<$BlogRSDUrl$>

domingo, noviembre 30, 2003

Medianoche en el jardín del Mal 

Río Místico (Mystic River, Estados Unidos, 2003). Dirigida por Clint Eastwood. Con Kevin Bacon, Sean Penn, Tim Robbins, Marcia Gay Harden, Laura Linney, Laurence Fishburne.
Ficha técnica.
ESTRENO
Puntaje: 10. En los diarios: Diego Lerer (Clarín): 8; Horacio Bernades (Página/12): ; Diego Curubeto (Ambito Financiero): 10; Adolfo C. Martínez (La Nación): 8.

Puede pensarse que Río Místico representa un giro en la carrera de Clint Eastwood. El cambio de tono respecto a las películas que venía realizando (básicamente trabajando sobre cine de género) y la decisión del director de llevar a la pantalla un drama (una tragedia) podrían verse como una búsqueda para ubicarse en un lugar más "serio" e "importante". Claro que esto no es así, y para comprobarlo solo falta ver como durante más de dos horas elude todos lo lugares comunes de este tipo de películas y entrega, como siempre, una obra perfecta en la que su presencia desaparece tras la cámara, filmando todo lo necesario sin alardes y dejando fuera del cuadro todo que aquello que pueda resultar pretencioso y redundante.
El cambio viene por otro lado, tiene que ver con la mirada que el realizador tiene sobre EE.UU. y es mucho más complejo. Hasta ahora, en gran parte de su cine, Eastwood se había mostrado como un realizador religioso (no eclesiástico), en el sentido de que para él hay un Bien y un Mal. Los imperdonables y Poder Absoluto son dos obras maestras en las que este aspecto queda claro. Generalmente él interpreta al personaje que busca ese Bien en contra de otros que representan el Mal, curiosamente interpretados por el mismo actor en esas películas, Gene Hackman. En esos films, además, representan el poder establecido: uno es un Sheriff y el otro es nada menos que el Presidente de EE.UU. En Río místico no hay lugar para el Bill Munny de Los imperdonables ni el Luther Withney de Poder absoluto (recordemos que se trata de un ex forajido y un ladrón respectivamente), seres imperfectos y cargados de culpas que gracias a su integridad consiguen equilibrar la balanza. Eastwood parece decir que en EE.UU la inocencia se perdió definitivamente, que el egoísmo y la ceguera de una sociedad empecinada en festejarse a sí misma escondiendo sus peores aspectos y ocultándolos de forma tan cínica (algo de lo que también se dio cuenta Night Shyamalan) impregnó para siempre la cultura de sus habitantes. Por eso la imposibilidad de que exista alguien capaz de buscar el Bien está tan presente de manera oscura, seca y dolorosa en Río místico. Esto se ve, principalmente, en la maravillosa secuencia final, en la que Eastwood, con su habitual maestría, termina de cerrar el sentido moral (no moralista) de su nueva obra maestra.
Estos temas son demasiados complejos y se necesitarían muchísimas más líneas para desarrollarlos con la altura que exige un director como Clint Eastwood, uno de los artistas más complejos, interesantes y personales del cine norteamericano de todos los tiempos.
Sebastián Nuñez.

This page is powered by Blogger. Isn't yours?

Listed on BlogShares