evidentemente sabe domar a fieras caprichosas.
Guido Segal.
ESTRENO
Puntaje: 8.
Toda la historia de la música parece resumirse en ese rosotro moreno, todo el pasado se reúne en esa sonrisa blanca sobre un contorno imponente, Billie Holliday como metonimia de un tiempo pasado y mejor. Un leve desplazamiento hacia la derecha nos enfrenta a una biblioteca de subsuelo, refugio para los jóvenes intelectuales idealistas y para los cultores del jazz. Si estos jóvenes viejos profesan el amor incansable por los libros y por sí mismos, la película enuncia en dos breves secuencias su amor especial por John Ford, primero a través de la cita cinéfila con Viñas de Ira y segundo a través de este plano netamente clásico (y fordiano), donde un pequeño objeto introduce y da sentido al contexto de la acción.
A pesar de sus notas melodramáticas, Roma es, paradójicamente, una película feliz. Utilizando como excusa el presente del escritor que reconstruye su pasado, la película elabora un pasado idealizado, un mito apócrifo de la Buenos Aires de otros tiempos - al igual que Bertolucci con la Paris preMayo del 68 - donde los hombres eran nobles, la mujeres eran elegantes y siempre había lugar para una torta de crema. Es como si tomara viñetas de un diario antiguo y las animara, como si la narración fuera un buen motivo (no por esto desdeñable) para recrear al barrio y al pasado con esa concepción tanguera de aquellos espacios como refugio, como lugar de la madre, como resistencia al peronismo, como espacio idealizado de la infancia.
Roma emociona sin ser demagógica; de hecho, es una película sincera, tal vez de las más honestas que he visto en mucho tiempo. Es sincera al grado de alcanzar la cursilería más obscena, pero nunca alcanza el tono televisivo y jamas cae en el golpe bajo (tanto la muerte del padre de Joaco como la tortura militar al joven son tratadas con sobriedad, como contundentes notas al pie). Y si Gustavo Garzón y Susú Pecoraro salen de su habitual mediocridad para brindar actuaciones destacadas, no es sino por gracia de Aristarain, que evidentemente sabe domar a fieras caprichosas.
Guido Segal.
miércoles, mayo 05, 2004
Saura, con S de Subiela
Buñuel y la mesa del rey Salomón (España, 2001). Dirigida por Carlos Saura. Con El Gran Wyoming, Peré Arquillé, Ernesto Alterio, Jean-Claude Carriére, Adrián Collado. Ficha técnica.
ESTRENO
Puntaje: 1
En el final de su carrera, Luis Buñuel se entera de la existencia de la mesa del Rey Salomón, objeto históricamente disputado por árabes, cristianos y judíos que tiene la característica de predecir el futuro. O algo así. A partir de ese momento, Buñuel decide hacer una película sobre la búsqueda de ese preciado objeto. Los protagonistas de ese imaginario film serán el propio director aragonés, Salvador Dalí y Federico García Lorca, quienes, todavía jóvenes en el año 2002, recorrerán Toledo en busca de la dichosa mesa. Esto que estoy contando, no sin un dejo de vergüenza, es la excusa argumental de la película de Carlos Saura, de quien resulta imposible decir algo novedoso. Supuestamente se trata de un homenaje a Buñuel y sus compañeros, a ciertos aspectos de la cultura española, al surrealismo y a Toledo. Quién sabe a qué más. Entre decorados y secuencias surrealistas (bah, que intentan serlo), citas obvias para todos los gustos (particularmente vergonzosa es aquella en la que Dalí se pone un lente de contacto en un plano similar al famoso de Un perro andaluz) y los diálogos más estúpidos que se puedan imaginar transcurre este relato que se pretende de aventuras al mismo tiempo que onírico y que se parece mucho a esos mamarrachos de Eliseo Subiela. Saura tiene el atrevimiento de imaginar lo que hubiera hecho Buñuel si se hubiera enterado de la historia de la Mesa del rey Salón y pretende que creamos que el creador de tantas obras maestras hubiera hecho algo parecido a esto. Buñuel es uno de los grandes de la historia del cine y del arte del siglo xx. Saura es un irrespetuoso.
La película se proyecta en DVD en el cine Cosmos y algún otro lugar.
Sebastián Nuñez.
ESTRENO
Puntaje: 1
En el final de su carrera, Luis Buñuel se entera de la existencia de la mesa del Rey Salomón, objeto históricamente disputado por árabes, cristianos y judíos que tiene la característica de predecir el futuro. O algo así. A partir de ese momento, Buñuel decide hacer una película sobre la búsqueda de ese preciado objeto. Los protagonistas de ese imaginario film serán el propio director aragonés, Salvador Dalí y Federico García Lorca, quienes, todavía jóvenes en el año 2002, recorrerán Toledo en busca de la dichosa mesa. Esto que estoy contando, no sin un dejo de vergüenza, es la excusa argumental de la película de Carlos Saura, de quien resulta imposible decir algo novedoso. Supuestamente se trata de un homenaje a Buñuel y sus compañeros, a ciertos aspectos de la cultura española, al surrealismo y a Toledo. Quién sabe a qué más. Entre decorados y secuencias surrealistas (bah, que intentan serlo), citas obvias para todos los gustos (particularmente vergonzosa es aquella en la que Dalí se pone un lente de contacto en un plano similar al famoso de Un perro andaluz) y los diálogos más estúpidos que se puedan imaginar transcurre este relato que se pretende de aventuras al mismo tiempo que onírico y que se parece mucho a esos mamarrachos de Eliseo Subiela. Saura tiene el atrevimiento de imaginar lo que hubiera hecho Buñuel si se hubiera enterado de la historia de la Mesa del rey Salón y pretende que creamos que el creador de tantas obras maestras hubiera hecho algo parecido a esto. Buñuel es uno de los grandes de la historia del cine y del arte del siglo xx. Saura es un irrespetuoso.
La película se proyecta en DVD en el cine Cosmos y algún otro lugar.
Sebastián Nuñez.
martes, mayo 04, 2004
MONUMENTAL
Kill Bill Vol. 2 (Estados Unidos, 2004). Dirigida por Quentin Tarantino. Con Uma Thurman, David Carradine, Daryl Hannah, Michael Madsen, Gordon Liu, Michael Parks y Samuel L. Jackson. Ficha técnica.
ESTRENO
Puntaje: 9. En los diarios: Luciano Monteagudo (página/12): 7; Diego Batlle (La Nación): 8; Pablo 0. Scholz(Clarín): 8. Metacritic: 80. Rotten Tomatoes: 86
Mientras trataba de darle forma a mis impresiones sobre la es-pe-ra-dí-si-ma segunda parte de Kill Bill, me topé con la crítica que Marcelo Figueras publicó en el no-esperadísimo segundo número de La Mano, intitulada “Una pavada elegante” (no queda claro si refiriéndose al film o a sí misma). En ella, el susodicho acusa a Tarantino de manierista, de caprichoso, de tener la madurez mental de un niño de 12 años, y a KB-2 de fraude narrativo, de anticlimática, de insípido licuado de citas. Lo opuesto, nos dice, a Matrix, donde “la mezcla de Oriente y Occidente (géneros, filosofías, técnicas de combate, tecnologías) era brillante y daba lugar a algo nuevo”. Ahora bien: no creo que Matrix haya creado algo sustancialmente novedoso, no al menos en cuanto a filosofías (salvo que pensemos que la New Age nació con los Wachowski) ni, con seguridad, en cuanto a géneros (acción + artes marciales + ciencia ficción, nada que no hagan de a docenas en Hong Kong, por lo menos desde hace dos décadas). Tampoco estoy convencido de que a Tarantino le importe tanto el valor de novedad: a esta altura, QT es un clásico. Como tal, cada uno de sus films es una reescritura personal de la historia; claro que, como su tema principal es el cine y no el mundo, habrá que entender a Kill Bill como una reescritura tarantinesca de la historia del cine. Una conversión de los documentos cinematográficos en monumentos –fragmentados, en movimiento perpetuo, vivos-, si nos queremos poner foucaltianos. La fragmentación de las referencias toma una dimensión casi política en KB: la primera parte se consagraba casi exclusivamente al cine de Oriente –desde el logo de los Shaw Bros. hasta el duelo con O-ren I’shii-; la segunda se dedica con igual minuciosidad al cine clásico norteamericano. Al primer intento de usar la espada samurai, La Novia es reventada de un escopetazo. Bienvenida a Hollywood. Y eso es sólo el comienzo de un paseo irreverente por los géneros, del film noir al western, del terror más primitivo, ése que nace de la pantalla negra y el sonido agitado de una respiración, al melodrama más disparatado, el del final, que parece un poco estirado a la sombra de las otras, magistrales, cuatro horas de este monumento llamado Kill Bill.
Agustín Masaedo.
ESTRENO
Puntaje: 9. En los diarios: Luciano Monteagudo (página/12): 7; Diego Batlle (La Nación): 8; Pablo 0. Scholz(Clarín): 8. Metacritic: 80. Rotten Tomatoes: 86
Mientras trataba de darle forma a mis impresiones sobre la es-pe-ra-dí-si-ma segunda parte de Kill Bill, me topé con la crítica que Marcelo Figueras publicó en el no-esperadísimo segundo número de La Mano, intitulada “Una pavada elegante” (no queda claro si refiriéndose al film o a sí misma). En ella, el susodicho acusa a Tarantino de manierista, de caprichoso, de tener la madurez mental de un niño de 12 años, y a KB-2 de fraude narrativo, de anticlimática, de insípido licuado de citas. Lo opuesto, nos dice, a Matrix, donde “la mezcla de Oriente y Occidente (géneros, filosofías, técnicas de combate, tecnologías) era brillante y daba lugar a algo nuevo”. Ahora bien: no creo que Matrix haya creado algo sustancialmente novedoso, no al menos en cuanto a filosofías (salvo que pensemos que la New Age nació con los Wachowski) ni, con seguridad, en cuanto a géneros (acción + artes marciales + ciencia ficción, nada que no hagan de a docenas en Hong Kong, por lo menos desde hace dos décadas). Tampoco estoy convencido de que a Tarantino le importe tanto el valor de novedad: a esta altura, QT es un clásico. Como tal, cada uno de sus films es una reescritura personal de la historia; claro que, como su tema principal es el cine y no el mundo, habrá que entender a Kill Bill como una reescritura tarantinesca de la historia del cine. Una conversión de los documentos cinematográficos en monumentos –fragmentados, en movimiento perpetuo, vivos-, si nos queremos poner foucaltianos. La fragmentación de las referencias toma una dimensión casi política en KB: la primera parte se consagraba casi exclusivamente al cine de Oriente –desde el logo de los Shaw Bros. hasta el duelo con O-ren I’shii-; la segunda se dedica con igual minuciosidad al cine clásico norteamericano. Al primer intento de usar la espada samurai, La Novia es reventada de un escopetazo. Bienvenida a Hollywood. Y eso es sólo el comienzo de un paseo irreverente por los géneros, del film noir al western, del terror más primitivo, ése que nace de la pantalla negra y el sonido agitado de una respiración, al melodrama más disparatado, el del final, que parece un poco estirado a la sombra de las otras, magistrales, cuatro horas de este monumento llamado Kill Bill.
Agustín Masaedo.
lunes, mayo 03, 2004
Top 10 Bafici (segunda parte)
Agustín Mango:
1- Shara (Naomi Kawase)
2- Ribatz, Ribatz! Ou Le Grain du Temps (Marie-Hélène Rebois)
3- Le monde vivant (Eugene Green)
4- Los muertos (Lisandro Alonso)
5- Elephant (Gus Van Sant)
6- The Saddest Music in the World (Guy Maddin)
7- Les Tripplettes de Belleville (Sylvain Chomet)
8- Antes que o tiempo mude (Luis Fonseca)
9- Story of the Weeping Camel (Byambasuren Davaa y Luigi Falorni)
10- Los Angeles Plays Itself (Thom Andersen)
La Peor: Go Further (Ron Mann)
Juan P. Martínez:
1- Shara (Naomi Kawase)
2- The Saddest Music in the World (Guy Maddin)
3- El amor (primera parte) (Schnitman, Fadel, Máuregui, Mitre)
4- Los guantes mágicos (Martín Rejtman)
5- Greendale (Neil Young)
6- Intimate Confessions of a Chinese Courtesan (Yuen Chor)
7- Bright Future (Kiyoshi Kurosawa)
8- Los Angeles Plays Itself (Thom Andersen)
9- 15 (Fifteen) (Royston Tan)
10- Lucky Jack: Three Attempts To Stop Smoking (Peter Liechti)
Bottom Three: Zero Day (Ben Coccio) / La quimera de los héroes (Daniel Rosenfeld) / Sola como en silencio (Mario Levin).
Dececsiones: Primavera, verano, otoño, invierno... y primavera (Kim Ki-duk) / Goodbye Dragon Inn (Tsai Ming-liang).
Fabiana Ferraz:
1- Shara (Naomi Kawase)
2- Los guantes mágicos (Martín Rejtman)
3- Le Monde vivant (Eugène Green)
4- Elephant (Gus Van Sant)
5- Crimson gold (Jafar Panahi)
6- Palomita blanca (Raúl Ruiz)
7- Trois Vies et une seule mort (Raúl Ruiz)
8- La pelota vasca. La piel contra la piedra (Julio Medem)
9- The Saddest Music in the World (Guy Maddin)
10- Lucky Jack: Three Attempts to Stop Smoking (Peter Liechti)
Naza Chong:
1- The Saddest Music in the World (Guy Maddin)
2- Tres largos y un corto (Martín Rejtman)
3- Lucky Jack: Three Attempts to Stop Smoking (Peter Liechti)
4- Shara (Naomi Kawase)
5- Los Angeles Plays Itself (Thom Andersen)
6- Los muertos (Lisandro Alonso)
7- Greendale (Neil Young)
8- Palomita Blanca (Raúl Ruiz)
9- Sleepwalk (Sara Driver)
10- Zefiro Torna or Scenes From the Life of George Maciunas (Jonas Mekas)
10½- Buscando a Reynols (Néstor Frenkel)
Guido Segal:
1- The Saddest Music in the World (Guy Maddin)
2- Los Angeles Plays Itself (Thom Andersen)
3- Goodbye Dragon Inn (Tsai Ming-liang).
4- The Fog of War (Errol Morris)
5- Shara (Naomi Kawase)
6- Trois vies & une seule mort (Raoul Ruiz)
7- Zatoichi (Takeshi Kitano)
8- Les Tripplettes de Belleville (Sylvain Chomet)
9- The Weather Underground (Sam Green y Bill Siegel)
10- Ramblers (Nobuhiro Yamashita)
La peor: Hamlet_X (Herbert Fritsch)
Decepciones: Piano Blues (Clint Eastwood), Save the green planet! (Jeong Jun-hwan), PTU (Johnny To), todo Sara Driver.
La verdad universal: John Ford y Raoul Ruiz nunca se equivocan.
1- Shara (Naomi Kawase)
2- Ribatz, Ribatz! Ou Le Grain du Temps (Marie-Hélène Rebois)
3- Le monde vivant (Eugene Green)
4- Los muertos (Lisandro Alonso)
5- Elephant (Gus Van Sant)
6- The Saddest Music in the World (Guy Maddin)
7- Les Tripplettes de Belleville (Sylvain Chomet)
8- Antes que o tiempo mude (Luis Fonseca)
9- Story of the Weeping Camel (Byambasuren Davaa y Luigi Falorni)
10- Los Angeles Plays Itself (Thom Andersen)
La Peor: Go Further (Ron Mann)
Juan P. Martínez:
1- Shara (Naomi Kawase)
2- The Saddest Music in the World (Guy Maddin)
3- El amor (primera parte) (Schnitman, Fadel, Máuregui, Mitre)
4- Los guantes mágicos (Martín Rejtman)
5- Greendale (Neil Young)
6- Intimate Confessions of a Chinese Courtesan (Yuen Chor)
7- Bright Future (Kiyoshi Kurosawa)
8- Los Angeles Plays Itself (Thom Andersen)
9- 15 (Fifteen) (Royston Tan)
10- Lucky Jack: Three Attempts To Stop Smoking (Peter Liechti)
Bottom Three: Zero Day (Ben Coccio) / La quimera de los héroes (Daniel Rosenfeld) / Sola como en silencio (Mario Levin).
Dececsiones: Primavera, verano, otoño, invierno... y primavera (Kim Ki-duk) / Goodbye Dragon Inn (Tsai Ming-liang).
Fabiana Ferraz:
1- Shara (Naomi Kawase)
2- Los guantes mágicos (Martín Rejtman)
3- Le Monde vivant (Eugène Green)
4- Elephant (Gus Van Sant)
5- Crimson gold (Jafar Panahi)
6- Palomita blanca (Raúl Ruiz)
7- Trois Vies et une seule mort (Raúl Ruiz)
8- La pelota vasca. La piel contra la piedra (Julio Medem)
9- The Saddest Music in the World (Guy Maddin)
10- Lucky Jack: Three Attempts to Stop Smoking (Peter Liechti)
Naza Chong:
1- The Saddest Music in the World (Guy Maddin)
2- Tres largos y un corto (Martín Rejtman)
3- Lucky Jack: Three Attempts to Stop Smoking (Peter Liechti)
4- Shara (Naomi Kawase)
5- Los Angeles Plays Itself (Thom Andersen)
6- Los muertos (Lisandro Alonso)
7- Greendale (Neil Young)
8- Palomita Blanca (Raúl Ruiz)
9- Sleepwalk (Sara Driver)
10- Zefiro Torna or Scenes From the Life of George Maciunas (Jonas Mekas)
10½- Buscando a Reynols (Néstor Frenkel)
Guido Segal:
1- The Saddest Music in the World (Guy Maddin)
2- Los Angeles Plays Itself (Thom Andersen)
3- Goodbye Dragon Inn (Tsai Ming-liang).
4- The Fog of War (Errol Morris)
5- Shara (Naomi Kawase)
6- Trois vies & une seule mort (Raoul Ruiz)
7- Zatoichi (Takeshi Kitano)
8- Les Tripplettes de Belleville (Sylvain Chomet)
9- The Weather Underground (Sam Green y Bill Siegel)
10- Ramblers (Nobuhiro Yamashita)
La peor: Hamlet_X (Herbert Fritsch)
Decepciones: Piano Blues (Clint Eastwood), Save the green planet! (Jeong Jun-hwan), PTU (Johnny To), todo Sara Driver.
La verdad universal: John Ford y Raoul Ruiz nunca se equivocan.
viernes, abril 30, 2004
¿No sería hermoso?
Como si fuera la primera vez (50 First Dates, Estados Unidos, 2003). Dirigida por Peter Segal. Con Adam Sandler, Drew Barrymore, Rob Schneider, Sean Astin y Dan Aykroyd. Ficha técnica.
ESTRENO
Puntaje: 9. En los diarios: Martín Pérez (página/12): ; Diego Lerer (Clarín): 8; Adolfo C. Martínez (La Nación): 6. Metacritic: 46. Rotten Tomatoes: 40%.
Ya muchos sabemos lo que significa Adam Sandler y sus películas para el cine actual. Tanto él como Ben Stiller, Owen Wilson, Jack Black, Will Ferrell, los hermanos Farrelly y siguen las firmas, con sus maravillosas comedias, están haciendo del cine (y del mundo) algo mucho mejor. Lo que resulta terrible y alarmante es cómo se le está dando la espalda a este tipo de películas, en afán de rescatar asuntos más “serios y comprometidos” (aunque muy inferiores en cualquiera de los sentidos posibles), alegando falsamente (basta solo con ver las películas) que es un cine banal, infantil y efímero. Bueno, lamento herir sensibilidades bienpensantes, pero debo decir que este cine suele ser mucho más interesante, suele decir más y mejores cosas sobre el mundo, que todas Las invasiones bárbaras, los 21 gramos, los A los trece del mundo. Lo que estoy diciendo no es nada nuevo, y no soy el primero que lo dice, pero siempre es bueno reiterarlo las veces que sea posible.
Como si fuera la primera vez, nuevo catálogo de desopilancias y dechado de emociones de inconfundible marca Sandler, es un digno exponente de lo antes mencionado. Una comedia romántica con harta cantidad de aquellas dos cosas, aunque tal vez sea la película Sandler con mayor carga emotiva, con mayor romanticismo y, en cierto modo, la más trágica (todo esto si dejamos afuera la obra maestra Embriagado de amor de P.T. Anderson, que si bien toma varios elementos del universo Sandler, no es una “película Sandler” per se). Es que si bien 50 First Dates es una comedia hecha y derecha, con una cantidad infinita de gags que funcionan todos a la perfección y una galería de personajes secundarios desopilantes e inolvidables (uno de ellos es una de las ideas más brillantes que se hayan visto, 10 Second Tom, un hombre que pierde la memoria cada 10 segundos), la tristeza inunda la historia en cada momento, debido a la angustia que genera el hecho de que el protagonista deba enamorar a su amada dia tras día, ya que ella perdió la memoria a corto plazo luego de un accidente y desde ese momento todos sus días son para ella aquel domingo del accidente. Adam y Drew, luego de La mejor de mis bodas, vuelven a confirmar que son la pareja perfecta, además de seguir haciéndonos creer que son las personas más buenas del mundo. Bah, en realidad todos los personajes que habitan la película –este es el primer film Sandler sin villanos- nos hacen creer eso.
Por último, hay un pequeño detalle que salta a la vista en el film. En el comienzo vemos un montaje de muchas chicas a quienes Henry, el protagonista, enamoró para luego abandonar poniendo excusas ridículas debido a su pánico al compromiso, y entre medio de todas esas chicas que cuentan sus andanzas con Henry de repente aparece un hombre. Es la primera vez en un film Sandler que la ambigüedad sexual se da en su propio personaje, ya que en los films anteriores estuvo siempre presente, pero en personajes secundarios. Y tampoco hay que dejar de destacar la hermosa música que inunda la película, que en este caso son versiones reggae de hits ochentosos como Drive de The Cars, Hold Me Now de los Thompson Twins –presente en su versión original en La mejor de mis bodas-, Friday I’m In Love de The Cure y, esta sí en su versión original, aunque también se escuchen sus acordes en la banda de sonido incidental, la inolvidable Wouldn’t It Be Nice? de los Beach Boys, que juega un papel importante en el film. Es por todo esto que 50 First Dates es otra película que reafirma que eso de las comedias es cosa seria.
Juan P. Martínez.
ESTRENO
Puntaje: 9. En los diarios: Martín Pérez (página/12): ; Diego Lerer (Clarín): 8; Adolfo C. Martínez (La Nación): 6. Metacritic: 46. Rotten Tomatoes: 40%.
Ya muchos sabemos lo que significa Adam Sandler y sus películas para el cine actual. Tanto él como Ben Stiller, Owen Wilson, Jack Black, Will Ferrell, los hermanos Farrelly y siguen las firmas, con sus maravillosas comedias, están haciendo del cine (y del mundo) algo mucho mejor. Lo que resulta terrible y alarmante es cómo se le está dando la espalda a este tipo de películas, en afán de rescatar asuntos más “serios y comprometidos” (aunque muy inferiores en cualquiera de los sentidos posibles), alegando falsamente (basta solo con ver las películas) que es un cine banal, infantil y efímero. Bueno, lamento herir sensibilidades bienpensantes, pero debo decir que este cine suele ser mucho más interesante, suele decir más y mejores cosas sobre el mundo, que todas Las invasiones bárbaras, los 21 gramos, los A los trece del mundo. Lo que estoy diciendo no es nada nuevo, y no soy el primero que lo dice, pero siempre es bueno reiterarlo las veces que sea posible.
Como si fuera la primera vez, nuevo catálogo de desopilancias y dechado de emociones de inconfundible marca Sandler, es un digno exponente de lo antes mencionado. Una comedia romántica con harta cantidad de aquellas dos cosas, aunque tal vez sea la película Sandler con mayor carga emotiva, con mayor romanticismo y, en cierto modo, la más trágica (todo esto si dejamos afuera la obra maestra Embriagado de amor de P.T. Anderson, que si bien toma varios elementos del universo Sandler, no es una “película Sandler” per se). Es que si bien 50 First Dates es una comedia hecha y derecha, con una cantidad infinita de gags que funcionan todos a la perfección y una galería de personajes secundarios desopilantes e inolvidables (uno de ellos es una de las ideas más brillantes que se hayan visto, 10 Second Tom, un hombre que pierde la memoria cada 10 segundos), la tristeza inunda la historia en cada momento, debido a la angustia que genera el hecho de que el protagonista deba enamorar a su amada dia tras día, ya que ella perdió la memoria a corto plazo luego de un accidente y desde ese momento todos sus días son para ella aquel domingo del accidente. Adam y Drew, luego de La mejor de mis bodas, vuelven a confirmar que son la pareja perfecta, además de seguir haciéndonos creer que son las personas más buenas del mundo. Bah, en realidad todos los personajes que habitan la película –este es el primer film Sandler sin villanos- nos hacen creer eso.
Por último, hay un pequeño detalle que salta a la vista en el film. En el comienzo vemos un montaje de muchas chicas a quienes Henry, el protagonista, enamoró para luego abandonar poniendo excusas ridículas debido a su pánico al compromiso, y entre medio de todas esas chicas que cuentan sus andanzas con Henry de repente aparece un hombre. Es la primera vez en un film Sandler que la ambigüedad sexual se da en su propio personaje, ya que en los films anteriores estuvo siempre presente, pero en personajes secundarios. Y tampoco hay que dejar de destacar la hermosa música que inunda la película, que en este caso son versiones reggae de hits ochentosos como Drive de The Cars, Hold Me Now de los Thompson Twins –presente en su versión original en La mejor de mis bodas-, Friday I’m In Love de The Cure y, esta sí en su versión original, aunque también se escuchen sus acordes en la banda de sonido incidental, la inolvidable Wouldn’t It Be Nice? de los Beach Boys, que juega un papel importante en el film. Es por todo esto que 50 First Dates es otra película que reafirma que eso de las comedias es cosa seria.
Juan P. Martínez.
Top 10 Bafici (primera parte)
Juan Manuel Dominguez:
1- Caravana al oeste (John Ford)
2- Shara (Naomi Kawase)
3- The Saddest Music in the World (Guy Maddin)
4- Los Angeles Plays Itself (Thom Andersen)
5- Johan Cruijff. En un momento dado (Ramón Gieling)
6- End of the Century (Jim Fields y Michael Garmaglia)
7- Gozu (Miike Takashi)
8- Intimate Confessions of a Chinese Courtesan (Chor Yuen)
9- Greendale (Neil Young -como Bernard Shakey)
10- Save the Green Planet! (Jeong Jun-hwan)
María Marta Sosa:
1- The Saddest Music in the World (Guy Maddin)
2- Zatoichi (Takeshi Kitano)
3- Goodbye Dragon Inn (Tsai Ming-liang)
4- Histoire de Marie et Julien (Jacques Rivette)
5- Les Triplettes de Belleville (Sylvain Chomet)
6- Shara (Naomi Kawase)
7- Intimate Confessions of a Chinese Courtesan (Chor Yuen)
8- Save the Green Planet! (Jeong Jun-hwan)
9- Aaltra (Benoît Delépine y Gustav de Kervern)
10- Triple Agent (Eric Rohmer)
Leandro Resenzveig:
1- Les Triplettes de Belleville (Sylvain Chomet)
2- Zatoichi (Takeshi Kitano)
3- Vai e vem (Joao César Monteiro)
4- Shara (Naomi Kawase)
5- Primavera, verano, otoño, invierno... y primavera (Kim Ki-duk)
6- Aaltra (Benoît Delépine y Gustav de Kervern)
7- The fog of war (Errol Morris)
8- A story that Begins at the end (Murali Nair)
9- Control Room (Jehane Noujaim)
10- Festival Express (Bob Smeaton)
Sebastián Nuñez:
1- The saddest music in the world (Guy Maddin)
2- Le monde vivant (Eugene green)
3- Shara (Naomi Kawase)
4- Primavera, verano, invierno, otoño...y primavera (Kim Ki-duk)
5- Greendale (Neil Young - como bernard Shakey)
6- Histoire de Marie et Julien (Jacques Rivette)
7- Los guantes mágicos (Martín Rejtman)
8- Los Muertos (Lisandro Alonso)
9- End of the Century (Jim Fields y Michael Garmaglia)
10- Memories of murder (Bong Joon-ho)
1- Caravana al oeste (John Ford)
2- Shara (Naomi Kawase)
3- The Saddest Music in the World (Guy Maddin)
4- Los Angeles Plays Itself (Thom Andersen)
5- Johan Cruijff. En un momento dado (Ramón Gieling)
6- End of the Century (Jim Fields y Michael Garmaglia)
7- Gozu (Miike Takashi)
8- Intimate Confessions of a Chinese Courtesan (Chor Yuen)
9- Greendale (Neil Young -como Bernard Shakey)
10- Save the Green Planet! (Jeong Jun-hwan)
María Marta Sosa:
1- The Saddest Music in the World (Guy Maddin)
2- Zatoichi (Takeshi Kitano)
3- Goodbye Dragon Inn (Tsai Ming-liang)
4- Histoire de Marie et Julien (Jacques Rivette)
5- Les Triplettes de Belleville (Sylvain Chomet)
6- Shara (Naomi Kawase)
7- Intimate Confessions of a Chinese Courtesan (Chor Yuen)
8- Save the Green Planet! (Jeong Jun-hwan)
9- Aaltra (Benoît Delépine y Gustav de Kervern)
10- Triple Agent (Eric Rohmer)
Leandro Resenzveig:
1- Les Triplettes de Belleville (Sylvain Chomet)
2- Zatoichi (Takeshi Kitano)
3- Vai e vem (Joao César Monteiro)
4- Shara (Naomi Kawase)
5- Primavera, verano, otoño, invierno... y primavera (Kim Ki-duk)
6- Aaltra (Benoît Delépine y Gustav de Kervern)
7- The fog of war (Errol Morris)
8- A story that Begins at the end (Murali Nair)
9- Control Room (Jehane Noujaim)
10- Festival Express (Bob Smeaton)
Sebastián Nuñez:
1- The saddest music in the world (Guy Maddin)
2- Le monde vivant (Eugene green)
3- Shara (Naomi Kawase)
4- Primavera, verano, invierno, otoño...y primavera (Kim Ki-duk)
5- Greendale (Neil Young - como bernard Shakey)
6- Histoire de Marie et Julien (Jacques Rivette)
7- Los guantes mágicos (Martín Rejtman)
8- Los Muertos (Lisandro Alonso)
9- End of the Century (Jim Fields y Michael Garmaglia)
10- Memories of murder (Bong Joon-ho)
lunes, abril 26, 2004
Tres miradas sobre lo que dejó el BAFICI
El video digital y su uso autónomo
Cada vez estamos más acostumbrados, especialmente en festivales, a aceptar con naturalidad la proyección de películas realizadas en video digital a la par de películas en celuloide. Muchos solemos mirar con desprecio a este tipo de realizaciones (independientemente de su calidad posterior) debido a la imagen artificiosa de este tipo de soporte. El video transmite una sensación de inmediatez y de carencia de “poesía visual” (léase también nostalgia de la imagen), resulta imposible que compita con la belleza y la magnificencia de la imagen fílmica.
Tal vez debamos replantearnos esta dicotomía, tal vez no existe tal confrontación. No sería mala idea dejar de pensar al video digital como cine en pequeña escala y comenzar a planetarlo como algo nuevo, diferente. No hacer y ver cine en video, sino simplemente video. Si bien parece que rescato una polémica vieja y banal, apunto a algo bien concreto: ciertos realizadores comprendieron esta diferencia desde un principio y supieron explotarla en su favor. Así es como Michael Almereyda en su sutil documental This So Called Disaster aprovecha a la imagen digital en su entera dimensión. Conociendo la profundidad de campo absoluta que este soporte presenta (es decir, todo está en foco al mismo tiempo, no hay distintos planos focales), Almereyda sitúa sus entrevistas a Sam Shepard con un fondo rural del fondo, donde predominan los verdes y los celestes. La intensidad del fondo, gracias a la saturación del video y a la nitidez de sus formas, se conforma en un denso entramado, que genera un alto impacto visual y una marcada estridencia en el espectador. Lo mismo al filmar los ensayos teatrales: la saturación del color en el video resalta mucho más los rojos, los azules y los verdes de la puesta teatral, reforzando la idea de sordidez que la obra elabora. Hamlet X, tal vez la peor “película” del festival, niega al digital la posibilidad de ser algo propio y lo manipula para que sea un subfílmico, desaprovechándolo.
La uniformidad de la puesta en escena
No vale la pena revisitar otra vieja polémica absurda y vetusta como la relativa a qué es el cine independiente. Pero sí vale la pena tratar con sus códigos y sus costumbres. Voy a tomar una en particular, aquella vinculada al tipo de puesta en escena en el que prevalecen los planos secuencias estáticos y excesivamente prolongados.
Si uno toma la filmografía de Tsai Ming Liang notará una abrumadora coherencia a la hore de filmar: planos larguísimos, anclados en lugares inusuales, con personajes maquinales o envueltos en actividades que involucran poco movimiento o poco cambio. Para Tsai, esta es una herramienta para narrar (maravillosamente) o bien el estancamiento o bien los mínimos detalles. En este festival, Goodbye dragon Inn es otra maravillosa muestra de esto. No extraña que Lee Kang Sheng, actor fetiche de Tsai y discípulo, aplique el mismo método de filmar en su ópera prima (fallida) The Missing. Ahora bien, es un poco más llamativo que All Tomorrow´s parties, película china en competencia, y más aún que Los muertos, película argentina de Lisandro Alonso, hagan uso del mismo modo de filmar. Tomaremos estos cuatro ejemplos, pero abundan los casos similares en este festival.
No resulta menor el hecho de que en todas las películas mencionadas haya además planos desmedidamente largos de gente comiendo. Son planos que no aportan nada, que aburren y además ponen en evidencia la artificiosidad del relato fílmico (debido a las tomas y retomas, los actores suelen comer bocados muy pequeños en este tipo de planos).
Planteémonos entonces si no se está construyendo un “modo de filmar independiente”, en el que abundan planos secuencias (muchos de ellos injustificados, como el final de Darkness bride, donde la cámara se apoya en un camión con ladrillos en movimiento), la inmovilidad de la cámara y el retrato de lugares vacíos, recurso que hace rato se ha agotado y que no siempre funciona como simbolismo o metáfora de algo más. Si el plano secuencia era un recurso de auteur en los buenos tiempos de De Palma, las nuevas generaciones lo han transformado en una variante trivial y convencional.
El documental y su apoteosis norteamericana
Mucho hablamos durante el año sobre el cine norteamericano y solemos referirnos a él como sinónimo del cine Hollywoodense. Error. También damos por sentado que el único tipo de cine que los norteamericanos saben producir es ficcional. Nuevo error. Si bien la sociedad en general se ha contentado con Michael Moore como la imagen viva del documentrarista, hay por detrás otros nombres tal vez más serios, comprometidos y talentosos a la hora de buscar historias ocultas. El festival ha presentado entre su programación a figuras muy distintas con películas diferentes pero igualmente fascinantes: Errol Morris, documentarista de la vieja escuela y original creador de documentales reflexivos (donde la misma realización del documental se pone en duda) realizó The Fog of War, basado en entrevistas a Robert Macnamara, secretario de Defensa norteamericano durante la Guerra de Vietnam; Sam Green llegó hasta el BAFICI para presentar su documental (codirigido con Bill Siegel) sobre los grupos revolucionarios en Estados Unidos que protestaban contra Vietnam, la discriminación y la falta de compromiso de la gente y de los políticos con las causas justas; finalmente, Thom Andersen, académico y realizador, presentó en medio de una restrospectiva su hermosa reflexión sobre la manera en que Hollywood representó históricamente a la ciudad de Los Angeles, entitulado Los Angeles Plays Itself.
A través de entrevistas, manipulación de imágenes de archivo y la activa presencia de los realizadores (Green y Morris entrevistando, Andersen narrando), los tres documentales presentan una notable solidez, un poder de captación de la atención notable y un compartido compromiso con el material en cuestión (sea con la ciudad natal para Andersen y con la historia real detrás de la historia que nos contaron para Morris y Green/Siegel).
Tres obras no ficcionales norteamericanas, tres estilos diferentes, tres reconstrucciones maravillosas. Tal vez es hora de que hagamos lugar para pedazos de realidad en nuestro hermético mundo ficcional.
Guido Segal.
Cada vez estamos más acostumbrados, especialmente en festivales, a aceptar con naturalidad la proyección de películas realizadas en video digital a la par de películas en celuloide. Muchos solemos mirar con desprecio a este tipo de realizaciones (independientemente de su calidad posterior) debido a la imagen artificiosa de este tipo de soporte. El video transmite una sensación de inmediatez y de carencia de “poesía visual” (léase también nostalgia de la imagen), resulta imposible que compita con la belleza y la magnificencia de la imagen fílmica.
Tal vez debamos replantearnos esta dicotomía, tal vez no existe tal confrontación. No sería mala idea dejar de pensar al video digital como cine en pequeña escala y comenzar a planetarlo como algo nuevo, diferente. No hacer y ver cine en video, sino simplemente video. Si bien parece que rescato una polémica vieja y banal, apunto a algo bien concreto: ciertos realizadores comprendieron esta diferencia desde un principio y supieron explotarla en su favor. Así es como Michael Almereyda en su sutil documental This So Called Disaster aprovecha a la imagen digital en su entera dimensión. Conociendo la profundidad de campo absoluta que este soporte presenta (es decir, todo está en foco al mismo tiempo, no hay distintos planos focales), Almereyda sitúa sus entrevistas a Sam Shepard con un fondo rural del fondo, donde predominan los verdes y los celestes. La intensidad del fondo, gracias a la saturación del video y a la nitidez de sus formas, se conforma en un denso entramado, que genera un alto impacto visual y una marcada estridencia en el espectador. Lo mismo al filmar los ensayos teatrales: la saturación del color en el video resalta mucho más los rojos, los azules y los verdes de la puesta teatral, reforzando la idea de sordidez que la obra elabora. Hamlet X, tal vez la peor “película” del festival, niega al digital la posibilidad de ser algo propio y lo manipula para que sea un subfílmico, desaprovechándolo.
La uniformidad de la puesta en escena
No vale la pena revisitar otra vieja polémica absurda y vetusta como la relativa a qué es el cine independiente. Pero sí vale la pena tratar con sus códigos y sus costumbres. Voy a tomar una en particular, aquella vinculada al tipo de puesta en escena en el que prevalecen los planos secuencias estáticos y excesivamente prolongados.
Si uno toma la filmografía de Tsai Ming Liang notará una abrumadora coherencia a la hore de filmar: planos larguísimos, anclados en lugares inusuales, con personajes maquinales o envueltos en actividades que involucran poco movimiento o poco cambio. Para Tsai, esta es una herramienta para narrar (maravillosamente) o bien el estancamiento o bien los mínimos detalles. En este festival, Goodbye dragon Inn es otra maravillosa muestra de esto. No extraña que Lee Kang Sheng, actor fetiche de Tsai y discípulo, aplique el mismo método de filmar en su ópera prima (fallida) The Missing. Ahora bien, es un poco más llamativo que All Tomorrow´s parties, película china en competencia, y más aún que Los muertos, película argentina de Lisandro Alonso, hagan uso del mismo modo de filmar. Tomaremos estos cuatro ejemplos, pero abundan los casos similares en este festival.
No resulta menor el hecho de que en todas las películas mencionadas haya además planos desmedidamente largos de gente comiendo. Son planos que no aportan nada, que aburren y además ponen en evidencia la artificiosidad del relato fílmico (debido a las tomas y retomas, los actores suelen comer bocados muy pequeños en este tipo de planos).
Planteémonos entonces si no se está construyendo un “modo de filmar independiente”, en el que abundan planos secuencias (muchos de ellos injustificados, como el final de Darkness bride, donde la cámara se apoya en un camión con ladrillos en movimiento), la inmovilidad de la cámara y el retrato de lugares vacíos, recurso que hace rato se ha agotado y que no siempre funciona como simbolismo o metáfora de algo más. Si el plano secuencia era un recurso de auteur en los buenos tiempos de De Palma, las nuevas generaciones lo han transformado en una variante trivial y convencional.
El documental y su apoteosis norteamericana
Mucho hablamos durante el año sobre el cine norteamericano y solemos referirnos a él como sinónimo del cine Hollywoodense. Error. También damos por sentado que el único tipo de cine que los norteamericanos saben producir es ficcional. Nuevo error. Si bien la sociedad en general se ha contentado con Michael Moore como la imagen viva del documentrarista, hay por detrás otros nombres tal vez más serios, comprometidos y talentosos a la hora de buscar historias ocultas. El festival ha presentado entre su programación a figuras muy distintas con películas diferentes pero igualmente fascinantes: Errol Morris, documentarista de la vieja escuela y original creador de documentales reflexivos (donde la misma realización del documental se pone en duda) realizó The Fog of War, basado en entrevistas a Robert Macnamara, secretario de Defensa norteamericano durante la Guerra de Vietnam; Sam Green llegó hasta el BAFICI para presentar su documental (codirigido con Bill Siegel) sobre los grupos revolucionarios en Estados Unidos que protestaban contra Vietnam, la discriminación y la falta de compromiso de la gente y de los políticos con las causas justas; finalmente, Thom Andersen, académico y realizador, presentó en medio de una restrospectiva su hermosa reflexión sobre la manera en que Hollywood representó históricamente a la ciudad de Los Angeles, entitulado Los Angeles Plays Itself.
A través de entrevistas, manipulación de imágenes de archivo y la activa presencia de los realizadores (Green y Morris entrevistando, Andersen narrando), los tres documentales presentan una notable solidez, un poder de captación de la atención notable y un compartido compromiso con el material en cuestión (sea con la ciudad natal para Andersen y con la historia real detrás de la historia que nos contaron para Morris y Green/Siegel).
Tres obras no ficcionales norteamericanas, tres estilos diferentes, tres reconstrucciones maravillosas. Tal vez es hora de que hagamos lugar para pedazos de realidad en nuestro hermético mundo ficcional.
Guido Segal.
sábado, abril 24, 2004
Del crepúsculo al amanecer
Leo sigue con el 6° Bafici.
Goff in desert (3) de Heinz Emigholz. El realizador alemán presenta un trabajo con tan pocas ideas cinematográficas que sólo parece un catalogo de feria arquitectónica o de estudio de arquitectura para publico burgués. Exponiendo en su mayoría cámaras fijas vemos por segundos planos de construcciones (como si utilizáramos un stereografthe perfecscope) realizadas gracias al genial arquitecto y no tan conocido Bruce Goff. Nada mas que eso, planos que se prenden y se apagan, fotos con sonidos ambientales. Una película que sólo puede interesarle a quien vea el arte de la arquitectura con una mirada profesional, cultural o a alguien que necesite descansar los ojos. Una película que oscurece a medida que va avanzando o al menos, a algunos de nosotros, nos duerme.
Go further (7) de Ron Mann. Un documental protagonizado por Woody (Allen) Harrelson dándonos la bienvenida al magical mistery tour de la ecología y el medio ambiente. Esta película se resuelve como una comedia de escépticos, iniciadores y luchadores por un mundo mejor. Deportistas lastimados, integrantes que vienen y se van, gente que se enamora, practicas para enfrentar a la policía en manifestaciones pacifistas. Un viaje único y muy divertido enfrentando a la carne y a la chatarra sucia del universo y abrazando los productos orgánicos. La parte mas asquerosa es enterarnos que la leche tiene pus y sangre ya que las maquinas que succionan de la ubre de las vacas lo hacen con demasiada fuerza lastimándolas.
Live Forever (7) de John Dower. Este documental, completamente disfrutable, nos hace dar una vuelta por la Inglaterra en los ‘90. El cambio de visión cultural, el enfrentamiento de Oasis y Blur, la fuerza de la incomparable Common People de Pulp y el alejamiento de la pelea por el titulo de Massive Attack. Es un documental muy Much Music Canada, superficial, con ideas colgando por todos lados pero con un ritmo vertiginoso y eclécticas declaraciones. Nos acercamos a lo que fue al amanecer de una renovada clase política (los laborales con Tonny Blair a la cabeza) que se asocio a movimientos culturales (el boom del brit pop de los ‘90) para luego terminar desilusionando a casi todos. Una historia que se parece un poquito a la nuestra ¿Alguien se acuerda de la alianza y el apoyo de los artistas locales?
Leandro Rosenzveig.
Goff in desert (3) de Heinz Emigholz. El realizador alemán presenta un trabajo con tan pocas ideas cinematográficas que sólo parece un catalogo de feria arquitectónica o de estudio de arquitectura para publico burgués. Exponiendo en su mayoría cámaras fijas vemos por segundos planos de construcciones (como si utilizáramos un stereografthe perfecscope) realizadas gracias al genial arquitecto y no tan conocido Bruce Goff. Nada mas que eso, planos que se prenden y se apagan, fotos con sonidos ambientales. Una película que sólo puede interesarle a quien vea el arte de la arquitectura con una mirada profesional, cultural o a alguien que necesite descansar los ojos. Una película que oscurece a medida que va avanzando o al menos, a algunos de nosotros, nos duerme.
Go further (7) de Ron Mann. Un documental protagonizado por Woody (Allen) Harrelson dándonos la bienvenida al magical mistery tour de la ecología y el medio ambiente. Esta película se resuelve como una comedia de escépticos, iniciadores y luchadores por un mundo mejor. Deportistas lastimados, integrantes que vienen y se van, gente que se enamora, practicas para enfrentar a la policía en manifestaciones pacifistas. Un viaje único y muy divertido enfrentando a la carne y a la chatarra sucia del universo y abrazando los productos orgánicos. La parte mas asquerosa es enterarnos que la leche tiene pus y sangre ya que las maquinas que succionan de la ubre de las vacas lo hacen con demasiada fuerza lastimándolas.
Live Forever (7) de John Dower. Este documental, completamente disfrutable, nos hace dar una vuelta por la Inglaterra en los ‘90. El cambio de visión cultural, el enfrentamiento de Oasis y Blur, la fuerza de la incomparable Common People de Pulp y el alejamiento de la pelea por el titulo de Massive Attack. Es un documental muy Much Music Canada, superficial, con ideas colgando por todos lados pero con un ritmo vertiginoso y eclécticas declaraciones. Nos acercamos a lo que fue al amanecer de una renovada clase política (los laborales con Tonny Blair a la cabeza) que se asocio a movimientos culturales (el boom del brit pop de los ‘90) para luego terminar desilusionando a casi todos. Una historia que se parece un poquito a la nuestra ¿Alguien se acuerda de la alianza y el apoyo de los artistas locales?
Leandro Rosenzveig.
viernes, abril 23, 2004
Europa Europa
6° Bafici. Leo insiste con tres más.
Mister V (8) de Emilie Deleuze. La síntesis argumental del catalogo explicaba que se trataba de la historia de un caballo y lo que gira alrededor de éste, pero lo que vemos en la película es otra cosa. Un relato sobre las personas, los caballos y sus relaciones. El dueño de un potro muere castigado por su ejemplar. Su hermano se va a vivir con la viuda y su sobrina a su casa de campo para trabajar en el establo. Muy pronto el hermano queda completamente hipnotizado por el cuerpo de su cuñada y también con el de Mister V (el caballo que mató a su hermano). Extrañamente comienzan a vivir un triangulo amoroso a partir de los celos de los personajes y la necesidad de liberación. La afinidad de sus permanencias a muerte retrata la fiereza de su permanente afición. Aunque el final es bastante desesperanzador para los equinos ya que los humanos sólo desean ir a un parque de diversiones para subirse a los caballos de juguete.
La estrategia de la araña (7) de Bernardo Bertolucci. En el marco de un ciclo dedicado a la obra de Eduardo de Gregorio tuvimos la posibilidad de ver esta interesante película en la cual hace la adaptación de un cuento de Borges llamado “Tema del traidor y del héroe”. El director toma a un pueblo entero como escenario para sus personajes. Un hombre llega a un pueblo fantasma habitado por viejos misteriosos y con una sola mujer de edad. Este hombre es conocido ya que es idéntico a su padre, un mártir para todos. Descubre que su padre fue asesinado y comienza a buscar al asesino mediante deducciones y ahí aparecen las acertadas vueltas de tuerca del guión. Recorriendo un pasado de entreguerras, Bertolucci nos entrega una historia de fantasmas, de descubrimientos, de vivencias únicas, de emociones inexplicables que recién al final logra apagar la pólvora caliente de ese destino que no terminaba de cerrar.
Triple Agent (7) de Eric Romher. La tarea era difícil, hoy casi nadie hace películas de espionaje internacional. Sin embargo el veterano director francés propone una historia muy dialogada y estilística, intrigante, con una atractiva suavidad. Se trata de un film político que gira alrededor del amor de una pareja en territorio extranjero. El es ruso, ella es griega y viven en Francia. Las vivencias cotidianas y lo que surge de la dicotomía ciudad / campo es una excusa en medio de una crisis mundial a punto de explotar. Quizás le falte un poco mas de acción y movimiento a la película pero puede disfrutarse el trazo fino del maestro.
Leandro Rosenzveig.
Mister V (8) de Emilie Deleuze. La síntesis argumental del catalogo explicaba que se trataba de la historia de un caballo y lo que gira alrededor de éste, pero lo que vemos en la película es otra cosa. Un relato sobre las personas, los caballos y sus relaciones. El dueño de un potro muere castigado por su ejemplar. Su hermano se va a vivir con la viuda y su sobrina a su casa de campo para trabajar en el establo. Muy pronto el hermano queda completamente hipnotizado por el cuerpo de su cuñada y también con el de Mister V (el caballo que mató a su hermano). Extrañamente comienzan a vivir un triangulo amoroso a partir de los celos de los personajes y la necesidad de liberación. La afinidad de sus permanencias a muerte retrata la fiereza de su permanente afición. Aunque el final es bastante desesperanzador para los equinos ya que los humanos sólo desean ir a un parque de diversiones para subirse a los caballos de juguete.
La estrategia de la araña (7) de Bernardo Bertolucci. En el marco de un ciclo dedicado a la obra de Eduardo de Gregorio tuvimos la posibilidad de ver esta interesante película en la cual hace la adaptación de un cuento de Borges llamado “Tema del traidor y del héroe”. El director toma a un pueblo entero como escenario para sus personajes. Un hombre llega a un pueblo fantasma habitado por viejos misteriosos y con una sola mujer de edad. Este hombre es conocido ya que es idéntico a su padre, un mártir para todos. Descubre que su padre fue asesinado y comienza a buscar al asesino mediante deducciones y ahí aparecen las acertadas vueltas de tuerca del guión. Recorriendo un pasado de entreguerras, Bertolucci nos entrega una historia de fantasmas, de descubrimientos, de vivencias únicas, de emociones inexplicables que recién al final logra apagar la pólvora caliente de ese destino que no terminaba de cerrar.
Triple Agent (7) de Eric Romher. La tarea era difícil, hoy casi nadie hace películas de espionaje internacional. Sin embargo el veterano director francés propone una historia muy dialogada y estilística, intrigante, con una atractiva suavidad. Se trata de un film político que gira alrededor del amor de una pareja en territorio extranjero. El es ruso, ella es griega y viven en Francia. Las vivencias cotidianas y lo que surge de la dicotomía ciudad / campo es una excusa en medio de una crisis mundial a punto de explotar. Quizás le falte un poco mas de acción y movimiento a la película pero puede disfrutarse el trazo fino del maestro.
Leandro Rosenzveig.
jueves, abril 22, 2004
Aquí, allá y en todas partes
6° Bafici. Otro día.
A mansion by the lake (6) de Lester James Peries. De Sri Lanka tenemos una película clásica dramática. Alejándose del campo abyecto de las tv movies de la tarde, se disfruta en pantalla gigante por sus recorridos novelescos pero no termina de cerrar porque se cubre con sus propias contradicciones entre los estratos y las condiciones de vida de diferentes épocas sin dejarse llevar por su fuerza emocional. Por momentos aburre, pero es sólo una ilusión, la del fantasma creativo de sus responsables perdidos en el tiempo.
Control Room (8) de Jehane Noujaim. Esta vez, la directora de la interesante startup.com nos propone ingresar a Al Jazeera (el canal de cable de noticias del mundo árabe) en medio de la guerra de Irak. Los árabes trabajando en su canal y mostrando su visión de la realidad: no son todos religiosos, no son todos fundamentalistas, pero tienen ideas bastantes diferentes a sus pares de occidente que sólo se permiten estar del mismo lado cuando uno de los periodistas de Al Jazeera muere en manos de un misil norteamericano. Impresionante ver en planos generales del juego mediático y desfachatado creado por los políticos y periodistas americanos que termina con la puesta de Bush bajando de un superavión con su perrito en territorio enemigo y dando su discurso de victoria. Una luz brillante sobre la oscuridad de la que son responsables los medios del mundo para mostrar una guerra.
Wild side (8) de Sébastien Lifshitz. La película muestra en tono intimista un triangulo amoroso que desde el vamos resulta polémico y trasgresor: Una travesti y dos homosexuales. Pero el director no toma el camino fácil y no utiliza a los personajes para impactar deliberadamente de acuerdo a sus elecciones sexuales. Juega con el entrecruzamiento de sus cuerpos y almas como una cadena de ADN. La excusa es formar, a partir del pasado, el presente o dejar establecido un cambio a partir de un devenir voluntario.
Leandro Rosenzveig.
A mansion by the lake (6) de Lester James Peries. De Sri Lanka tenemos una película clásica dramática. Alejándose del campo abyecto de las tv movies de la tarde, se disfruta en pantalla gigante por sus recorridos novelescos pero no termina de cerrar porque se cubre con sus propias contradicciones entre los estratos y las condiciones de vida de diferentes épocas sin dejarse llevar por su fuerza emocional. Por momentos aburre, pero es sólo una ilusión, la del fantasma creativo de sus responsables perdidos en el tiempo.
Control Room (8) de Jehane Noujaim. Esta vez, la directora de la interesante startup.com nos propone ingresar a Al Jazeera (el canal de cable de noticias del mundo árabe) en medio de la guerra de Irak. Los árabes trabajando en su canal y mostrando su visión de la realidad: no son todos religiosos, no son todos fundamentalistas, pero tienen ideas bastantes diferentes a sus pares de occidente que sólo se permiten estar del mismo lado cuando uno de los periodistas de Al Jazeera muere en manos de un misil norteamericano. Impresionante ver en planos generales del juego mediático y desfachatado creado por los políticos y periodistas americanos que termina con la puesta de Bush bajando de un superavión con su perrito en territorio enemigo y dando su discurso de victoria. Una luz brillante sobre la oscuridad de la que son responsables los medios del mundo para mostrar una guerra.
Wild side (8) de Sébastien Lifshitz. La película muestra en tono intimista un triangulo amoroso que desde el vamos resulta polémico y trasgresor: Una travesti y dos homosexuales. Pero el director no toma el camino fácil y no utiliza a los personajes para impactar deliberadamente de acuerdo a sus elecciones sexuales. Juega con el entrecruzamiento de sus cuerpos y almas como una cadena de ADN. La excusa es formar, a partir del pasado, el presente o dejar establecido un cambio a partir de un devenir voluntario.
Leandro Rosenzveig.
viernes, abril 16, 2004
Otoño caliente
6 Bafici. Día 2.
En el segundo día entramos en calor aunque en el mundo exterior comenzó a hacer mas frío. Ya escuchamos comentarios de todos los amigo y conocidos que salen y entran de las salas como si las traspasaran mediante puertas giratorias. Contentos o puteando, casi nadie en forma neutra. Por ahora el festival presenta emociones bipolares. Como la primera película que vi hoy Aaltra (8) de Benoit Delépine. Los primeros planos recuerdan aquellos del realismo socialista, maquinas enormes, paisajes por explorar y explotar. Luego la película a partir de que los dos personajes quedan discapacitados ingresa en el terreno de una road movie de humor negro con claras influencias del genial Aki Kaurismaki, que hasta tiene el lujo de contar con él como actor para cerrarla. Filmada en blanco y negro marca los contrastes entre los bípedos y los ‘sobre ruedas’, los atrevidos y los conservadores y la vida y la muerte.
Le Génie helvétique (8) de Jean-Stéphane Bron posa su cámara casi todo el documental en el pasillo de las oficinas de una comisión que se dedica a tratar los limites de la manipulación genética para investigación, uso y desarrollo en la agricultura y la ganadería Suiza. Con una inquebrantable pedagogía se muestra el trabajo de los políticos, rebeldes en su granja, perfectamente diferenciados desde la derecha hasta la izquierda pasando por todos los puntos medios (radicales, granjeros, defensores del medio ambiente y representantes del ala media del pueblo) para luego ingresar en el gigantesco parlamento y ser presentada la propuesta para la votación final.
Llego luego el turno de Pulse (8) de Kiyoshi Kurosawa. El director nos hace entrar en su universo del terror psicológico con una historia espeluznante y fantástica a partir de la premisa de un mundo de computadoras peligrosas. La conexión de las personas por ese medio no quiebra su soledad y el espacio finito de fantasmas esta cada vez mas saturado y necesita nuevas ubicaciones. El mundo (Tokio) se ve contagiado por un cuarto prohibido y unas sombras que se impregnan a la pared para transmitir el horror de la muerte, de la soledad, de la poca diferenciación que, según el director, existe hoy entre los vivos y los muertos. Es el Apocalipsis y cada persona frente a su computadora, encierra en su soledad, su sopor, su inigualable angustia que roza la superficialidad, su búsqueda de muerte por error u omisión entre imanes que se atraen para no poder estar juntos y vagar como fantasmas en el espacio gracias a su soledad eterna.
Por último tuve que soportar 15 (3) de Royston Tan. Casi nada que ofrecer. En el comienzo amagó ser un mal film de la “bad Mtv”, pero después se transformo en un desabrido encuentro entre sudor, tatuajes, piercings, amor entre hermanos, pandillas y pocas ideas. Perteneciente a la competencia oficial tiene sólo un momento interesante que es el manual del suicida, una animación bastante divertida. El tema de la soledad adolescente es tristemente abordada por esta película de Singapur, tan oscura como soporífera, tan ambiciosa como poco inteligente.
Leandro Rosenzveig.
En el segundo día entramos en calor aunque en el mundo exterior comenzó a hacer mas frío. Ya escuchamos comentarios de todos los amigo y conocidos que salen y entran de las salas como si las traspasaran mediante puertas giratorias. Contentos o puteando, casi nadie en forma neutra. Por ahora el festival presenta emociones bipolares. Como la primera película que vi hoy Aaltra (8) de Benoit Delépine. Los primeros planos recuerdan aquellos del realismo socialista, maquinas enormes, paisajes por explorar y explotar. Luego la película a partir de que los dos personajes quedan discapacitados ingresa en el terreno de una road movie de humor negro con claras influencias del genial Aki Kaurismaki, que hasta tiene el lujo de contar con él como actor para cerrarla. Filmada en blanco y negro marca los contrastes entre los bípedos y los ‘sobre ruedas’, los atrevidos y los conservadores y la vida y la muerte.
Le Génie helvétique (8) de Jean-Stéphane Bron posa su cámara casi todo el documental en el pasillo de las oficinas de una comisión que se dedica a tratar los limites de la manipulación genética para investigación, uso y desarrollo en la agricultura y la ganadería Suiza. Con una inquebrantable pedagogía se muestra el trabajo de los políticos, rebeldes en su granja, perfectamente diferenciados desde la derecha hasta la izquierda pasando por todos los puntos medios (radicales, granjeros, defensores del medio ambiente y representantes del ala media del pueblo) para luego ingresar en el gigantesco parlamento y ser presentada la propuesta para la votación final.
Llego luego el turno de Pulse (8) de Kiyoshi Kurosawa. El director nos hace entrar en su universo del terror psicológico con una historia espeluznante y fantástica a partir de la premisa de un mundo de computadoras peligrosas. La conexión de las personas por ese medio no quiebra su soledad y el espacio finito de fantasmas esta cada vez mas saturado y necesita nuevas ubicaciones. El mundo (Tokio) se ve contagiado por un cuarto prohibido y unas sombras que se impregnan a la pared para transmitir el horror de la muerte, de la soledad, de la poca diferenciación que, según el director, existe hoy entre los vivos y los muertos. Es el Apocalipsis y cada persona frente a su computadora, encierra en su soledad, su sopor, su inigualable angustia que roza la superficialidad, su búsqueda de muerte por error u omisión entre imanes que se atraen para no poder estar juntos y vagar como fantasmas en el espacio gracias a su soledad eterna.
Por último tuve que soportar 15 (3) de Royston Tan. Casi nada que ofrecer. En el comienzo amagó ser un mal film de la “bad Mtv”, pero después se transformo en un desabrido encuentro entre sudor, tatuajes, piercings, amor entre hermanos, pandillas y pocas ideas. Perteneciente a la competencia oficial tiene sólo un momento interesante que es el manual del suicida, una animación bastante divertida. El tema de la soledad adolescente es tristemente abordada por esta película de Singapur, tan oscura como soporífera, tan ambiciosa como poco inteligente.
Leandro Rosenzveig.
jueves, abril 15, 2004
El sentido de la vida
6° Bafici. Día 1.
Y sí, comenzó una nueva edición del Festival Internacional de Cine Independiente, la sexta, y casi todos nosotros ya estábamos a primera hora allí, ayudando a levantar las persianas para ver que se traía. Desde temprano una lluvia indomable se desato sobre la ciudad, el festival comenzó callado, con humildad, a pesar de su avasalladora cantidad de películas.
En este primer día comencé con Daddy Cool (5) de Brady Lewis, con la sala a un 30% de su capacidad y todos ellos antes de que empiece la película mirando la grilla imposible, dándole vueltas una y otra vez, cambiando las fichas para no naufragar y abandonándose hacia un camino sin salida. Daddy Cool decepciona desde el comienzo, quiere acercarse a David Lynch pero no logra ni mantenerse en su carretera, chapotea por un sendero de fango. La historia del amor entre un transexual o travesti y un lobizón terapeuta que analiza al padre del protagonista tenía todas las de ganar pero se pierde el interés muy rápidamente.
Todas las otras películas que vi estaban prácticamente a sala llena. Seguí con A Smile (7) de Park Kyung-hee. La directora sorprende en el aspecto formal de la imagen. Permanentemente divide la pantalla con elementos naturales en 3 partes siempre verticales que se quiebran cada vez que hay relaciones sexuales. Es la historia de una fotógrafa que se está quedando ciega y para esquivar su problema abandona a todos sus afectos, sólo quiere volar y escapar. La película cae en varios momentos en pozos narrativos pero sus ideas visuales son admirables.
Mas tarde llegó la hora de que comience la función de This So-Called Disaster (5) de Michael Almereyda. A muchos de nosotros nos fastidia una obra de teatro, imagínense ahora una película con todos los condimentos de su preparación. Un clima asfixiante, horrendos focos calurosos rojos y azules, expresiones grandilocuentes, exceso de maquillaje. El día a día de la preproducción de la nueva obra escrita y dirigida por Sam Shepard. Lo mejor de todo esto son las aisladas anécdotas de los actores y la siempre simpática presencia de Woody Harrelson.
Por ultimo llegó la obra maestra tan esperada Les Triplettes de Belleville (10) de Sylavin Chomet. Una maravilla absoluta, una maquinita perfecta llena de engranajes que funcionan de memoria casi sin líneas de diálogos, sólo con sonidos, silencios y música. La historia de un ciclista secuestrado y su posterior intento de rescate por parte de personajes increíbles. Una película con animación de primer nivel y una historia llena de ideas y de situaciones inolvidables. Hasta el próximo día.
Leandro Rosenzveig.
Y sí, comenzó una nueva edición del Festival Internacional de Cine Independiente, la sexta, y casi todos nosotros ya estábamos a primera hora allí, ayudando a levantar las persianas para ver que se traía. Desde temprano una lluvia indomable se desato sobre la ciudad, el festival comenzó callado, con humildad, a pesar de su avasalladora cantidad de películas.
En este primer día comencé con Daddy Cool (5) de Brady Lewis, con la sala a un 30% de su capacidad y todos ellos antes de que empiece la película mirando la grilla imposible, dándole vueltas una y otra vez, cambiando las fichas para no naufragar y abandonándose hacia un camino sin salida. Daddy Cool decepciona desde el comienzo, quiere acercarse a David Lynch pero no logra ni mantenerse en su carretera, chapotea por un sendero de fango. La historia del amor entre un transexual o travesti y un lobizón terapeuta que analiza al padre del protagonista tenía todas las de ganar pero se pierde el interés muy rápidamente.
Todas las otras películas que vi estaban prácticamente a sala llena. Seguí con A Smile (7) de Park Kyung-hee. La directora sorprende en el aspecto formal de la imagen. Permanentemente divide la pantalla con elementos naturales en 3 partes siempre verticales que se quiebran cada vez que hay relaciones sexuales. Es la historia de una fotógrafa que se está quedando ciega y para esquivar su problema abandona a todos sus afectos, sólo quiere volar y escapar. La película cae en varios momentos en pozos narrativos pero sus ideas visuales son admirables.
Mas tarde llegó la hora de que comience la función de This So-Called Disaster (5) de Michael Almereyda. A muchos de nosotros nos fastidia una obra de teatro, imagínense ahora una película con todos los condimentos de su preparación. Un clima asfixiante, horrendos focos calurosos rojos y azules, expresiones grandilocuentes, exceso de maquillaje. El día a día de la preproducción de la nueva obra escrita y dirigida por Sam Shepard. Lo mejor de todo esto son las aisladas anécdotas de los actores y la siempre simpática presencia de Woody Harrelson.
Por ultimo llegó la obra maestra tan esperada Les Triplettes de Belleville (10) de Sylavin Chomet. Una maravilla absoluta, una maquinita perfecta llena de engranajes que funcionan de memoria casi sin líneas de diálogos, sólo con sonidos, silencios y música. La historia de un ciclista secuestrado y su posterior intento de rescate por parte de personajes increíbles. Una película con animación de primer nivel y una historia llena de ideas y de situaciones inolvidables. Hasta el próximo día.
Leandro Rosenzveig.
sábado, abril 10, 2004
Queso Mar del Plata
El final de esto, que venía de acá, que continuaba esto, que había empezado acá:
Progrma Screaming Mad Crampi. Puntaje: 2. No se puede evitar sentir incomodidad al castigar a un personaje como Mad Crampi, pero la verdad es que la ‘maldición de los freaks’ recae con más fuerza sobre Toxicbox y Run Run, Bunny! El amor irónico que siente sobre sus criaturas no termina de funcionar nunca ni como amor ni como ironía. El breve pero jugoso anecdotario sobre el personaje Mad Crampi parece más atractivo que su obra angloparlante. Esta vez no fue torta de Manolo, sino el deseo de tabaco y un fernet los motivos de alejamiento de la sala para amenizar la espera por Los peyotes.
The Tulse Luper Suitcaises (The Moab Story). (Peter Greenaway). Puntaje: 7. Para decepción de muchos, no está mal admitir que esta vez le salió bien a Greenaway. Encima usa los truquitos de siempre (sí, toda esa parafernalia barroca que suele ser insoportable). Hay que reconocer que esta primera entrega (¿de 7?) no se vuelve nunca odiosa aunque se vuelve larga y densa. Greenaway parece haber notado que su necesidad de recargar la pantalla constantemente se vuelve, cuanto menos, agotadora y tal vez por eso la segunda mitad de la película parece ser más moderada visualmente. Habrá que esperar a una próxima edición para que no defraude y entregue el material por el que se ganó el odio de casi todos.
Destino (Domenique Monfery). Puntaje: 7. Todos esperaban este corto (muchísima gente sacó su entrada y se retiró después de este aperitivo). Casi todos esperaban muchísimo más de este corto. La conjunción de los mundos de Dalí y Disney, nada más. Es increíble ver en imágenes lo mismo que cualquiera podía imaginar de ese batido, ni una pizca de sorpresa. La animación parece un tanto torpe por momentos, aunque no deja de ser atrapante visualmente. Pudo haber sido chocante en el 46, cuando se pensó, pero la connotación sexual en los dibujos animados de Disney ya es moneda corriente por estos días.
Um Filme Falado (Manoel de Oliveira). Puntaje: 9. Los portugueses parecen estar majaretas. Al menos de quienes se proyectaron películas en el festival. Oliveira se toma casi tantas libertades como Monteiros y termina su film de forma abrupta, con un cambio de registro casi impensable. La cara de Malkovich congelada mientras pasan los créditos provoca esa sensación en el espectador (ojo, uno gritó “devuelvanmé la guita”). Hasta ese momento la película era el recorrido de una profesora de historia y su hija en un crucero desde Portugal a Egipto mientras ella daba una clase básica de historia y el capitán Malkovich trataba de chamullarse a todo lo que se movía.
Laurel Canyon (Lisa Cholodenko). Puntaje: 5. El hype más grande del festival. Todos se embobaron con Frances McDormand fumando porro todo el día y con su novio, un simpatiquísimo aspirante de Chris Martin. Es cierto que la película se permite un poco de acción entre ellos y la novia del hijo de Frances, pero no es mucho más que eso y el carisma del cantante. Christian Bale es el hijo insoportable y al hacer de la película su historia empalidece el relato. El último plano intenta aportar un poco de atractivo visual a un film que se había hundido hacía unas decenas de minutos.
Haute tension (Alexandre Aja). Puntaje: 6. Gore tan atractivo visualmente como idiota y reaccionario en lo argumental. Todo lo que se puede pensar que está mal en una historia se hace presente. Lo que le da placer a los ojos, también. Es cierto que el hecho de que la historia no cierre nunca es intencional (nadie puede ser tan idiota) y le da un tono irónico a la película, pero todo esto jamás termina de funcionar.
Naza Chong.
Progrma Screaming Mad Crampi. Puntaje: 2. No se puede evitar sentir incomodidad al castigar a un personaje como Mad Crampi, pero la verdad es que la ‘maldición de los freaks’ recae con más fuerza sobre Toxicbox y Run Run, Bunny! El amor irónico que siente sobre sus criaturas no termina de funcionar nunca ni como amor ni como ironía. El breve pero jugoso anecdotario sobre el personaje Mad Crampi parece más atractivo que su obra angloparlante. Esta vez no fue torta de Manolo, sino el deseo de tabaco y un fernet los motivos de alejamiento de la sala para amenizar la espera por Los peyotes.
The Tulse Luper Suitcaises (The Moab Story). (Peter Greenaway). Puntaje: 7. Para decepción de muchos, no está mal admitir que esta vez le salió bien a Greenaway. Encima usa los truquitos de siempre (sí, toda esa parafernalia barroca que suele ser insoportable). Hay que reconocer que esta primera entrega (¿de 7?) no se vuelve nunca odiosa aunque se vuelve larga y densa. Greenaway parece haber notado que su necesidad de recargar la pantalla constantemente se vuelve, cuanto menos, agotadora y tal vez por eso la segunda mitad de la película parece ser más moderada visualmente. Habrá que esperar a una próxima edición para que no defraude y entregue el material por el que se ganó el odio de casi todos.
Destino (Domenique Monfery). Puntaje: 7. Todos esperaban este corto (muchísima gente sacó su entrada y se retiró después de este aperitivo). Casi todos esperaban muchísimo más de este corto. La conjunción de los mundos de Dalí y Disney, nada más. Es increíble ver en imágenes lo mismo que cualquiera podía imaginar de ese batido, ni una pizca de sorpresa. La animación parece un tanto torpe por momentos, aunque no deja de ser atrapante visualmente. Pudo haber sido chocante en el 46, cuando se pensó, pero la connotación sexual en los dibujos animados de Disney ya es moneda corriente por estos días.
Um Filme Falado (Manoel de Oliveira). Puntaje: 9. Los portugueses parecen estar majaretas. Al menos de quienes se proyectaron películas en el festival. Oliveira se toma casi tantas libertades como Monteiros y termina su film de forma abrupta, con un cambio de registro casi impensable. La cara de Malkovich congelada mientras pasan los créditos provoca esa sensación en el espectador (ojo, uno gritó “devuelvanmé la guita”). Hasta ese momento la película era el recorrido de una profesora de historia y su hija en un crucero desde Portugal a Egipto mientras ella daba una clase básica de historia y el capitán Malkovich trataba de chamullarse a todo lo que se movía.
Laurel Canyon (Lisa Cholodenko). Puntaje: 5. El hype más grande del festival. Todos se embobaron con Frances McDormand fumando porro todo el día y con su novio, un simpatiquísimo aspirante de Chris Martin. Es cierto que la película se permite un poco de acción entre ellos y la novia del hijo de Frances, pero no es mucho más que eso y el carisma del cantante. Christian Bale es el hijo insoportable y al hacer de la película su historia empalidece el relato. El último plano intenta aportar un poco de atractivo visual a un film que se había hundido hacía unas decenas de minutos.
Haute tension (Alexandre Aja). Puntaje: 6. Gore tan atractivo visualmente como idiota y reaccionario en lo argumental. Todo lo que se puede pensar que está mal en una historia se hace presente. Lo que le da placer a los ojos, también. Es cierto que el hecho de que la historia no cierre nunca es intencional (nadie puede ser tan idiota) y le da un tono irónico a la película, pero todo esto jamás termina de funcionar.
Naza Chong.
martes, abril 06, 2004
El fondo de Mar del Plata
Esto viene de acá, que venía de acá, pero antes estuvo esto:
*The five obstructions (Jørgen Leth y Lars von Trier). Puntaje: 5. Todos conocen la fama de enfant terrible de Von Trier. Acá intenta plasmarlo en la pantalla y queda como un boludo. La premisa de la película es tan interesante y prometedora como el ego de Lars von Trier: a partir de los condicionamientos del borracho del ego, Leth tiene que realizar 5 remakes de su corto del ’67, The Perfect Human. El primero funciona bien y también el que intenta verse como Waking Life (demasiado obvio en la película que de ahí pidieron prestada la idea como para no explicitarlo), pero los otros dan un poco de vergüenza ajena. Especialmente el último, en la que aquella premisa dogmática de no nombrar al director se remplaza por darle -o castigar con- el crédito a quien no lo dirigió. Ese corto deja un sabor amargo que parece imposible de endulzar, y también es una pena que todas las cumbres Leth-Von Trier estén filmadas con una irritante cámara en mano.
*The Perfect Human (Jørgen Leth). Puntaje: 10. El postre más sabroso después de una comida mediocre. La excitación que producía cada aparición de un fragmento del corto dentro del largo se multiplicó al poder verlo de corrido. Es increíble que cada elemento esté en el lugar en que produce un estímulo mayor. La voz en off es hipnótica (queda claro que Von Trier se inspiró en esta para utilizar la de Max von Sydow en su mejor película), la actuación de Claus Nissen aún hoy no atrasa un segundo y eso mismo sucede con el montaje, que parece hecho por algúnn revisionista (con buen gusto) de los sesenta. La distancia que toma Leth es la justa: se permite ironizar, sin que esa palabra se utilice con una connotación negativa. Es una lástima que se tuvo que aguantar 100 minutos de mediocridad antes de la felicidad hecha corto, pero se entiende que se haya programado después del largo, porque de otra forma durante su proyección no se podrían contener los abucheos.
Aileen: Life and Death of a Serial Killer (Nick Broomfield y Joan Churchill). Puntaje: 3. Otra muestra de ‘doxploitation’ del responsable de Kurt & Courtney y Biggie and Tupac. El canalla de acento inglés esta vez consigue bastante material interesante (quien haya visto Kurt & Courtney sabrá por qué eso es una rareza en él) y llega a exponerse como un chanta (muestra una trampa de edición que hizo en su documental anterior sobre el mismo tema, Aileen Wuornos: The Selling of a Serial Killer). Cada momento de Aileen en pantalla rebasa todo límite, parece un personaje complejísimo para retratar en menos de una hora y media, pero la omnipresente voz de Broomfield aparece todo el tiempo para intentar convencer al espectador cómo tiene que pensar y explicar qué quiso decir en realidad cada entrevistado. Quien asistió a la función para compararla luego con Monster, la película sobre Aileen que le valió uno de esos tipitos amarillos a Charlize Theron, puede sentir una indignación avasalladora y decepción al enterarse que Broomfield también estuvo metido en esa. Eso sí, la referencia a Día de la Independencia es de lo mejor y más divertido que se vio en una pantalla en años.
Twentynine Palms (Bruno Dumont). Puntaje: 1. Una de esas que parecen querer darle la razón a los que creen que las historias son importantes. Acá no pasa nada: durante la primera hora una pareja se pasea desnudándose por el desierto. Encima no había ningún otro lugar en el que apoyarse, la película no sólo se veía mal sino que se proyectó fuera de foco. No lo suficientemente fuera de foco como para que no se distinga que en el plano de la chica haciendo pis frente a cámara se veía la manguerita por la que fluía la falsa orina. Totalmente digna de pertenecer a la competencia oficial. Según imdb algo horrible y ‘hideous brutally’ pone fin al viaje de la pareja. Según otra fuente, a él se la dan por el culo... Quedará siempre la duda porque el deseo de una porción de torta en Manolo pudo más que la película.
*Vai e Vem (João César Monteiro). Puntaje: 10. Una de las que más prometía a priori y de las pocas que dignificó al festival. Fue triste descubrir todas las virtudes cinematográficas y carismáticas de Monteiro post mortem. Durante las 3 horas de viñetas de la película, Monteiro logra que viejo verde adorable no suene a contradicción. En el film se toma todas las libertades posibles, a nivel argumental y estilístico. Casi todos los planos de la película son fijos (el llanto de Bárbara tiene un sutil travelling que nos acerca a ella y en el funeral un divertidísimo plano giratorio) y de larga duración. No es necesario saber que Monteiro murió de cáncer tres meses antes de que se proyecte por primera vez este film en Cannes para sentir como una de las imágenes más emotivas del festival a la que lo muestra escapar del hospital (en el que estaba internado por meterse un consolador de, al menos, el tamaño de un botellón de champagne) después de tener sexo con una joven enfermera. Es inevitable sentir la necesidad de tomar un colectivo a la salida del cine.
Naza Chong.
*Se podrán ver en el 6° Bafici.
todavía queda una parte
*The five obstructions (Jørgen Leth y Lars von Trier). Puntaje: 5. Todos conocen la fama de enfant terrible de Von Trier. Acá intenta plasmarlo en la pantalla y queda como un boludo. La premisa de la película es tan interesante y prometedora como el ego de Lars von Trier: a partir de los condicionamientos del borracho del ego, Leth tiene que realizar 5 remakes de su corto del ’67, The Perfect Human. El primero funciona bien y también el que intenta verse como Waking Life (demasiado obvio en la película que de ahí pidieron prestada la idea como para no explicitarlo), pero los otros dan un poco de vergüenza ajena. Especialmente el último, en la que aquella premisa dogmática de no nombrar al director se remplaza por darle -o castigar con- el crédito a quien no lo dirigió. Ese corto deja un sabor amargo que parece imposible de endulzar, y también es una pena que todas las cumbres Leth-Von Trier estén filmadas con una irritante cámara en mano.
*The Perfect Human (Jørgen Leth). Puntaje: 10. El postre más sabroso después de una comida mediocre. La excitación que producía cada aparición de un fragmento del corto dentro del largo se multiplicó al poder verlo de corrido. Es increíble que cada elemento esté en el lugar en que produce un estímulo mayor. La voz en off es hipnótica (queda claro que Von Trier se inspiró en esta para utilizar la de Max von Sydow en su mejor película), la actuación de Claus Nissen aún hoy no atrasa un segundo y eso mismo sucede con el montaje, que parece hecho por algúnn revisionista (con buen gusto) de los sesenta. La distancia que toma Leth es la justa: se permite ironizar, sin que esa palabra se utilice con una connotación negativa. Es una lástima que se tuvo que aguantar 100 minutos de mediocridad antes de la felicidad hecha corto, pero se entiende que se haya programado después del largo, porque de otra forma durante su proyección no se podrían contener los abucheos.
Aileen: Life and Death of a Serial Killer (Nick Broomfield y Joan Churchill). Puntaje: 3. Otra muestra de ‘doxploitation’ del responsable de Kurt & Courtney y Biggie and Tupac. El canalla de acento inglés esta vez consigue bastante material interesante (quien haya visto Kurt & Courtney sabrá por qué eso es una rareza en él) y llega a exponerse como un chanta (muestra una trampa de edición que hizo en su documental anterior sobre el mismo tema, Aileen Wuornos: The Selling of a Serial Killer). Cada momento de Aileen en pantalla rebasa todo límite, parece un personaje complejísimo para retratar en menos de una hora y media, pero la omnipresente voz de Broomfield aparece todo el tiempo para intentar convencer al espectador cómo tiene que pensar y explicar qué quiso decir en realidad cada entrevistado. Quien asistió a la función para compararla luego con Monster, la película sobre Aileen que le valió uno de esos tipitos amarillos a Charlize Theron, puede sentir una indignación avasalladora y decepción al enterarse que Broomfield también estuvo metido en esa. Eso sí, la referencia a Día de la Independencia es de lo mejor y más divertido que se vio en una pantalla en años.
Twentynine Palms (Bruno Dumont). Puntaje: 1. Una de esas que parecen querer darle la razón a los que creen que las historias son importantes. Acá no pasa nada: durante la primera hora una pareja se pasea desnudándose por el desierto. Encima no había ningún otro lugar en el que apoyarse, la película no sólo se veía mal sino que se proyectó fuera de foco. No lo suficientemente fuera de foco como para que no se distinga que en el plano de la chica haciendo pis frente a cámara se veía la manguerita por la que fluía la falsa orina. Totalmente digna de pertenecer a la competencia oficial. Según imdb algo horrible y ‘hideous brutally’ pone fin al viaje de la pareja. Según otra fuente, a él se la dan por el culo... Quedará siempre la duda porque el deseo de una porción de torta en Manolo pudo más que la película.
*Vai e Vem (João César Monteiro). Puntaje: 10. Una de las que más prometía a priori y de las pocas que dignificó al festival. Fue triste descubrir todas las virtudes cinematográficas y carismáticas de Monteiro post mortem. Durante las 3 horas de viñetas de la película, Monteiro logra que viejo verde adorable no suene a contradicción. En el film se toma todas las libertades posibles, a nivel argumental y estilístico. Casi todos los planos de la película son fijos (el llanto de Bárbara tiene un sutil travelling que nos acerca a ella y en el funeral un divertidísimo plano giratorio) y de larga duración. No es necesario saber que Monteiro murió de cáncer tres meses antes de que se proyecte por primera vez este film en Cannes para sentir como una de las imágenes más emotivas del festival a la que lo muestra escapar del hospital (en el que estaba internado por meterse un consolador de, al menos, el tamaño de un botellón de champagne) después de tener sexo con una joven enfermera. Es inevitable sentir la necesidad de tomar un colectivo a la salida del cine.
Naza Chong.
*Se podrán ver en el 6° Bafici.
todavía queda una parte
viernes, abril 02, 2004
Mar del Plata dulce
La continuación de esto, que continuaba esto:
The Soul of a Man (Wim Wenders). Puntaje: 7. Una de las 7 películas sobre blues que produjo Marty Scorsesse (lo que quedó de The Soul of a Man y otras tres de la serie se proyectarían en el bafici). Wenders se sumerge en la vida de JB Leloir y Skip James, el segundo más interesante a nivel musical y biográfico que el primero. Skip se destaca en un género que constantemente repite fórmulas y en el que siempre todo tiempo pasado parece haber sido mejor. Sin embargo, el material fílmico de JB es presentado por, tal vez, los más simpáticos e inocentes sueco americanos que se puedan encontrar. En las performances de las canciones de ellos por bandas actuales se puede ver por qué es un género que agoniza desde hace décadas: lo más interesante proviene de quienes están más alejados del género. Tanto el material de archivo como las reconstrucciones tienen fluidez suficiente como para soportar una proyección en el Neptuno (se ltrabó el proyector dos o tres veces). Lo que menos funciona es la voz en off de Lawrence Fishburne que recorre la narración interpretando a Blind Willie Johnson, creador de Dark Was the Night.
In my Skin (Marina de Van). Puntaje: 10. Marina hace de todo en la sorpresa del festival: escribió, dirigió y protagonizó. Se decía que la mujer y el cine tenía la programación más pareja del festival, pero este tal vez sea el punto más alto. Viaje de iniciación en la autodestrucción y la antropofagia de una chica que parecería tenerlo todo para cualquier jubilado en la audiencia. ¿Por qué? Sólo por placer. La película elige cuando ser explícita y cuando trabajar fuera de campo y con silencios. El plano final es simplemente hermoso.
Into the mirror (Seong-ho Kim). Puntaje: 4. Otra más de terror. Otra más que asusta varias veces. Otra mediocre más. Si bien en los primeros minutos parecía (más) reaccionaria, el gancho de la película por momentos logra esconder sus fallas bajo la alfombra. El principal problema es que por momentos se aleja del terror y se embarra con el policial. Un par de planos visualmente logrados, una idea piola (la vida del otro lado del espejo), muchas decisiones idiotas y nada más.
Bartok (Ken Russell). Puntaje: 8. Especial para la BBC en blanco y negro sobre Béla Bartok. Ya en el ’64 Russell parecía tener conciencia de las bases de un videoclip. El film funciona siempre y nunca sus imágenes se vuelven redundantes (gran tentación clipera). Un acercamiento a la música de Bartok, pero con el acento en el aspecto visual.
Dance of the Seven Veils (Ken Russell). Puntaje: 6. Segundo especial para la BBC de un compositor europeo del doble programa Russell. Esta vez es el turno de Richard Strauss. Russell se acerca a lo que sería una biopic camp del alemán, en la que no se esquiva su relación con el nazismo, aunque se le buscan explica/justificaciones. Pierde en comparación con Bartok y además sufre por el desgaste que produce un doble programa televisivo.
Naza Chong.
seguirá continuando
The Soul of a Man (Wim Wenders). Puntaje: 7. Una de las 7 películas sobre blues que produjo Marty Scorsesse (lo que quedó de The Soul of a Man y otras tres de la serie se proyectarían en el bafici). Wenders se sumerge en la vida de JB Leloir y Skip James, el segundo más interesante a nivel musical y biográfico que el primero. Skip se destaca en un género que constantemente repite fórmulas y en el que siempre todo tiempo pasado parece haber sido mejor. Sin embargo, el material fílmico de JB es presentado por, tal vez, los más simpáticos e inocentes sueco americanos que se puedan encontrar. En las performances de las canciones de ellos por bandas actuales se puede ver por qué es un género que agoniza desde hace décadas: lo más interesante proviene de quienes están más alejados del género. Tanto el material de archivo como las reconstrucciones tienen fluidez suficiente como para soportar una proyección en el Neptuno (se ltrabó el proyector dos o tres veces). Lo que menos funciona es la voz en off de Lawrence Fishburne que recorre la narración interpretando a Blind Willie Johnson, creador de Dark Was the Night.
In my Skin (Marina de Van). Puntaje: 10. Marina hace de todo en la sorpresa del festival: escribió, dirigió y protagonizó. Se decía que la mujer y el cine tenía la programación más pareja del festival, pero este tal vez sea el punto más alto. Viaje de iniciación en la autodestrucción y la antropofagia de una chica que parecería tenerlo todo para cualquier jubilado en la audiencia. ¿Por qué? Sólo por placer. La película elige cuando ser explícita y cuando trabajar fuera de campo y con silencios. El plano final es simplemente hermoso.
Into the mirror (Seong-ho Kim). Puntaje: 4. Otra más de terror. Otra más que asusta varias veces. Otra mediocre más. Si bien en los primeros minutos parecía (más) reaccionaria, el gancho de la película por momentos logra esconder sus fallas bajo la alfombra. El principal problema es que por momentos se aleja del terror y se embarra con el policial. Un par de planos visualmente logrados, una idea piola (la vida del otro lado del espejo), muchas decisiones idiotas y nada más.
Bartok (Ken Russell). Puntaje: 8. Especial para la BBC en blanco y negro sobre Béla Bartok. Ya en el ’64 Russell parecía tener conciencia de las bases de un videoclip. El film funciona siempre y nunca sus imágenes se vuelven redundantes (gran tentación clipera). Un acercamiento a la música de Bartok, pero con el acento en el aspecto visual.
Dance of the Seven Veils (Ken Russell). Puntaje: 6. Segundo especial para la BBC de un compositor europeo del doble programa Russell. Esta vez es el turno de Richard Strauss. Russell se acerca a lo que sería una biopic camp del alemán, en la que no se esquiva su relación con el nazismo, aunque se le buscan explica/justificaciones. Pierde en comparación con Bartok y además sufre por el desgaste que produce un doble programa televisivo.
Naza Chong.
seguirá continuando
miércoles, marzo 31, 2004
Top 5 y bottom 5 MDQ
Agustín Mango:
Top 5: 1- In my skin (gracias, Marina de Van). 2- Destino (Disney & Dalí). 3- Juliana Gattas de Miranda! cantando Crying en español (versión Mullholland Dr.). 4- El Abrazo Partido (Daniel Burman). 5- The Five Obstructions (Jörgen Leth con ayudita/tortura de Lars Von Trier).
Bottom 5: 1- Los 15 minutos que soporté de The Blue Butterfly. 2- Gone (Zoltan Paul). 3- La onda de mierda entre Adicta y el público (no se la merecían). 4- Intoxicarme y pasar un día queriendo estar muerto(sospecho de unos ñoquis demasiado económicos). 5- Free Radicals (mezcla de Altman con Todd Solondz).
Juan Manuel Dominguez:
Top 5: 1- In my skin (Marina De Van). 2- Last life in the universe (Pen-ek Ratanaruang). 3- Mortadelo y Filemon La gran Aventura (Javier Fesser). 4- Vai e vem (Joao Cesar Monteiro). 5- Destino (Corto de Dali y Disney).
Bottom 5: 1- Buena Vida Delivery (Leonardo Di Cesare). 2- Paloma de papel (Fabrizio Aguilar). 3- Lost Sailors (Claire Devers). 4- Haute Tension (Alexandre Aja). 5- Dead End (Jean-Baptiste Andrea , Fabrice Canepa).
Guido Segal:
Top 5: 1- American Splendor. 2- Tulse Luper Suitcases: The Moab Story. 3- The perfect human + The five obstructions. 4- Dealer. 5- Last life in the universe.
Bottom 5: 1- Carandirú. 2- Segui le ombre. 3- Gone. 4- Beautiful losers. 5- Twentynine palms.
Juan P. Martínez:
Top 5: 1- La gran aventura de Mortadelo y Filemón (Javier Fesser). 2- Last Life in the Universe (Pen-ek Ratanaruang). 3- Um filme falado (Manoel de Oliveira). 4- Laurel Canyon (Lisa Cholodenko). 5- A British Picture (Ken Russell).
Bottom 5: 1- Buena vida Delivery (Leonardo Di Cesare). 2- Haute Tension (Alexandre Aja). 3- Carandiru (Héctor Babenco). 4- Segui le ombre (Lucio Gaudino). 5- Uzak (Nuri Bilge Ceylan).
Naza Chong:
Mejores: Los soñadores (Bernardo Bertolucci) - The Last Life in the Universe (Pan-Ek Ratanaruang) - In my Skin (Marina de Van) -The Perfect Human (Jørgen Leth) - Vai e Vem (João César Monteiro).
Bottom 5: 1- Twentynine Palms. 2- Hasta después de muerta. 3- I´ll See You in my Dreams. 4- Aileen: Life and Death of a Serial Killer. 5- Dead End.
Top 5: 1- In my skin (gracias, Marina de Van). 2- Destino (Disney & Dalí). 3- Juliana Gattas de Miranda! cantando Crying en español (versión Mullholland Dr.). 4- El Abrazo Partido (Daniel Burman). 5- The Five Obstructions (Jörgen Leth con ayudita/tortura de Lars Von Trier).
Bottom 5: 1- Los 15 minutos que soporté de The Blue Butterfly. 2- Gone (Zoltan Paul). 3- La onda de mierda entre Adicta y el público (no se la merecían). 4- Intoxicarme y pasar un día queriendo estar muerto(sospecho de unos ñoquis demasiado económicos). 5- Free Radicals (mezcla de Altman con Todd Solondz).
Juan Manuel Dominguez:
Top 5: 1- In my skin (Marina De Van). 2- Last life in the universe (Pen-ek Ratanaruang). 3- Mortadelo y Filemon La gran Aventura (Javier Fesser). 4- Vai e vem (Joao Cesar Monteiro). 5- Destino (Corto de Dali y Disney).
Bottom 5: 1- Buena Vida Delivery (Leonardo Di Cesare). 2- Paloma de papel (Fabrizio Aguilar). 3- Lost Sailors (Claire Devers). 4- Haute Tension (Alexandre Aja). 5- Dead End (Jean-Baptiste Andrea , Fabrice Canepa).
Guido Segal:
Top 5: 1- American Splendor. 2- Tulse Luper Suitcases: The Moab Story. 3- The perfect human + The five obstructions. 4- Dealer. 5- Last life in the universe.
Bottom 5: 1- Carandirú. 2- Segui le ombre. 3- Gone. 4- Beautiful losers. 5- Twentynine palms.
Juan P. Martínez:
Top 5: 1- La gran aventura de Mortadelo y Filemón (Javier Fesser). 2- Last Life in the Universe (Pen-ek Ratanaruang). 3- Um filme falado (Manoel de Oliveira). 4- Laurel Canyon (Lisa Cholodenko). 5- A British Picture (Ken Russell).
Bottom 5: 1- Buena vida Delivery (Leonardo Di Cesare). 2- Haute Tension (Alexandre Aja). 3- Carandiru (Héctor Babenco). 4- Segui le ombre (Lucio Gaudino). 5- Uzak (Nuri Bilge Ceylan).
Naza Chong:
Mejores: Los soñadores (Bernardo Bertolucci) - The Last Life in the Universe (Pan-Ek Ratanaruang) - In my Skin (Marina de Van) -The Perfect Human (Jørgen Leth) - Vai e Vem (João César Monteiro).
Bottom 5: 1- Twentynine Palms. 2- Hasta después de muerta. 3- I´ll See You in my Dreams. 4- Aileen: Life and Death of a Serial Killer. 5- Dead End.
lunes, marzo 29, 2004
El gusto por la crueldad
La pasión de Cristo (The Passion of the Christ, 2003). Dirigida por Mel Gibson. Con Jim Caviezel, Monica Belucci y Maia Morgenstern. Ficha técnica.
ESTRENO
Puntaje: 2. En los diarios: Marcelo Zapata (Ámbito Financiero): 6; Bartolomé de Vedia (La Nación): 8, Pablo O. Scholz (Clarín): 6 pero hay otra mirada por Diego Lerer; Horacio Bernades (Página/12). Metacritic: 43. Rottentomatoes: 50%
Antes de empezar cualquier polémica y de debatir sobre los aspectos religiosos, ideológicos o éticos de la Pasión de Cristo, hay que decir que se trata de una muy mala película. Nada importa que sea fiel a los Evangelios, una vez que Mel Gibson decidió hacer película esos textos (o una parte de ellos) lo único que interesa es el resultado estético de esa adaptación. Y el resultado es nulo. Si uno piensa en Corazón Valiente, en los maravillosos planos generales de esa película y en sus batallas filmadas con imaginación y pasión, resulta imposible creer que se trate del mismo director que ahora filmó La pasión de cristo, una película perezosa y monótona, llena de planos cortos cargados de actuaciones intensas (y falsas) y de ralentis excesivos que sólo sirven para estirar un relato sin rumbo. Pareciera que Gibson se tragó la biblia y la escupió así nomás, sin elaborarla, sin hacer una lectura de ella. Por eso todo parece estar resuelto desde un comienzo, todo está sobreentendido y no hace falta darle al personaje de Cristo algún tipo de dimensión dentro la película. Y esto lleva a lo que tal vez sea el origen del pésimo resultado conseguido por el director. Lo único que parece interesarle a Gibson es el sufrimiento físico. Por eso le dedica tanto a ese aspecto y tan poco a la construcción de un relato interesante. Mientras que los momentos en los que se ve a Jesús predicando los resuelve a través de flasbacks desganados filmados de compromiso, todas y cada una de las torturas físicas son retratadas con mucho cuidado en los detalles, con especial atención en las armas utilizadas, con un sádico regodeo en las heridas y resaltando el placer que los soldados romanos sienten al castigar a su víctima. Mismo placer que siente Gibson al ver sufrir a su personaje. Por eso en el final, en el momento de la resurrección, lo que más le importa es encuadrar de tal forma que se note el agujero de la mano de Jesús. Ese placer por la crueldad hace que La pasión de Cristo sea, además de mala, abyecta.
Sebastián Nuñez.
ESTRENO
Puntaje: 2. En los diarios: Marcelo Zapata (Ámbito Financiero): 6; Bartolomé de Vedia (La Nación): 8, Pablo O. Scholz (Clarín): 6 pero hay otra mirada por Diego Lerer; Horacio Bernades (Página/12). Metacritic: 43. Rottentomatoes: 50%
Antes de empezar cualquier polémica y de debatir sobre los aspectos religiosos, ideológicos o éticos de la Pasión de Cristo, hay que decir que se trata de una muy mala película. Nada importa que sea fiel a los Evangelios, una vez que Mel Gibson decidió hacer película esos textos (o una parte de ellos) lo único que interesa es el resultado estético de esa adaptación. Y el resultado es nulo. Si uno piensa en Corazón Valiente, en los maravillosos planos generales de esa película y en sus batallas filmadas con imaginación y pasión, resulta imposible creer que se trate del mismo director que ahora filmó La pasión de cristo, una película perezosa y monótona, llena de planos cortos cargados de actuaciones intensas (y falsas) y de ralentis excesivos que sólo sirven para estirar un relato sin rumbo. Pareciera que Gibson se tragó la biblia y la escupió así nomás, sin elaborarla, sin hacer una lectura de ella. Por eso todo parece estar resuelto desde un comienzo, todo está sobreentendido y no hace falta darle al personaje de Cristo algún tipo de dimensión dentro la película. Y esto lleva a lo que tal vez sea el origen del pésimo resultado conseguido por el director. Lo único que parece interesarle a Gibson es el sufrimiento físico. Por eso le dedica tanto a ese aspecto y tan poco a la construcción de un relato interesante. Mientras que los momentos en los que se ve a Jesús predicando los resuelve a través de flasbacks desganados filmados de compromiso, todas y cada una de las torturas físicas son retratadas con mucho cuidado en los detalles, con especial atención en las armas utilizadas, con un sádico regodeo en las heridas y resaltando el placer que los soldados romanos sienten al castigar a su víctima. Mismo placer que siente Gibson al ver sufrir a su personaje. Por eso en el final, en el momento de la resurrección, lo que más le importa es encuadrar de tal forma que se note el agujero de la mano de Jesús. Ese placer por la crueldad hace que La pasión de Cristo sea, además de mala, abyecta.
Sebastián Nuñez.
Fiat voluntas tua, sicut in populo et in cinema
La pasión de Cristo (The Passion of the Christ, 2003). Dirigida por Mel Gibson. Con Jim Caviezel, Monica Belucci y Maia Morgenstern. Ficha técnica.
ESTRENO
Puntaje: 9. En los diarios: Marcelo Zapata (Ámbito Financiero): 6; Bartolomé de Vedia (La Nación): 8, Pablo O. Scholz (Clarín): 6 pero hay otra mirada por Diego Lerer; Horacio Bernades (Página/12). Metacritic: 43. Rottentomatoes: 50%
No es novedad que la pintura italiana prerrenacentista se basa casi enteramente en temas religiosos. Antes de la concepción antropocentrista, el arte se valoraba más por su carácter evangelizador que por su estética; esto no implica que el cuidado por las formas esté ausente. De hecho, si estos cuadros y sus respectivos creadores persisten en los estudios contemporáneos, escasas veces se debe al tema pintado (establecido por la época) ya que es la manera de pintarlo lo innovador o distintivo. Si los nombres de el Giotto, Masaccio o Piero della Francesca son para nosotros nombres de peso, no es por pintar la Enunciación o la Crucificción, sino por sus trabajos con el volumen o con la composición.
Recién considerando este hecho podemos apreciar La Pasión de Cristo en su entera dimensión. En efecto, ¿hay alguien que no conozca el relato de la vida y muerte de Jesús de Nazareth? ¿Importa la historia si hasta el detalle más nimio es de público conocimiento? Mel Gibson se inscribe en la línea de los pintores italianos medievales y utiliza una historia ultraconocida para un trabajo formal descomunal. Es maravillosa la paleta tonal de la película, que oscila entre un color ocre/naranja, que da la sensación de lejanía pero a la vez realza el misticismo y lo exótico, y un tono azul apagado, que contagia la idea de desolación y desamparo. No es menos relevante el uso del latín y el arameo: generan una distancia revitalizadora con el relato, le dan vida a un pedazo de Historia.
Sin embargo, existe un mérito por sobre todos los otros en el film de Gibson y es que logra darle vida a una narración petrificada. Aun si podemos predecir qué pasará a continuación, las escenas fluyen con una potencia visual arrolladora. Hermosos planos cenitales, perturbadoras subjetivas del Jesús malherido, primeros planos de rostros sucios y lastimados, todo se fusiona admirablemente para reinventar un cuento conocido. La crucificción es un momento verdaderamente emocionante y ni el combo cámara lenta + canto gregoriano logran empañar esto.
Algunos dirán que Gibson es un maestro de catequésis, pero se vale de recursos plenamente cinematográficos (los flashbacks en base a la obra de Cristo están justificados dramáticamente) para construir una película fascinante. Cabría decir que si la cinefilia es una religión, odiar a esta película es sinónimo de herejía.
Guido Segal.
ESTRENO
Puntaje: 9. En los diarios: Marcelo Zapata (Ámbito Financiero): 6; Bartolomé de Vedia (La Nación): 8, Pablo O. Scholz (Clarín): 6 pero hay otra mirada por Diego Lerer; Horacio Bernades (Página/12). Metacritic: 43. Rottentomatoes: 50%
No es novedad que la pintura italiana prerrenacentista se basa casi enteramente en temas religiosos. Antes de la concepción antropocentrista, el arte se valoraba más por su carácter evangelizador que por su estética; esto no implica que el cuidado por las formas esté ausente. De hecho, si estos cuadros y sus respectivos creadores persisten en los estudios contemporáneos, escasas veces se debe al tema pintado (establecido por la época) ya que es la manera de pintarlo lo innovador o distintivo. Si los nombres de el Giotto, Masaccio o Piero della Francesca son para nosotros nombres de peso, no es por pintar la Enunciación o la Crucificción, sino por sus trabajos con el volumen o con la composición.
Recién considerando este hecho podemos apreciar La Pasión de Cristo en su entera dimensión. En efecto, ¿hay alguien que no conozca el relato de la vida y muerte de Jesús de Nazareth? ¿Importa la historia si hasta el detalle más nimio es de público conocimiento? Mel Gibson se inscribe en la línea de los pintores italianos medievales y utiliza una historia ultraconocida para un trabajo formal descomunal. Es maravillosa la paleta tonal de la película, que oscila entre un color ocre/naranja, que da la sensación de lejanía pero a la vez realza el misticismo y lo exótico, y un tono azul apagado, que contagia la idea de desolación y desamparo. No es menos relevante el uso del latín y el arameo: generan una distancia revitalizadora con el relato, le dan vida a un pedazo de Historia.
Sin embargo, existe un mérito por sobre todos los otros en el film de Gibson y es que logra darle vida a una narración petrificada. Aun si podemos predecir qué pasará a continuación, las escenas fluyen con una potencia visual arrolladora. Hermosos planos cenitales, perturbadoras subjetivas del Jesús malherido, primeros planos de rostros sucios y lastimados, todo se fusiona admirablemente para reinventar un cuento conocido. La crucificción es un momento verdaderamente emocionante y ni el combo cámara lenta + canto gregoriano logran empañar esto.
Algunos dirán que Gibson es un maestro de catequésis, pero se vale de recursos plenamente cinematográficos (los flashbacks en base a la obra de Cristo están justificados dramáticamente) para construir una película fascinante. Cabría decir que si la cinefilia es una religión, odiar a esta película es sinónimo de herejía.
Guido Segal.
viernes, marzo 26, 2004
Mar del Plata segura
La continuación de esto:
American Splendor (Shari Springer Berman y Robert Pulcini). Puntaje: 7. Una de las que más prometía a priori y que cumplió sin creces. La película es coherente no sólo con la estética comiquera en general sino también con el trabajo de Pekar. Tan coherente que en algún momento es inevitable pensar “ok, mete la vida real en el comic, hay que hacerlo en la película, se entendió, a otra cosa…” No es la única idea del film, pero es la que pide a gritos la atención todo el tiempo. Es cierto que en los primeros minutos funciona de maravilla y lo mismo sucede en las cumbres Pekar-Letterman. Paul Giamatti cumple y dignifica en un papel que tal vez lo saque de ese espacio reservado para gemas ocultas. Por momentos, James Urbaniak se parece más a Kyle MacLachlan que a Robert Crumb.
Afropunk: The ‘Rock n Roll Nigger’ Experience (James Spooner). Puntaje: 5. Demasiados temas e historias interesantes para un documental al que le falta trabajo de montaje. Puede pensarse como un documental para Mtv que la señal perversa rebotó ‘porque hay mucho negro’. Es menos cruel pensar en el DIY como única herramienta. Fundidos a negro que marcan la separación temática y dan lugar a una gran cantidad de personajes que introducen el nuevo tema repitiendo la misma frase. Funciona para estudiar las distintas etapas de la madurez de los punks: la evolución que se ve desde la principiante Mariko a la militante Tamar-Kali es abrumadora. Spooner cuenta su historia a través de 4 personajes y acierta al ponerlos a ellos por encima de todos (si quieren reconocer a los Fishbone, D.H. Peligro y demás etcéteras no esperen que aparezcan con el cartelito abajo). Una película que todo el tiempo busca ser discutida, porque esa es la manera de instalar un tema.
The Last Life in the Universe (Pan-Ek Ratanaruang). Puntaje: 10. La primera gran sorpresa del festival. Otra de las películas que son tan placenteras para ver como para escuchar. Un buen ladrillo para tirarle por la cabeza a quienes afirman que las comedias son siempre leves (casi nunca lo son). No para nunca: desde la sorpresa de su comienzo (el personaje central imaginando su suicidio en intentándolo varias veces sin resultados) a la avalancha de emociones del desenlace. Casi una suerte de Perdidos en Tailandia e incluso algún contrera podrá objetarle algún chiste en el mismo sentido que se le hizo a Sofia Coppola. Incluye un cameo desopilante de Takashi Miike. Dime con quien andas...
Une place parmi los vivants (Raoul Ruiz). Puntaje: 8. Noir que se ríe de los noirs y de las parodias de los noirs y… Con asesinatos que no dejan de ser divertidos, un tono azulado omnipresente y una insoportable música que parece remitir a las propagandas de algún magazine del cable. La narración fluye con tranquilidad y el grado de disparates tiene un increscendo en el que se termina pensando que es ridículo suicidarse sin una botella de vino y un cigarrillo en la mano. Una historia tan simple como absurda, y ese es precisamente uno de sus mayores atractivos (sin olvidar la destreza de Ruiz con la cámara).
I´ll See You in My Dreams (Miguel Angel Vivas). Puntaje: 2. Los problemas que se le pueden achacar a Farsa se encuentran aquí a la enésima potencia. Un maquillaje sin sutilezas parece ser la única idea del corto y tal vez también culpable para que este corto esté dando vueltas por festivales. Una historia de zombies idiotas (la historia y los zombies) plagada de flashbacks idems en las que se ven los traumas del personaje y de paso se explica de que va la historia.
Dead End (Jean-Baptiste Andrea y Fabrice Canepa). Puntaje: 3. Terror psicológico idiota (perdón la redundancia) que cumple con la cada vez más popular premisa “te asustás, pero la película es una mierda”. Golpes de efectos que funcionan y algún que otro chiste homofóbico divertido entre tanta actuación desastrosa y mogoliquismo explícitamente reiterado en las vueltas de tuerca. El plano que muestra el bosque es bonito, pero hace acordar al 'plano de los caballitos' de El Secdleto de la Tlompeta. Le gustó a Guido. A Agustín, también.
Beyond Re-animator (Brian Yuzna). Puntaje: 4. Una película Santiago Segura. Tan divertida como torpe y gastada. Narración renga e infinidad de ‘planos estelares’ (esos que llaman bien la atención). Se proyectó sin subtítulos. Algunas personas se fueron, pero era como irse de una película de Dario Argento por la falta de subtítulos. Se ve que todavía muchos, además del inglés tampoco entienden que historias y cine no son sinónimos.
Naza Chong.
continuará
American Splendor (Shari Springer Berman y Robert Pulcini). Puntaje: 7. Una de las que más prometía a priori y que cumplió sin creces. La película es coherente no sólo con la estética comiquera en general sino también con el trabajo de Pekar. Tan coherente que en algún momento es inevitable pensar “ok, mete la vida real en el comic, hay que hacerlo en la película, se entendió, a otra cosa…” No es la única idea del film, pero es la que pide a gritos la atención todo el tiempo. Es cierto que en los primeros minutos funciona de maravilla y lo mismo sucede en las cumbres Pekar-Letterman. Paul Giamatti cumple y dignifica en un papel que tal vez lo saque de ese espacio reservado para gemas ocultas. Por momentos, James Urbaniak se parece más a Kyle MacLachlan que a Robert Crumb.
Afropunk: The ‘Rock n Roll Nigger’ Experience (James Spooner). Puntaje: 5. Demasiados temas e historias interesantes para un documental al que le falta trabajo de montaje. Puede pensarse como un documental para Mtv que la señal perversa rebotó ‘porque hay mucho negro’. Es menos cruel pensar en el DIY como única herramienta. Fundidos a negro que marcan la separación temática y dan lugar a una gran cantidad de personajes que introducen el nuevo tema repitiendo la misma frase. Funciona para estudiar las distintas etapas de la madurez de los punks: la evolución que se ve desde la principiante Mariko a la militante Tamar-Kali es abrumadora. Spooner cuenta su historia a través de 4 personajes y acierta al ponerlos a ellos por encima de todos (si quieren reconocer a los Fishbone, D.H. Peligro y demás etcéteras no esperen que aparezcan con el cartelito abajo). Una película que todo el tiempo busca ser discutida, porque esa es la manera de instalar un tema.
The Last Life in the Universe (Pan-Ek Ratanaruang). Puntaje: 10. La primera gran sorpresa del festival. Otra de las películas que son tan placenteras para ver como para escuchar. Un buen ladrillo para tirarle por la cabeza a quienes afirman que las comedias son siempre leves (casi nunca lo son). No para nunca: desde la sorpresa de su comienzo (el personaje central imaginando su suicidio en intentándolo varias veces sin resultados) a la avalancha de emociones del desenlace. Casi una suerte de Perdidos en Tailandia e incluso algún contrera podrá objetarle algún chiste en el mismo sentido que se le hizo a Sofia Coppola. Incluye un cameo desopilante de Takashi Miike. Dime con quien andas...
Une place parmi los vivants (Raoul Ruiz). Puntaje: 8. Noir que se ríe de los noirs y de las parodias de los noirs y… Con asesinatos que no dejan de ser divertidos, un tono azulado omnipresente y una insoportable música que parece remitir a las propagandas de algún magazine del cable. La narración fluye con tranquilidad y el grado de disparates tiene un increscendo en el que se termina pensando que es ridículo suicidarse sin una botella de vino y un cigarrillo en la mano. Una historia tan simple como absurda, y ese es precisamente uno de sus mayores atractivos (sin olvidar la destreza de Ruiz con la cámara).
I´ll See You in My Dreams (Miguel Angel Vivas). Puntaje: 2. Los problemas que se le pueden achacar a Farsa se encuentran aquí a la enésima potencia. Un maquillaje sin sutilezas parece ser la única idea del corto y tal vez también culpable para que este corto esté dando vueltas por festivales. Una historia de zombies idiotas (la historia y los zombies) plagada de flashbacks idems en las que se ven los traumas del personaje y de paso se explica de que va la historia.
Dead End (Jean-Baptiste Andrea y Fabrice Canepa). Puntaje: 3. Terror psicológico idiota (perdón la redundancia) que cumple con la cada vez más popular premisa “te asustás, pero la película es una mierda”. Golpes de efectos que funcionan y algún que otro chiste homofóbico divertido entre tanta actuación desastrosa y mogoliquismo explícitamente reiterado en las vueltas de tuerca. El plano que muestra el bosque es bonito, pero hace acordar al 'plano de los caballitos' de El Secdleto de la Tlompeta. Le gustó a Guido. A Agustín, también.
Beyond Re-animator (Brian Yuzna). Puntaje: 4. Una película Santiago Segura. Tan divertida como torpe y gastada. Narración renga e infinidad de ‘planos estelares’ (esos que llaman bien la atención). Se proyectó sin subtítulos. Algunas personas se fueron, pero era como irse de una película de Dario Argento por la falta de subtítulos. Se ve que todavía muchos, además del inglés tampoco entienden que historias y cine no son sinónimos.
Naza Chong.
continuará
Shock de la cárcel
Carandiru (Brasil, 2003). Dirigida por Héctor Babenco. Con Luiz Carlos Vasconcelos, Milhem Cortaz, Aida Leiner y Rodrigo Santoro. Ficha técnica.
ESTRENO
Puntaje: 1
Estamos aquí ante un nuevo despropósito en envase de docudrama perpetrado por Babenco. Film carcelario basado en hechos reales, sobre la vida de los internos de la cárcel del título, la historia está vista desde los ojos de un médico de la cárcel, Dráuzio Varella, autor de la novela en la que se basa y cuya voz en off va y viene cuando a Babenco le conviene. Durante los primeros tres cuartos de esta innecesaria y soporíferamente larga película, uno puede apreciar un relato completamente banal y superficial, con personajes carentes de interés –no por mérito propio sino debido a la chatura con la que fueron trazados por Babenco- y un humor rayano en la homofobia –algo raro viniendo de alguien que alguna vez adaptó a Puig-, que rara vez escapa del formato telefilm.
Hasta aquí un bodrio más. Pero lo más indignante de la película se sucede en su desenlace, donde se arma un motín y la policía perpetra una sangrienta masacre. Es en este momento donde Babenco abandona la chatura visual –más allá de algún que otro juego de luces para lograr formas de cruces y otras bobadas por el estilo- y comienza la pesadilla. Mientras se suceden las sangrientas muertes, Babenco las estetiza de modo canallesco, se regodea todo el tiempo con la sangre y así justifica de punta a punta aquel famoso ensayo de Serge Daney sobre el travelling de Kapó. El plano que ilustra el afiche del film, con una imagen visualmente “linda” de los internos desnudos esperando ser asesinados es un monumento a la abyección, y el momento en el que corre un río de sangre que remite a –bah, está robado de- El resplandor de Kubrick es simplemente inadmisible. Es así como Carandiru termina pasando de ser una mala película a ser un film muy peligroso. A Babenco debería darle vergüenza.
Juan P. Martínez.
ESTRENO
Puntaje: 1
Estamos aquí ante un nuevo despropósito en envase de docudrama perpetrado por Babenco. Film carcelario basado en hechos reales, sobre la vida de los internos de la cárcel del título, la historia está vista desde los ojos de un médico de la cárcel, Dráuzio Varella, autor de la novela en la que se basa y cuya voz en off va y viene cuando a Babenco le conviene. Durante los primeros tres cuartos de esta innecesaria y soporíferamente larga película, uno puede apreciar un relato completamente banal y superficial, con personajes carentes de interés –no por mérito propio sino debido a la chatura con la que fueron trazados por Babenco- y un humor rayano en la homofobia –algo raro viniendo de alguien que alguna vez adaptó a Puig-, que rara vez escapa del formato telefilm.
Hasta aquí un bodrio más. Pero lo más indignante de la película se sucede en su desenlace, donde se arma un motín y la policía perpetra una sangrienta masacre. Es en este momento donde Babenco abandona la chatura visual –más allá de algún que otro juego de luces para lograr formas de cruces y otras bobadas por el estilo- y comienza la pesadilla. Mientras se suceden las sangrientas muertes, Babenco las estetiza de modo canallesco, se regodea todo el tiempo con la sangre y así justifica de punta a punta aquel famoso ensayo de Serge Daney sobre el travelling de Kapó. El plano que ilustra el afiche del film, con una imagen visualmente “linda” de los internos desnudos esperando ser asesinados es un monumento a la abyección, y el momento en el que corre un río de sangre que remite a –bah, está robado de- El resplandor de Kubrick es simplemente inadmisible. Es así como Carandiru termina pasando de ser una mala película a ser un film muy peligroso. A Babenco debería darle vergüenza.
Juan P. Martínez.
jueves, marzo 25, 2004
Mar del Plata quemada
Por orden de visión:
The Tesseract (Oxide Pang). Puntaje: 4. Otra vez el viejo truco de repetir varias veces el mismo suceso desde distintos puntos de vista. La película tiene una mezcla clipera-publicitaria en el sentido utilizado por la crítica más rancia: banda sonora que son sólo canciones (mal) pegadas y esa suerte de post montaje que se popularizó mundialmente con las últimas entregas de Matrix (jueguitos entre imagen y sonido, cambios de velocidades y secuencias con planos de corta duración). Un momento visual interesante (una cogida que no se entiende muy bien y por momentos se filma con la cámara dada vuelta) dentro de una infinidad abrumadora de ‘cámaras imposibles’ y dos chistes buenos (uno, sobre un inventado Durion Pudin, muy bueno en realidad) dentro de una película publicitariamente sensiblera. Llama la atención que el catálogo del festival no mencionaba que la película estaba basada en una novela de Alex Garland, pero es entendible cuando se nota que la adaptación es muy mala. Muchísimo menos que la inflada The Eye que se exhibió en el MDQ anterior.
Hasta después de muerta (Parravicini, Gunche, De la Pera). Puntaje: 2. De los responsables de Nobleza Gaucha llega este intento silencioso de cruza entre comedia y melo. Chistes que atrasan casi un siglo (plop!) y que buscan el humor en todos los lugares equivocados (siempre fue pelotudo asumir que la gorda no coge aunque quiere y burlarse de eso) y pasiones contenidas al no permitirse jamás la cursilería. Lo peor es que parece un libro (mal escrito) con alguna imagen: los intertítulos son eternos y vuelve redundante a lo visual. El trío Kabusacki-Mango-Samalea sigue funcionando para musicalizar películas mudas e intenta levantar bodrios como este. Lo más interesante fue la introducción de Fernando Martín Peña y Pino Solanas sobre la importancia de la recuperación de los clásicos del cine nacional y el trabajo de APROCINAIN. Salvador Samaritano es muy simpático, pero ya está medio gagá.
Los soñadores (Bernardo Bertolucci). Puntaje: 10. Homenajes para todos lados, de los obvios (aunque en ese ’68 francés no eran tan obvios como ahora) y los no tanto. Una película completamente emotiva (¿puede no serlo una película en la que se vea a Jean-Pierre Léaud?) en la que cada imagen o sonido evoca al lugar en el que muchos se sienten más cómodos: una sala de cine. Una película especial para quienes disfrutan de la primera fila de una sala y para ser vista desde ahí (gracias jubilados agota entradas de mdq). En la película se cita a Godard diciendo que Nicholas Ray es cine, sin saber bien si eso es bueno o malo. De Bertolucci se puede decir lo mismo. Filma como nadie cada plano, sonido, movimiento, personaje (comparen como se ve Liv Tyler en Belleza Robada y como en Eso que tú haces o, para ser más crueles, en Armageddon). Cuando una película se ve así, no hay puntos bajos.
Farsa Reel 1. Puntaje promedio: 5. Los chicos de Farsa tienen ideas y se notan sus buenas intenciones. Pero adolecen el problema de la mayoría de los freaks: falta de discernimiento. Al ¿corto? de Mirtho, que dura casi una hora, le sobran 40 minutos. Se entiende, porque se siente imposible poder cortar a Santiago Segura, Jason Patric o Alex De la Iglesia. Pero es necesario. El avance del cuarto film de Farsa parece estar a mitad de camino. Se percibe la sensación de que le va a sobrar algo. Una lástima. El corto del último minuto de vida es un gran chiste, pero es de esos que tienen gracia sólo en una primera mirada. No hay que dejar de reconocerles una gran virtud: hicieron soportable a Damián Dreyzek a través de Panza. Ese es el corto más logrado de la proyección y decae sólo con el remate final, pero no adolece jamás de los tan comunes problemas narrativos. Además, ahí lograron algo impensable: las actuaciones son todas estupendas, toda una rareza genérica.
Dealer (Benedect Fliegauf). Puntaje: 8. Directo desde Hungría llega esta rareza, a la que la descripción del film la emparienta con otra rareza húngara: Sátántangó de Béla Tarr. En los escasos 160 minutos (si es que se los compara con los 450 de Tarr) la cámara suele tomarse unos diez minutos para completar un plano de 360° alrededor del personaje que esté hablando sin parar. Se nota mucho el trabajo que se hizo tanto sobre los colores del film como en todo el aspecto sonoro. Con varios momentos ideológicamente reprochables, pero si bien la ironía de usar una cama solar como cajón no tiene un grado de sofisticación interesante, es innegable que Fliegauf se las arregla para que se vea bien. A nadie le interesa (y está bien que así suceda), pero la película se llevó un par de premios.
Naza Chong.
continuará
The Tesseract (Oxide Pang). Puntaje: 4. Otra vez el viejo truco de repetir varias veces el mismo suceso desde distintos puntos de vista. La película tiene una mezcla clipera-publicitaria en el sentido utilizado por la crítica más rancia: banda sonora que son sólo canciones (mal) pegadas y esa suerte de post montaje que se popularizó mundialmente con las últimas entregas de Matrix (jueguitos entre imagen y sonido, cambios de velocidades y secuencias con planos de corta duración). Un momento visual interesante (una cogida que no se entiende muy bien y por momentos se filma con la cámara dada vuelta) dentro de una infinidad abrumadora de ‘cámaras imposibles’ y dos chistes buenos (uno, sobre un inventado Durion Pudin, muy bueno en realidad) dentro de una película publicitariamente sensiblera. Llama la atención que el catálogo del festival no mencionaba que la película estaba basada en una novela de Alex Garland, pero es entendible cuando se nota que la adaptación es muy mala. Muchísimo menos que la inflada The Eye que se exhibió en el MDQ anterior.
Hasta después de muerta (Parravicini, Gunche, De la Pera). Puntaje: 2. De los responsables de Nobleza Gaucha llega este intento silencioso de cruza entre comedia y melo. Chistes que atrasan casi un siglo (plop!) y que buscan el humor en todos los lugares equivocados (siempre fue pelotudo asumir que la gorda no coge aunque quiere y burlarse de eso) y pasiones contenidas al no permitirse jamás la cursilería. Lo peor es que parece un libro (mal escrito) con alguna imagen: los intertítulos son eternos y vuelve redundante a lo visual. El trío Kabusacki-Mango-Samalea sigue funcionando para musicalizar películas mudas e intenta levantar bodrios como este. Lo más interesante fue la introducción de Fernando Martín Peña y Pino Solanas sobre la importancia de la recuperación de los clásicos del cine nacional y el trabajo de APROCINAIN. Salvador Samaritano es muy simpático, pero ya está medio gagá.
Los soñadores (Bernardo Bertolucci). Puntaje: 10. Homenajes para todos lados, de los obvios (aunque en ese ’68 francés no eran tan obvios como ahora) y los no tanto. Una película completamente emotiva (¿puede no serlo una película en la que se vea a Jean-Pierre Léaud?) en la que cada imagen o sonido evoca al lugar en el que muchos se sienten más cómodos: una sala de cine. Una película especial para quienes disfrutan de la primera fila de una sala y para ser vista desde ahí (gracias jubilados agota entradas de mdq). En la película se cita a Godard diciendo que Nicholas Ray es cine, sin saber bien si eso es bueno o malo. De Bertolucci se puede decir lo mismo. Filma como nadie cada plano, sonido, movimiento, personaje (comparen como se ve Liv Tyler en Belleza Robada y como en Eso que tú haces o, para ser más crueles, en Armageddon). Cuando una película se ve así, no hay puntos bajos.
Farsa Reel 1. Puntaje promedio: 5. Los chicos de Farsa tienen ideas y se notan sus buenas intenciones. Pero adolecen el problema de la mayoría de los freaks: falta de discernimiento. Al ¿corto? de Mirtho, que dura casi una hora, le sobran 40 minutos. Se entiende, porque se siente imposible poder cortar a Santiago Segura, Jason Patric o Alex De la Iglesia. Pero es necesario. El avance del cuarto film de Farsa parece estar a mitad de camino. Se percibe la sensación de que le va a sobrar algo. Una lástima. El corto del último minuto de vida es un gran chiste, pero es de esos que tienen gracia sólo en una primera mirada. No hay que dejar de reconocerles una gran virtud: hicieron soportable a Damián Dreyzek a través de Panza. Ese es el corto más logrado de la proyección y decae sólo con el remate final, pero no adolece jamás de los tan comunes problemas narrativos. Además, ahí lograron algo impensable: las actuaciones son todas estupendas, toda una rareza genérica.
Dealer (Benedect Fliegauf). Puntaje: 8. Directo desde Hungría llega esta rareza, a la que la descripción del film la emparienta con otra rareza húngara: Sátántangó de Béla Tarr. En los escasos 160 minutos (si es que se los compara con los 450 de Tarr) la cámara suele tomarse unos diez minutos para completar un plano de 360° alrededor del personaje que esté hablando sin parar. Se nota mucho el trabajo que se hizo tanto sobre los colores del film como en todo el aspecto sonoro. Con varios momentos ideológicamente reprochables, pero si bien la ironía de usar una cama solar como cajón no tiene un grado de sofisticación interesante, es innegable que Fliegauf se las arregla para que se vea bien. A nadie le interesa (y está bien que así suceda), pero la película se llevó un par de premios.
Naza Chong.
continuará
Amor ciego
Mi novia Polly (Along Came Polly, EE. UU. 2004). Dirigida por John Hamburg. Con Ben Stiller, Jennifer Aniston, Philip Seymour Hoffman, Debra Messing y Alec Baldwin. Ficha técnica.
ESTRENO
Puntaje: 8.
No todos tenemos la idea de alcanzar cierta edad, enamorarnos y acto seguido casarnos. El ideal de familia perfecta (y su construcción), tipo juego de encastre, no tiene emoción. Mi novia Polly presenta la alternativa cabal: la unión de dos personas opuestas que apuestan a una pareja informal. Las formas que esta pareja desafía, son aquellas que imponen, que obligan y otorgan derechos, es decir, cuestiones que reglamentan el amor. La opción del matrimonio no tiene nada de malo, lo nefasto es considerarlo condición. No existe un sistema que determine el cariño, así que nadie ama más o menos, si no se adscribe a una libreta.
La narración de John Hamburg interpela los formalismos (en La familia de mi novia había dado cuenta del rechazo al discurso conservador, representado en la figura del padre de la novia, que interpreta De Niro) y juega dentro de un universo rocambolesco donde conviven estadísticas insólitas -Reuben Feffer (Stiller) calcula de manera exhaustiva probabilidades de riesgo para una empresa aseguradora, y además traslada su oficio a la vida, ya que evalúa desde las enfermedades que se pueden adquirir comiendo un snack de un bar hasta el éxito de sus parejas-; citas indigestas en lugares étnicos; un hurón italiano ciego, mascota de Polly; aprendizajes amorosos. Así como Reuben se esfuerza para conseguir “el ritmo” de la salsa, hace lo imposible para superar la inestabilidad que le provoca la indecisión de Polly (ella desestima las posibilidades de formalizar cualquier tipo de opción desde lo laboral hasta lo afectivo) y cambiar los hábitos/normas que regulan su cotidianeidad; memorables charlas con el jefe (inmejorable Baldwin) y el mejor amigo de Reuben (un vanidoso actor en decadencia interpretado por Seymour Hoffman); más deliciosos momentos junto al huracán Polly.
El cine partidario de la innovación merece nuestra exaltación. Entre tanto discurso conservador he aquí la mirada cinematográfica necesaria y desestabilizante.
María Marta Sosa.
ESTRENO
Puntaje: 8.
No todos tenemos la idea de alcanzar cierta edad, enamorarnos y acto seguido casarnos. El ideal de familia perfecta (y su construcción), tipo juego de encastre, no tiene emoción. Mi novia Polly presenta la alternativa cabal: la unión de dos personas opuestas que apuestan a una pareja informal. Las formas que esta pareja desafía, son aquellas que imponen, que obligan y otorgan derechos, es decir, cuestiones que reglamentan el amor. La opción del matrimonio no tiene nada de malo, lo nefasto es considerarlo condición. No existe un sistema que determine el cariño, así que nadie ama más o menos, si no se adscribe a una libreta.
La narración de John Hamburg interpela los formalismos (en La familia de mi novia había dado cuenta del rechazo al discurso conservador, representado en la figura del padre de la novia, que interpreta De Niro) y juega dentro de un universo rocambolesco donde conviven estadísticas insólitas -Reuben Feffer (Stiller) calcula de manera exhaustiva probabilidades de riesgo para una empresa aseguradora, y además traslada su oficio a la vida, ya que evalúa desde las enfermedades que se pueden adquirir comiendo un snack de un bar hasta el éxito de sus parejas-; citas indigestas en lugares étnicos; un hurón italiano ciego, mascota de Polly; aprendizajes amorosos. Así como Reuben se esfuerza para conseguir “el ritmo” de la salsa, hace lo imposible para superar la inestabilidad que le provoca la indecisión de Polly (ella desestima las posibilidades de formalizar cualquier tipo de opción desde lo laboral hasta lo afectivo) y cambiar los hábitos/normas que regulan su cotidianeidad; memorables charlas con el jefe (inmejorable Baldwin) y el mejor amigo de Reuben (un vanidoso actor en decadencia interpretado por Seymour Hoffman); más deliciosos momentos junto al huracán Polly.
El cine partidario de la innovación merece nuestra exaltación. Entre tanto discurso conservador he aquí la mirada cinematográfica necesaria y desestabilizante.
María Marta Sosa.
miércoles, marzo 24, 2004
Cartón Network
El tren blanco (Argentina, 2003). Dirigida por Nahuel García, Sheila Pérez Giménez y Ramiro García. Ficha técnica.
ESTRENO
Puntaje: 1
Es difícil de explicar lo abominable que es este documental (ejercicio escolar, más bien) que requirió de 3 (tres) directores. Todo en El tren blanco es tan banal, tan precario, tan poco cinematográfico, tan perezoso, que uno termina preguntándose por qué maldita razón una película como esta termina estrenándose –y lo que es peor, con críticas favorables de los medios más importantes (léase más leidos) y el apoyo incondicional de gente como Pino Solanas-. Me dirán que es por “el tema que trata”, pero todos sabemos que las películas no trascienden sólo por “su tema”. ¿Se puede saber dónde diablos quedó el cine?
El tren blanco es un film tremendamente perezoso. A cada uno de los cartoneros que la protagonizan les hicieron exactamente las mismas preguntas, y estas son de una llamativa estupidez. Lo único que nos queda claro luego de ver la película es que el ser cartonero es un trabajo. De qué es lo que se hace con el cartón, de hacia dónde va el dichoso tren, ni noticias. Las imágenes de archivo de diciembre de 2001 están sacadas de TN y de otros canales y programas de facilísimo acceso. La selección de la música parece haber sido hecha al tun tun por alguno de los realizadores antes de salir para la isla de edición. Pero lo que más molesta en la película son las puestas de cámara, que pecan de un inusitado sensacionalismo. Sin exagerar, y aunque suene ridículo, los cartoneros con pocos dientes son mostrados en primerísimos primeros planos, con especial cuidado en que su falta de dientes se evidencie más aún al estar en el punto más fuerte de la imagen –cosa que, dicho sea de paso, es una de las primeras cosas que se aprende en el primer mes del primer cuatrimestre de Dirección I en las escuelas de cine, las únicas clases a las que parecen haber asistido sus realizadores-. Y hay un momento en que un cartonero dice que “vino TN, la CMM…”, y los realizadores, en su afán amarillista de demostrar la ignorancia –que en realidad no es más que desconocimiento, obviamente comprensible, pero no para los directores- de sus protagonistas dejan la escena así y no lo corrigen. Hay también planos de gente de clase media “mirando mal” a los cartoneros, entre otras banalidades como planos cenitales luego de que los personajes hablan de “Dios” y un cartel al comienzo que nos quiere hacer creer que los cartoneros surgieron pura y exclusivamente gracias a De La Rúa, sin hacer mención en ningún momento de cierto riojano, y luego de decir que la del 2001 fue “la peor crisis de la Historia Argentina” cuando en realidad ese año parece marcar la fecha de nacimiento de estos tres directores, lo único que podría explicar su absoluta ignorancia.
Juan P. Martínez.
ESTRENO
Puntaje: 1
Es difícil de explicar lo abominable que es este documental (ejercicio escolar, más bien) que requirió de 3 (tres) directores. Todo en El tren blanco es tan banal, tan precario, tan poco cinematográfico, tan perezoso, que uno termina preguntándose por qué maldita razón una película como esta termina estrenándose –y lo que es peor, con críticas favorables de los medios más importantes (léase más leidos) y el apoyo incondicional de gente como Pino Solanas-. Me dirán que es por “el tema que trata”, pero todos sabemos que las películas no trascienden sólo por “su tema”. ¿Se puede saber dónde diablos quedó el cine?
El tren blanco es un film tremendamente perezoso. A cada uno de los cartoneros que la protagonizan les hicieron exactamente las mismas preguntas, y estas son de una llamativa estupidez. Lo único que nos queda claro luego de ver la película es que el ser cartonero es un trabajo. De qué es lo que se hace con el cartón, de hacia dónde va el dichoso tren, ni noticias. Las imágenes de archivo de diciembre de 2001 están sacadas de TN y de otros canales y programas de facilísimo acceso. La selección de la música parece haber sido hecha al tun tun por alguno de los realizadores antes de salir para la isla de edición. Pero lo que más molesta en la película son las puestas de cámara, que pecan de un inusitado sensacionalismo. Sin exagerar, y aunque suene ridículo, los cartoneros con pocos dientes son mostrados en primerísimos primeros planos, con especial cuidado en que su falta de dientes se evidencie más aún al estar en el punto más fuerte de la imagen –cosa que, dicho sea de paso, es una de las primeras cosas que se aprende en el primer mes del primer cuatrimestre de Dirección I en las escuelas de cine, las únicas clases a las que parecen haber asistido sus realizadores-. Y hay un momento en que un cartonero dice que “vino TN, la CMM…”, y los realizadores, en su afán amarillista de demostrar la ignorancia –que en realidad no es más que desconocimiento, obviamente comprensible, pero no para los directores- de sus protagonistas dejan la escena así y no lo corrigen. Hay también planos de gente de clase media “mirando mal” a los cartoneros, entre otras banalidades como planos cenitales luego de que los personajes hablan de “Dios” y un cartel al comienzo que nos quiere hacer creer que los cartoneros surgieron pura y exclusivamente gracias a De La Rúa, sin hacer mención en ningún momento de cierto riojano, y luego de decir que la del 2001 fue “la peor crisis de la Historia Argentina” cuando en realidad ese año parece marcar la fecha de nacimiento de estos tres directores, lo único que podría explicar su absoluta ignorancia.
Juan P. Martínez.
martes, marzo 23, 2004
Los años de la vergüenza
Memoria del saqueo (Argentina, 2003). Dirigida por Fernando E. Solanas. Ficha técnica.
ESTRENO
Puntaje: 8. En los diarios: Luciano Monteagudo (Página/12): 8 ; Paraná Sendrós (Ambito Financiero): 2; Hugo Caligaris (La Nación): 4; Pablo 0. Scholz (Clarín): 6.
Después de muchos años, mucha agua bajo el puente, y muchas polémicas alrededor de los últimos documentales argentinos se estrenó Memoria del saqueo. Este film-manifiesto de Pino Solanas presenta mediante imágenes de archivo, filmaciones actuales, entrevistas, un relato en off y muchos planos de texto, gran parte de la línea de lamentables acontecimientos político-sociales de los últimos 20 años en la Argentina, que culminaron (por decirlo de alguna manera) con los sangrientos hechos de diciembre de 2001. Solanas elige esta fecha como punto de partida para una retrospectiva separada en capítulos que abarcarán temas como la deuda externa, la corrupción estructural, el pizza con champán, la indiferencia y la ineficiencia gubernamentales y la miseria en nuestro país. Casi nada. Afortunadamente, no está ausente de este documental la toma de posición concreta frente a todos los crímenes cometidos, tanto por acción como por omisión, por muchos de los responsables de las instituciones de gobierno nacionales. Aunque sí está ausente, y tal vez sea la única falencia que se le pueda achacar a este documental apasionado y apasionante, la mención a la responsabilidad del pueblo argentino que refrendó con su apoyo electoral la continuidad del Menemato en las elecciones de 1995. Memoria... es casi un documental de combate y rememora con algunas de las formas en las que se expresa, aquellos documentales de los últimos sesentas y primeros setentas (al estilo de La hora de los hornos o el Cine de la Base). Lamentablemente, varias décadas después, volvemos a sentir vergüenza de nuestro pasado, pero también a reconocernos actores de nuestros propios futuros.
Fabiana Ferraz.
ESTRENO
Puntaje: 8. En los diarios: Luciano Monteagudo (Página/12): 8 ; Paraná Sendrós (Ambito Financiero): 2; Hugo Caligaris (La Nación): 4; Pablo 0. Scholz (Clarín): 6.
Después de muchos años, mucha agua bajo el puente, y muchas polémicas alrededor de los últimos documentales argentinos se estrenó Memoria del saqueo. Este film-manifiesto de Pino Solanas presenta mediante imágenes de archivo, filmaciones actuales, entrevistas, un relato en off y muchos planos de texto, gran parte de la línea de lamentables acontecimientos político-sociales de los últimos 20 años en la Argentina, que culminaron (por decirlo de alguna manera) con los sangrientos hechos de diciembre de 2001. Solanas elige esta fecha como punto de partida para una retrospectiva separada en capítulos que abarcarán temas como la deuda externa, la corrupción estructural, el pizza con champán, la indiferencia y la ineficiencia gubernamentales y la miseria en nuestro país. Casi nada. Afortunadamente, no está ausente de este documental la toma de posición concreta frente a todos los crímenes cometidos, tanto por acción como por omisión, por muchos de los responsables de las instituciones de gobierno nacionales. Aunque sí está ausente, y tal vez sea la única falencia que se le pueda achacar a este documental apasionado y apasionante, la mención a la responsabilidad del pueblo argentino que refrendó con su apoyo electoral la continuidad del Menemato en las elecciones de 1995. Memoria... es casi un documental de combate y rememora con algunas de las formas en las que se expresa, aquellos documentales de los últimos sesentas y primeros setentas (al estilo de La hora de los hornos o el Cine de la Base). Lamentablemente, varias décadas después, volvemos a sentir vergüenza de nuestro pasado, pero también a reconocernos actores de nuestros propios futuros.
Fabiana Ferraz.
lunes, marzo 22, 2004
Sin novedad en el frente
Festival de Mar del Plata.
CAPRICHOS
Si hay una palabra para definir el estado psíquico- emocional que despierta este ocaso del Festival marplatense versión 2004, debe ser hastío. Se nota en las extensas caras de los críticos, en las inertes expresiones de los invitados, en el retiro prematuro del público, en las desoladas fiestas nocturnas. La pasión festivalera firmó su parte de defunción y la tibieza nos invadió a todos, quedamos desamparados y solos y ni siquiera la idea de sumergirse constantemente en salas oscuras nos eximió de la desazón de una realidad cada vez más insulsa.
Se acabó, amigos, y me gustaría poder afirmar que fueron diez días inolvidables de encuentro con la crema del cine mundial pero el lácteo nos llegó rancio y en el paladar sólo perdura el sabor ácido de la insatisfacción. Fue tal vez la sección de competencia más pobre de los últimos años, donde destacan la mediocridad absoluta de films como la alemana Gone, el panfletismo demagógico de la italiana Me piace laborare o la cursilería más indigesta de la japonesa Blue Light. Y ni hablar de la galardonada Buena Vida Delivery, de la cual me bastó ver unos fotogramas para notar ese tufillo a viejo cine argentino, a planos de tetas gratuitas, a costumbrismo banal, a diálogos gastados y fechados antes de nacer. La única nota alta es para Dealer, película húngara en la que el uso del color opaco, del sonido sórdido y de extensos travellings circulares se amalgaman para producir un estado de maravilloso transe prolongado.
Si existió un respiro a tanto celuloide vetusto, se produjo en la sección Punto de Vista. Lo curioso es que las mejores películas provienen de directores ya consagrados y son pocos los nombres nuevos que prometen a futuro. El dúo Jorgen Leth y Lars von Trier entregaron un documental exquisito e inteligente, en base a ideas del excéntrico Lars; Manoel de Oliveira rompió todos los esquemas y diseñó con Un Filme Falado el anti crowd-pleaser con final explosivo; Dalí se unió a Disney para crear un choque de mundos que supera cualquier expectativa. Sin embargo, la verdadera gema es la última película de Peter Greenaway, ese experimentador de los sentidos, siempre impulsando al cine hasta su última frontera: su Tulse Luper Suitcases (The Moab Stories) es una fiesta de infinitas capas, de sonidos e imágenes inaprehensibles, de narraciones desmembradas.
Las otras secciones dejaron entrever escasas salvedades. Marina de Van le dio un toque de color a la sección La Mujer y el Cine con su desequilibrada historia de una chica que se come a sí misma (In My Skin) y Mabel Cheung hizo de Traces of a Dragon un aceptable presente familiar para Jackie Chan, ese entrañable amigo de todo cinéfilo. En el turno de la Mirada Documental hubo películas apoyadas en figuras centrales fuertes (como Aileen: Life and death of a Serial Killer, donde la prostituta asesina embiste contra la policía, su familia y amenaza con la llegada de la nave nodriza) y otras cementadas en notables desarrollos formales (The magical life of Long tack Sam, cuyo uso del comic y de fotografías en movimiento le da a la película un tono burlón y absolutamente encantador).
Poco más queda por decir. Las películas de trasnoche decepcionaron, salvo por las juguetonas Beyond Reanimator y Dead End, ambas al borde del abismo en lo que respecta a cumplir con el género. Las fiestas nocturnas ayudaron a levantar el ánimo, conducidas siempre por glamorosas bandas (como Entre Ríos o Adicta) y el simpatiquísimo anfitrión/a Charly Darling nunca perdió la sonrisa.
El consuelo, como de costumbre, es la gastronomía, y la mezcla de sabores de los borrachitos de la confitería Boston con la cerveza verde de Antares (la legendaria Saint Patrick´s Blood) redondean un recuerdo agradable. Al menos uno entre tantos poco agraciados y una buena razón para volver a Mar del Plata el año entrante, ciudad de ancianos, de casinos y, aunque esté en duda, de cine.
Guido Segal.
CAPRICHOS
Si hay una palabra para definir el estado psíquico- emocional que despierta este ocaso del Festival marplatense versión 2004, debe ser hastío. Se nota en las extensas caras de los críticos, en las inertes expresiones de los invitados, en el retiro prematuro del público, en las desoladas fiestas nocturnas. La pasión festivalera firmó su parte de defunción y la tibieza nos invadió a todos, quedamos desamparados y solos y ni siquiera la idea de sumergirse constantemente en salas oscuras nos eximió de la desazón de una realidad cada vez más insulsa.
Se acabó, amigos, y me gustaría poder afirmar que fueron diez días inolvidables de encuentro con la crema del cine mundial pero el lácteo nos llegó rancio y en el paladar sólo perdura el sabor ácido de la insatisfacción. Fue tal vez la sección de competencia más pobre de los últimos años, donde destacan la mediocridad absoluta de films como la alemana Gone, el panfletismo demagógico de la italiana Me piace laborare o la cursilería más indigesta de la japonesa Blue Light. Y ni hablar de la galardonada Buena Vida Delivery, de la cual me bastó ver unos fotogramas para notar ese tufillo a viejo cine argentino, a planos de tetas gratuitas, a costumbrismo banal, a diálogos gastados y fechados antes de nacer. La única nota alta es para Dealer, película húngara en la que el uso del color opaco, del sonido sórdido y de extensos travellings circulares se amalgaman para producir un estado de maravilloso transe prolongado.
Si existió un respiro a tanto celuloide vetusto, se produjo en la sección Punto de Vista. Lo curioso es que las mejores películas provienen de directores ya consagrados y son pocos los nombres nuevos que prometen a futuro. El dúo Jorgen Leth y Lars von Trier entregaron un documental exquisito e inteligente, en base a ideas del excéntrico Lars; Manoel de Oliveira rompió todos los esquemas y diseñó con Un Filme Falado el anti crowd-pleaser con final explosivo; Dalí se unió a Disney para crear un choque de mundos que supera cualquier expectativa. Sin embargo, la verdadera gema es la última película de Peter Greenaway, ese experimentador de los sentidos, siempre impulsando al cine hasta su última frontera: su Tulse Luper Suitcases (The Moab Stories) es una fiesta de infinitas capas, de sonidos e imágenes inaprehensibles, de narraciones desmembradas.
Las otras secciones dejaron entrever escasas salvedades. Marina de Van le dio un toque de color a la sección La Mujer y el Cine con su desequilibrada historia de una chica que se come a sí misma (In My Skin) y Mabel Cheung hizo de Traces of a Dragon un aceptable presente familiar para Jackie Chan, ese entrañable amigo de todo cinéfilo. En el turno de la Mirada Documental hubo películas apoyadas en figuras centrales fuertes (como Aileen: Life and death of a Serial Killer, donde la prostituta asesina embiste contra la policía, su familia y amenaza con la llegada de la nave nodriza) y otras cementadas en notables desarrollos formales (The magical life of Long tack Sam, cuyo uso del comic y de fotografías en movimiento le da a la película un tono burlón y absolutamente encantador).
Poco más queda por decir. Las películas de trasnoche decepcionaron, salvo por las juguetonas Beyond Reanimator y Dead End, ambas al borde del abismo en lo que respecta a cumplir con el género. Las fiestas nocturnas ayudaron a levantar el ánimo, conducidas siempre por glamorosas bandas (como Entre Ríos o Adicta) y el simpatiquísimo anfitrión/a Charly Darling nunca perdió la sonrisa.
El consuelo, como de costumbre, es la gastronomía, y la mezcla de sabores de los borrachitos de la confitería Boston con la cerveza verde de Antares (la legendaria Saint Patrick´s Blood) redondean un recuerdo agradable. Al menos uno entre tantos poco agraciados y una buena razón para volver a Mar del Plata el año entrante, ciudad de ancianos, de casinos y, aunque esté en duda, de cine.
Guido Segal.
Por qué no puedo ser feliz
La amo, te amo, me ama (Nos enfants chéris, Francia, 2003). Dirigida por Benoît Cohen. Con Romane Bohringer, Mathieu Demy, Laurence Côte, Mathias Mlekus, Fabio Zenoni, Eleonore Pourriat y Julie Boisselier. Ficha técnica.
ESTRENO
Puntaje: 2
Las parejas de esta película gozan del gran dilema pimpenelesco “En el amor se quiere lo que no se tiene”. Esta cuestión, planteada inmediatamente después de los títulos de apertura, se desarrollará a posteriori, cuando las parejas implicadas se encuentren en una casa de veraneo. Si los matrimonios hubieran mantenido el ímpetu –el mismo que reclaman las canciones de Lucía y Joaquín “¡Sí, te engañé, pero tu lo buscabas! ¡Ahora me toca a mí!”- con el que se (mal)trataban inicialmente, la apreciación del relato sería más positiva.
La película pretende que los personajes pasen factura a sus parejas, se enojen, se harten, decidan de manera egoísta, pero todo en un tono poco contundente. Las discusiones se diluyen, los reclamos se esfuman y se pierden en el campo. Benoït Cohen no puede contener a sus actores, se pierde en el espacio y despacio abandona los problemas (o el intento de problematizar) que proyecta en sus intérpretes.
La amo, te amo, me ama ahonda en la posibilidad del reencuentro de dos ex novios, qué pasa cuando se hallan casados y con hijos, qué se hace con la atracción que renace, cómo descubren que son infelices y de qué forma pueden huir de sus respectivas obligaciones maritales para revivir aquello que no fue. La molestia surge por tanta evasión, no se puede creer en un discurso esquivo. Este relato tibio (tirando a frío) no resiste, no enfrenta lo poco que arriesga, como la posibilidad de formar otra pareja después de los hijos. Una sucesión de necedades que no llegan ni al capricho, porque para ser caprichoso hay que elegir y sostener lo deseado.
María Marta Sosa.
ESTRENO
Puntaje: 2
Las parejas de esta película gozan del gran dilema pimpenelesco “En el amor se quiere lo que no se tiene”. Esta cuestión, planteada inmediatamente después de los títulos de apertura, se desarrollará a posteriori, cuando las parejas implicadas se encuentren en una casa de veraneo. Si los matrimonios hubieran mantenido el ímpetu –el mismo que reclaman las canciones de Lucía y Joaquín “¡Sí, te engañé, pero tu lo buscabas! ¡Ahora me toca a mí!”- con el que se (mal)trataban inicialmente, la apreciación del relato sería más positiva.
La película pretende que los personajes pasen factura a sus parejas, se enojen, se harten, decidan de manera egoísta, pero todo en un tono poco contundente. Las discusiones se diluyen, los reclamos se esfuman y se pierden en el campo. Benoït Cohen no puede contener a sus actores, se pierde en el espacio y despacio abandona los problemas (o el intento de problematizar) que proyecta en sus intérpretes.
La amo, te amo, me ama ahonda en la posibilidad del reencuentro de dos ex novios, qué pasa cuando se hallan casados y con hijos, qué se hace con la atracción que renace, cómo descubren que son infelices y de qué forma pueden huir de sus respectivas obligaciones maritales para revivir aquello que no fue. La molestia surge por tanta evasión, no se puede creer en un discurso esquivo. Este relato tibio (tirando a frío) no resiste, no enfrenta lo poco que arriesga, como la posibilidad de formar otra pareja después de los hijos. Una sucesión de necedades que no llegan ni al capricho, porque para ser caprichoso hay que elegir y sostener lo deseado.
María Marta Sosa.
miércoles, marzo 17, 2004
Gritos y susurros
Te doy mis ojos (España, 2003). Dirigida por Icíar Bollaín. Con Luis Tosar, Laia Marull Y Candela Peña. Ficha técnica.
ESTRENO
Puntaje: 7
Vi Te doy mis ojos media hora después de soportar Las invasiones bárbaras. Y decidí -impune, de eso se trata un poco el acto de escribir- separarlas en dos categorías: la aclamada creación de Denys Arcand no es más que un aberrante conjunto de gritos, un pesado fardo plagado de grandilocuencias (nunca grandezas) que niegan al cine porque se rehúsan a cuestionarlo, porque -infinita verbosidad mediante- minimizan al que mira y le aclaran todo. Y cuanto más fácil mejor: el plano en el que se ve al avión incrustándose en las Torres Gemelas es el colmo del cine fillcar, jactancioso, unidireccionado, autocomplaciente y jetón.
Después de tanto alarido pedante vino, por suerte, Te doy mis ojos. Y la diferencia con la anterior fue evidente: la de Icíar Bollaín es un susurro, una de esas películas que se escabullen y le escapan al gran “tema” sin falsa modestia, que se erigen sin la necesidad de recibir aprobación de unas almas pretenciosas que venden su exclusividad a los asuntos importantes.
Te doy mis ojos no es ni más ni menos que una historia chiquita, bien contada, un grupo de personajes bien delineados y una directora que lejos de redimirlos -la tentación de hacerlo, sobre todo con el personaje del violento interpretado por Luis Tosar, era gigante- cuenta un cuento. Justamente, la narración falla cuando Bollaín intenta levantar la voz y ponerse a explicar: la inclusión de obras de arte con sus correspondientes mitos no hacen más que dirigir la mirada del espectador. Cuando esto no sucede, cuando el tono no se hace machacón, la historia no hace más que fluir.
Que sea militancia: ni el más mínimo préstamo de ojos para la fanfarrona bazofia canadiense y un poco más de atención al susurro español que en medio de tanta barbarie impostada resulta miel para cualquier oído decente.
Agustina Larrea.
ESTRENO
Puntaje: 7
Vi Te doy mis ojos media hora después de soportar Las invasiones bárbaras. Y decidí -impune, de eso se trata un poco el acto de escribir- separarlas en dos categorías: la aclamada creación de Denys Arcand no es más que un aberrante conjunto de gritos, un pesado fardo plagado de grandilocuencias (nunca grandezas) que niegan al cine porque se rehúsan a cuestionarlo, porque -infinita verbosidad mediante- minimizan al que mira y le aclaran todo. Y cuanto más fácil mejor: el plano en el que se ve al avión incrustándose en las Torres Gemelas es el colmo del cine fillcar, jactancioso, unidireccionado, autocomplaciente y jetón.
Después de tanto alarido pedante vino, por suerte, Te doy mis ojos. Y la diferencia con la anterior fue evidente: la de Icíar Bollaín es un susurro, una de esas películas que se escabullen y le escapan al gran “tema” sin falsa modestia, que se erigen sin la necesidad de recibir aprobación de unas almas pretenciosas que venden su exclusividad a los asuntos importantes.
Te doy mis ojos no es ni más ni menos que una historia chiquita, bien contada, un grupo de personajes bien delineados y una directora que lejos de redimirlos -la tentación de hacerlo, sobre todo con el personaje del violento interpretado por Luis Tosar, era gigante- cuenta un cuento. Justamente, la narración falla cuando Bollaín intenta levantar la voz y ponerse a explicar: la inclusión de obras de arte con sus correspondientes mitos no hacen más que dirigir la mirada del espectador. Cuando esto no sucede, cuando el tono no se hace machacón, la historia no hace más que fluir.
Que sea militancia: ni el más mínimo préstamo de ojos para la fanfarrona bazofia canadiense y un poco más de atención al susurro español que en medio de tanta barbarie impostada resulta miel para cualquier oído decente.
Agustina Larrea.
martes, marzo 16, 2004
Con ánimo de andar
Regreso a Cold Mountain (Cold Mountain. E.E.U.U. 2003) Dirigida por Anthony Minghella. Con Nicole Kidman, Jude Law, Renée Zellweger
ESTRENO
Puntaje: 4
La voz de Ada Monroe (Kidman) en off que inicia el relato, con un tono calmo y pausado, anuncia su llegada a Cold Mountain. Las palabras de Ada se escuchan mientras estalla la batalla de Petesburgo y el héroe homérico Inman (Law) decide abandonar el ejército y regresar junto a su amAda. El impacto visual y sonoro que reclama la secuencia inicial nos envuelve en el universo que Minghella supo construir desde su primera película: excesos escenográficos, temporales, sonoros (insoportables composiciones que no desentonan, ya que todo lo que se ve y escucha derrocha tragedia). Tanto despliegue de elegancia dificulta la impresión de realidad que Minghella quiere evocar (E.E.U.U. en 1864). Este despilfarro quiebra la coherencia del universo diegético.
En El talentoso Mr. Ripley todo era estilizado y elegante, pero los materiales fílmicos correspondían con el tiempo del relato; Law, Paltrow y Damon, sus vestuarios, sus modos, su garbo, nato en el caso de los dos primeros y adquirido por Damon/Ripley, no discordaban con los preciosos paisajes de Europa por los que circulaban, ni con aquel relato de apariencias y de aspiraciones personales de los bellos jóvenes insatisfechos.
La construcción del verosímil, del mundo posible en el que transcurren las historias, lo artificial y lo arbitrario, se borran en beneficio de la aparente realidad. Esta “naturalidad” proviene del modo de representación cinematográfica (el de Minghella en este caso), más allá del exceso, la construcción no entra en contradicción con la coherencia del mundo ficcional que se evoca.
En C.M. la gélida belleza de Nicole Kidman, con sus facciones tan poco naturales y ajenas a las condiciones cosméticas del siglo XIX, más ese registro glacial en el que la actriz ejecuta su rol de Ada Monroe, hacen increíble el amor, la atracción que supuestamente existe entre el adusto Inman y la perfecta Ada.
En Moulin Rouge, Satine (Kidman) imploraba a Christian que regresara a ella y olvidara todo; aquella imagen de ella destrozada de amor sobre el escenario, cantando con su último aliento conmovía hasta extenuar al espectador. En C. M., Ada envía una carta a su amado y le pide que deje el combate y regrese a la montaña, las palabras se perpetran sin emoción, la resolución y la fuerza con la que Inman sostiene su travesía se ve irrisoria, como toda la película.
María Marta Sosa.
ESTRENO
Puntaje: 4
La voz de Ada Monroe (Kidman) en off que inicia el relato, con un tono calmo y pausado, anuncia su llegada a Cold Mountain. Las palabras de Ada se escuchan mientras estalla la batalla de Petesburgo y el héroe homérico Inman (Law) decide abandonar el ejército y regresar junto a su amAda. El impacto visual y sonoro que reclama la secuencia inicial nos envuelve en el universo que Minghella supo construir desde su primera película: excesos escenográficos, temporales, sonoros (insoportables composiciones que no desentonan, ya que todo lo que se ve y escucha derrocha tragedia). Tanto despliegue de elegancia dificulta la impresión de realidad que Minghella quiere evocar (E.E.U.U. en 1864). Este despilfarro quiebra la coherencia del universo diegético.
En El talentoso Mr. Ripley todo era estilizado y elegante, pero los materiales fílmicos correspondían con el tiempo del relato; Law, Paltrow y Damon, sus vestuarios, sus modos, su garbo, nato en el caso de los dos primeros y adquirido por Damon/Ripley, no discordaban con los preciosos paisajes de Europa por los que circulaban, ni con aquel relato de apariencias y de aspiraciones personales de los bellos jóvenes insatisfechos.
La construcción del verosímil, del mundo posible en el que transcurren las historias, lo artificial y lo arbitrario, se borran en beneficio de la aparente realidad. Esta “naturalidad” proviene del modo de representación cinematográfica (el de Minghella en este caso), más allá del exceso, la construcción no entra en contradicción con la coherencia del mundo ficcional que se evoca.
En C.M. la gélida belleza de Nicole Kidman, con sus facciones tan poco naturales y ajenas a las condiciones cosméticas del siglo XIX, más ese registro glacial en el que la actriz ejecuta su rol de Ada Monroe, hacen increíble el amor, la atracción que supuestamente existe entre el adusto Inman y la perfecta Ada.
En Moulin Rouge, Satine (Kidman) imploraba a Christian que regresara a ella y olvidara todo; aquella imagen de ella destrozada de amor sobre el escenario, cantando con su último aliento conmovía hasta extenuar al espectador. En C. M., Ada envía una carta a su amado y le pide que deje el combate y regrese a la montaña, las palabras se perpetran sin emoción, la resolución y la fuerza con la que Inman sostiene su travesía se ve irrisoria, como toda la película.
María Marta Sosa.
domingo, marzo 14, 2004
Tedio y nostalgia en Mar del Plata
Festival de Mar del Plata
CAPRICHO
Mar del Plara siempre me produce una sensación extraña, casi incómoda. Vuelvo a sus calles una vez por año para transitar el mundo festivalero y difícilmente me corra del circuito habitual, confinado a un estrecho círculo de 10 ó 15 cuadras. En ese pequeño reducto la vida corre a velocidad extrema, abundan los frívolos y los aduladores y los "famosos" (cada vez más ignotos) son manejados con algodón, adorados hasta la médula y venerados por ancianos (abundantes) y jóvenes (hiper excitados) por igual. Es una Mar del Plata falsa, una imitación fallida y trastornada, un invento de ciudad veraniega devenida en paraíso cinéfilo. Detrás, hacia los bordes, está la Mar del Plata fanstasma, la real, la nostálgica. La ciudad de tranquilas casa residenciales y de inviernos junto al mar, el retiro espiritual de la clase media argentina (o lo que quedó de ella), un fascinante mundo quedado en los cincuentas: los hoteles sindicales, las confiterías tradicionales, los reductos secretos. Ese mendo que yo no veo, el que me pierdo por ser parte del decaído festival de cine de la Feliz.
Pero este año las cosas parecen cambiar. ¿Por qué? Porque el cine parece ausente la edición 2004. Es sabido que Mardel no tiene ni por asomo el nivel del Fetival de Buenos Aires y que uno viene aquí más a relajarse que a desesperarse por ver films. Pero aún teniendo en cuenta el factor relajo, hay un marcado índice de mediocridad en la grilla y un altísimo porcentaje de desilusiones. Para citar ejemplos: Carandirú, del marplatense Babenco, resulta una pieza aberrante y demagógica, plagada de golpes bajos y chistes que rozan el humor televisivo; la sección competencia presenta películas aburridas hasta el hartazgo, entre ellas un pseudo telefilm británico llamado Tocuhing the Void sobre alpinistas o una fallida película espacial argentina (sí, con el Puma Goity haciendo de las suyas y una base espacial en Temperley); una película nominada al Oscar (la sueca Evil) que promete ser una obra delicada y acaba siendo un trivial film de colegiales que son provocados sin razón. Gracias a Dios que tenemos joyitas como Laurel Canyon, un destacado en la sección La Mujer y el Cine, que presenta un variedad de matices y de observaciones ácidas (sobre las relaciones de pareja, sobre el choque entre mundos diferentes, sobre la frivolidad y el rock ´n roll) y nunca deja de entretener; o American Splendor, la descomunalmente perfecta biografía- comic- documental sobre Harvey Pekar, amargado escritor de comics cuya vida se vuelca en cada número mensual. Mortadelo y Filemón, a pesar de su humor disparatado y de su inaudita velocidad, no deja de ser un evento menor y olvidable.
Basta recalcar finalmente la leve frustración que genera la sección Cerca de lo Oscuro, en la que algunos títulos promteían diversión alocada y hasta ahora solo han entregado tedio. Habrá que esperar a los films coreanos, cuyo aspecto inicial parece digno del mejor espectáculo.
Si bien el panorama no es prometedor, no hay que perder la esperanza. Siempre quedan como último recurso las fiestas nocturnas en el Café de las Sirenas, los churros de Manolo o los largos paseos por la playa, representante perfecto de esa Mar del Plata que olvido durante el festival.
Guido Segal.
CAPRICHO
Mar del Plara siempre me produce una sensación extraña, casi incómoda. Vuelvo a sus calles una vez por año para transitar el mundo festivalero y difícilmente me corra del circuito habitual, confinado a un estrecho círculo de 10 ó 15 cuadras. En ese pequeño reducto la vida corre a velocidad extrema, abundan los frívolos y los aduladores y los "famosos" (cada vez más ignotos) son manejados con algodón, adorados hasta la médula y venerados por ancianos (abundantes) y jóvenes (hiper excitados) por igual. Es una Mar del Plata falsa, una imitación fallida y trastornada, un invento de ciudad veraniega devenida en paraíso cinéfilo. Detrás, hacia los bordes, está la Mar del Plata fanstasma, la real, la nostálgica. La ciudad de tranquilas casa residenciales y de inviernos junto al mar, el retiro espiritual de la clase media argentina (o lo que quedó de ella), un fascinante mundo quedado en los cincuentas: los hoteles sindicales, las confiterías tradicionales, los reductos secretos. Ese mendo que yo no veo, el que me pierdo por ser parte del decaído festival de cine de la Feliz.
Pero este año las cosas parecen cambiar. ¿Por qué? Porque el cine parece ausente la edición 2004. Es sabido que Mardel no tiene ni por asomo el nivel del Fetival de Buenos Aires y que uno viene aquí más a relajarse que a desesperarse por ver films. Pero aún teniendo en cuenta el factor relajo, hay un marcado índice de mediocridad en la grilla y un altísimo porcentaje de desilusiones. Para citar ejemplos: Carandirú, del marplatense Babenco, resulta una pieza aberrante y demagógica, plagada de golpes bajos y chistes que rozan el humor televisivo; la sección competencia presenta películas aburridas hasta el hartazgo, entre ellas un pseudo telefilm británico llamado Tocuhing the Void sobre alpinistas o una fallida película espacial argentina (sí, con el Puma Goity haciendo de las suyas y una base espacial en Temperley); una película nominada al Oscar (la sueca Evil) que promete ser una obra delicada y acaba siendo un trivial film de colegiales que son provocados sin razón. Gracias a Dios que tenemos joyitas como Laurel Canyon, un destacado en la sección La Mujer y el Cine, que presenta un variedad de matices y de observaciones ácidas (sobre las relaciones de pareja, sobre el choque entre mundos diferentes, sobre la frivolidad y el rock ´n roll) y nunca deja de entretener; o American Splendor, la descomunalmente perfecta biografía- comic- documental sobre Harvey Pekar, amargado escritor de comics cuya vida se vuelca en cada número mensual. Mortadelo y Filemón, a pesar de su humor disparatado y de su inaudita velocidad, no deja de ser un evento menor y olvidable.
Basta recalcar finalmente la leve frustración que genera la sección Cerca de lo Oscuro, en la que algunos títulos promteían diversión alocada y hasta ahora solo han entregado tedio. Habrá que esperar a los films coreanos, cuyo aspecto inicial parece digno del mejor espectáculo.
Si bien el panorama no es prometedor, no hay que perder la esperanza. Siempre quedan como último recurso las fiestas nocturnas en el Café de las Sirenas, los churros de Manolo o los largos paseos por la playa, representante perfecto de esa Mar del Plata que olvido durante el festival.
Guido Segal.
viernes, marzo 05, 2004
Asuntos pendientes
El Nuremberg argentino (Argentina/España, 2002). Dirigida por Miguel Rodríguez Arias. Con Tomás Abraham, Angel Berlanga, Miguel Bonasso. Ficha técnica.
ESTRENO
Puntaje: 9. En los diarios: Martín Pérez (Página/12): ; Paraná Sendrós (Ambito Financiero): 6; Adolfo C. Martínez (La Nación): 6; Aníbal M. Vinelli (Clarín): 8.
La distancia entre esta película y un documental cinematográfico es abismal. El Nuremberg argentino, por el contrario, se acerca profundamente al documental televisivo. Cuenta con el elemento iconoclasta que la diferencia de las otras producciones similares: el poder del documento clarificador e indispensable, la filmación probatoria. Que hoy sea proyectado en el cine es de prestado, de balde, lo utiliza únicamente como medio, se trata sólo de una experiencia. Este producto pertenece al anclaje hogareño y está permanentemente en la línea del fuego. El poder absoluto y completamente crudo que ofrece la filmación del juicio a las juntas dictatoriales argentinas (1976-1983) es increíblemente rico y en este documental al menos lo podemos disfrutar mediante bocanadas. Esto tiene muchísimo valor como documento maestro y guía. Nunca pretende ser pedagógico pero si fragmentario. La mayoría de las escenas están filmadas desde atrás y revelan la expresión de ese cuarto de rostro que apenas advertimos y que nos resulta tan doloroso. Otros elementos de magnífica importancia son las caras de los fiscales ante las insólitas declaraciones de los abogados defensores. Vale la pena resaltar, aunque en menor medida, la voz de los protagonistas hoy, ex detenidos, y su afronta con sus palabras anteriores por el juicio del crimen verdadero que vivieron. Lo peor: los relatos de la voz en off y la posición parcial del documentalista con EEUU y Jimmy Carter. Este gran documental televisivo con su valor probatorio quedará signado por la voz de su faro, la razón de su existencia, la grabación de los acontecimientos del juicio a los imperdonables.
Leandro Rosenzveig.
ESTRENO
Puntaje: 9. En los diarios: Martín Pérez (Página/12): ; Paraná Sendrós (Ambito Financiero): 6; Adolfo C. Martínez (La Nación): 6; Aníbal M. Vinelli (Clarín): 8.
La distancia entre esta película y un documental cinematográfico es abismal. El Nuremberg argentino, por el contrario, se acerca profundamente al documental televisivo. Cuenta con el elemento iconoclasta que la diferencia de las otras producciones similares: el poder del documento clarificador e indispensable, la filmación probatoria. Que hoy sea proyectado en el cine es de prestado, de balde, lo utiliza únicamente como medio, se trata sólo de una experiencia. Este producto pertenece al anclaje hogareño y está permanentemente en la línea del fuego. El poder absoluto y completamente crudo que ofrece la filmación del juicio a las juntas dictatoriales argentinas (1976-1983) es increíblemente rico y en este documental al menos lo podemos disfrutar mediante bocanadas. Esto tiene muchísimo valor como documento maestro y guía. Nunca pretende ser pedagógico pero si fragmentario. La mayoría de las escenas están filmadas desde atrás y revelan la expresión de ese cuarto de rostro que apenas advertimos y que nos resulta tan doloroso. Otros elementos de magnífica importancia son las caras de los fiscales ante las insólitas declaraciones de los abogados defensores. Vale la pena resaltar, aunque en menor medida, la voz de los protagonistas hoy, ex detenidos, y su afronta con sus palabras anteriores por el juicio del crimen verdadero que vivieron. Lo peor: los relatos de la voz en off y la posición parcial del documentalista con EEUU y Jimmy Carter. Este gran documental televisivo con su valor probatorio quedará signado por la voz de su faro, la razón de su existencia, la grabación de los acontecimientos del juicio a los imperdonables.
Leandro Rosenzveig.
jueves, marzo 04, 2004
El senil mundo de Jack
Alguien tiene que ceder (Something´s gotta give, Estados Unidos, 2003) Dirigida por Nancy Meyers. con Jack Nicholson, Diane Keaton, Frances MacDormand, Keanu Reeves y Amanda Peet.
ESTRENO
Puntaje: 5
"Es maravillosa, la quiero ver de vuelta; a vos no te gusta porque sos de otra generación". Las palabras de mi madre me produjeron una remarcado estupor, una notable incomprensión. ¿Es posible que sea necesario superar la barrera de los cincuenta para disfrutar este tipo de películas?
"Es una película senil". No se hace esperar la contrapartida por parte de un allegado a mis padres que comparte el rango de edad. Se hace evidente que hay que elegir con quien coincidir en opiniones y termina pesando, en mi caso, lo anlítico por sobre lo emocional.
Si Alguien tiene que ceder resulta una película chata y muy poco interesante no es porque los protagonistas se acercquen a las seis décadas o porque transiten situaciones que un veinteañero apenas se atrevería a soñar. El problema es lisa y llanamente que se apoya en una estructura pobre, que agota toda su pólvora antes de la mitad del metraje y que elige el slapstick gratutio a la hora de construir gags por sobre la inteligencia. Quiere ser comprometida al hablar del sexo en mujeres que han pasado su primavera pero elige para ello a una Diane Keaton que apenas si muestra el paso del tiempo; quiere ser arriesgada al estudiar a un mujeriego empedernido que descubre el tardío amor pero obliga al personaje de Nicholson a cambios arbitrarios y moralistas ("está mal estar con chicas de veinte, hay que quedarse con una de sesenta"). Por si esto fuera poco, se desaprovecha a Frances MacDormand y se ve obligada a pronunciar frases petulantes y monótonas que hasta Cosmopiltan rechazaría; y no olvidemos al galancito de Keanu, personaje insoportablemente sensible, un príncipe azul mal diseñado, mal ejecutado y por sobre todo inverosímil.
Nancy Meyers confirma una vez más su torpeza narrativa, Jack Nicholson abusa una vez más de su moldeable cara y Amanda Peet deslumbra como siempre con su precioso rostro (a falta de talento.). Si algo faltaba, la banda sonora articula deleznables melodías hiphopperas con archiclásicos de la música francesa y pretende ser original y refinada en el proceso. Como el título bien lo dice, alguien probablemente cederá porque siempre hay espectadores mediocres para films mediocres.
Guido Segal.
ESTRENO
Puntaje: 5
"Es maravillosa, la quiero ver de vuelta; a vos no te gusta porque sos de otra generación". Las palabras de mi madre me produjeron una remarcado estupor, una notable incomprensión. ¿Es posible que sea necesario superar la barrera de los cincuenta para disfrutar este tipo de películas?
"Es una película senil". No se hace esperar la contrapartida por parte de un allegado a mis padres que comparte el rango de edad. Se hace evidente que hay que elegir con quien coincidir en opiniones y termina pesando, en mi caso, lo anlítico por sobre lo emocional.
Si Alguien tiene que ceder resulta una película chata y muy poco interesante no es porque los protagonistas se acercquen a las seis décadas o porque transiten situaciones que un veinteañero apenas se atrevería a soñar. El problema es lisa y llanamente que se apoya en una estructura pobre, que agota toda su pólvora antes de la mitad del metraje y que elige el slapstick gratutio a la hora de construir gags por sobre la inteligencia. Quiere ser comprometida al hablar del sexo en mujeres que han pasado su primavera pero elige para ello a una Diane Keaton que apenas si muestra el paso del tiempo; quiere ser arriesgada al estudiar a un mujeriego empedernido que descubre el tardío amor pero obliga al personaje de Nicholson a cambios arbitrarios y moralistas ("está mal estar con chicas de veinte, hay que quedarse con una de sesenta"). Por si esto fuera poco, se desaprovecha a Frances MacDormand y se ve obligada a pronunciar frases petulantes y monótonas que hasta Cosmopiltan rechazaría; y no olvidemos al galancito de Keanu, personaje insoportablemente sensible, un príncipe azul mal diseñado, mal ejecutado y por sobre todo inverosímil.
Nancy Meyers confirma una vez más su torpeza narrativa, Jack Nicholson abusa una vez más de su moldeable cara y Amanda Peet deslumbra como siempre con su precioso rostro (a falta de talento.). Si algo faltaba, la banda sonora articula deleznables melodías hiphopperas con archiclásicos de la música francesa y pretende ser original y refinada en el proceso. Como el título bien lo dice, alguien probablemente cederá porque siempre hay espectadores mediocres para films mediocres.
Guido Segal.
Experiencia religiosa
Tierra de sueños (In America, Irlanda/Reino Unido, 2002). Dirigida por Jim Sheridan. Con Paddy Considine, Samantha Morton, Sarah Bolger, Emma Bolger. Ficha técnica.
ESTRENO
Puntaje: 4. En los diarios: Horacio Bernades (Página/12): ; Paraná Sendrós (Ambito Financiero): 6; Fernando López (La Nación): 8; Aníbal Vinelli (Clarín): 8. Metacritic: 74. Rotten Tomatoes: 89%.
Si buscamos en la filmografía de Jim Sheridan -Mi pie izquierdo, The Field, En el nombre del padre, The Boxer, In America- el primer rastro que percibimos es la preferencia por hechos (dramas) reales de familias irlandesas, representados en clave dramática, con una puesta en escena sensacionalista. Agotado el recurso del dolor ajeno, en Tierra de sueños, Sheridan ahonda en su biografía. El relato comparte con el director la llegada en los años ’80 de la familia a Nueva York, las peripecias que el joven Sheridan debe realizar para conseguir dinero, la anécdota de cargar un equipo de aire acondicionado por el medio de la calle y el duelo que debe vivir la familia por la muerte del hermano del director.
La familia que llega a la tierra de los sueños está compuesta por Sarah (Samantha Morton), la madre, maestra, que trabajará de camarera en una cafetería; Jonny (Paddy Considine), el padre, actor que buscará la oportunidad de su vida; Ariel y Christy, las niñas, quienes deberán padecer la indeferencia y las humillaciones de la comunidad educativa de Nueva York. El grupo recalará en un siniestro edificio de Harlem poblado por drogadictos, drag queens y un “hombre que grita”. Este cuadro de situación, que Sheridan quiere presentar como ordinario, derrocha violencia. Para seguir con la construcción del universo infernal, el director sostiene y vuelve problemático un dato que aparece al inicio dela película: Frankie, el hijo muerto en un accidente doméstico. Si la cosa estaba dura hasta ahora imagínense cuando:
1- El padre no pueda conseguir trabajo y el dinero no alcance.
2- Las niñas se hagan amigas de un enfermo terminal y el sujeto empeore.
3- Los padres no acepten la pérdida del hijo.
4- La madre quede embarazada (en una secuencia insufrible) y el bebé y ella corran peligro de muerte.
Nuevamente, la propuesta del director carece de profundidad ya que apela al golpe bajo; es decir: catecismo, frases sentimentales y comentarios pedantes.
María Marta Sosa.
ESTRENO
Puntaje: 4. En los diarios: Horacio Bernades (Página/12): ; Paraná Sendrós (Ambito Financiero): 6; Fernando López (La Nación): 8; Aníbal Vinelli (Clarín): 8. Metacritic: 74. Rotten Tomatoes: 89%.
Si buscamos en la filmografía de Jim Sheridan -Mi pie izquierdo, The Field, En el nombre del padre, The Boxer, In America- el primer rastro que percibimos es la preferencia por hechos (dramas) reales de familias irlandesas, representados en clave dramática, con una puesta en escena sensacionalista. Agotado el recurso del dolor ajeno, en Tierra de sueños, Sheridan ahonda en su biografía. El relato comparte con el director la llegada en los años ’80 de la familia a Nueva York, las peripecias que el joven Sheridan debe realizar para conseguir dinero, la anécdota de cargar un equipo de aire acondicionado por el medio de la calle y el duelo que debe vivir la familia por la muerte del hermano del director.
La familia que llega a la tierra de los sueños está compuesta por Sarah (Samantha Morton), la madre, maestra, que trabajará de camarera en una cafetería; Jonny (Paddy Considine), el padre, actor que buscará la oportunidad de su vida; Ariel y Christy, las niñas, quienes deberán padecer la indeferencia y las humillaciones de la comunidad educativa de Nueva York. El grupo recalará en un siniestro edificio de Harlem poblado por drogadictos, drag queens y un “hombre que grita”. Este cuadro de situación, que Sheridan quiere presentar como ordinario, derrocha violencia. Para seguir con la construcción del universo infernal, el director sostiene y vuelve problemático un dato que aparece al inicio dela película: Frankie, el hijo muerto en un accidente doméstico. Si la cosa estaba dura hasta ahora imagínense cuando:
1- El padre no pueda conseguir trabajo y el dinero no alcance.
2- Las niñas se hagan amigas de un enfermo terminal y el sujeto empeore.
3- Los padres no acepten la pérdida del hijo.
4- La madre quede embarazada (en una secuencia insufrible) y el bebé y ella corran peligro de muerte.
Nuevamente, la propuesta del director carece de profundidad ya que apela al golpe bajo; es decir: catecismo, frases sentimentales y comentarios pedantes.
María Marta Sosa.
miércoles, marzo 03, 2004
I Love It Loud
Furia en dos ruedas (Torque, Estados Unidos, 2004). Dirigida por Joseph Kahn. Con Martin Henderson y Ice Cube. Ficha técnica.
ESTRENO
Puntaje: 7
Furia en dos ruedas chorrea grasa por todos lados, tiene los peores diálogos que se escucharon en mucho tiempo y es tremendamente estúpida. Sin embargo, la película no le teme a nada y termina resultando una experiencia hermosa, a toda velocidad, con música machacona a todo volumen y un puñado de escenas memorables. Una inyección de adrenalina de nada más que 80 minutos de pura diversión. El director, Joseph Kahn, proviene del video clip, y eso se nota en todo momento. De hecho, la película se parece bastante en su estética al excelente video del ídem tema Toxic de Britney Spears, que él mismo dirigió. Furia en dos ruedas recuerda a aquellas películas de acción de mediados de los noventa, que eran pura adrenalina y poco más que eso, pero que esa limitación no les impedía que fueran muy buenas películas. Como Máxima velocidad de Jan De Bont y Caida libre de Deran Sarafian, pero en su variante motoquera. La premisa es de lo más básico. Es una historia de pandillas motoqueras, con todos los clichés habidos y por haber. Pero la película nos lleva al infinito y más allá con sus escenas acción perfectamente coreografiadas, como la persecución sobre el tren, la pelea de motos entre las dos chicas y el maravilloso final, con motos yendo a 300 kilómetros por hora en plena ciudad, una escena que emula la estética de algunos videogames y que resulta ser un cierre perfecto para una película como esta. El film hasta se permite mofarse de la película de la que a todas luces parece haber sacado su idea original, la muy inferior Rápido y furioso. En un momento, el protagonista dice la misma frase que dice Vin Diesel en el film mencionado: “Vivo mi vida un cuarto de milla por vez”, pero aquí la chica le responde: “Esa es la cosa más tonta que escuché en mi vida”. En esta película se escuchan cosas más tontas, pero vale la intención.
Juan P. Martínez.
ESTRENO
Puntaje: 7
Furia en dos ruedas chorrea grasa por todos lados, tiene los peores diálogos que se escucharon en mucho tiempo y es tremendamente estúpida. Sin embargo, la película no le teme a nada y termina resultando una experiencia hermosa, a toda velocidad, con música machacona a todo volumen y un puñado de escenas memorables. Una inyección de adrenalina de nada más que 80 minutos de pura diversión. El director, Joseph Kahn, proviene del video clip, y eso se nota en todo momento. De hecho, la película se parece bastante en su estética al excelente video del ídem tema Toxic de Britney Spears, que él mismo dirigió. Furia en dos ruedas recuerda a aquellas películas de acción de mediados de los noventa, que eran pura adrenalina y poco más que eso, pero que esa limitación no les impedía que fueran muy buenas películas. Como Máxima velocidad de Jan De Bont y Caida libre de Deran Sarafian, pero en su variante motoquera. La premisa es de lo más básico. Es una historia de pandillas motoqueras, con todos los clichés habidos y por haber. Pero la película nos lleva al infinito y más allá con sus escenas acción perfectamente coreografiadas, como la persecución sobre el tren, la pelea de motos entre las dos chicas y el maravilloso final, con motos yendo a 300 kilómetros por hora en plena ciudad, una escena que emula la estética de algunos videogames y que resulta ser un cierre perfecto para una película como esta. El film hasta se permite mofarse de la película de la que a todas luces parece haber sacado su idea original, la muy inferior Rápido y furioso. En un momento, el protagonista dice la misma frase que dice Vin Diesel en el film mencionado: “Vivo mi vida un cuarto de milla por vez”, pero aquí la chica le responde: “Esa es la cosa más tonta que escuché en mi vida”. En esta película se escuchan cosas más tontas, pero vale la intención.
Juan P. Martínez.
