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jueves, febrero 19, 2004

Etica sin cargo 

La sonrisa de Mona Lisa (Mona Lisa Smile, Estados Unidos, 2003) Dirigida por Mike Newell. Con Julia Roberts, Kirsten Dunst, Julia Stiles, Maggie Gylenhaal, Marcia Gay Harden.
Ficha técnica.
ESTRENO
Puntaje: 5

La sonrisa de Mona Lisa cuenta con un elenco de rutilantes actrices, un diseño impecable de cada elemento del cuadro que recrea a la perfección los años 50 y la premisa de la docente de arte (Julia Roberts) que llega a una institución conservadora. La propuesta de Mike Newell encanta a priori. Sin embargo, los problemas se hacen evidentes cuando el relato alcanza la mitad del metraje. La profesora es cuestionada por sus métodos de enseñanza poco ortodoxos, las alumnas deben responder a las tradiciones sociales (más que legado cultural son obligaciones personales), hay un profesor de italiano que seduce a Julia Roberts, pero nunca entendemos por qué le miente y se pudre todo. Es notable la capacidad de Newell para atajar la emoción cada vez que el relato tiene posibilidad de estallar. Estas maniobras resultan molestas debido a que la película viene abogando (a través del discurso de la profesora) por la vehemencia, la pasión, la libertad.
En la historia del cine tenemos ejemplos de maestros a todo dar, Richard Dreyfuss en Querido maestro, Albert Finney en Lección de vida, sujetos que no se reprimían sentimiento alguno y, siempre al borde de la demagogia (no así Robin Williams en La sociedad de los poetas muertos quien cruzaba el límite y su palabrería no conmovía a nadie), sorteaban las plomizas narraciones que los contenían. El problema de Julia Roberts (y el de Newell) ni siquiera es el de Robin Williams dirigido por Peter Weir, porque ella discurre, denuncia, llama a las alumnas a la reflexión y nunca es demagógica. Cada vez que ella tiene que demostrar sus emociones se reprime, una actitud imperdonable considerando los valores de la docente.
La secuencia de los títulos del final es la parte más interesante de La sonrisa.... En ese tiempo, Newell se hace cargo de su relato anterior (la narración del film), un acto que responde a la solidaridad con la historia propia del acto de escribir. Esta elección es perfecta. Por única vez el director es coherente y le ofrece al espectador la posibilidad de pensar en las elecciones de las mujeres y en la tradición cultural de los años 50.
María Marta Sosa.

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