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miércoles, febrero 11, 2004

Canciones para corazones solos 

Perdidos en Tokio (Lost in translation, Estados Unidos, 2003). Dirigida por Sofía Coppola. Con Bill Murray, Scarlett Johansson y Giovanni Ribisi.
Ficha técnica.
ESTRENOS
Puntaje: 10. En los diarios: Diego Batlle (La Nación): 8; Diego Lerer (Clarín): 10; Horacio Bernades (Página/12); Marcelo Zapata (Ambito Financiero): 6.

Tirados en la cama de un lujoso hotel de Tokio, Bob y Charlotte charlan con tono suave, se cuentan parte de su vida, se conocen un poco más. Pese a la diferencia de edad ambos comparten el mismo desconcierto, el no saber bien dónde están parados, la misma necesidad de encontrar a alguien para compartir la soledad que
los desvela. Al final de esa charla, cuando ella está casi dormida, él le acaricia - despacio, tímidamente- un pie. Minutos antes habíamos visto como, gracias a unas canciones de una noche de karaoke, se entendían y se encontraban. Ella le clavaba su mirada lacónica cuando él interpretaba More than this de Roxy Music; él quedaba flechado mientras ella movía sus hombros y cantaba “gonna use my arms, gonna use my legs, gonna use my style, gonna use my side-step, gonna use my fingers, gonna use my, my, my, imagination”, estribillo de Brass in pocket, h-e-r-m-o-s-í-s-i-m-o tema de The Pretenders. Así es Lost in Translation, así construye Sofía Coppola la relación de Bob y Charlotte, apenas con detalles, miradas y canciones. Así es como llega el hermoso final de la película, que tal vez (sólo tal vez) sea un comienzo. Rumbo al aeropuerto Bob ve la cabellera rubia de Charlotte en la calle. Sin dudar, olvidando la fría despedida que habían tenido antes en el hotel, la va a buscar. Se encuentran otra vez, pero ahora más cerca, y mientras se abrazan vemos que él le dice algo al oído. La información que Sofía Coppola brinda es mínima: una vez más se trata de gestos (hay un par de sonrisas), miradas (con alguna lágrima quizás) y una canción que se va colando de a poco. Primero es una batería, luego una guitarra distorsionada y calma, finalmente una voz fantasmal. La canción es Just like Honey, perla que abre el primer disco de The Jesus & Mary Chain. Como decía antes, la información es mínima, pero alcanza y sobra. La melancolía y a la vez la felicidad que emana esa canción, la belleza de esa letra tan sencilla (walking back to you/ is the hardest thing that/ I can do, that I can do for you/ for you/ I'll! be your plastic toy) hacen flotar ese encuentro para que perdure por siempre.
La sensibilidad de Sofía Coppola nos hace creer por un instante que el cine existe sólo para que Bob y Charlotte puedan despedirse de esa manera (con un poco de tristeza, con un poco de felicidad), y para que, como ellos, sepamos que si bien es imposible dejar de estar solos siempre habrá alguien para compartir un gesto, una mirada, una canción.
Sebastián Nuñez.

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